viernes, 6 de mayo de 2016

El Principito Asperger



En su viaje por los planetas, nuestro Principito se encuentra a un asesino.
El siguiente planeta se llamaba Connecticut y estaba habitado por un psicópata homicida.
"Buenos días", dice el principito, "¿vives solo aquí?"
"Sí" dice el homicida, "los maté a todos" Y le mostró sus armas.
"¿Por qué?" pregunta el Principito. "Así no tendrás compañía. Yo también vivía solo, pero al menos tenía una rosa en mi planeta, y ahora la hecho de menos. Sabes, soy muy rutinario."
"Las rosas no te hacen nada", dijo el homicida, "pero los hombres pueden ser muy crueles. No me entendían, siempre me daban la espalda, eran groseros conmigo y me aislaban. En la escuela fui víctima de acoso. No sabía como defenderme, y la maestra no me ayudaba. Tampoco mi mamá me ayudaba. Un día, mi rabia explotó y los maté a todos. No eran mis amigos."
"Yo tampoco tengo amigos. Dicen que soy distinto, raro. Que vengo de otro planeta. Esto en el fondo, es verdad. Y a mí también me acosaban. Me gusta tener amigos, pero, no sé cómo hacerlos... Sabes, sufro  un poco la soledad."
"¿Te gustaría probar matando a alguno que te haya acosado en el colegio?" Pregunta el homicida. "Puedo prestarte una pistola, si quieres".
"No, gracias", responde el Principito. "Si son groseros conmigo, me duele, pero prefiero alejarme y estar solo". Y después de un silencio añade: "Me cuesta entender a la gente".
"¿Por qué?" Pregunta el homicida.
"Porque ellos no me entienden a mí", responde el Principito. "Me cuesta entablar relaciones con los demás. Imaginar que pueden pensar diferente a mí. A mí me parece cosa simple y natural mi modo de pensar, creo que todos deberían pensar como yo. Pero no es así."
"Sé de qué hablas", dice el homicida. "Por esa razón también los maté."
"Pero yo no quiero matar a nadie", replicó el Principito. "Yo, a lo sumo, puedo agarrar una rabia. Y cuando siento ira puedo ser muy molesto. A veces no consigo ni entender ni controlar mis emociones. Deben enseñarme cómo hacerlo, los demás dicen que las emociones son cosa fácil de entender, pero para mí no es así."
El Principito suspiró levemente y miró a lo alto, al cielo.
Y después de una breve vacilación, se decidió a preguntar: "¿Tú me podrías enseñar sobre las emociones?"
"No creo", dice el homicida, "preo te puedo enseñar a usar un arma. Si quieres entrenamiento para usarla, ¿sabes cómo usarlas? es cosa fácil."
"Yo", responde el principito, "si tuviese que escoger un arma, me gustaría tener el arco de Cupido, para hacer que alguna chica se enamorara de mí."



Y volvió a mirar al cielo,
"Pareces tan distinto a los que maté", dice el homicida. "Eres sincero, no me juzgas, no tienes prejuicios contra mí. Jamás nadie había sido así conmigo."
"Soy sincero porque digo siempre lo que pienso," responde el Principito, "me sale natural". Pero a veces la gente se ofende. A eso, lo llaman "falta de empatía". Dicen que no soy capaz de estar con los demás, que hiero con la verdad de mis palabras sinceras, y me dejan solo. No puedo entenderlo, en el fondo sólo soy sincero."
"Simplemente eres franco". Dice el homicida. "La gente es mucho más difícil de entender. Piensan una cosa y dicen otra. Y tal vez hasta hacen una tercera".
"Sabes", responde el Principito después de un breve silencio, "también mi rosa se escondía detrás de las palabras. Era tan tímida e indefensa. Debí haber entendido la ternura que había detrás de sus trucos. Pero no fui capaz."
"¿Y ahora eres capaz?" Pregunta el homicida.
"Si", responde el Principito, "conocí a un zorro que me enseñó". Se empeñó en domesticarme. Y lo hizo. De él aprendí tantas cosas. Tuvo mucha paciencia conmigo. Y me hizo mucho bien, me ha ayudado tanto."
"¿Y después le mataste?" Pregunta el homicida, pensando en el fondo se trataba de un simple zorro.
"Claro que no, nos queríamos. Él siempre me entendía. Me entendía con el corazón, no sólo con la lógica. Me explicó cómo hablar con los humanos y como poder interpretar las cosas extrañas que dicen."

Y pensó en el zorro, que había llorado por él. Pensó que tal vez, el zorro se había encariñado un poquito con él.
Y pensó que él era verdaderamente especial para ese zorro. que fue tan bello, tan bonito dejarse enseñar. De pronto sintió pena por la desesperada soledad del homicida. Pensó que el homicida también había sentido soledad, pero en vez de encontrar a un zorro, encontró armas.
Y después de un momento añadió: "Sabes, he conocido a un montón de gente verdaderamente extraña"
"Explícame" Dice el homicida.
"Me topé con un rey, con borrachos, faroleros, geógrafos, hombres de negocios. También con un psicólogo. Dijeron cosas extrañas de mí, que tengo un síndrome."
"¿En serio?", dice el homicida, "yo por eso los hubiera matado. ¿Tienes un síndrome? ¿Cuál?"
"El síndrome de asperger" Dice el Principito
"¿Y eso es algo malo?" Pregunta el homicida.
"Depende. Si te quieren y te apoyan es algo bello. te da un carácter muy puro, aún cuando puedes parecer para otros un poco excéntrico o extraño. Te da habilidades poco comunes. Como esa de viajar planeta tras planeta, o de hablar con la rosa. Pero si no eres comprendido es rudo. No consigues jamás hacer amigos. Te ven como un bicho raro."
"Yo creo que la diversidad es muy bella." Dice el homicida.
El principito se alegró. Se ruborizó. Miró al cielo. Respiró profundamente. Casi le parecía percibir el perfume de su rosa.
"¿Quieres ser mi amigo?" Dice el Principito.
"Qué lástima que llegaste tan tarde", dice el homicida. "Si te hubiese encontrado antes, tal vez no habría matado a nadie. Pero ya no puedo más, es demasiado tarde. De hecho es mejor que te vayas."
"¿Por qué?" dice el Principito. "Me hace bien hablar contigo".
"Porque terminaré matándote. Soy homicida, esa es mi naturaleza".
Tenía un aire extraño, un poco inquietante. El Principito se fue decepcionado.
La gente, definitivamente, es muy, muy extraña, se dice durante su viaje.

Artículo original:

Traductor: Manuel Cedeño
@soyaspi

Compartido por: Daniel Martínez con el permiso del traductor.