miércoles, 20 de abril de 2016

Experiencia de vida de Fabricio, un joven con el Síndrome de Asperger.

Me gusta explicar esta porción de vida que he vivido, mediante el diagrama de Venn. Son esos círculos que se unen en un mismo punto. La composición de mi vida, es básicamente, círculos, círculos viciosos.

Soy Fabricio Frias, todos me conocen por mi seudónimo (Prince W. Cantodea) nací en la ciudad de Tijuana, Baja California, México el 19 de abril de 1988 y radico en el Distrito Federal de la ciudad de México desde hace más de 5 años. Como adelantaba, explico y defino mi vida mediante tres círculos de acuerdo al diagrama de Venn, esto me coloca como una persona obsesiva en el orden y la organización, que bien, pude pensar seriamente en realizar tareas de programación u organización, pero eso lo detallaré más adelante, el primer círculo de mi vida se presenta durante mi infancia. 
Yo a los 27 años.

PRIMER CÍRCULO. LA METAMORFOSIS. Mi infancia fue solitaria y hostil. Generaba un sentido de independencia a la vez que recibía el rechazo de quienes me rodeaban. El desdén era proveniente desde mis propios compañeros del colegio que siempre creyeron que era "un bicho raro" años más tarde, asocié esa etapa de mi vida al personaje de Franz Kafka (Gregorio Samsa) fue como despertar de repente convertido en un horrible insecto, y siempre lo fui en cierta forma, mientras no sabía lo que ocurría en mí y hasta que no pudiera aceptarme, sería un horrible insecto. Los adultos con los que solía convivir eran viejos de cabello cenizo, o arrugas prominentes en toda la cara, pero eran esos viejos que lo sabían todo, los únicos que preguntaban mi opinión de temas complejos, y no sólo de caricaturas, con quienes podía hablar de mis intereses que en ese entonces se mantenían casi los mismo que ahora he expandido y diseccionado detenidamente. Nunca me sentí reprochado por los adultos, como me sentía frente a los niños de mi propia edad, y es que el rechazo básicamente era infringido porque yo no entendía sus juegos, sus reglas, y ellos no entendían mi lenguaje formal y mi forma monótona de hablar, eso siempre aunado a mi fascinación por los detalles y la simetría, esta expresión robótica que persiste hasta la fecha. Mi formalidad siempre me trajo problemas.
 -Oye tú no te hagas pato.
 -¿Hacerme pato? Yo no soy pato, yo soy humano. Y me agarraban a golpes en el piso del colegio. ¿Por qué? Nunca lo supe. No lo sé hasta ahora que soy adulto. Cuando salía a la tienda de la esquina de mi casa, los grandes me molestaban siempre, recuerdo sus risas a mis espaldas mientras seguía caminando, no sabía que había algo mal en mí, o en ellos, yo seguía caminando mejor hasta entrar a mi casa, donde me sentía siempre a salvo. Empecé a cultivar diversas actividades solitarias: comencé a tomar clases de piano a domicilio, comencé a pintar con técnicas de pasteles, también a escribir y tomé lecturas básicas infantiles como "Cuentos de Hans Christian Andersen", "Barco de vapor, colección de relatos" a crear mundos con mi colección de legos, entre otras actividades, solamente quería quedarme en casa a hacer eso que me gustaba, y por supuesto mirar la tele, no quería salir a la calle a jugar fútbol como lo hacían los demás niños de la escuela, a patear un bote, a andar en bicicleta, aunque a veces mis padres me obligaran a jugar con otros niños y esos niños se quejaran de mí por ser torpe o raro. Entonces dejaban de obligarme, pero siempre me regañaban porque no quería jugar con otros, lo que me hacía sentirme frustrado, cansado y con rabia. Empecé a estar rodeado de adultos, recuerdo siempre muchos adultos en mi infancia, gracias a ellos fueron los que impulsaron mi curiosidad casi quirúrgica, sobre todo en música clásica, pintura, aprendí a distinguir cuadros impresionistas con expresionistas, cubistas con dadaístas, art noveau, surrealismo, realismo, conocía a Goya, Velázquez, Da Vinci, Botero, Van Gogh, Salvador Dalí, Munch, Remedios Varo, inspiraron mi espíritu desde que tengo memoria, en esa dura infancia que fue sentirme exiliado por creer que no pertenecía a este mundo. Aprendí las sonatas, grandes sinfonías, que además sirvieron para practicar en mis clases de piano, y si, he sido muy torpe con los dedos y las manos, que nunca pude tomar un balón con firmeza, nunca pude golpear un balón de volleyball, y no pude atrapar un balón siendo portero alguna vez en mi vida cosas que hice obligado, pero volviendo a la música clásica, encontré la belleza en Bach, Bethoveen, Lizst, Chopin, Álbeniz, Cannabich, Mozart, las óperas de los grandes tenores, entre otros, entonces todo eso empezó a resultar fascinante para mí. Conviví más con adultos que con niños de mi edad, lo cual ahora que lo pienso, resultaba un poco surrealista, un niño de más o menos ocho años platicando de arte, música y literatura con adultos que me triplicaban la edad. Yo creí que si mi conversación fluía sobre lo que yo conocía, me interesaba o aprendía, bastaba para no quedarme callado en el colegio, dejar de ser invisible. Nunca he sido erudito en nada. Pero creo que siempre he estado interesado por las cosas que a ningún otro niño le fascinaron, como lo he mencionado, arte, pintura, música clásica, después pasé a la ciencia y los dinosaurios, posteriormente a la informática, videojuegos y lenguajes de programación, libros y libros y más libros fueron la base de mi dominio del lenguaje escrito y ortografía perfecta, con la que vivo obsesionado, revisar un texto, una frase, una, dos, tres veces, o me provoca una ansiedad horrible ver alguna letra, algún acento, o alguna mayúscula mal empleada, mi vista no lo soporta. Los dinosaurios han sido lo más genial que ha existido en la tierra. Me obsesioné con ellos desde entonces. En los recreos del colegio la historia se repetía de la misma manera, era como una estampa repetitiva día con día, los niños jugaban a los deportes, las niñas en grupos pequeños reunidas hablando de no sé qué, y a veces algunos corriendo y comiendo, o sólo comiendo, mi imagen escuálida, anteojos, y cabello endemoniadamente lacio me cubría casi los ojos por completo, llevaba una lonchera de una caricatura de moda, me sentaba en un patio de atrás donde sólo había hierba y tierra y me sentaba en una piedra lejos de los ruidos de los otros niños, comía, observaba el cielo, bebía mi chocolate con leche, y miraba las hormigas, las mariposas que revoloteaban o los pájaros en los cables columpiándose, ejercía mi curiosidad científica y me dominaba finalmente, entonces cuando regresaba a mi casa tomaba las enciclopedias y buscaba lo que decían sobre las hormigas, las aves, y otros animales, como regalo pedí los 23 tomos de una enciclopedia de la A a la Z me los compraron un tomo por mes, yo leía y releía cada artículo de cada tomo. A ciertas personas no les parecía que yo me encerrara tanto, mis padres me lo permitían porque para ellos estaba más seguro en casa que en otro lado, padecí el matriarcado proteccionista, pero por otro lado, ellos nunca estaban en casa, así que prácticamente crecí solo durante gran parte de mi infancia, el hecho de estar rodeado de soledad me indujo a hacer casi todo por mí mismo, con resultados desastrosos. Durante mi infancia mis padres se separaron, por un tiempo considerable no volví a saber nada de mi padre. Eso no generó en mí ninguna anomalía. Pero cuando quería hablar con otros niños, mis temas eran dinosaurios, informática y ópera, cosas que a nadie más le importaban y nadie quería escucharme hablar de ellos. En la escuela recibí regaños por no acatar órdenes, pero yo creía que hacer las cosas de esa manera estaban mal, así que las hacía a la manera que creía que eran mejor, y aunque se obtenían los mismo resultados, pero era la forma que me adecuaba siempre era regañado enfrente de toda la clase. ¿Por no seguir las instrucciones que al final el resultado era el mismo? Nunca lo entendí. Si, la escuela primaria fue tortuosa e insignificante, pero modeló mi estructura científica, mi fascinación artística y mi obsesión canalizada a una rutina estética que me servía de guía, para sentirme seguro, cómodo y ser yo mismo. 
Yo a los 6 años afuera de mi escuela.

SEGUNDO CÍRCULO. ADOLESCENCIA. Mi adolescencia fue un círculo de dudas, como decía Gabriel Guía personaje central de la novela "La tumba" del escritor mexicano José Agustín. Después de haber pasado una infancia llena de confusiones, de descubrir intereses y ser señalado como un bicho raro, descubrí que además de haber tenido clases de piano, me interesé por las música y quise tomar clases de guitarra eléctrica, pero para esa época de mi vida, salir a exteriores, estar rodeado de gente, me ha causado mucha ansiedad y estrés, hasta la fecha no puedo acudir a un cine, una fiesta o reuniones, eventos, conferencias, el bullicio y la gente me produce estrés y ansiedad, a la vez, porque quizá son cosas que no están en mi control y he bregado por mantenerme el control de cada situación presente y futura. Cuando salí de la secundaria, era tímido, callado y pensativo, me gustaban los libros como una fascinación obsesiva, las cosas que podía controlar, legos, videojuegos, computadoras, una vieja máquina de escribir, agendas electrónicas, cosas de adultos primariamente. Pasar mi infancia con adultos repercutió en esa manera mi adolescencia, siendo lo más positivo de mi vida hasta este momento. ¿Por qué? Porque me hizo enfocarme en los intereses que yo disfrutaba y que había visto, que no solamente a mí me interesaban, si no que podía hablar de lo que tanto disfrutaba, sin que me vieran con mirada esquiva o desdeñosa. Por el contrario escuchaba muchas veces decirle a mi madre, refiriéndose a mí.
  -Tu hijo es muy inteligente.
  -Tu hijo es listo.
  -Tu hijo estudia mucho.
Mi madre contestaba con un "gracias". Orgullosa. Yo no lo consideraba orgullo, pero si un gran mérito saber tanto en tan pocos años, y que personas mucho mayores con más experiencia que yo en esa época, valoraran mis conocimientos. Mi adolescencia tuvo situaciones incómodas. Recuerda que siempre fui de los primeros de la clase, y no porque fuera estudioso en exceso, recuerdo que pasaba escribiendo o leyendo novelas durante los tiempos libres u horas muertas, siempre consideré insuficiente las clases, había algunas que me interesaban, aunque los métodos me parecían prehistóricos, una clase que me gustaba mucho porque era parte de mis intereses restringidos siempre fue la clase de literatura, cosas que de antemano sabía, desde mi enciclopedia de 23 tomos, en esa fecha me compraron la enciclopedia encarta (que aún conservo como reliquia) era curioso que siempre corregía a mis maestros, a mis compañeros de clase, a las exposiciones y siempre que aparecía una palabra para ellos desconocida, yo les daba el significado sin necesidad de buscar el diccionario. Me obsesioné con la palabra escrita, con los sinónimos, compré otra enciclopedia, esta vez era un diccionario enciclopédico larousse, y lo estudiaba, cada día subrayaba palabras nuevas, lo hojeaba y leía en orden. En gramática y ortografía soy hábil. Para la palabra escrita siempre he tenido el control de lo que escribo, pero en la palabra hablada, ahí es donde aún tartamudeo y se me nublan las ideas. Por eso me obsesiono con anotar cada pensamiento que surge en mi mente, y ser obsesivo en llevar un control de horarios estrictos. Como resultado de esa habilidad y uno de mis más fuertes intereses restringidos, me decanté por ser escritor, siempre me ha gustado la creación, me considero creativo y tengo dominio del lenguaje por escrito, así que no tuve dudas que esa sería una de mis principales vocaciones en mi vida y una de mis metas a largo plazo. Aunque había escrito por primera vez a los 12 años, poco tiempo después cuando cumplí 15 años me convencí que quería ser escritor.


Cuando estudiaba el bachillerato mi vida se había restringido considerablemente a pocas cosas, como mencioné los libros nunca me han abandonado, pero resurgieron otros que había abandonado, los videojuegos, pasé del SNES al gameboy y por mi insuperable condición de no haber tenido nunca un N64, hasta hoy, luego obtuve como regalo el Playstation 2, coleccionaba juegos, revistas, camisetas, cualquier cosa relacionada con videojuegos era mi interés principalmente, pasaba entre 12 a 14 horas jugando videojuegos, el resto comía, dormía y leía. Los libros principalmente, ciencia, filosofía, novela, informática y los videojuegos dos intereses restringidos que no puedo desechar de mi vida. Los videojuegos me abrieron otro mundo, me llevaron hacia las computadoras, obtuve mi primera HP de escritorio como en el año 2000, entre los libros, la computadora y los videojuegos, eran las únicas cosas que tenía en mi vida, me interné en el mundo del hacking, el phreaking, lenguajes de programación, aprendí a usar los proxy, el telnet, windows, unix, linux, particiones de disco, formateo, crackeos, a los 16 años logré entrar mediante WINDOWS a un servidor por código MS-DOS que para los conocedores es realmente inseguro y también complicado por la limitada interfaz del MS-DOS de windows, fue todo un logro. Me dediqué a diseñar páginas webs mediante código HTML, que era el lenguaje de programación más popular de aquella época. Hoy resulta obsoleto. De la misma forma que se constituyó mi infancia, carecía de amigos reales, tuve algunos en el mundo virtual, ya que estaban de moda las salas de chat. En esos chats intercambiábamos código de programación, actualizaciones, debilidades o fortalezas de los nuevos sistemas operativos (nuevos en ese entonces estaría saliendo por aquellas fechas el Windows Me) mis problemas para socializar resultaban más acentuados. No, todavía no tenía amigos pero si había aprendido muchos códigos y parámetros de informática que practicaba sólo en mi habitación durante horas, apenas salía del cuarto para comer, y volvía otra vez a la computadora. 
Videojuegos, y computadora.

Leer libros (entre literatura universal, informática, filosofía, ciencia, diccionarios), ser hábil en la programación informática y pasar los niveles de Final Fantasy del Playstation 2, ser el primero de la clase, usar la misma sudadera durante los tres años del bachillerato, no me hacían muy popular. Aún suelo vestir lo mismo durante semanas, mi aspecto no ha cambiado mucho (detesto los cambios) así que tengo el mismo peinado desde bachillerato, aunque con un poco menos de cabello actualmente, mi estilo de vestir tampoco es muy diferente, exceptuando las veces que tengo que estar en la oficina vestido con ropa más formal. Aunque eso no limita mi personalidad. Según eso resultaba extravagante, sobre todo por mi desdén hacia los cambios, y vestir la misma ropa. Los cambios fueron los que más perjudicaron mi estabilidad, no lograba encontrar el equilibrio más que desempeñarme bajo estrictas rutinas de trabajos cotidianos, eso me daba seguridad y un rendimiento a veces por encima del promedio. En la adolescencia los jóvenes de mi edad me parecían aburridos y torpes, por lo que buscaba amistades de mayor edad, a diferencia de mi infancia que los mayores me buscaban a mí o los encontraba casualmente en referente a mis tópicos, ahora yo prefería buscarlos. Como no tenía amigos de mi edad, tampoco tenía novia, y es que tuve novia tardíamente, casi después del primer año de Universidad, lo que siempre me trajo burlas, sin embargo no me sentía con la necesidad de tener novia.

En cuanto a mis emociones y sentimientos, aún me cuesta trabajo definirme, pues algunos piensan que soy un ser insensible. Recuerdo nunca haber asistido a funerales, ni haber dado mis condolencias o guardar luto, la muerte siempre me ha parecido muy natural y lógica, por lo que considero ilógico que las personas no esperen la muerte ¿Acaso creen que los humanos somos eternos? Bajo mi concepto lógico toda vida concluye con la muerte, es un círculo vital, tal vez los NT no lo entienden de esa manera, o porque sufren con la muerte de alguien cercano, y si hubo muchas muertes en mi familia, murieron mis abuelos con quien tenía un apego especial, tíos, primos, pero a diferencia del resto consideraba la muerte una parte esencial, no podía negarme que era algo que yo esperaba, y que no me provocaba ningún sentimiento de aversión o tortura, pero esa frialdad, esa lógica persistente en cada acción que realizaba me juzgaron por creer que soy indiferente, frío, insensible, pero no lo soy, en mi caso tengo un profundo arraigo emocional, alegría, tristeza, enojo, rabia, aunque en dosis extremas, no existe para mí un término medio, ese extremismo ha provocado reacciones.

Mis sentimiento son en mayor medida, miedo, ansiedad y estrés, sobre todo cuando las cosas no están en mi control, procuro acordar mis horarios, mis actividades de manera que pueda realizar todo, sin dejar nada incompleto, porque eso me produce una sensación de ansiedad que no puedo controlar aunado a un profundo estrés, y finalmente, en periodos de depresión prolongada.
Muy similar a mi infancia, mi adolescencia fue muy solitaria, me enfocaba en mi idea de ser escritor, quería ser pintor, cuestiones muy artísticas, nada que en el bachillerato fuera útil, y sobre todo cosas que eran repelentes automáticos, no me gustaba el fútbol, hasta la fecha no lo disfruto mucho, no entiendo nada de fútbol americano, ni de coches, fórmula uno, boxeo o UFC, ver deportes siempre ha sido una gran pérdida de tiempo, lo que siempre me indujo a ser la burla de los otros chavos porque expresaban con sorna que debería replantearme mi sexualidad. En la cafetería de la escuela, siempre me sentaba en la misma mesa, pedía la misma comida y leía un libro rodeado de una ola de absoluta soledad e incertidumbre. No me invitaban a fiestas. No se reunían conmigo como todos. Y cuando alguien intentaba acercarse a hablar conmigo, yo sólo conversaba de mis libros, mi computadora, videojuegos…entonces ellos me decían. -Tú le gustas, por eso se acercó a ti a hablarte. Y yo preguntaba ¿por qué? entonces fui a preguntarle donde estuviera. -Me dijo X que te gusto, quiero saber porque, y porque en lugar de hablar cosas sin sentido, no pudiste decírmelo directamente y evitarnos una larga conversación sobre tu vida. Ella se fue, después comprendí. Muchos años posteriores me di cuenta que no tenía tacto alguno para decir las cosas que otros podrían decir de una manera diferente, sin sonar hiriente, autoritario o presuntuoso. A veces es muy fácil hacerlo de manera insensata. He trabajado en ello pero no puedo ocultar mi naturaleza, dar mi opinión, cuestionarlo todo, ser lógico y poco emocional, cuando solían pedir mi opinión obtenía mi opinión, aunque era vista como un insulto, como ser altanero, y a veces insensible. ¿Por qué pedían una opinión que no iban a aceptar? ¿Acaso debía mentir para que ellos se sintieran bien pero yo sentirme frustrado, estresado y profundamente ansioso? Era una sensación extraña, como si algo te faltara o algo te sobrara, no puedes mentir, no sueles hacerlo, porque quizá las estructuras cerebrales como todas las cuestiones elementales de nuestro pensamiento trabajan así, estrictamente.
Durante mi adolescencia me dediqué mucho al dibujo, mucho más que en otras etapas de mi vida.


   



TERCER CÍRCULO. Mi vida adulta. Cuando ingresé a la facultad de derecho. Yo no sabía que era Aspie, no lo supe. Era el mismo joven, que vivía en la casa de su madre tenía 18 años, no podía mantener un trabajo estable, escribía mucho y leía mucho. Eso era todo, a veces me dedicaba a hacer algunos dibujos y cuadros, otras veces instalaba softwares, crackeaba y desinstalaba hasta que encontraba uno que realmente me apasionara y entonces lo usaba hasta dominarlo, aún cuando ese software no tuviera utilidad en mi vida. Pero era lo que yo he amado siempre. Con mis fracasos laborales se sumaron otros. Pero un logro inesperado fue haber sido aceptado a la facultad de derecho al primer intento, me hizo feliz, porque pensé que era el lugar donde debía estar, donde iba a encajar. Por ser gente adulta y razonable que debatirían temas trascendentales e intelectuales. Fue retroceder en el tiempo, ni había gente madura, ni inteligentes, y por el contrario volvía a ser excluido y juzgado. Fue desagradable que no hubiera estructuras, que no se respetaran los tiempos, me estresaba que no hubiera control, y que no pudiera provocar al menos un orden mental.
Mi ingenuidad por otro lado estaba totalmente descontrolada, cosas que ahora me parecen sencillas, en ese entonces eran totalmente novedosas, las reglas sociales fueron las más complicadas de aprobar, no sin antes caer en el rechazo de quienes me rodearon durante toda mi carrera. Yo no saludaba cuando llegaba, ni me despedía al irme, no entendía que era una cortesía social, que sólo genera empatía que se manifiesta en educación, aunque mi mente siempre ha rechazado esa idea. Y rechazaba la mayoría de las ideas que escuchaba, porque mi parte lógica así lo dictaba.
Hablo poco, pero cuando hablo me gusta decir algo sustansioso e inteligente, la mayoría de las conversaciones que escuchaba no me parecían inteligentes o interesantes por lo que me refugiaba en soledad a escribir, leer o comer, las cosas no cambiaron mucho.
Sobre mis intereses.

A pesar de algunos logros importantes. Presenté una exposición de dibujo. Vendí algunos cuadros. Inicié una nueva novela. Obtuve beca durante toda mi carrera de la Facultad a pesar que algunas materias que no me interesaban, me costaron trabajo aprobar. Tuve un nuevo empleo, en el que sólo duré un mes. Tuve un romance de una semana de duración.
Y es que particularmente, los romances nunca han sido mi mejor carta de presentación, porque soy inflexible e intransigente, y porque muchas veces no pueden tenerme paciencia y terminan desesperadas y huyendo de mi poca emotividad. Hay quienes no pueden lidiar con mi vida rutinaria y precisa, porque se aburren, pero yo no me aburro con mi rutina, me da seguridad, que quita la ansiedad y me protege. Sin mi rutina soy un cascarón a punto de ser pisoteado. Así que todo lo que conozco del amor, es lo que he leído y de lo que escribo en mis historias, tengo muchos sentimientos, pero se me dificulta expresarlos, así que escribía o dibujaba.

También quise empezar a tener mayor relación social. Intenté acercarme a algunas personas y platicar con ellas, pero tuve siempre el mismo bloqueo. NO SABER QUE DECIR. En soledad, cuando todo el estrés del momento pasaba, muchos temas pasaban por mi cabeza que pude haber dicho, pero que no lo hice, eso me causaba mucha frustración y si a veces lloraba. ¿Por qué no encajaba? Situaciones que me llevaron a preguntarme constantemente ¿De qué se ríen? Si yo hablo en serio. Eso siguió llenándome de angustia, de tristeza y frustración por no encajar en ningún sitio, fue una extraña sensación de sentirse vacío, de estar en medio de nada y a la vez teniendo que estar en todo más por obligación. Me refugiaba por horas en los foros de internet, seguía siendo una persona sedentaria, estudiaba cosas que me obsesionaban al grado de saberlo todo, hasta agotar el último tema, revistas científicas que desde niño compraba seguía siendo lector asiduo, y por supuesto no dejaba mis videojuegos, ni los libros. También intenté acercarme emocionalmente a alguna chica, pero en esas sutiles soy aún más torpe que en el resto de las cosas, porque ellas me lanzaban indirectas que yo no entendía, en mi mente, todo trabajaba de una manera estructurada, de manera directa y ordenada, las cosas sutiles para mí no existen como una idea, al menos que sean explicadas con detenimiento, así que en cuestiones de romance hubo fracasos monumentales, lo que acentuaba mucho más hostilidad al no saber qué hacer, a dónde pertenecer y cómo reaccionar.


Para intentar expresar todas esas emociones, estuve obsesionado por la fotografía, como por el arte en general, especialmente la pintura, compré libros al respecto, equipo de cámara de fotografía, rollos, papel, impresora, y esto fue algo de lo que hice:

Toda mi vida estuve rodeado de incomprensión, falta de interés e impaciencia, fueron cosas que me definieron, uno no entiende el rechazo, no sabe porque la burla o la hostilidad están presentes, no sabía porque no podía ser como los demás, y no lo entendía porque yo no sabía lo que era, que tenía diferencias, si, pero que esas diferencias me formaron como soy, a pesar de un tardío diagnóstico, el diagnóstico fue liberador. Y aunque aún sigo siendo inflexible, tengo un pensamiento lógico, sigo obsesionado con temas específicos, sigo leyendo mucho y escribiendo mucho, aún no tengo muchos amigos, no tengo novia y tal vez no me case nunca, entiendo que puedo trabajar en mis debilidades, ya logré superar muchos obstáculos, y estoy empezando a derrumbar muchas barreras y muchas limitantes, mi frase sería:” Si te apasiona, hazlo, inténtalo, si te gusta lo que haces, no dejes de hacerlo".
Mi despacho


Actualmente si me convertí en escritor. Trabajo en mi propio despacho de abogados que fundé hace más de dos años y gestiono la página de internet que yo mismo diseñé en base a mis conocimientos amplios de lenguaje de programación, tengo mi rutina y horarios específicos, aunque soy más flexible a la hora de cambiar ciertas cosas de ella, con anticipación y planeando los vacíos en caso de imprevistos. Aún me causan ansiedad las mismas cosas, sufro estrés constante que trato de evitar, y los exteriores aún me causan la misma sensación. Suelo ser muy autodidacta, con lo que he logrado aprender dos idiomas, a aprender todo lo que sé sobre dibujo, técnicas de pintura, música, a veces ciencia y otras artes aprendidas por la investigación, la obsesión e intentarlo una y otra vez.  Me gusta cierta ropa que tengo y la puedo usar siempre, eso no me importa, me siento cómodo, si alguna vez pensaste que después de mi diagnóstico podía curarme de asperger, estabas equivocado, no es una enfermedad, es una condición vitalicia, saber que soy asperger fue la catársis de mi historia.
Mi escritorio.
Prince W. Cantodea

 La novela que actualmente escribo, y que por cierto, también hago el diseño de portada: