sábado, 23 de junio de 2018

El Mutismo Selectivo y el Lenguaje Formal en las Personas con el Síndrome de Asperger






El mutismo selectivo se caracteriza como la dificultad que presentan algunos individuos para comunicarse verbalmente con personas poco familiares y/o en entornos y situaciones sociales poco conocidas en las que se espera que establezca o continúe una conversación. Las personas que lo manifiestan son perfectamente capaces de hablar en el idioma en el que se comunican con ellas y entienden bien qué se les está diciendo, sin embargo, no hablan. Esta falta de comunicación no es con todo el mundo, sino que es dirigida hacia una o varias personas, y con otras personas sí se mantiene una conversación normal. Algunos aspies adultos no hablan en determinadas ocasiones porque el silencio es una forma de control o una forma de expresar el enfado por alguna situación de injusticia. Quienes tenemos mutismo selectivo podemos sufrir ansiedad en situaciones en las que se nos pide que hablemos cuando no queremos hacerlo. Es una sensación interna alterada que resulta desagradable. A continuación algunos jóvenes y adultos con el Síndrome de Asperger nos cuentan cuáles han sido sus experiencias con este tema (no he puesto sus nombres para resguardar su privacidad):


Sobre el mutismo selectivo:



-Soy de esas personas que le cuesta bastante dirigirse a ciertas personas. No hay un patrón que pueda identificar que tengan ellas en concreto como para idear estrategias y evitarla, o tal vez sí. En el día a día veo personas que me generan una sensación de inhibición y a veces me preocupa la idea de tener que encararlas por algún motivo. Compañeros de la facultad, algunos profesores, algunas personas del barrio, etc, etc, etc. Si tengo que hablarles, simplemente me quedo mudo y me agarra una ansiedad por dentro que lo único que atino a pensar en tales casos, es una estrategia para huir de esa presencia. Así he conformado a lo largo de mi vida una construcción de una personalidad 'proactiva' para con quienes siento empatía y otra 'evitativa' para con aquellos que me inhiben. El problema sucede cuando tengo que estar en un grupo de estudio, donde uno de estos sujetos inhibidores está presente. O más jodido es, cuando tengo que rendir un exámen final, y uno de los profesores produce esta misma reacción en mí. Quedarse callado en esta instancia es FATAL, así que una estrategia que opto cuando uno de los profesores que toca darme el exámen es así, digo que estoy descompuesto y me retiro. La providencia, con su infinita bondad, luego me ha puesto profesores con los que me puedo relacionar más libremente.

Artista: Cecilia García Villa.


-Me pasa mucho, e inconscientemente, sucede en cada momento; incluso hasta en las personas neurotipicas y/o de temperamento sanguíneo también se puede apreciar. Tenemos conversaciones quizá insustanciales, pero luego ya se tornan más emocionales o como se dice del “vacilón”, cosa que un Asperger escasamente mantiene conversaciones de ese tipo, o si pretende mantenerlas, tiende a no caer en gracia y ser alineado en el grupo.

-Me pasa con bastante frecuencia, sobre todo con profesores de carácter fuerte, prefiero evitarlos y mantener la mayor distancia posible a toda costa.

-Yo también soy mutista, porque solo le hablo a las personas que me dan “luz verde”, los que me ponen cara dura o me ignoran, no les hablo para no hacer spam personal.

-A mí me pasa mucho que tras tantos años estudiando a la gente ya reconoces a primera vista su temperatura emocional y las tipologías de comportamiento simplemente por su forma de peinarse, vestir, sus gestos corporales; de una forma intuitiva, sin razonarlo. No es que te fijes conscientemente en ello, sino que se ha incorporado a la empatía y lo noto sin más. Eso me causa que sienta a veces aversión a priori con personas que pienso que van a ser hostiles en cierta manera. Yo soy hipercrítico hasta extremos insospechados y tengo confianza plena en los prejuicios que hago. Si intuyo que alguien es incompatible o perjudicial potencialmente mantengo una distancia desde el segundo 0. Y al contrario, soy receptivo si la sensación es positiva. Cuando era más joven a veces miraba al suelo porque me resultaba doloroso ver el sufrimiento y tristeza que acumulan los rostros de las personas en general, ya que lo empatizaba mucho. Pero en general me afecta emocionalmente ver la crueldad o la frivolidad por ejemplo en las personas si al mirarlas me da la impresión de que son así, al igual que a cualquiera le afecta ver a un individuo con pinta peligrosa en un callejón oscuro.

-La crianza influye, y mucho, y los sistemas de valores que se hayan y se estén construyendo. Yo no podría estar sin mis hermanos, que son las únicas personas con las que puedo sostener conversaciones más o menos adecuadas sin caer en mi detestado mutismo.

Artista: Cecilia García Villa.


 ¿El lenguaje formal puede cambiar con los años y las experiencias?


-Cuando era niña y en la adolescencia lo utilizaba sin darme cuenta, era algo normal, pero un día una maestra se burló de mí en frente de toda la clase y desde ese momento intente utilizar un lenguaje más “común”.

-Hasta los 23 años tuve un lenguaje extremadamente formal, pero a la gente se le hacía raro que no dijera groserías; además tenía problemas con la ira, yo explotaba de vez en cuando, así que observé que decir groserías y vulgaridades me ayudaba a desahogar la ira. Hasta el día de hoy hablo así por esa razón.

-Tengo un lenguaje acorde a mi nivel intelectual, pero tengo un lado oscuro que apareció siendo seguidor de mi equipo de fútbol, y el constante roce con sus hinchas, que entre otras cosas son los más groseros de mi país, hizo que cuando iba al estadio, me transformaba y aparecía el lenguaje soez.

-Eso mismo he hecho yo los últimos años para poder ser mejor aceptada y encajar en mis círculos. Pero esto me ha llevado hasta este punto, en el cual tampoco soy yo misma, y es peor no encajar con uno que no encajar con el entorno. Yo embrutecí mi comunicación verbal y me obligue a ser superficial en mis intereses.

-Yo también puedo ser vulgar...De hecho vivir en pleno centro del DF me ha enseñado el lenguaje más básico.

-Soy consciente de que a menudo utilizo un lenguaje demasiado elaborado, tanto en expresión oral como escrita, palabras que otras personas no conocen, etc. Para conseguir una comunicación mejor intento hablar con la gente en un tono desenfadado y utilizando jerga "normal" ¿Qué ocurre? Que modular eso es muy complicado y suelo pasarme, o acabo hablando una mezcla de lenguaje bajuno con palabras complejas, o hablo como si me hubiera criado en el Bronx.

Artista: Cecilia García Villa.


-Yo antes tenía un lenguaje muy formal y pedante, pero a los 15 años llegué a un colegio donde me comenzaron a amenazar de muerte ya que pensaron que yo era una persona con más recursos económicos  y arribista. En las noches pensaba como es que lo iba a hacer para defenderme, me angustiaba mucho pensar que me podían apuñalar, ya que no decía garabatos tampoco. Practicaba pensando en lo que haría, hasta que un día, cuando el profesor salió de la sala, uno de ellos me tomó del pelo, me puso contra la pared y me puso un cuchillo en el cuello, en ese momento en vez de entrar en pánico, lo miré con cara de “perro con hambre”, tal como ya había practicado, y le dije: "Suéltame el cuello ctm o te voy a sacar la #$%/$##..." El tipo quedó en shock, era la primera vez que me escuchaban decir un garabato, el tipo me soltó del cuello, me sacó el cuchillo, me dio la mano y me dijo: "Eso era lo que estaba esperando", desde ese entonces aprendí a utilizar los garabatos de manera más habitual y cuando entro en ira el “tano pasman” queda chico, pero es más por un asunto de supervivencia, no me gusta, pero siento que quedé marcada y ya es algo que no puedo cambiar.

-Yo crecí en un barrio un poco difícil y aprendí muy bien la jerga de mis primos, lo que me costó fue al revés, cuando fui a trabajar y tenía que encontrar mi tono moderado, parecía una mala puesta en escena de Hamlet: "Sí, pues mi parecer, estimado señor, es que usted está errando" y terminaba expresando (según me decían) un orgullo falso de una alcurnia falsa. Ahora me río pero tardé unos 10 años en descifrar un punto medio.


Escrito recopilado, editado y publicado por Aillen Aukan Awka.


Las imágenes utilizadas en este escrito (exceptuando la primera imagen) pertenecen a Cecilia García Villa, una excelente artista con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página:

sábado, 16 de junio de 2018

Experiencia de vida de Zape, un joven Asperger








Hola, soy Zape y nací hace casi 27 años en una calurosa tarde de verano...

Mis padres tuvieron 3 hijos. Yo era el mediano y desde bebé se dieron cuenta de que yo era distinto. No sonreía, no miraba a los ojos, ni tampoco hablaba. Sin embargó comencé a caminar a una edad muy temprana, a los 9 meses.
A la edad de 2 años, cuando los niños normalmente ya suelen hablar, yo no hablaba, pero si contaba pasos y hacía cálculos matemáticos de memoria y complejos para mi edad.
Empecé a ir a la escuela, y aunque no hablaba, iba más adelantado que otros niños, puesto que ya sabía leer, escribir y hacer cálculos. No hablé hasta los 6 años de edad.
Nunca me gustó que me tocaran, detestaba el contacto físico ya que era muy hipersensible. Rechazaba abrazos y muestras de cariño. En mis primeros años de vida, al no poder hablar, me expresaba de forma agresiva, rompiendo cosas y con fuertes berrinches.
A pesar de estas peculiaridades, mis padres lo pasaban por alto, y no me llevaban a ningún profesional para ver que me ocurría. Básicamente era bastante ignorado, especialmente por mi madre que era una adicta a la fiesta, al sexo y al alcohol, y decía que “yo no me hacía querer”.
Cuando yo tenía 7 años, me comunicaron sin más que mi padre se marchaba de casa y que no lo íbamos a ver. No me dieron explicaciones ni podía ver a mi padre, ya que cuando preguntaba me respondían con evasivas.
Mi madre al poco tiempo comenzó una relación con un hombre y en seguida lo metió en casa a vivir. Desde el primer momento ese hombre se hacia el padre conmigo. Me decía lo que tenía que hacer y me regañaba y golpeaba cuando hacía algo mal. Siempre a espaldas de mi madre que estaba realmente cegada con él.

Lugar donde nací y me crié.



Tenía dobles intenciones, doble cara y yo me daba cuenta de ello. Se desesperaba cuando me veía balancearme, con estereotipas, caminando para atrás o en círculos, y me pegaba por ello, pero delante de mi madre me defendía. Mi hermana 6 años mayor que yo me ignoraba, y mi hermano 2 años menor que yo se la pasaba encerrado en su cuarto.
Un día teniendo yo 8 años, mi madre salió a un evento y se llevó a mis dos hermanos dejándome a mí en casa con ese hombre, ya que yo me ponía muy mal en lugares con mucha multitud. Esa noche, mi padrastro me engañó para que me acercara él, y sin yo esperarlo me propinó un fuerte golpe que me hizo caer al suelo, me agarró del pelo y me arrastró hasta su cuarto, donde mientras me golpeaba, me iba sacando la ropa, y sin dar más detalles, finalmente ese hombre me violó. Cuarenta interminables minutos duró la tortura, hasta que me dejó tirado y malherido, y como pude logré escapar y encerrarme en mi cuarto.
Cuando mi madre regresó, yo le conté todo y tan cegada que estaba, no me creyó. Le mostré la enorme herida que tenía en la espalda, y él con una serenidad espeluznante le dijo que eso era mentira, que la herida me la había hecho golpeándome con el pico de la mesa por no parar quieto. Mi madre pensó que era un llamado de atención y no me hizo caso. Él se acercó a mi cuando nadie lo vio y me dijo que si volvía a hablar de eso, todos al día siguiente en la casa aparecerían muertos.
No hablé más de eso. Ni mi madre ni su hija mayor me creyeron, y fui reprimiéndolo hasta ir bloqueando los recuerdos en mi mente, pero de algún modo empezó el trauma a manifestarse en mi cuerpo.
Empecé con ataques epilépticos, crisis, y arranques de agresividad que hicieron que por fin me llevaran a un profesional, el cual no supo ver lo que yo escondía y solo me recetó diazepan para la epilepsia. Cada vez me encerraba más en mi mismo, no tenía a nadie. No tenía ni un solo amigo en la escuela, solo tenía a mi abuela paterna con la que si seguía en contacto, pero yo no era capaz de expresarle lo que me pasaba.

Mi dinosaurio favorito: El Spinosaurus.


Después de ese suceso traumático, nunca volvió a repetirse. Pero sí que me sacaba fotografías, y me espiaba desde las rendijas de las puertas entre abiertas.
Cuando yo tenía 9 años, ese hombre un día sin más se fue, y aunque eso me alivió muchísimo, a mí me habían quedado secuelas que aún permanecen en mi a día de hoy.
Mi padre regresó un tiempo después intentando hacer como que no había pasado nada, pero conmigo no lo logró. Me sentía abandonado y le reproché que era un mal padre por irse sin dar explicaciones. Yo no entendía nada, no comprendía como todos actuaban como locos haciendo como que nada pasaba. Le negué la palabra hasta dos años después, y él me lo respetó.
Los años pasaron y fui reprimiendo aquello, y mi abuela materna se daba cuenta de que algo me ocurría. A parte de las peculiaridades de siempre, ella notaba algo más. Era la única que lograba verlo. Que no sonreía, desconfiaba de todo y todos, tenía paranoia, me ponía histérico si me enfocaban con una cámara o me sacaban fotografías, y no me dejaba tocar por nadie y si me tocaban respondía agresivamente. Mi abuela me llevó a una terapia algo diferente y a la edad de 13 años destapé los recuerdos delante de mi abuela y de esa especialista. Yo no había sido consciente de esos recuerdos por que los había reprimido, mi abuela lloraba desconsoladamente al escuchar todo. Mi mente era un mar embravecido lleno de confusión. No recuerdo bien en que momento fue, pero fui a buscar a ese hombre, y le propiné una brutal paliza que lo dejó grave en el hospital.
Me detuvieron, testifiqué y dijeron que investigarían todo aunque ya hubieran pasado años, pero que yo debía de ser castigado por la agresión y acabé en un centro de menores durante 6 meses. Fueron a su casa y encontraron pornografía infantil y varios documentos que le delataban. Fue encarcelado, y mi madre y mi padre me pidieron perdón, pero yo se lo negué, les dije que no se lo perdonaría jamás, en especial a mi madre que nunca me creyó ni se preocupó por mí. Rechazaba sus visitas y dejaron de venir a verme al centro. Solo venia mi abuela.

Lugar donde viví en EE.UU.



Cuando salí del centro y tuve que regresar a la escuela, cada tarde era un calvario para mí tener que regresar a casa, así que comencé a salir con un grupo de gente algo más mayor que yo con los que consumía alcohol y drogas. Y así pasé mi adolescencia, tapando el dolor con excesos, con solo un amigo de verdad, el único que había tenido hasta el momento y siendo ignorado por todos los demás.
A pesar de todo, en los estudios iba bien, porque quería ir a la universidad y estudiar paleontología que había sido mi interés restringido, junto la informática y las matemáticas. Pero solo me decanté en estudiar las dos primeras.
Cuando tenía 16 años, a mi único amigo le da un coma etílico que le conduce a la muerte. Otro palo más en mi vida que me hizo encerrarme aún más. Era incapaz de llorar o de expresar lo que sentía. Solo tomaba alcohol y consumía.
A todo esto se sumó todo mi estrés ya que aparte de estudiar, trabajaba y comenzaban a hacerme bullying. Me llamaban raro, robot, y se reían de mi porque pensaban que era gay, ya que no me mostraba atraído por las chicas. Pero yo en esa época era asexual, no me atraían ni los chicos ni las chicas.
Las crisis eran continuas, los ataques epilépticos también, los que empeoraban por todos los excesos; tanto era el estrés que sufría, que a los 17 años me dio un brote psicótico y agredí a tres alumnos y una profesora. Lo siguiente que recuerdo fue despertar en el hospital en el área de psiquiatría. Un psiquiatra vino a mí y yo actué a la defensiva. Me dijo que yo tenía trastorno esquizoide. Me pusieron medicación con ansiolíticos y antipsicóticos, y durante esa semana me estuvieron observando. Vieron que era literal, que tenía estereotipas, rutinas y manías. Que tenía que usar mis propios cubiertos, que contaba pasos y caminaba para atrás y usaba antiséptico para todo, además del poco contacto visual y rechazo de contacto físico y mi hipersensibilidad táctil, visual y auditiva. Todo eso les hizo darse cuenta de que mi diagnostico real era el de Síndrome de Asperger y no trastorno esquizoide; y se alarmaron de que no me lo hubieran notado antes.
Estuve un mes ingresado y salí de allí con tratamiento psiquiátrico a base de antipsicóticos y antidepresivos. Regresé al instituto y seguía contaminando mi cuerpo y mi mente con sustancias nocivas, y fue ahí cuando decidí ponerme a trabajar, para ahorrar y poder marcharme de casa.

Lugar donde viví en Argentina.


El diagnóstico trajo alivio en mí, por fin me entendía y había explicación al por qué yo actuaba distinto a los demás, pero es algo que callé para mí, era mi secreto y no quería contarle a nadie que yo era Asperger.
Meses después al fin entré a la universidad y comencé a estudiar paleontología a los 18 años, y un día me fui de casa y me alquilé un departamento. Trabajaba en varios trabajos a la vez mientras estudiaba, y seguía con los excesos para poder tapar el dolor, lo que hizo que tuviera varios colapsos nerviosos y la epilepsia empeorara, por lo que tuve que dejar algunos de los trabajos que tenía.
Hubo una época en la que me sentía mejor. Salía con una chica a la que consideraba un poco amiga. Para mí era casi imposible considerar a alguien un amigo. Y tampoco me sentía capaz de querer y ni mucho menos amar. Tenía una coraza y a la única persona que quería era a mi abuela. El resto de familia o conocidos me eran indiferentes, pero por esta chica sentía un poco de cariño y por eso la consideraba algo así como una amiga. No era una chica que consumiera alcohol ni drogas, por eso me hacía bien salir con ella en las tardes, porque con ella yo no consumía. Un día ella me dijo que se había enamorado de mí, y me sentí muy mal. Me sentí sucio, y con sentimientos extraños que no logré identificar pero eran negativos. Tanto me afectó esa confesión, y tantos traumas tenía yo, que me alejé por completo de su vida y no quise volver a verla nunca más.
Mi familia más cercana se olvidaba de mis cumpleaños. No podía contar con ellos para nada, tampoco tenía amigos. Tanta era la soledad que sentía, que a mis 20 años, cuando falleció mi abuela, que era a la única persona que quería, intenté suicidarme tomando una grandísima cantidad de pastillas. Me ingresaron de nuevo en el área de psiquiatría, los especialistas intentaban hablar conmigo, pero yo no ponía de mi parte. No me gustaba que intentaran entrar en mi mente, me sentía vulnerable así, como atacado. No me gustaba que me leyeran el pensamiento. Tampoco podía contar mucho. En la universidad me iba muy bien, no tanto en el ámbito social donde no interactuaba con nadie, y por mis excentricidades mi apodo era "el raro". Me sentía solo, sí. Pero tampoco quería la compañía de nadie, porque nadie me aportaba nada, y nadie era capaz de despertar sentimientos o empatía en mí.

Excavación paleontológica.


Todo esto cambió en el año 2014, donde mi vida dio un giro bastante inesperado. Un profesor me presenta a otro chico con Síndrome de Asperger, que también estudiaba paleontología. Cuando le vi, me reí para mis adentros al descubrir que era el chico que me había causado verguenza ajena por llevar camisetas de dinosaurios en 3D. Comenzamos a hablar, solo de temas de paleontología y estudios, pero al menos ya le tenía a él para conversar en los descansos y en las salidas, alguien que me preguntara: "¡Ey! ¿Qué tal te ha ido la mañana?"
Tan solo unos pocos meses después, le di la oportunidad de vernos fuera de la universidad y hablar de otras cosas. Realmente me caía muy bien, me inspiraba confianza, ya que no me agobiaba con preguntas impertinentes como los demás solían hacer.
En 2015 él me dijo que tenía un viaje programado, y sin pensarlo dos veces le dije que si quería, podía acompañarlo. Un viaje al estilo mochileo donde teníamos que estar todo el día juntos. Me di cuenta de que ese chico era muy importante para mí. Yo siempre me imaginaba a las personas de mi entorno morir, y todas menos la de mi abuela, me causaban indiferencia. Pero no la de él, imaginar su muerte me causaba un tremendo malestar y me hacía nudo en la garganta, ya que yo era incapaz de llorar. Y así me di cuenta de que le quería como a un hermano, y fue a él la primera persona a la que le confesé lo que me ocurrió con 8 años, y todo mi oscuro pasado. No me juzgó, sino que me agradeció la sinceridad y se unió más a mí.
Tan bien me sentía por tener al fin a alguien, que reduje casi por completo el consumo de alcohol y drogas.
Él iba unos cursos más abajo que yo. Yo finalicé la carrera y me ofrecieron un buen puesto de trabajo en Estados Unidos, y allí me fui con todas mis expectativas en el trabajo y en mi sueño que siempre había sido ser paleontólogo. Prometimos seguir en contacto, pero la cantidad de horas de diferencia entre ambos países hizo que lamentablemente nos alejáramos y habláramos muy de vez en cuando.

Como sentía que era mi mente.


De nuevo solo, en un país que no era el mío, otro idioma, y unos compañeros que intentaban hacerme la vida imposible. Tuve que ponerme firme y sacar mi carácter para hacerme respetar. Volví a caer de nuevo en las drogas y el alcohol para tapar la pena y el dolor que sentía. Me acordaba muchísimo de mi gran amigo y me sentía fracasado, ya que el sueño que siempre había perseguido, no me hacía feliz. Me limitaba a hacer mi trabajo, a no hablar con nadie y finalmente logré tener un cargo importante, pero ni eso me motivaba para salir adelante.
Un día en el que había consumido mucho alcohol y drogas, tuve un accidente de coche que me dejó ingresado en el hospital por tres semanas, al que solo iba a verme una compañera argentina, también paleontóloga, quien era con la única que socializaba un poco más allá del trabajo.
Toda mi vida había sido asexual, pero ella fue la primera chica que me atrajo en todos los sentidos. Intentamos una relación, pero no pudo ser por mi incapacidad para amar, no lograba tener los sentimientos adecuados para que se diera una relación sana, y todo se quedó en una "amistad" con derechos.
En 2017, ante unos problemas de salud de mi gran amigo hermano, retomo el contacto asiduo con él, y viendo la posibilidad de trasladarme a trabajar a Argentina, no lo dudé y me fui con la chica, quien también había pedido traslado. Argentina era mejor opción, ya que la diferencia horaria es mucho menor con mi país, y allí me instalé el 15 de Marzo de 2017.
En Argentina conocí a más personas, entre ellas un paleontólogo al que llegué a considerar amigo, logré socializar con más personas, y aunque en menor cantidad, seguía consumiendo drogas.
El contacto con mi amigo hermano (a partir de aquí lo llamaré solamente hermano, ya que mi hermano de sangre es un desconocido para mi) era diario, y me interesé en conocer a su mejor amiga y a su novia (también me escribía con ellas). Los tres siendo Asperger, sentí que me entendían y muy de a poco fui abriéndome.

Lugar donde trabajo actualmente.


Un mes después de estar en Argentina, pasó un suceso horrible con mi hermano que me hizo viajar a mi país después de casi dos años sin pisarlo. Una semana después tuve que regresar a Argentina. Seguía sintiéndome solo allí, y el dolor me invadía por no poder estar con mi hermano en momentos tan duros, así que aunque las posibilidades de encontrar trabajo de paleontólogo en mi país eran escasas, intenté buscar trabajo, y si no me salía, trabajaría de informático, que tendría más salidas.
Esa vez la suerte me sonrió y como si fuera una lotería, logré un trabajo de jefe de excavaciones en mi país y en Julio de ese mismo año me regresé a mi país. Me llevé a mi hermano a vivir conmigo, y empecé a considerar hermana a la novia de él, y a su mejor amiga, como mi mejor amiga. Me sentía feliz al fin, tenía lo que siempre había soñado. Había logrado amar, y ante ellos me saqué mi coraza y me mostré como verdaderamente yo era. Solo sentía amor por ellos, pero comencé a sentir empatía y algo de cariño por las personas ajenas a mi pequeña familia de 3.
Durante unos meses todo fue bien, logré rehabilitarme con la ayuda de ellos, especialmente la de mi hermano que es quien puedo decir que me sacó de las drogas, y la epilepsia se redujo considerablemente.
Mi hermano me convenció para ir a hablar con una psiquiatra en modo de curiosidad, ya que mi hermano tenía unas sospechas y quería saber si esa psiquiatra que al parecer era muy buena, las confirmaba. La psiquiatra me dijo que yo no era Asperger, si no que era autista de alto funcionamiento, ya que aunque compartía muchas similitudes con el Asperger, había muchas diferencias y rasgos que apuntaban a que yo fuese autista, como el hecho de que no hablara hasta los 6 años de edad. Sinceramente la noticia me sentó fatal, no por nada en contra de las personas autistas, sino porque yo llevaba 10 años con mi diagnóstico de Asperger, me sentía Asperger y no quería aceptar el hecho de que mi diagnóstico fuera distinto a pesar de que ambos están dentro del espectro autista.

Lugar al que quiero viajar con mi hermana.


Todo marchaba bien, hasta que unos meses después recibí una llamada de la hija de mis padres (me niego a llamarla hermana, mi hermana es la que yo elegí), y me comunicó que mi padre estaba muriéndose y que quería verme. Yo en ese momento por mi padre solo sentía indiferencia, pero en mi mente pensé que no le iba a negar la última voluntad a una persona que se estaba muriendo, y acudí.
Llegué y no saludé a nadie, entré directamente a la habitación y me encerré con él. Mi padre comenzó a llorar, y no sentí nada. En ese momento entró mi madre a la habitación, también llorando, diciéndome que antes de que mi padre se fuera de este mundo, tenían que decirme algo muy importante. Y así, de la forma más abrupta me confesaron que mi padre, no era mi padre. Que si me había criado, pero no era mi padre biológico. Mi madre una mujer narcisista, adicta a la fiesta, y al sexo, le había sido infiel incontables veces a mi padre y de una de esas aventuras, vine yo al mundo. Mi madre se salió de la habitación, y al fin mi padre pudo explicarme el verdadero motivo por el que estuvo unos años sin querer saber de mí.
Me dijo que me había querido como si realmente hubiera sido suyo, que mi madre le había dejado por aquel monstruo y todos cegados lo habían ignorado. Sus dos hijos biológicos se distanciaron de él, y él simplemente se alejó al sentirse rechazado. Me recordó muchísimo a mí, ya que yo siempre me había sentido así. Me dijo que a pesar de todo siempre me había querido, y que estaba muy orgulloso de quien era y a donde había llegado. Mi padre murió 3 días después.
Fue tan shockeante la noticia, fue tan doloroso darme cuenta de que mi padre si me había querido, pero las circunstancias nos habían alejado y ya nada se podía hacer porque ya no estaba en este mundo. Los recuerdos de mi infancia se agolpaban en mi mente con los buenos momentos que había vivido con él. Y aunque mi hermano ya me había enseñado a llorar, lloré por mi padre como jamás había hecho.

Lugar donde quiero vivir con mi pequeña familia.


El dolor era tan profundo por su pérdida, por darme cuenta de que no le di la oportunidad de explicarse, de darme cuenta de que lo quería y lo había perdido para siempre, que tuve una nueva recaída y empecé a consumir. De nuevo me encerré en mí mismo y comenzaba a alejarme de mi pequeña familia de 3.
A parte de lo de mi padre, había otras cosas en mi mente, culpabilidad y tormentas mentales por otras causas, y como años atrás, ya no me abría ni expresaba lo que sentía, eso hizo que el consumo de drogas aumentara y tuviera un nuevo intento de suicidio.
Estando ya en casa, mi hermano tuvo una de sus grandes charlas filosóficas conmigo, hablamos de la muerte. Él tuvo varias pérdidas importantes de seres amados y me entendía. Logré abrirme a él y contarle todos mis sentimientos y todo lo que había en el laberinto de mi mente, y me prometió ayudarme a salir de esa situación, y lo cumplió.
Actualmente sigo viviendo con mi hermano, y feliz con mi pequeña familia de tres, de cuatro contando a nuestro perro. Sigo trabajando de paleontólogo en mi país y me va muy bien. Estoy poco a poco recuperándome de la muerte de mi padre y de los traumas del pasado, y rehabilitándome de todos los excesos que hice con mi cuerpo y mi mente. Puedo decir muy orgulloso de mi mismo que llevo tiempo sin consumir nada, y me siento muy bien. También estoy planteándome buscar un segundo diagnóstico y saber finalmente si soy Asperger o autista de alto funcionamiento, que aunque no cambiaría mi vida en nada, creo que me ayudará saberlo. Ahora estoy en muy buen momento, con mi trabajo y recibiendo el amor y el cariño que nunca tuve de mis hermanos y mi mejor amiga.

Os animo a que por muy malos momentos que vengan, nunca dejeís de luchar, porque al final las cosas buenas llegan.

Muchas gracias.



Dicen que el Mundo es de los Valientes... (Mi Vida como Aspie)









Mi nombre es Francisco de la Llave, tengo 45 años y vivo en Plasencia, Cáceres, España. Desde siempre me recuerdo de la misma manera. Tanto en la infancia como en la adolescencia y ya en la madurez, sentía que pasaba algo en mí que era distinto. Algo que no me dejaba relacionarme con las personas de un modo natural, como yo veía que entre ellos sí se relacionaban. Evidentemente, no tenía ni idea de qué era eso, no sabía qué ocurría  y trataba de evitar de todas las maneras que aquello se manifestara públicamente y fuera obvio, haciendo un esfuerzo realmente grande, muchas veces sin saber cómo, porque tampoco sabía cuál era el problema, lo que me generaba cierta ansiedad.
Con lo cual,  no es que me haya gustado estar sólo, es que era una necesidad esencial y vital, porque en esos momentos de soledad, desaparecía por completo la presión y la fatiga mental que me producía el hecho de estar con gente y relacionarme. Todo ello para intentar pasar desapercibido en una sociedad donde lo que triunfa precisamente es la labia y lo social por encima del talento o cualquier otra cosa.

Afortunadamente, en el colegio no sufrí bullying. Siempre me recuerdo con un amigo o dos a lo sumo, en cada etapa de mi vida. En las excursiones del colegio, mientras los compañeros jugaban, yo prefería quedarme al lado de un profesor que tocaba un acordeón. La primera vez que vi ese instrumento recuerdo que me fascinaba tanto que escuchaba durante mucho tiempo las melodías sencillas que tocaba el profesor y sentía que allí había algo especial, intuía que la música abría la puerta a un sitio fascinante donde yo quería entrar y descubrirlo. Sentía que yo era capaz de tocar lo que mi profesor estaba tocando y recuerdo el día en el que me atreví a decirle si me dejaba intentarlo. Aún recuerdo su cara de asombro cuando sin haber tocado un instrumento así en mi vida, reproduje sus notas a la perfección. Para mí se abrió totalmente la puerta a otra dimensión. Una dimensión donde por fin me encontraba cómodo.



Con el esfuerzo de mis padres conseguí mi propio acordeón y sentí que mi vida se transformaba. Lo único que quería era estar horas tocando. Mis padres orgullosos, me hacían tocar delante de la gente en cumpleaños o fiestas  pero yo lo pasaba tan mal que me recuerdo tocando detrás de las cortinas para que no me vieran. Estuve muchos años sin concebir que la música para la gente era para bailar y divertirse. Para mí era otra cosa completamente distinta.
Cuando fui un poco más mayor, apareció el piano en mi vida. Mis amigos me ayudaron a traer un piano antiguo desde Madrid a mi casa. Nunca se me olvidarán aquellos momentos.

A los 24 años conocí a la única mujer de mi vida con la que me casé y tuvimos dos hijas maravillosas. Empecé a impartir clases de piano y acordeón trabajando en Escuelas de Música hasta que un buen día decidí hacer mi propia “mini escuela” en mi casa, donde yo era mi propio jefe. Según lo expuesto antes, parece que el final no podría ser mejor. Trabajando en algo que me fascina y a mi propio ritmo, en mi casa… Descubrí también las mieles de los escenarios y ahí empezó una relación de amor-odio con los mismos. Participé en diferentes proyectos musicales hasta que por fin con ayuda de dos amigos pude lograr uno propio. Tuve diferencias con ellos por mi manera de entender las cosas pero me hicieron ver que esa auto exigencia no era buena.

A día de hoy sigo con ilusión enseñando y subiendo a los escenarios. La mayoría de las veces, mi Asperger me lo pone muy difícil (si no fuera por él creo que sería un buen músico), pero intento sobreponerme todos los días, todas las veces y soy consciente de que es mi herramienta para socializar. Gracias a la música he logrado cosas totalmente impensables para mí como puede ser dar una rueda de prensa, tocar en solitario en un escenario, hablar en público, hacer entrevistas, etc… Mis compañeros y mis alumnos dicen que soy bueno en lo mío. Está feo que yo lo escriba pero es lo que me hace seguir adelante con fuerza e ilusión.



El Asperger lo descubrí hace dos años, un día viendo la televisión salió un hombre hablando de cosas que a él le pasaban, cosas que pensaba, etc…. Y me di cuenta de que estaba haciendo una copia exacta de mi persona. Mi mujer también me dijo que ella tenía la sospecha. Al cabo de unos días, después de una crisis de ansiedad, decidí buscar ese diagnóstico. Después de dos horas y media de entrevista el diagnóstico estaba claro. Me fui a casa un poco desconcertado, mis sentimientos eran confusos, pero rápidamente me entró una sensación de alivio muy grande. Es como si tardaras 43 años en encontrar una pista muy fiable para acceder al gran tesoro que no es ni más ni menos que aceptarte cómo eres (requisito imprescindible para que te acepten los demás).
Decidí contárselo a mis hermanos y a mis compañeros de grupo. A mis padres no les dije nada porque imaginé que les costaría mucho trabajo entender algo así. A su hijo le acababan de poner una etiqueta de algo que le lleva acompañando toda la vida. No quise que se sintieran mal y lo dejé así.
Después de conocer el diagnóstico empezó un trabajo psicológico donde empecé por primera vez en mi vida a plantearme quién era yo, donde empecé a conocerme, donde empecé a saber cuáles eran mis miedos y qué los provocaba, cómo mejorar sabiendo cuál es realmente el problema.

En un ejercicio donde pregunté a mi entorno más cercano que dijeran cosas positivas de mí y cosas que debería de cambiar o mejorar, aparecieron diversas cosas, pero tanto unas como otras eran características del Asperger así que tuve claro lo que tenía que hacer: la sinceridad, la honestidad, la responsabilidad, la perseverancia, la visión práctica de las cosas, la lógica, el talento, la puntualidad, etc…son las cosas que había que potenciar. Lo negativo de la condición había que tratar de minimizarlo a toda costa.





No es fácil vivir con el Síndrome de Asperger, pero lo realmente difícil es convivir con él sin saberlo. Hoy día, lo diagnostican en los colegios y les dan herramientas a los chavales para convivir con él, lo cual es muy importante.
Así de mayores tampoco se verán sometidos a escuchar cosas del tipo: “pues no se te nota nada”. Claro, llevo toda la vida tratando de que no se me note, lo que la gente no sabe es que es una tarea agotadora. “No sabía nada”. Claro, yo tampoco lo sabía. “Eso es un invento de los psicólogos para ganar dinero, tu eres tímido y punto”. Me demuestras lo que te interesa el tema o yo.

Es decir, que lo negativo de la cuestión, vuelve a ser la sociedad, que no es comprensiva con esta y otras muchas cuestiones similares. 

Yo he decidido con estas líneas, salir de mi armario, aunque sé que seguramente me pueda traer alguna consecuencia negativa ya que no todo el mundo está preparado para ciertas cosas y no me gustaría que me miraran analizándome porque ya he dicho antes que lo que más me gusta es pasar desapercibido.  Pero para los que me conozcan y me estén leyendo, sólo puedo decirles que sigo siendo el mismo. Llevo toda mi vida fijándome cómo funciona la sociedad, y aunque mi “cableado” es diferente y me cuesta trabajo, siempre he tenido la capacidad de aprender y mejorar. Lo seguiré haciendo siempre aunque a veces no sea nada fácil. 



De todas formas, si me veis que me cuesta trabajo saludar, no es por falta de interés. Si veis que en una conversación me quedo al margen, no es porque esté molesto o no me interese la misma. Si alguna vez os digo alguna cosa de manera muy directa, no es por hacer daño. Si alguna vez me tomo las cosas de manera literal no es por hacerme el gracioso. Si no miro a los ojos es para no perderme y poder enterarme de las cosas. Si no muestro interés por las cosas que para vosotros son normales no es por sentirme superior. Si estoy nervioso es porque me han sacado de mis rutinas. Si ves que estoy sólo y hago lo posible por buscarlo no es porque no quiera estar contigo sino por necesidad y para que mi cerebro descanse. Si no exteriorizo no es porque no quiera. Si no contesto rápidamente es porque necesito imaginar los posibles escenarios que habrá después de una contestación. Si me paralizo es porque tengo muy desarrollado el sentido del ridículo (propio y ajeno). Si no me explicas tus emociones es muy difícil que las interprete. Si me invitas a un acto social y no acudo, no es por falta de interés. Si parezco antipático o prepotente, nada más lejos. Y si me ves perdido, estoy tratando de encontrar la manera de entender a un mundo para el cuál no estoy diseñado.

También creo que es importante decir que pese a todo, me gusta mi vida porque he aprendido a quedarme con lo bueno, que es mucho. Disfruto muchísimo de las cosas que me gustan y aunque en lo social no triunfe, en lo demás me considero privilegiado.
Mil gracias a todos por haber tenido la paciencia de leer estas líneas que para mí han sido un ejercicio de liberación y de valentía, porque ya sabéis…. dicen que el mundo es de los valientes.


Os invito a ver un vídeo en donde interpreto en piano I Giorni de Ludovico Einaudi:





viernes, 15 de junio de 2018

Las Visitas y las Reuniones Sociales para un Aspie.




Película en donde la protagonista es autista.



Cuando se trata de socializar, la diferencia con las personas neurotípicas, es que los aspies nos saturamos rápidamente, por lo cual necesitamos aislarnos frecuentemente para “recargar pilas”, porque, aunque no lo parezca, igual no nos es tan fácil la interacción social. Necesitamos de ese “descanso”, porque en realidad no le damos mucha importancia a esto de juntarnos con otros, ni a las típicas salidas para “compartir”. 
Hay ocasiones en que nos sentimos tan “saturados” por el exceso de estímulos ambientales, que buscamos nuestra zona de confort en donde damos rienda suelta a nuestros intereses restringidos y que probablemente los demás no compartan, y eso no nos hace “amargados”, sólo necesitamos de nuestro espacio y no sentirnos obligados a socializar como lo hacen los demás. Podemos socializar, si queremos, pero a nuestro propio ritmo.

A continuación le invito a leer las opiniones, desde las experiencias personales, de algunos jóvenes y adultos Asperger sobre este tema (no he puesto sus nombres para mantener su privacidad):


¿Te gustan las visitas?


-Odio las visitas. Las tolero un corto tiempo pero no soporto cuando se extienden y parece que nunca se irán. La gente disfruta hablar cosas sin importancia. Yo siento que he perdido un día sin poder hacer mis "cosas" ya organizadas en mi cabeza.

-Si mis padres tienen alguna visita, tengo la reputación de esconderme en el cuarto y una de mis gatas se une en la evasiva a visitas. Tampoco me gusta la televisión, prácticamente es la principal razón por la cual no me gusta "comer en familia".

-Yo cuando estoy enojada o cuando me deprimo, no deseo recibir, ni visitar, ni ver a nadie. Me vuelvo bastante ermitaña, es más, si no me hablan por el face, tampoco les hablo, jejeje. Me parece curioso expresarlo, a veces uno se guarda esas cosas para sí.

-El tema también es por ejemplo: Yo apagué la TV en abril de 2006 y se puede decir que no la he vuelto a encender. Pero la gente viene y se ponen a ver la TV, que a mí me pone nervioso porque no hace más que ruido (en todos los sentidos, no solo el sonoro, pues en general la parrilla es vacía de información). O les gusta charlar de efemérides que siempre se repiten durante años y años; siempre las mismas cosas que acaban saturándote, como si estuviese escuchando la misma canción día tras día durante toda tu vida. Esto por poner dos ejemplos que me vienen ahora a la cabeza. O las fiestas de los lugares, todos los años la misma procesión; parece que fue hace dos días cuando se hizo exactamente lo mismo y otra vez igual año tras año. Yo creo que es como si la memoria de la gente se dilatara y percibieran los hechos mucho más separados en el tiempo y no se les hacen monótonos. Pues prefieres hacer otra cosa y como la gente no quiere salirse de sus hábitos tampoco lo puedes compartir.

-A mí tampoco me gusta hablar de cosas que no me interesan, sobre todo cuando algún desconocido en la calle quiere darme charla y me quiere sacar información.

-Mi mayor “shock” es cuando llegan visitas. Odio cuando recién llegan, y el día antes ya sufro de ansiedad. Pero lo peor, y que me da ataque, es cuando llegan sin avisar!!! Mejor que me tragara la tierra.


Fotógrafo: Rodrigo Corvalán.

¿Qué haces en una reunión social?


-Hay cosas que me molestan de las fiestas y reuniones, y una es que generalmente a nadie le importa lo que digo, a no ser que sean payasadas, por lo que me dedico a bailar o a ayudar a servir o a cantar, y si no hay nada que hacer...me voy calladita.

-Soy de las personas que va a una fiesta, me siento cerca de la mesa de comida y ahí me quedo jajajajajajajajaja. Bueno en realidad no voy a fiestas, pero cuando iba a alguna, era adolescente.

-Yo por mi parte no suelo conversar con mis vecinos y soy poco dado a participar en conversaciones con la gente. Más bien si no es otra persona que no conozca que se dirija a mí no converso con ella. Si veo una chica y quiero decirle algo, la lengua literalmente se me traba y me bloqueo.

-Una vez me querían poner a bailar reggaeton, y mejor me fui a refugiarme, y salí hasta que todos se estaban yendo. El baño es el mejor lugar para esconderse.

-Yo suelo ser bueno como mucho en un grupo de hasta 3 personas. Lo que me “rompe soberanamente”, es cuando estamos en una reunión o en una cena de muchas personas, y todos están en sintonía aportando chistes y vivencias y ahí uno se ve forzado a 'histrionizarse', de lo contrario quedas mal al frente de todo el jolgorio.

-Para mí, lo primero que no me gusta hacer es saludar a cada una de las personas de un grupo, uno por uno repetitivamente como robot. Lo que me gusta hacer en esos casos es saludar con la mano desde lejos, haciendo un movimiento semicircular de izquierda a derecho, tan amplio como se vea el grupo, desde mi perspectiva visual.

-A veces no hay remedio y toca hacer lo mejor que se pueda. Lo del baile es lo peor, yo nunca me he podido sentir cómodo con eso y han tratado de enseñarme muchas veces. De resto toca aprender técnicas de relajación y concentrarse en la postura y en la entonación.

-Hubo una ocasión que nos reunimos varios comités en un restaurante a dar una conferencia de prensa. Otras personas iban hablar, yo no. Al finalizar sólo me dijeron: “Espera no te vayas, siéntate que van a hablar contigo”. No sabía quién o quiénes, acepté. Cual va siendo mi sorpresa, cuando me doy cuenta que era de la prensa de la TELEVISIÓN!!! Noooooo !! Una cámara!! Ni modo, me entrevistaron y salí en la televisión.

Fotógrafo: Rodrigo Corvalán.


-Cuando hay mucha gente, sobre todo cuando no la conozco, o los temas de conversación no son los que me gustan o estoy hablando con más de dos personas al mismo tiempo, es tal estrés que mi único "mecanismo de defensa" es guardar silencio y poner una sonrisa (parece más una mueca) y dejo que los demás hablen.

-Cuando hay mucha gente, sobre todo cuando no la conozco, o los temas de conversación no son los que me gustan o estoy hablando con más de dos personas al mismo tiempo, es tal estrés que mi único "mecanismo de defensa" es guardar silencio y poner una sonrisa (parece más una mueca) y dejo que los demás hablen.

-Es muy incómodo para mí tener que estar a la vista de tanta gente. Lo bueno es que el callarme y ponerme serio aparta a la mayoría de las personas de mí. El problema es cuando aparece el típico "alma de la fiesta " y pretende incluirme a la sociedad en contra de mi voluntad. Nunca lo logran, porque jamás hago lo que no quiero y menos bajo insistencia. Me encanta estar aparte de todos.

-A más gente a mi alrededor, mas callada y seria me pongo. Me han dicho que la expresión de mi cara en esos momentos es extraña y siempre salen con un: “¿Qué te pasa?” Y yo: “Nada ¿por qué?”  Y ellos: “Es que tienes una cara”. La semana pasada hubo en casa de mis suegros una reunión familiar, alrededor de 15 personas, y yo calladísima y como sin saber qué hacer. Mi suegro me preguntó que me pasaba y yo le dije que nada. A lo que él dijo: “Yo sé que te pasa algo porque tú no eres así”. Acto seguido se fue a compartir con otros en la fiesta (qué bueno!!!). Cuando se lo comenté a mi esposo le dije que lo que mi suegro no sabe es que mi personalidad callada y meditabunda es la verdadera yo, la otra, la que él ve una vez a la semana, es la careta social.

-Este año me pasó dos veces de que me dijeran que tengo cara de estar enojado y que soy bastante antipático (sic). La verdad yo, en esas situaciones, trato de ser lo más agradable posible, pero parece que no lo estoy haciendo bien.

-Para mí la palabra " salir" es tan difícil como para un bebé la palabra " caminar", o para un pájaro la palabra " hablar". Entonces lo que hago es dejarla tranquila, que se diluya con las horas, mientras me repito: "Ya expliqué una vez por qué no me gusta salir, no lo explico más".

Fotógrafo: Rodrigo Corvalán.

Sobre las celebraciones de Fiestas Patrias:


-Lo celebro en la tarde, no en la noche por lo que aprovecho de comer todas las ricas comidas propias para esa fecha. Y con celebrar me refiero a comer, nada más. Las fiestas patrias para mi es comer todas las comidas deliciosas del país. También es mi día favorito festivo, porque además no lo celebro en la noche, sino en el día primaveral de esa fecha (que queda poco para que llegue). Y la navidad no me gusta para nada, solo es gasto de plata y mucho menos me gusta año nuevo, le tengo pánico a la cuenta regresiva, es por eso que el año pasado me fui sola a pasar el año nuevo a una playa en Con Con llamada La Boca, me puse un tanto alejada de la gente, era yo, de noche frente al mar y una luna maravillosa, la música se escuchaba a lo lejos, y la cuenta regresiva nunca la escuché. Lo mejor es que como ponen fuegos artificiales por toda la costa, exactamente frente a mi estaban los fuegos, no había nada delante de mí, solo el mar, era como si esos fuegos hubiesen sido puestos solo para mí. Fue algo maravilloso.

-Me abstengo de toda celebración, partiendo del hecho que en mi país se celebra el inicio de la lucha armada no la consumación, desde ahí se me hace absurdo celebrar. Lo que si me gusta es ver el desfile militar.

-No celebro, pero reflexiono sobre la idea de vivir en un Estado cuyo nombre está basado en una civilización opresora que fue exterminada por los otros pueblos indígenas.

-Yo no hago nada en especial sólo disfruto del día feriado en mi casa.

-No celebro, es como otro día, solo que con gente que hace bulla afuera buscando un pretexto para beber, aparte ni las fechas recuerdo XD.

-A mí no me divierten las fiestas patrias de mi país, son sólo un día que no tengo que trabajar, ni levantarme temprano. En cambio de la navidad, me gusta todo. Las decoraciones, la comida y los fuegos artificiales.

-Las fiestas patrias me las hacían festejar disfrazándome para los actos, me gustaba porque era el momento en que mis compañeros no se burlaban de mí ni me dejaban sola, porque todos estábamos participando y los niños querían lucirse ante sus madres. Cuando más grande lo que me importaba era para descansar de la escuela y cuando trabajaba prefería ir al trabajo para que me paguen doble.

Fotógrafo: Rodrigo Corvalán.

¿Es común bloquearse?


-Literalmente no sé qué hacer en algunas situaciones. Me vuelvo una estatua y lo único que quisiera en esos momentos es poner retroceso a ese día para ver si las cosas son distintas y, por ende, quizás más fáciles. A veces soy nulo ante situaciones cotidianas y frío ante situaciones de emergencia.

-Sí, si hay alguna situación social imprevista o muy incómoda para mí, al punto de aislarme completamente y casi no interactuar con nadie, lo peor es darse cuenta de lo que está pasando y no poder hacer nada y que la gente te mire como bicho raro.

-Sí me pasa, especialmente cuando estoy bajo presión, en un ambiente tenso o cuando me dan a la vez una orden y contraorden... llego a quedarme tieso y mudo.

-También. Frente a determinadas (muchas) situaciones me bloqueo (quedo anulada, ausente) y no reacciono. Es terrible, especialmente cuando urge actuar y no sé cómo. Por otro lado, en otras situaciones en las que la mayoría de las personas se quedan "congeladas", soy rápida de reflejos para solucionar las distintas contingencias (más pragmática). Medio raro esto.


Escrito recopilado, editado y publicado por Aillen Aukan Awka.


Las imágenes utilizadas en este escrito (exceptuando la primera) pertenecen a Rodrigo Corvalán, un gran fotógrafo con el síndrome de Asperger. Pueden encontrar más de sus fotografías en esta página: