jueves, 20 de octubre de 2016

¡Ya estás hablando sola otra vez!

¿Existe alguien que no haya hablado solo alguna vez? No lo sé, pero desde que tengo memoria, recuerdo que, bajo algunas circunstancias, me he encontrado en soliloquios bastantes entretenidos algunas veces, otras no tanto, dependiendo de la situación que me tiene absorta en aquellos momentos, sin antes resguardarme de que nadie esté presente en aquellos instantes para que no vayan a pensar que estoy “loca” por hablar sola. Las razones por las cuales mantengo estos monólogos, son tres: Pensar en voz alta, imaginar sucesos que he deseado alguna vez se hagan realidad, y la más recurrente: Ensayar diálogos que tendré en un futuro con alguna persona que en esos instantes no está presente, pero que más adelante si lo estará.
El pensar en voz alta, es una especie de confirmación de lo que estoy sintiendo y a la vez reafirmar que lo que he dicho o hecho, está bien. Mi baja autoestima y mis constantes equivocaciones, son causantes de creer que todo lo que hago o haré, resultará mal, es por eso que cuando realizo algo con éxito, tiendo a repetir lo que dije o hice, en voz alta, como tratando de memorizar para repetirlo la próxima vez, y así asegurarme que me traiga el mismo éxito que la vez anterior. Creo que el decir en voz alta algo que hice bien, es una especie de regocijo para mí, es como repetir varias veces la experiencia de sentirse satisfecho con uno mismo; es que son tantos los fracasos al tratar de conseguir una buena comunicación, que cuando al fin lo logro, no quiero que ese momento termine nunca. También tiendo a hablar sola sobre lo que haré o dejaré de hacer, dependiendo de las experiencias previas que me llevan a determinar, en voz alta, las acciones a seguir, sobre todo cuando debo salir a hacer diferentes trámites, repasando verbalmente cada sitio al cuál iré y lo qué haré en dicho lugar.
Artista: Cecilia García Villa.

El imaginar sucesos que deseo que alguna vez se hagan realidad es algo inherente a mi personalidad soñadora ¿será por eso que me gusta escribir historias? Desde muy pequeña he “alucinado” con el “mundo” de los actores del cine, quería ser una gran actriz, es por eso que luego de ver alguna película que llamase profundamente mi atención, repetía los diálogos de algunas escenas o simplemente los inventaba y me imaginaba siendo yo parte de esa película interpretando el personaje que me había cautivado en esos instantes. Muchas veces he inventado mis propias películas, con historias que algún día pienso escribir en mis libros, y mientras he repasado en mi mente los diálogos, me he visto de repente interpretándolos en voz alta. Y de la mano con estos monólogos en los que me he visto envuelta muy seguido, viene la parte Fantasiosa - Optimista, esa que me lleva a imaginar estar en la situación en la que un día seré reconocida como escritora, por lo tanto ensayo en voz alta lo que diré el día en que sea entrevistada por mi trabajo literario (Sí, sí sé que es un sueño a gran escala, pero tal como dicen: “Soñar es gratis”. Y menos mal que lo es, sino cuánto dinero habría gastado en mi vida por cada sueño despierta que he tenido). Quizás las historias en mi cabeza sean más entretenidas que mi vida real, y por ende, menos dolorosas, no lo sé, sólo sé que aun fantaseando bastante en voz alta, tengo bien claro cuál es mi mundo real (¡Tranquilos! Aun no llego al extremo de confundir realidad con fantasía J )
Artista: Cecilia García Villa.

¿Cuántas veces me vi hablando sola, imitando a la compañera de clases simpática y extrovertida e imaginando que yo era tan querida cómo ella? ¡Uy! Esa es otra de las ocasiones en que acostumbraba a “actuar” en completa soledad, pero esta vez imitando a personas reales y no personajes del cine. Siempre me ha llamado la atención el comportamiento humano, a tal grado de observar los detalles de la entonación de voz y los gestos de las personas (nunca me he fijado como van vestidas, exceptuando cuando debo reconocer a una persona desconocida, pero siempre presto atención a su comportamiento; en ese aspecto no pierdo detalle), y creo que esa fijación es la que me ha ayudado en gran parte a relacionarme con los demás. Si las personas no hubiesen sido mi centro de interés quizás yo no habría sabido cómo comunicarme con ellas, ni hubiese aprendido que una sonrisa facilita que la otra persona tenga interés en conversar con uno (creo que lo de la sonrisa lo interioricé tanto, que muchas veces sonrío mecánicamente, hasta cuando no debo hacerlo, pero en fin, es difícil para mí los términos medios en cualquier ámbito, incluyendo el sonreír). Pienso que el mantener monólogos, imitando a la persona sociable, era una forma indirecta de ensayo y error para luego ponerlo en práctica. He tenido éxito, pero cuando ya la persona es de confianza y no son más de 3 en un grupo, pero aplicar esa simpatía cuando son más personas ¡Jamás! A no ser que “sin querer queriendo” diga algo que a los demás les haya parecido gracioso, aunque no sea mi intención que lo interpreten así, y de ahí a reconocer si se han reído conmigo o de mí, ese es otro gran dilema cuando de reconocer intenciones se trata, porque eso no se aprende hablando solo, se aprende (y si es que se aprende) cuando uno ya es adulto y luego de muy malas experiencias de vida con personas burlescas, que parecen necesitar tener que humillar a otros para parecer graciosos ante los demás.
Artista: Cecilia García Villa.

El hablar sola para ensayar futuras conversaciones, es prácticamente una necesidad, puede ser que producto de mi tremenda inseguridad y el miedo de no ser entendida ni comprendida, me impulse de manera automática, sin planificación, a verme envuelta en conversaciones imaginarias con la persona en cuestión, incluso, previendo sus posibles respuestas, y tratando de ponerme en la situación dependiendo de la reacción que pienso pueda tener esa persona con respecto a lo que tengo que decirle, y a la vez, tener diferentes respuestas para cada una de las palabras, que pienso, me dirá ella. Es por eso que cuando no he planificado una conversación y me han dicho algo inesperado, muchas veces no sé qué responder y varias palabras mías quedan en el “tintero”, sobre todo cuando me veo envuelta en situaciones injustas, en donde esa persona me ha tratado mal y yo no me lo esperaba, y luego, sola en casa repaso esa mala experiencia y me digo: “¿Por qué no le respondí tal cosa?”, “Debí haber reaccionado de tal forma”, “¿Por qué no le dije las cosas de una mejor manera”, etc. Y repito ese enfrentamiento con la persona en cuestión, en mi mente, pero ahora respondiendo en voz alta lo que debí decir y no dije, y guardando cada palabra en mi memoria para cuando nuevamente me encuentre con la persona en cuestión. Es por eso que siento que necesito ensayar mis diálogos con los demás antes de tener la plática real, para no seguir cometiendo errores y saber decir las cosas de la mejor manera posible y de una forma clara para poder ser entendida y comprendida. Muchas han sido las ocasiones en que he sido malinterpretada y acusada de ser hiriente e intransigente, y mi intención, la mayoría de las veces, no es ésa. Generalmente estas pláticas en voz alta, son producto de algo que me está angustiando de la otra persona con la cual mantendré un diálogo.
Artista: Cecilia García Villa.

Conversando con otros aspies, me he enterado que el hablar solos no es una situación aislada en las personas con la condición, pero sí malinterpretada en algunas ocasiones, quedando de manifiesto cuando algún padre o madre no ha dudado en decirle a su hijo que piensa que tiene esquizofrenia sólo por el hecho de mantener monólogos en completa soledad; pero esos aspies, al igual que yo, jamás han escuchado voces ni nada parecido, sólo pensamos en voz alta. Pienso que es muy necesario para los aspies mantener estos soliloquios, porque de por sí para nosotros es difícil mantener conversaciones espontáneas, sobre todo cuando se trata de alguna persona desconocida o alguien con quien no tenemos confianza, o cuando debemos hablar en una situación que nos causa angustia y ansiedad, como por ejemplo: Una disertación en clases, una exposición frente a los compañeros de trabajo, o en cualquier entrevista con personas que no queremos relacionarnos, pero es necesario hacerlo. Hay que tener en cuenta que las personas Asperger necesitamos mantener el control de las situaciones, por lo tanto, el ensayar diálogos nos ayuda a que la situación de tener que comunicarnos, no se nos escape de las manos y no sea tan tortuoso el tener que expresarnos frente a los demás bajo condiciones estresantes. Para el común de las personas las relaciones con los demás se dan de manera espontánea, pero para nosotros, los aspies, no es así, es por eso que necesitamos ensayar las conversaciones como una manera de adquirir destreza en esa área y de esa manera enfrentar lo que para nosotros resulta ser un desafío.
Aquí les dejo el link de una entrevista escrita que di para el Portal Innatia.

Las imágenes utilizadas en este escrito pertenecen a Cecilia García Villa, una excelente artista con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página: