jueves, 1 de octubre de 2015

Experiencia de vida de Mike, un joven con el Síndrome de Asperger.






Mi nombre es Miguel Ángel Iglesias Dávalos, tengo 23 años y me diagnosticaron   Asperger en Mayo del año 2013, cuando tenía 20 años de edad, lo que significa que mi diagnóstico fue ya tardío.

Nací el Miércoles, 10 de junio de 1992, en la Ciudad de México, también conocida como Distrito Federal, la capital del país. Mis primeros años de vida fueron muy bonitos y cómodos en muchos aspectos, nunca padecí de hambre ni de frío, viví en un lugar más o menos cómodo, fui un niño en extremo consentido y mimado por ser el primer hijo, el primer nieto y el primer sobrino de mi familia, mi padre español y mi madre mexicana vivían con mi abuela paterna en una casita de dos pisos con un pequeño lagrimal que daba a la calle principal y teníamos una vida no lujosa, pero sí cómoda y bonita en prácticamente todos los aspectos. Mis primeros años, me cuenta mi madre, fueron muy tranquilos y normales, desde bebé fui muy tranquilo, de hecho era tan tranquilo, que mi abuelo materno me obligaba a hacer las travesuras típicas de un niño común de un año, porque yo no me atrevía a hacerlas por mi cuenta.


(Mike en el año 2015).


Hasta ahí todo era normal, mi desarrollo fue normal, no tuve ningún problema del habla, ni de desarrollo, aunque algo un poco peculiar que pasó en ese tiempo, fue que primero aprendí a caminar y después a gatear, siendo que la mayoría de los bebés hacen todo lo contrario pero no era algo de lo cual preocuparse.

Siempre odié ir a la escuela, no por la parte del aprendizaje, sino por las situaciones a las que me exponía y porque siempre me obligaban a comportarme de una forma que yo no quería, sin embargo, los primeros dos años del kínder fueron muy buenos, de hecho, fueron los mejores de toda mi vida escolar, tenía amigos con los que podía jugar en los recreos, aunque yo prefería estar mil veces con mi madre que estar en la escuela, no por mis amigos, sino por las profesoras o por las mises como se les decía en ese entonces, me acuerdo que simple y sencillamente no me caían nada bien, me obligaban a aprender cosas que no quería aprender, me obligaban a poner atención a cosas que la verdad no me interesaban, visto desde ahora puedo ver con toda claridad cómo desde ahí el síndrome empezó a causarme ciertos estragos, me acuerdo una vez que mi madre me llevaba camino al kínder en su camioneta y estaba sonando una canción en el reproductor de casetes que me gustaba mucho, tanto que me cautivó por completo, me quedé absorto en mi mundo interno y por primera vez experimenté con conciencia esa fuerza autista, esa fuerza que te jala hacia adentro, pero no es una sensación nada dolorosa, es una sensación tan placentera, tan increíble, tan satisfactoria que de repente el mundo de afuera no solo no se asemeja ni tantito a esa sensación de estar dentro de ti mismo, sino que en ese momento el mundo externo comienza a ser hostil e inclusive, doloroso; cuando llegamos a la escuela mi madre apagó la camioneta y esa canción dejó de escucharse, lo que siguió a continuación fue una rabieta increíblemente poderosa en la que la directora del kínder y mi madre tuvieron que luchar conmigo para que yo me bajara de la camioneta, me puse a patalear y a berrear incontrolablemente y recuerdo no ser capaz de controlarme, recuerdo que no berreaba porque quería hacerle la vida imposible a mi madre y a la directora, recuerdo que era algo que tomó posesión de mí y que por ende era incapaz de controlarlo y estuve un buen tiempo así, mi sistema simplemente se bloqueó y colapsó, mi madre inclusive sacó el casete de la camioneta y se lo dio a la directora para que lo pusiera en su grabadora y así pudiera estar tranquilo, sin embargo la pobre directora no supo dar con la canción correcta y me puse a berrear todavía más fuerte y por más tiempo gritando NOOOO, ESA NOOOO ES, no sé cuánto tiempo tardé en controlarme y gritaba ES QUE NO QUIERO ESTAR AQUÍ, NO QUIERO ESTAR AQUÍ, NO QUIERO. Sé que en algún momento me calmé, probablemente me quedé dormido, no sé, ahora sé que lo que tuve no fue una rabieta, sino un meltdown, algo muy común entre las personas del espectro autista, mi sistema se colapsó porque la canción que me gustaba no la pude escuchar de principio a fin, había llegado a la escuela antes de que esa canción terminara y eso rompió la rutina, algo prácticamente devastador en un autista, pues cuando te quitan tu rutina, te sientes violado, te sientes agredido, insultado, sientes como si te hubieran dado una puñalada repentina y más cuando surge algo repentino que corta de tajo el estado de tranquilidad en el que esa rutina te mantiene sumergido.


(Primera obsesión de Mike con los objetos giratorios)


Sin embargo no fue hasta tercero de kínder cuando empecé a levantar sospechas de que probablemente algo no andaba bien conmigo. Corría el año de 1997, para ese entonces ya sabía leer desde hacía dos años, sabía sumar y restar con tan solo cinco años de edad, sin embargo mi interacción con los demás niños se empezó a ver terriblemente afectada por el síndrome, simplemente no los entendía, pareciera como si hablasen un lenguaje totalmente diferente al mío, no sabía por qué jugaban siempre en grupo, o por qué jugaban lo que jugaban no entendía por qué siempre andaban juntos ya sea en pareja o en bolita a todos lados, yo prefería siempre andar solo, vagando en el patio, dando vueltas en círculos y rechinando mis dientes de manera constante, reteniendo mis heces cada vez que yo sentía la necesidad de liberarlas (sentía cierto placer al hacer eso) era la única manera en la que me sentía a salvo, era la única manera en la que me sentía a gusto, en un ambiente en el cual me sentía totalmente desprotegido y en el cual no tenía ni la más remota idea de cómo demonios actuar, para nada me daba cuenta de que mis compañeros me percibían como una especie de fenómeno del que todo el mundo huía ya sea por algo que decía o por algo que hacía, para mí ellos siempre fueron los raros. De repente un día, la profesora le dijo a mi madre que algo no andaba bien conmigo, que me aislaba mucho y que no era normal el comportamiento que presentaba, que debería de buscar ayuda profesional, sin embargo por el momento eso no era posible, pues mi hermana menor ya había nacido y no había ningún dinero sobrante como para obtener ayuda profesional de un psicólogo o de un psiquiatra, además en ese entonces todavía se creía que la gente que iba al psicólogo era gente que estaba loca, que realmente estaba enferma.


(Obsesión de Mike por los reproductores de CD)


Por otro lado, mis obsesiones o mis temas específicos de interés empezaron a aflorar, me empecé a obsesionar con las caricaturas, después con las películas de dibujos animados y finalmente, con las computadoras, la ciencia ficción y los malditos reproductores de cd, podía estar en casa de alguna persona cualquiera y quedarme mirando el equipo de sonido por horas enteras, me fascinaba específicamente el reproductor de CD, me encantaba la idea de un disco que se colocaba dentro de una plataforma que se cerraba y giraba dentro de la consola, sobre esa misma plataforma, el imaginarme el disco girando muy rápido dentro de esa consola me producía una fascinación como a nadie y llegó tal punto, que uno de mis tios me regaló la plataforma de un reproductor de cd’s suyo que se había descompuesto para que viera en todo su esplendor cómo funcionaba el mecanismo, quedé fascinado y obsesionado por muchos años con ello, todo lo que giraba me producía una fascinación extraña, los engranes, las ruedas, los CD’s las hélices de los helicópteros, las turbinas, los ventiladores, prácticamente todo lo que tuviera movimientos giratorios sobre su propio eje me producía una extraña fascinación en todos los sentidos, yo inclusive hubo un tiempo en el que sin más ni más me ponía a dar vueltas sobre mi propio eje, era algo parecido al mecerse de atrás hacia adelante, era algo que me calmaba, algo que me hacía sentir bien, algo que me hacía sentir vivo.

Actualmente estoy estudiando una Maestría en Administración de Negocios, soy Lic. En Gastronomía y estoy preparándome para tener mi propio negocio que por el momento es pequeño. Aquí les dejo el link a mi página.

También amo escribir y al igual que Pao, tengo un blog en el que comparto mis intereses y mis experiencias con el síndrome de Asperger el cuál es este.

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