martes, 1 de diciembre de 2015

Afectos que afectan.

 Me quiero referir a este tema desde mi experiencia como mujer Asperger, pero no dando un sentido universal a lo que escribiré, pues sigo sosteniendo que ningún individuo es igual a otro, aun teniendo un mismo Síndrome. Con esto quiero decir que los afectos no son experimentados de la misma manera, ni con igual intensidad por las personas Asperger. He leído testimonios de adultos dentro del espectro autista que se jactan de nunca haberse enamorado y mucho menos haber sufrido por amor, pues lo consideran, prácticamente, una estupidez; otros se consideran erróneamente "más Asperger" por no ser sensibles; pero hay quienes, al igual que yo,  son muy sensibles y lo reconocen sin verguenza ni miedo de parecer "menos aspies" por experimentar esta capacidad, que lejos de ser algo negativo, a mi parecer, es una cualidad que no todos tienen la dicha de experimentar. No entraré en detalles con respecto a quien es más Asperger y quien no por esta absurda razón (es un asunto que me tiene saturada y encuentro tonto discutir por ello habiendo características claras que son indicadores de quien puede tener el Síndrome y quien no). 
Seguiré con el tema en cuestión, que es lo que me ha motivado a escribir esta nota. La mayoría de las personas han sufrido alguna vez en su vida por amor, con esto no sólo me refiero al amor de pareja (Eros), también incluyo el amor filial (padres, hijos, hermanos, etc.), o al amor de amigos. En fin, yo he sufrido, en su momento, por cada uno de los amores que anteriormente he mencionado, y no me extraña en mí, dado mi excesiva sensibilidad, lo cual aclaro no tiene absolutamente nada que ver con la empatía cognitiva (capacidad para entender perspectivas, pensamientos y emociones de otros, lo que comúnmente denominamos "ponerse en el lugar del otro"), de la cual yo tengo muy poca, no obstante, empatía emocional sí tengo. Y, aunque estoy familiarizada con el sentir afecto hacia otras personas, hay un sentimiento nuevo para mí, algo que jamás pensé sentir: El apego hacia la que fue la pareja de mi hijo.
Artista: Anita Valle Ocando.

Al comienzo, como toda relación que yo inicio con una determinada persona, no hubo inmediata cercanía, debido a que me cuesta entablar comunicación con alguien que es desconocido para mí, necesito un tiempo de adaptación, tal como cada situación nueva que debo enfrentar, y luego, después de este proceso, si hay una buena comunicación, logro la interacción. Pero ¿cómo enfrentar la ruptura cuando no está en mis manos?, muchos me han dicho que es un proceso natural, en que los hijos, cuando son jóvenes, van experimentando diferentes relaciones hasta que llega la persona con la que deciden formar un hogar; y eso lo entiendo muy bien, pues yo también he pasado por aquellas situaciones, pero desde mi vereda. Sin embargo, no sé cómo hacer para aceptar que ya no volveré a ver a alguien que llegué a querer casi como a una hija. No sabía que iba a ser algo tan difícil de aceptar, y más aún llegar a acostumbrarme a esa ausencia. 
Yo soy una persona que vive analizando el comportamiento humano, y por ende, es algo que también hago con mi persona, lo cual me lleva a plantearme interrogantes y buscar posibles respuestas a lo que me inquieta; y en esta ocasión, no fue la excepción. Después de tanto pensar y analizar lo que me está sucediendo, creo que esta reacción mía ante la ausencia de esta persona, es porque yo soy muy rígida y acostumbro a seguir patrones. En mi vida estructurada, primero eramos sólo mi hijo y yo, luego tuve que cambiar mi rutina e integrar a una tercera persona, lo cual me tomó un tiempo, pero no por celos, porque tengo la dicha de no experimentar ese sentimiento negativo con mi hijo, más bien fue un proceso para poder cambiar mi rutina y a partir de ahí poder seguir adaptándome a ese cambio que incluía a otra persona. Y hoy, esa rutina nuevamente se ve alterada porque falta un miembro de la familia, que sin aviso ni de manera gradual, fue sacada de mi vida, dejándome desorientada y triste porque no me lo esperaba.
Artista: Anita Valle Ocando.

¿Cómo voy a poder adaptarme a otra chica cuando mi hijo decida tener una nueva pareja? Es algo que me aterra, no sé como enfrentarlo y ruego que pase mucho tiempo para que algo así suceda, puesto que me acostumbré a un determinado rostro, una determinada voz, a su risa, a sus gestos, y a todo lo que la caracterizaba y me hacía reconocerla como pareja de él; en mi mente no hay otra imagen que no sea ella. Además, no quiero volver a pasar por el mismo proceso de adaptación con otra joven para que, una vez logrado, deba enfrentar nuevamente la pérdida.
Puedo aceptar la ausencia de personas, pero cuando ya no hay lazos de ningún tipo entre ellas y yo, o cuando, simplemente, cambian mis intereses y dichas personas no los comparten conmigo. También me alejo de quienes me hacen daño y me angustian con sus presiones del índole que sean; no le veo sentido seguir al lado de quien no me hace bien y no me da la tranquilidad mental que necesito. Incluso puedo aceptar la muerte de alguien muy querido para mí, si esa persona está sufriendo en vida y lo mejor que le puede suceder es morir (me cuesta entender que exista gente que le pida a Dios que no se lleve a algún ser querido de edad avanzada, aunque estén viendo que esa persona está postrada en cama y sufriendo), no logro comprender por qué la gente prefiere que un anciano viva aunque, prácticamente, esté en estado vegetal; y el dilema se presenta para mí cuando finalmente esa persona muere y yo no tengo las palabras que el deudo quisiese escuchar, cuando lo único que yo pienso en decir es que es mejor que haya muerto a que siga viviendo así, con sufrimiento (pero es obvio que la gente no quiere escuchar eso y que prefiere que uno diga que lo lamenta aunque no sea verdad). 
Artista: Anita Valle Ocando.

Con la ausencia de algunas personas puedo parecer muy fría dada mi reacción lógica y no emocional en determinadas situaciones, pues ya tengo el formato del por qué uno se aleja de las personas y es parte de lo que me ha tocado vivir; pero cuando alguien se está yendo de mi vida, sin mediar nada negativo entre ella y yo, no es algo que yo sepa manejar, y es allí donde veo la mayor dificultad, puesto que mi cerebro no tiene este tipo de información, y por tanto no tengo la experiencia previa que me permita aceptar de buena manera que esa persona ya no está. Tampoco puedo tener una amistad con ella, porque en mi mente estructurada, ella ocupaba un espacio como pareja de mi hijo, y a través de él, se daba la relación conmigo. Es muy difícil para mí comprender este nuevo sentimiento que me invade, más aún, sabiendo que son las decisiones de mi hijo y debo respetarlas, pero no logro entender algo que nunca me había sucedido a mí, desde el lugar en que me tocó experimentarlo. 
El tema de los afectos en las personas Asperger da para mucho, y sé que hay personas que les interesa saber al respecto, es por eso que he publicado otro artículo en donde me refiero a las personas Asperger como parejas. 
Como podrán darse cuenta, algunas personas con el síndrome analizamos hasta las relaciones de familia, amigos y de pareja. Me imagino que esto se debe a nuestra incansable búsqueda por comprender el comportamiento humano y darle sentido al hecho de tener que relacionarnos con los demás, tomando en cuenta que para nosotros es muy difícil entender a las otras personas que no piensan ni actúan como nosotros.

Las imágenes utilizadas en este escrito, pertenecen a Anita Valle Ocando, una artista excepcional con el Síndrome de Asperger y pueden encontrar más de sus obras en esta página: