sábado, 7 de julio de 2012

El Ave Fénix, segunda parte.


(Por Tamara Suárez)    

   A veces cuando observo la vida de las personas me encuentro con dos realidades; hay algunos que poseen unas vidas donde no suceden mayores dramas, donde nada sale de lo habitual de la vida de un ser humano y hasta el momento de su muerte no existieron mayores dolores y problemas. Pero hay otras personas donde en la vida aparece un golpe tras otro y a veces no queda tiempo para superar los problemas anteriores cuando ya se vienen más. Muchas veces este último grupo de personas desea tener una vida tranquila como los primeros que mencioné, pero....la verdad, he aprendido que la vida se vuelve provechosa luego de saber superar todos aquellos problemas y aprender a vivir con ellos acompañado de una sonrisa.

         Cuando tenía 14 años, mi mamá decía que yo era pesimista, que siempre le veía el lado negro a la vida y la verdad yo le respondía que con todas las cosas malas que me habían pasado al punto de ser traumáticas, no entendía por qué debía ser feliz si la vida me traía esos problemas. Luego de esos 14 años la vida me fue dando más golpes, que aunque eran más suaves, eran más dolorosos. Pero hoy, luego de 12 años, logré comprender que todo ese dolor me enseñó a confrontar a este mundo confuso que nos rodea. Mi error era que buscaba la felicidad y no la encontraba, cuando esta en realidad siempre estuvo presente a través de diferentes momentos de la vida. Cuando esperas la felicidad en el futuro, nunca llegarás a ésta, hay que tratar de vivenciarla en el presente.

        Como lo menciono en otra entrada, el Ave Fénix es capaz de poder renacer desde sus propias cenizas y a través de su muerte puede volver a aparecer en completa majestuosidad ante todo lo que antes lo rodeaba. Esto me recuerda cuando sentimos que no hay salida, cuando no hay solución, cuando ya no nos quieren o no nos consideran, esa sensación y sentimiento refleja el miedo a la muerte de nuestro espíritu, sin embargo, el volver a renacer pasa a ser un acto de honor hacia nosotros mismos y nos permite alcanzar la felicidad aún sin que ésta se encuentre de forma concreta y presente. El Ave Fénix, es sinónimo de resiliencia y ésta significa la capacidad de las personas para sobreponerse ante la adversidad y salir fortalecida de esa batalla.

         Por eso mis queridos Aves Fénix, no bajen sus alas, y si lo llegan a hacer, renazcan hermosos desde las cenizas que dejaron sus enemigos. 

         Sean libres y respetuosos y entreguen lo que esperan recibir, sin esperar a cambio algo de los demás ya que así evitaran la desilusión, sólo vivan el momento y sean felices aún cuando no exista consuelo.

         El mundo tiene muchas cosas bellas, como los amaneceres, las estrellas, los animales, sus sonidos, colores y olores y muchas veces me pregunto cómo es que aún no nos basta sólo con eso.