jueves, 22 de marzo de 2012

¿Quién decide el futuro de un asperger?

         
 (Por Tamara Suárez)

 Durante estos años, tanto físicamente como virtualmente, he conocido a más de 50 aspergers, los que en su mayoría superan los 18 años. Y sólo puedo decir que ninguno es igual al otro. En cuanto a tendencias, algunos hombres tienden a hablar “robotizado” mientras que las mujeres realizamos mayor “contacto visual”. En los hombres se encuentra un mayor deseo de querer socializar con el sexo opuesto, mientras que en las mujeres prima el compartir experiencias entre ellas. Muchos optan por carreras como informática, matemáticas y física, mientras que otros también son psicólogos, abogados, filósofos, profesores y una infinidad de ámbitos profesionales más. La razón porque en esta oportunidad estoy planteando estos puntos es debido a que en esta entrada quiero tratar dos temas muy importantes que hace tiempo vengo reflexionando pero que sin embargo, recién hoy sé por donde comenzar.

            Hace dos años cometí un error muy grande en no creerle a un asperger de que lo era debido a que según yo no poseía las características aspies y porque sólo fue a través de un autodiagnóstico. Pero luego de dos años y luego de toparme con aspergers de todos los tipos y tamaños, llegué a la conclusión de que es tan diverso este mundo y es tan diferente la evolución de un asperger con otro al igual que su nivel de funcionalidad que al final, quién era yo, sin ser profesional, para juzgar el autodiagnóstico de alguien, sin conocerlo completamente y desconociendo el desarrollo que ha tenido a lo largo de su vida. Yo por ejemplo efectúo contacto visual, gesticulo bastante la cara y he logrado a mis 26 años verme lo suficientemente funcional como para no parecer tan asperger. Sin embargo, no siempre fue así; hubo un camino muy largo lleno de profesionales, de medicamentos, de conflictos, de confusiones, de diagnósticos y de descontrol, hubo toda una evolución. Necesité como todas las personas pasar por experiencias que en su momento eran muy dolorosas y traumáticas pero que sin embargo aportaron nuevas tácticas para poder enfrentar la vida. Por lo tanto, ¿quiénes somos todos para juzgar a las personas?

            Lo otro que quería hablar con ustedes es que en una clase en la universidad, una profesora contó que estaba a cargo de una alumna asperger la cual estaba decidiendo el área de su futuro profesional. La profesora dijo que ella aconsejó a su madre a que la ingresara a carreras como informática o matemáticas debido a que ella piensa que las personas aspergers no son aptas para las áreas humanistas por no ser hábiles socialmente, además de ser incómodo para la asperger. Creo que esa profesora no sabe que soy asperger porque en los años anteriores no me había tocado con ella, pero me pregunto…¿qué pasaría si se llega a enterar que una chica “no apta” para la carrera está cursando su ramo?  Sobre esto me planteo otra pregunta, ¿qué asperger podría mejorar más en sus habilidades sociales, el que está frente a un computador todo el día sin contacto con otras personas o el que está en contacto directo con los demás y cuyo trabajo sea satisfacer las necesidades sociales de la comunidad?  Sólo puedo decir que el estar en una carrera humanista me ha ayudado bastante, ahora logro ser más afectiva, puedo comprender las  necesidades de las demás personas, me doy cuenta de que el mundo se mueve socialmente y estoy obligada a ser parte de este. Al principio me molestaba mucho tener que hacer trabajos en grupo, tener que compartir con otros, hacer reflexiones en profundidad sobre las necesidades de otros, y debo admitir que aún me siguen costando estos puntos. Sin embargo, también siento que he progresado y eso es muy satisfactorio. Por lo tanto, creo que decidir nuestro futuro está en la decisión de cada asperger y no en lo que diga un profesional, el cual puede saber mucho, pero como dije antes ningún asperger es igual a otro por lo tanto este asunto no puede ser aplicable a todos.

         A mi me encanta la informática y antes estudié física y debo admitir que me siento bastante cómoda en ese mundo, sin embargo no encuentro que sea bueno crear más barreras de las que tenemos y cerrar puertas al futuro cuando aún no se ha visto el fracaso. Algunos profesionales dicen que hay que ser realistas con las capacidades de las personas, pero gracias a Dios existen otros que tienen muy claro que nadie tiene el derecho de crear límites a los demás. Si llegan a existir límites, que se los cree uno.