miércoles, 1 de abril de 2015

Mi manera de relacionarme con los demás antes del diagnóstico.




Es sabido que las personas Asperger tenemos dificultades para socializar. Partamos de la base recordando que, aunque chicos y chicas con el Síndrome compartimos las mismas características que nos hacen reconocernos como tal, existen algunas diferencias que son importantes de considerar y que en otra publicación las escribiré, por lo tanto no tenemos la misma manera de socializar y quizás no le demos la misma importancia tampoco. ¿Cómo lo he hecho durante mis 41 años de edad para relacionarme con los demás? Comenzaré relatando mi experiencia desde que estaba en el jardín de infantes. El único recuerdo que tengo de esa época pre escolar es que yo lloraba mucho cada vez que me iban a dejar a ese sitio. No recuerdo otra cosa que no sea eso, pero buscando entre mis pertenencias, encontré un informe al hogar en el cual la educadora describe algunos rasgos de mi personalidad. En él se refiere a mí como una niña muy tímida y retraída que no tiene amigos y no se integra a los juegos en las horas de patio. También hace alusión a que yo no tolero las frustraciones y rápidamente recurro al llanto cuando no logro solucionar algún problema (eso aún no cambia en mí). En la enseñanza básica o primaria, recuerdo haber tenido una o dos amigas, de “bajo perfil” como yo, con las cuales podía conversar. Muy pocas veces pude jugar a las “pilladas” (el juego típico de los niños de esa época). Corría muy mal y apenas veía que se acercaba a mí quien debía “pillarme”, me detenía y cubría con mis antebrazos mi cabeza, pues tenía pésima reacción y me daba miedo que me persiguieran. Ni hablar de jugar con la pelota para socializar en grupo. Era un fracaso, le tenía "terror" al balón, tenía reacciones tardías que provocaban que fuese golpeada con ese implemento deportivo por no saber esquivarlo.

Artista: Eduardo Replinger.

También recuerdo que para ser considerada por mis amigas de turno, mis conductas las basada en la imitación. Generalmente tomaba como ejemplo a la chica que era agradable para el resto, observaba sus gestos, su tono de voz, sus movimientos y luego yo intentaba hacer lo mismo. Nunca fui la líder y acataba lo que decidían quienes fuesen mis amigas de turno. Mi paso por el colegio no fue “terrible”, pues aunque algunos compañeros me molestaban con apodos que en aquellos momentos para mí eran muy dolorosos, no sufrí de golpes ni de acoso (estudié en una ex Oficina Salitrera con diez mil habitantes en total, por tanto éramos muy pocos los estudiantes, y en donde el Bullying no existía para nadie. Eran otros tiempos en dónde no existía ese tipo de bajezas ni abusos).
Mi paso por el Liceo de Enseñanza Media (secundaria), lo cursé en tres establecimientos diferentes, por lo que tuve que cambiar de amistades (las que nunca superaron el máximo de dos personas a la vez). Para ser honesta, en la enseñanza básica (primaria) no recuerdo como hice amistad con las dos chicas que me acompañaron desde los nueve hasta los trece años. Lo más probable es que ellas se acercaran a mí; pero lo que sí recuerdo muy bien, fue cuando estudié en el segundo liceo y tuve que buscar amigas para no sentirme sola. Para ir a estudiar a ese establecimiento educacional, tenía que viajar todos los días por media hora, las cuales eran agradables, pues el bus que nos trasladaba a todos los chicos que íbamos a estudiar a otra Oficina Salitrera, era muy confortable y nos permitía ir cómodamente sentados. Al llegar a la sala de clases me sentaba con un amigo que conocía de antes, y que viajaba junto a mí todos los días. Cuando llegaba la hora del recreo me quedaba junto a él y sus amigos (siempre he preferido la compañía masculina, de hecho, siendo heterosexual, deseaba con ansias ser varón, hasta me vestía parecido a ellos e imitaba sus gestos y manera de caminar).

Artista: Eduardo Replinger.

No conocía a ninguna chica y no me atrevía a acercarme a ellas por miedo a ser rechazada. Me sentía muy bien entre chicos y me acomodaba verlos conversar o jugar a la pelota mientras yo los observaba, pero esa comodidad duró sólo un mes. Un día mi amigo me dijo que ya no podía juntarme con él, sentí una gran angustia en esos instantes y le pregunté por qué. Me dijo que las chicas debían juntarse con otras chicas y que no andaban para todos lados con los varones, que él quería conversar cosas de chicos y no podía porque yo estaba allí con ellos. Luego de decirme eso, se dio media vuelta y se fue con sus amigos, dejándome sola en el patio de la escuela, sintiendo una gran angustia y sin saber qué hacer ni como buscar una amiga entre tantas jóvenes desconocidas para mí. Yo en esos instantes tenía diecisiete años, pero no sabía cómo hacer amigas por mi propio esfuerzo, así que todo ese recreo me quedé sola en un rincón, mirando angustiada a quien acercarme y pensando en cómo pedirle que sea mi amiga.
Creo que dentro de todo, fui una chica "afortunada" en el asunto de la amistad porque al siguiente día, al verme tan sola, dos chicas se me acercaron, conversaron conmigo, y ya no me les “despegué” más durante ese año ¿Por qué utilizo esa palabra? Porque tenía "terror" a estar sola y que los demás se aprovechasen de eso para molestarme. Siempre fui temerosa y mi excesiva timidez empeoraba que yo lograse tener un grupo numeroso de amigas, entonces al tener una o dos amigas, sentía que eran mi nexo con mi "mundo exterior", y a la vez, me servían de intérpretes para entender lo que explicaba el maestro.

Artista: Eduardo Replinger.

Cuando ingresé a la Universidad nuevamente me encontré con el temor de no lograr tener una amiga, pero me di el valor y me acerqué a conversar con una chica, pero parece que en ese momento no le parecí atractiva porque al siguiente día estaba con otras chicas y no volvió a conversar conmigo. Probé, entonces, acercándome a dos chicas que se “veían calladas” como yo, y les pregunté si podía quedarme con ellas y…Dijeron que SÍ!!! Nuevamente me "pegué" a quienes podían ayudarme a relacionarme con los demás. Estando en la Universidad me encontré nuevamente con aquel amigo que me dijo que debía juntarme con chicas, seguimos nuestra amistad y a través de él conocí a otros varones con los cuales nos juntábamos en la biblioteca para conversar en los ratos libres (este fue mi refugio muchas veces en donde me iba al sitio más apartado a "devorar" libros en completa soledad). Yo era la ÚNICA mujer en el grupo, me sentía como si fuese uno de ellos, aunque estando en grupo yo sólo escuchaba, tal como en el liceo. Sólo hablaba cuando estaba con uno o dos.
Con el paso de los años entendí que jamás podría pertenecer al grupo de las chicas “populares”, pues yo no les era atractiva y a decir verdad, ellas son demasiado extrovertidas para mí y coartan, sin querer, mi personalidad, y en vez de destacarme en una conversación, me vuelvo más introvertida, limitándome a sonreír aunque no encuentre mucha gracia a lo que dicen (la sonrisa fue algo que aprendí para poder agradar luego de que me diese cuenta que mi cara seria “espanta” a la gente). También aprendí que una buena manera para mantener una conversación con otra persona, es a través de preguntas. Hice de ese ritual un hábito cada vez que me veo enfrentada a situaciones en donde debo parecer sociable, aunque no tenga ganas de conversar con nadie. Sé que lo ideal es no hablar si uno no tiene ganas, pero estamos insertos en una sociedad, en donde tenemos que ir al colegio, universidad y luego a un trabajo, y no estamos solos y debemos relacionarnos con quienes nos rodean.

Artista: Eduardo Replinger.

¿Cómo entablo una conversación si llego nueva a un lugar en dónde sé que debo relacionarme con ciertas personas? Primero saludo, obviamente, y luego observo en silencio buscando a la persona más callada y la que no es tan extrovertida, luego me acerco y le hago preguntas, me fijo en sus respuestas y en la extensión de sus palabras, si me contesta con monosílabos lo interpreto como falta de interés por conversar conmigo y al siguiente día busco a otra persona que manifieste interés por conversar conmigo de acuerdo a sus respuestas y si sus preguntas son recíprocas o no. Esa ha sido la “clave” para relacionarme durante toda mi etapa de adulta, siempre y cuando sea obligación relacionarme con más personas. Cuando llego a un lugar por otras razones (trámites), no me esfuerzo por conversar con nadie, sólo me dirijo a quién debe atenderme y me “libero” de la presión de entablar conversaciones que no tengo interés en tener. Ahora que ya sé que soy Asperger y que es "normal" en el Síndrome apartarse de los demás si uno no tiene ganas de conversar o salir con amistades, ya no busco adaptarme a nadie porque sé que si no lo hago no es por antipatía, es porque es parte de mi condición y "adoro" poder ser yo misma, aunque haya tenido que esperar tanto tiempo para saber las reales razones de mis dificultades para socializar (por eso insisto tanto en que deben haber más profesionales capacitados para entregar un diagnóstico temprano).

Artista: Eduardo Replinger.

Hoy en día, analizando las circunstancias en que logré tener amigas, lo que yo escriba podría prestarse para mala interpretación si alguna de ellas llega a leer este escrito, pero cuando me propuse escribir en este blog, decidí contar mis experiencias sin tapujos. Mis amigas duraron, lo que duró cada etapa de mi vida, si bien es cierto que a cada una le tuve cariño y eso no cambiará nunca, una vez terminada la enseñanza básica, media, universitaria o cambio de trabajo, las dejé en el camino y ya no volví a buscarlas nunca más. Quizás yo sea egoísta o el "apego" hacia la otra persona tenga fecha de caducidad por mi parte. No sé, en algunas cosas soy tan sensible y en otras situaciones, como la amistad y las relaciones de pareja, reacciono fríamente ante la ausencia prolongada de alguien. Creo que de las pocas amigas de juventud que aún me escriben, son las que han tenido la paciencia de entender mi personalidad algo compleja y distante, y me quieren tal como soy, sin pedirme que cambie, y lo más importante: Respetan mis tiempos y espacios y prestan atención cuando les hablo o escribo de mi nuevo interés restringido, el Síndrome de Asperger (bueno, yo creo que no se aburren de que les converse siempre de lo mismo).
En fin, como conclusión puedo decir que las personas Asperger queremos socializar, pero muchas veces no sabemos cómo, y cuando se experimenta el rechazo en repetidas ocasiones, algunos ya no lo intentan nunca más por temor a vivir otra mala experiencia. Y si sumamos esto a las burlas de otras personas, esto termina por aislar aún más a quien tiene el Síndrome. También hay ocasiones en que nos sentimos tan “saturados” por el exceso de estímulos ambientales, que buscamos nuestra zona de confort en donde damos rienda suelta a nuestros intereses restringidos y que probablemente los demás no compartan, y eso no nos hace “amargados”, sólo necesitamos de nuestro espacio y no sentirnos obligados a socializar como lo hacen los demás.
Les invito a dar un click a este enlace en donde Tamy, una joven aspie, nos habla sobre Los Síntomas y tratamientos en el Síndrome de Asperger

Las imágenes utilizadas en este escrito (exceptuando la primera) pertenecen a Eduardo Replinger Fuentes, un talentoso artista español con el Síndrome de Asperger. Si quiere ver más de sus obras, visite su página: https://www.facebook.com/eduardoreplinger/