sábado, 1 de agosto de 2015

Experiencia de vida de Juan Carlos García, un adulto con el Síndrome de Asperger.


Soy Juan Carlos García Gallegos, tengo 39 años. Fui diagnosticado de síndrome de Asperger en marzo de 2012. En la actualidad, soy profesor del área de bioingeniería de la Universidad Autónoma de Baja California en la ciudad de Mexicali, en el noroeste de México. Les narraré un poco sobre mi vida:
Nací un nueve de mayo de 1976 (casi a las 19 h) en la ciudad de San Luis Potosí, México, capital del estado del mismo nombre. Mis padres: Juan Carlos y Martha, oriundos de la misma ciudad, me criaron lo mejor que pudieron, junto a mis hermanas: Martha (1979) y Lorena (1975), hasta que se divorciaron cuando yo contaba con nueve años. A partir de entonces, viví intermitentemente en San Luis Potosí y la Ciudad de México (ciudad elegida por mi madre después del divorcio).
Me recuerdo en mi temprana niñez, seguro en casa, modelando plastilina y dibujando. Aunque jugaba con mis hermanas, la mayoría del tiempo estaba solo, me encantaba leer enciclopedias sobre insectos, animales y dinosaurios. No me gustaba salir. Mi madre recuerda que cuando caminábamos por la calle, yo me enojaba mucho cuando ella se detenía a conversar con alguien.
En la escuela no entendía muchas de las reglas sociales. Me sentía tranquilo cuando las actividades eran sumamente estructuradas. Dentro del salón de clase anhelaba estar dentro de una cabina con una ventanilla hacia el frente sólo para ver al pizarrón y a la maestra y unas rendijas por donde pasar los cuadernos de trabajo. Me era imposible jugar en equipo; cuando nos llevaban a jugar futbol a un campo cercano a la escuela, me escabullía yo solo para recolectar objetos que me resultaban interesantes (caracoles, conchas, piedritas de colores). Motrizmente era torpe, solía no esquivar a tiempo la herrería de las ventanas en las calles por lo que me golpeaba la cabeza, pero tenía una excelente motricidad en mis manos, debido al dibujo y el modelado en plastilina.
Así, entre plastilina, enciclopedias, dibujos e historietas de superhéroes, llegó el divorcio de mis padres. Como una de las consecuencias, mi madre nos llevó a vivir a la Ciudad de México con nuestra abuela. El cambio resultó muy difícil para todos. Si académicamente siempre había tenido resultados bajos y había padecido acoso escolar, todo empeoró cuando cursé sexto año de primaria en la nueva ciudad. La mitad de ese año tuve una maestra que me quería mandar dos grados abajo (a cuarto año). Solía ridiculizarme frente al grupo (para beneplácito de algunos niños) debido a mi bajo rendimiento. Por fortuna, la maestra tuvo que irse de la escuela a mitad del ciclo escolar y llegó otra que hizo el esfuerzo por comprenderme. Ella veía que me la pasaba dibujando. Creo que apreciaba mis dibujos y mis historietas (inspirado en los superhéroes y villanos de la época); me hacía participar en clase haciendo dibujos en el pizarrón sobre algún tema en particular. Finalmente, la maestra me aprobó para pasar al siguiente nivel.
(Juan Carlos en el año 1981, junto a su bisabuelo, sus 2 hermanas y 2 primas)

Después del último año en educación básica, cursé un año de secundaria en la Ciudad de México donde me fue académicamente muy mal. En ese tiempo, después de tres años sin ver a mi padre, lo volví a ver (junto con Martha, mi hermana menor. Lorena era nuestra hermana sólo por parte de mi madre). Fue entonces que decidí volver San Luis Potosí (a casa de mi abuela paterna) para estudiar la secundaria. Este cambio fue muy beneficioso: subí un poco mis calificaciones y leí mucho. El dibujo y el modelado en plastilina, en forma paulatina, los comencé a dejar. Mi tía Tere, hermana de mi papá, y mi madre, solían regalarme libros. Entre Julio Verne y Emilio Salgari, me enganché bastante con la historia de la primera y la segunda guerra mundial. También me fascinaba estudiar mapas de los países del mundo y comencé a escribir algunos cuentos.
Socialmente, la etapa en secundaria fue muy difícil porque intentaba relacionarme con mis compañeros sin éxito. Pasé mucha soledad. Es seguro que el hecho de no entender muchas bromas, dobles sentidos, ironías, o sarcasmos me dejaba en situación desventajosa. Yo quería ser como ellos, pero no podía…
Concluí la secundaria con bajo promedio pero pude ingresar al nivel bachillerato. No duré mucho ahí pues a finales de ese año, 1992, regresé a la Ciudad de México donde ingresé a otro bachillerato: Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos (CECyT) ‘Juan de Dios Bátiz Paredes’, del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Ahí llevé muchas matemáticas, física y me introduje en el manejo de máquinas-herramienta. Pude tener cierta mejoría en mi interacción social. Logré tener mi primera novia (curiosamente, fui el último en el salón de clase en saber que yo le gustaba a ella).
Al terminar mis estudios en el CECyT (a mis 20 años), como proyecto de tesina, quise mejorar los motores eléctricos existentes, pero, obviamente, era un proyecto demasiado ambicioso, imposible para tal nivel de estudios. Decidí cambiar de proyecto y me involucré en otro con dos compañeros donde desarrollamos un proceso de maquinado automatizado con dos brazos robots y una fresadora CNC (control numérico computarizado). Me fue difícil trabajar en equipo pues casi a la mitad del proyecto renuncié para aprender a hacer esculturas de resina mediante moldes de caucho.
Mis intereses a esta edad, eran ingeniería, matemáticas y física, y claro, también escultura. Aunque ya me habían aceptado en la carrera de ingeniería en biónica, quise ingresar a una academia de arte. Finalmente opté por ingeniería pensando que podía hacer esculturas como un pasatiempo.
En 1998, caí (junto con mi mamá y mi hermana Martha) en depresión por la muerte de mi hermana Lorena, ella contaba con 24 años en ese entonces. Era madre de una niña de tres años: Sarahí. Tal situación afectó mi rendimiento académico regular.
Como estudiante de ingeniería, mi percepción era que los maestros nos daban "recetarios" matemáticos para resolver problemas sin ir más a fondo (lo cual es, hasta cierto punto, normal en el área). Yo quería saber de dónde surgían las fórmulas. No saberlo me hacía rechazar tales procedimientos y atrasarme en mis clases.
(Modelados en plastilina de Bertrand Russell y L. Wittgenstein, realizado por Juan Carlos).

Con mis compañeros me sentía cómodo en clase pero no así en los recesos donde el caos y la impredictibilidad predominaban. Más adelante, para evitar el contacto social, comencé a reprobar a propósito algunas materias (que tenían que ver con análisis matemático) para estudiarlas como autodidacta y aprobarlas después en un examen especial.
En esta etapa tuve fuertes intereses: música clásica (coleccioné discos y leí sobre la vida de algunos compositores clásicos, también de manera frecuente asistía a salas de conciertos); pintura y la escultura (iba repetidamente a museos); edificios antiguos de la Ciudad de México (mi madre me regaló enciclopedias acerca de los edificios históricos del centro de la ciudad, además, dediqué muchas tardes a recorrerlo para ubicar los edificios); elaboración de fuentes de agua en miniatura (de ornato, con motivos mitológicos) en materiales como resina poliéster; y etimologías greco-latinas del español. También tuve el interés de aprender latín, pero por falta de tiempo hacia el final de la carrera no estudié lo suficiente.
Al terminar la carrera, realicé una silla de montar ergonómica para equitación cuya estructura interna era de fibra de vidrio. Contaba con un sistema resorte-amortiguador que aminoraba el impacto en la zona lumbar del jinete. Mi padre, quien es talabartero, le dio el acabado adecuado a la silla. (Por cierto, la dejé guardada en la unidad donde estudié. Al cabo de un año, cuando el presidente de México hizo entrega de algunos reconocimientos a profesores del Instituto Politécnico Nacional, se la regalaron porque a él le gustaba montar caballos y lo acababan de operar justamente en la zona lumbar).
A comienzos de 2004, ya egresado como ingeniero, volví a San Luis Potosí para dar clase de matemáticas a nivel bachillerato lo cual fue un suplicio para mí. Aunque impartía sólo dos horas de clase diarias, y me gustaba explicar sobre matemáticas, el desgaste emocional era alto (debido al trato diario con los alumnos y por las reuniones de profesores). A mitad del año, ingresé a una maestría en matemáticas en la que me fue mal porque no tenía el perfil adecuado (me faltaban bases rigurosas de matemáticas). Tal situación me frustró mucho. Finalmente abandoné la maestría, pero un año después, ya de vuelta en la Ciudad de México, pude ingresar a otra maestría de mi área, la cual tenía que ver con la tecnología de alimentos.
No está de más mencionar que trabajé dos veces como ingeniero de mantenimiento de equipo biomédico en periodos cortos. Fueron buenas experiencias aunque la ansiedad siempre estuvo presente al tener que socializar con mis compañeros, médicos o enfermeras. Lo que me decepcionó y motivó a seguir una carrera académica fue darme cuenta de la competencia tan desleal que predominaba dentro (y fuera) de las empresas: corrupción entre jefes de mantenimiento de hospitales y empresarios; robo de equipo y refacciones, entre otras prácticas tramposas. En verdad que no podía imaginarme hacer carrera en tal ambiente. Además, la mayoría de las veces tenía que fingir que mis intereses eran parecidos a los de mis compañeros para que no me tacharan de extraño).
En el transcurso de la maestría me diagnosticaron trastorno de la personalidad esquizoide, lo cual explicaba algunas de mis características mas no quedé conforme.
Al finalizar la maestría, como tesis, presenté la investigación sobre la difusión de iones de calcio dentro del grano de maíz bajo un campo eléctrico pulsado. Además de haber disfrutado todas las etapas de la investigación, me fue muy grato aprender tópicos de corte científico.
Más adelante, después de un breve empleo colocando cámaras para circuitos cerrados de vigilancia, comencé el doctorado (en San Luis Potosí) en Nanociencias y Nanotecnología. Académicamente, rendí mucho mejor porque el trabajo en un doctorado es muy especializado y, hasta cierto punto, solitario. Esta forma de aprendizaje se adecuaba más a mi manera de aprender (autodidactismo).
(Juan Carlos junto a su esposa Brenda, año 2015)

 A los pocos meses que ingresé al doctorado comencé mi relación con Brenda (mi actual esposa desde agosto de 2014) con quien me he sentido pleno. Ambos sabemos darnos nuestros espacios. A ella le interesa también la investigación (es historiadora y arqueóloga) y ha sabido comprenderme muy bien (es neurotípica pero ha leído mucho sobre el síndrome de Asperger) a la vez que yo hago lo propio con ella.
Por circunstancias políticas, tuve que terminar mi doctorado en la Universidad de Alicante, en Alicante, España, donde estuve cerca de dos años. Además de haber concluido mis estudios, tuve la enorme fortuna de que ahí me realizaran el diagnóstico (fue en ASPALI). El saber que tenía síndrome de Asperger fue liberador. Por fin podía darle un nombre a todo lo que había vivido. Los días posteriores al diagnóstico fueron de retrospección. Pude por fin entender toda mi vida.
En julio de 2012 regresé a México. Pasé un año recuperándome de mi experiencia en España (no es fácil darte cuenta que tu caja de herramientas sociales, hecha para mexicanos, no funciona para españoles). Comencé un blog de divulgación científica y más adelante, en 2013, fui a una estancia posdoctoral en la ciudad de Recife, Brasil, gracias a una invitación de mi exdirectora de tesis. Volví a México en julio de 2014 para casarme con Brenda en agosto. Desde entonces vivo en la ciudad de Mexicali, donde soy profesor en el área de bioingeniería.
Por último, me siento tranquilo de que por fin puedo ser yo mismo. Estoy trabajando en mis puntos débiles y reforzando los fuertes. Creo que es posible integrarse a la sociedad manteniendo cada quien sus particularidades. Es necesario construir (y mantener) un ambiente propicio en el que el concepto neurodiversidad sea ejercido con vigor en todas partes. Agradezco mucho a Pao Arqueros que me haya brindado este espacio donde pude para narrar parte de mi vida. Espero que pueda ser edificante para algún lector.
Aquí les dejo el enlace de mi blog, en dónde podrán leer acerca de mis intereses: