sábado, 15 de abril de 2017

La indeseable Ansiedad.


La ansiedad forma parte de la condición humana y sirve para afrontar situaciones de riesgo o peligro ¿Pero qué sucede cuándo esa ansiedad excede el normal y pasa a formar parte de nuestras vidas de una manera intensa y casi permanente? Una de las comorbilidades del Síndrome de Asperger es el Trastorno de Ansiedad, y esto lo sufrimos la gran mayoría de los adultos diagnosticados tardíamente. El hecho de tener que vivir gran parte de nuestra vida enfrentando situaciones, sin tener las herramientas adecuadas para su resolución, ignorando qué hacer y cómo reaccionar frente a determinados sucesos van “marcando” nuestras vidas, llenándonos de angustia cada vez que debemos emprender algo nuevo o conocido, pero qué sabemos que nos cuesta y por ende, nos provocará ansiedad. Si hay algo que recuerdo muy bien y sé reconocer perfectamente en mí, es la sensación de la ansiedad, la cual me ha acompañado casi toda mi vida: Nerviosismo, inquietud, agobio, irritabilidad, tensión muscular, taquicardia, opresión en el pecho, “nudo” en el estómago, dificultad para concentrarme y sentir una especie de “ceguera” que me impide ver solución a lo que me aqueja, sintiendo que el problema se maximiza aún más de lo que es. Esto provoca en mí un desasosiego enorme, desesperación hasta el punto de no poder respirar y que culmina en crisis de llanto incontrolable, queriendo “desaparecer” para no sentir lo que estoy experimentando, pues me siento una inútil en aquéllos momentos, y aunque quienes me conozcan me digan que yo soy inteligente y muy capaz, nada logra sacarme de ese estado, ni de lo que pienso de mí en esos instantes. Generalmente experimento mucha ansiedad cada vez que debo emprender alguna actividad desconocida por mí y que estoy obligada a realizar, y peor si sucede algún imprevisto. Son innumerables las ocasiones en que he experimentado esta sensación, pero mencionaré algunas vivencias para ejemplificar lo que se siente en aquellos momentos:
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Las primeras veces que experimenté ansiedad, las recuerdo muy bien. Comenzó a los 9 años de edad, pero por ser motivos muy personales, no los nombraré aquí. Sólo diré que un gran desosiego, dolor de estómago y la sensación de que el corazón se me saldría del pecho, me acompañaban determinadas horas del día y desaparecían en ciertos momentos en que parecía que la tranquilidad retornaba a mi vida. La primera situación ajena a mi diario vivir y que me puso muy ansiosa, fue cuando tuve que disertar frente a mis compañeros de clases (tenía 13 años). Recuerdo que ese día estaba muy nerviosa, y nuevamente el dolor de estómago, la taquicardia y la falta de respiración me hizo pararme frente a la clase con una enorme inseguridad, sintiendo que mis piernas casi se doblaban porque no lograba controlar el temblor de mi cuerpo y de mi voz. No pude decir el texto que me correspondía, pues me puse a llorar frente a todos porque no lograba recordar nada de lo que había memorizado. Hasta el día de hoy se me dificulta hablar frente a las personas, más cuando son desconocidos. Sigo sufriendo las mismas sensaciones que me impiden hilar los pensamientos y hablar de manera clara y ordenada.
Cuando tuve que enfrentar mi práctica profesional, una vez más la ansiedad formó parte de mí, hasta el punto de no comer porque sentía mi estómago como si estuviese repleto, pero no de comida sino de una sensación que me es imposible de explicar, llegando a sentir nauseas, y en algunas ocasiones terminando en vómito. Llegaba al lugar en dónde tenía que hacer clases, con media hora de anticipación para tratar de calmarme al estar en el sitio que no quería, pero debía estar. Allí en completa soledad, comenzaba a llorar en silencio y luego trataba de respirar hondo, sintiendo como si me faltara el aire y aguantando las ganas de salir corriendo de ese lugar. Esa costumbre de estar media hora antes, lo hice hábito a lo largo de mi carrera profesional, cada vez que llegaba por primera vez a un lugar, cómo si así pudiese controlar más la situación, pues si hubiese llegado a la hora que me correspondía, habría empeorado mi estado nervioso, aumentando la ansiedad.
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Recuerdo la primera vez que tuve que usar Word porque mi trabajo lo exigía y no tenía idea de cómo usarlo, para mí era como si todo estuviese escrito en “chino” y no sabía qué hacer. Primero intenté aprender sola, como en toda cosa nueva para mí, pero rápidamente comencé a sentir frustración porque necesitaba usarlo pronto para tener listas mis planificaciones y veía que transcurrían las horas y no avanzaba nada. Esto me comenzó a poner nerviosa, así que recurrí a la ayuda de otra persona que comenzó a explicarme como si yo supiese de lo que hablaba. Mi reacción fue estallar en llanto y gritar que no entendía, que estaba hablando muy rápido y yo no comprendía de esa manera, que ya no quería que me enseñara y me dejara sola. Afortunadamente esta persona tuvo mucha paciencia conmigo, en ésta y otras circunstancias en que yo pedí su ayuda, y accedió a enseñarme de buena manera. Con su infinita paciencia me dijo que me volvería a explicar, que no me desesperara, que estaría junto a mí hasta que yo aprendiera, fue así que poco a poco, entre sollozos, recobré la calma y fui en busca de mi cuaderno y le pedí que hablara lento y esperara que yo fuese anotando allí cada palabra suya, ordenándolas en un esquema para guiarme cuando me quedase sola (una buena manera de enseñar en clases a un alumno Asperger es con esquemas y todo escrito en la pizarra, donde él tenga una visión de lo que se le enseñará. La mayoría de las veces no entendemos las instrucciones verbales, por lo cual necesitamos ver la información). Finalmente pude aprender lo básico, pero no hubiese sido posible si esa persona hubiese perdido la paciencia conmigo y me hubiese presionado de mal modo a aprender. Me es imposible trabajar bajo presión externa, porque ya de por sí vivo presionándome y me autoexijo demasiado para que todo lo que emprendo resulte casi perfecto, sobre todo si es algo que quiero hacer.
Cuando cambié de trabajo hacia un lugar que quedaba lejos de mi casa, y el cual significó cambiar de trayecto y de infraestructura y modo de trabajo, nuevamente la ansiedad me invadió. Todos los días al volver del trabajo comenzaba a llorar, a gritar y a tirar las cosas para descargarme de toda la frustración que sentía durante mi horario de trabajo, porque fingía tranquilidad durante toda la mañana, pero lo único que quería, era escapar de allí y llegar luego a casa para desahogarme. No lograba entender el nuevo sistema de trabajo, y por más que me explicaban, no entendía, sintiendo que mis compañeras de trabajo me miraban extraño por mi manera de desesperarme y de reaccionar ante lo que yo no entendía (esa mirada la sé reconocer muy bien, pues siempre me han mirado así cuando manifiesto aflicción ante una determinada situación. Una mirada que no sé si definir como extrañeza, lástima, molestia, mofa o incredulidad). No sé qué pensaban en esos momentos de mí, pero la mirada de ellas y su silencio me hacían sentir peor. Sentía como si me viesen como una ridícula o inútil. Fueron cuatro larguísimos meses para mí, en dónde no encontraba consuelo ni solución a lo que estaba experimentando. Esto me llevó a una crisis de pánico, pues era tal el grado de ansiedad que no pude controlarlo de ninguna manera. Después de todo ese tiempo, me adapté a mi nuevo trabajo y a las nuevas personas que conocí allí y ya iba a trabajar contenta.
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Todo este doloroso proceso de adaptación finalmente valió la pena, pues mis alumnos terminaron el año escolar de manera exitosa y logré revertir la situación de encontrarme a comienzo de año con un curso que no sabía casi nada de los contenidos que debía saber.
¿Cómo lograba ser una muy buena educadora atravesando crisis de ansiedad? Pues creo que debido a que soy muy perfeccionista y muy profesional a la hora de trabajar. Si no fuese así, no hubiese logrado ser tan buena maestra con todos los niños que trabajé durante 16 años.
Al siguiente año llegué a trabajar a otro Jardín de infantes, y nuevamente el cambio de lugar, de infraestructura y de personas trajo conmigo la ansiedad. Cada día, cuando se acercaba la hora de ir hacia mi trabajo, comenzaba a sentir que me faltaba la respiración, palpitaciones tan fuertes que parecía que el cerebro y el corazón se me iban a salir, malestar en mi estómago (incluso me enfermé del colon por el alto grado de estrés que sentí durante casi un mes en ese nuevo trabajo), lloraba todos los días, antes y después de la hora de trabajo. A penas salía del lugar, mis lágrimas comenzaban a brotar y sentía un gran “nudo” en la garganta y unas ganas de gritar para que esa sensación dolorosa se fuese de mí y así poder respirar. Eran cinco minutos que me tomaba regresar a casa caminando, pero que para mí parecían interminables, y una vez llegado a casa, corría por las escaleras que me llevaban a mi habitación, llorando desesperadamente entre gritos y luego procedía a pasearme en mi habitación, tal como un animal enjaulado, lo cual preocupaba enormemente a quienes viven conmigo y dejaban lo que estaban haciendo para subir a verme y tratar de calmarme; hasta que un día mi prima (madre de dos chicos Asperger) quien ya era testigo habitual de mis crisis por los cambios, me preguntó: ¿Te sentirás mejor si dejas de trabajar en aquél lugar? Entre llantos le respondí que sí. Ella me dijo: Entonces déjalo, no puedes seguir a este ritmo, pues te enfermarás más y tienes un hijo por el cual velar. Sabía que necesitaba trabajar, pero no estaba rindiendo como correspondía, pues no lograba adaptarme, aunque lo intentaba con todas mis fuerzas, a los cambios de este nuevo lugar de trabajo.
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Me pedían cierto tipo de planificación y yo miraba y miraba los documentos que me prestaron para que me guiase y sólo podía ver un montón de letras y no entendía nada, recurrí a una muy buena amiga: Hilda, otra Educadora de Párvulos; y aunque ella tenía mucho trabajo, siempre tuvo la buena disposición de querer ayudarme, y aun así no logré entender lo que se me pedía en aquél trabajo. Intenté cumplir, pues yo soy muy responsable, pero la desesperación se apoderó de mí de tal manera, que dejé abruptamente mi trabajo, pues ya no resistía más. Inmediatamente la ansiedad desapareció. Esta fue la última vez que trabajé como Educadora de Párvulos, después de 16 años de trabajo intermitente (trabajaba 3 años y luego de grandes crisis, lo dejaba por 2 años). Lamentablemente no soy la única persona con el Síndrome que ha dejado su trabajo o los estudios a causa de la ansiedad que le producen las personas que le rodean y la presión que ejercen en nosotros. Una persona Asperger puede llegar a ser un buen alumno o un excelente trabajador, pues tenemos inteligencia y grandes capacidades, pero deben respetar nuestras características, y una de ellas es no exigirnos a actuar como los demás.
Cuando se acercaba el momento de publicar mi libro, fueron momentos de mucha ansiedad para mí, y aunque me agrada escribir, el proceso para llevar a cabo la publicación, fue muy angustiante. Por más que buscaba tutoriales en internet para llevar a cabo el proceso, no entendía nada, y si no hubiese sido por un amigo aspie de Colombia, Juan Fernando, quien me ayudó a entender cada paso que llevaría a la publicación de mi libro, no lo hubiese hecho, pues ya la ansiedad estaba haciéndome su “presa” una vez más y no me dejaba ver nada con claridad. Cuando ya creía que tenía todo superado, me doy cuenta de que la imagen de portada que me hizo una amiga no coincidía con las medidas que se me pedía allí, y nadie de mis conocidos lograba ayudarme en eso, nuevamente comenzó la desesperación hasta que un día ya no aguanté más y exploté en un llanto incontrolable y comencé a golpear mi colchón, gritando que ya no publicaría nada y no volvería a escribir nunca más. Fueron días en que nuevamente el “mundo se desmoronaba” para mí y quería dejarlo todo “botado” y nunca más intentar publicar el libro, pero tuve la dicha que Anita, una amiga aspie de Ecuador (la autora de estos dibujos), me acompañara en esos momentos. Ella con mucha paciencia y cariño, me hizo ver que aquél momento de pesar pasaría y me dijo que yo era una persona capaz y que debía seguir adelante (ella ha sido una de las personas que ha creído en mí y en mis capacidades y estoy muy agradecida por ello). También estuvieron presentes otras personas en aquellos momentos, pero ella fue quien estuvo atenta a mis crisis noche y día, dándome palabras de aliento y diciéndome que yo era buena en lo que estaba haciendo.
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Fue Anita quién me ayudó, finalmente, con la portada del libro, facilitándome una foto que yo le pedí le sacara a su pequeña hija aspie. Poco a poco comencé a ver “la luz” nuevamente y, aunque la ansiedad no se fue del todo, logré con ayuda de ella y de Juan Fernando, la tan anhelada publicación de mi libro. Como dato anecdótico, me demoré 2 meses en escribir mi libro, y me hubiese demorado aún más si no hubiese dejado de revisarlo constantemente, porque cada vez que lo hacía, encontraba algo "malo" y volvía a cambiar el escrito, volviéndose casi una compulsión, cambiar todos los días algo que, según yo, no estaba bien.
Así como esos ejemplos que acabo de mencionar, en dónde la ansiedad se apoderaba de mí, hay otros más, pero para no explayarme demasiado, no los mencionaré. Y si algo me ha enseñado la vida, es que las únicas personas que entienden las crisis de otra, son las que la han vivido o han estudiado al respecto. El resto sólo se dedica a juzgar o a exigir que uno “supere” cualquier situación de crisis, aludiendo a que “todos tenemos problemas y no por eso reaccionamos así”. Cuando alguien dice eso, denota que no sabe nada con respecto al ser humano y sus diferencias, no todos tenemos la misma capacidad para enfrentar un desafío ni el mismo modo de reaccionar frente a la adversidad. Si bien es cierto que dicen que querer es poder, no siempre es de la misma manera en que los demás pueden, lo quiera uno o no; y si logramos sortear una dificultad, se debe entender que es a nuestro propio ritmo y no al ritmo que exija la sociedad. Yo logré publicar mi libro, pero luego de un gran sufrimiento y desesperación, sé que a otros les ha sido fácil, pero yo soy YO y no esos “otros”.
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Luego de mi experiencia con la ansiedad, creo que podría decir que una buena manera de evitar que otros chicos aspies desarrollen este trastorno, es respetando su ritmo de aprendizaje desde pequeño, sin obligarlo a que logre dichos aprendizajes a la edad que se espera que cumplan todos los niños, pues tarde o temprano lo logrará, no hay que desesperarse. Sólo hay que propiciar las instancias para que él se interese por aprender, y cuando él sienta la confianza y el interés por hacerlo, lo hará (más adelante publicaré sobre este tema de los aprendizajes). La presión es un gran generador de ansiedad, y lejos de contribuir a un mejor desarrollo del niño, lo harán un ser inseguro, poco tolerante a la frustración y totalmente ansioso, y lo más probable es que cada vez que experimente crisis a causa de lo anteriormente mencionado, deje las cosas a medias, pero no por flojera ni falta de capacidades, simplemente para evitar la horrible sensación que se experimenta con la ansiedad. También es fundamental no someter al niño a situaciones imprevistas, es muy importante que se le anticipe todas las actividades que realizará durante el día, más si son desconocidas por él, para así evitar ponerlo ansioso y que evidencie ese malestar con llanto, gritos, golpeándose o tirándose al suelo. Nunca olvide que un chico aspie, necesita del apoyo, la comprensión y el respeto de sus características propias del Síndrome de Asperger, y no que lo presionen a actuar como los demás ni en el mismo tiempo en que los otros chicos logran sus aprendizajes.

Las imágenes utilizadas en este escrito, pertenecen a Anita Valle Ocando, una artista excepcional con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página:

Aquí les dejo un vídeo en dónde un joven con el síndrome de Asperger habla sobre la ANSIEDAD como Comorbilidad en el síndrome de Asperger: