sábado, 1 de abril de 2017

¡Las indicaciones de buen modo por favor!


Siempre he sentido una especie de rebeldía cuando me dicen las cosas de malas maneras, más aún cuando es una imposición de algo que yo no quiero hacer o no le veo sentido de tener que hacer caso de algo que para mí no tiene mayor importancia…No, no tengo Trastorno Oposicionista Desafiante, pues siempre he sido sumamente respetuosa hacia las figuras de autoridad, ya sea parental, con los adultos, maestros y las leyes (nunca quebrantaría una, pues le temo a las consecuencias). Mi rebeldía va directamente contra las injusticias, ya sea cometida en mi contra o en la de otros. Quizás por eso soy una defensora de los animales y de los derechos humanos y aborrezco el maltrato contra quien sea. El asunto es que desde muy pequeña, cuando se me ha hablado con cariño y se me ha explicado de buenas maneras lo que debo hacer, he logrado interiorizar y entender el motivo del porqué debo realizar tal o cual cosa, y lo he hecho. El problema es cuando se me impone una situación, sin siquiera mediar una palabra amable por parte de quien se dirige a mí. Cuando niña, yo sólo acataba, pues el temor me dominaba, pero guardaba la impotencia de no poder expresarme ni refutar lo que encontraba injusto y sólo me conformaba con el mutismo, única forma que tenía para expresar mi descontento y frustración (y aún reacciono así cuando la otra persona no me deja hablar, privándome de la oportunidad de expresar mi opinión, después de varios intentos fallidos, o cuando pienso que será infructuoso o angustiante tratar de hacer entender mi descontento ¡Y vaya que he tenido problemas de entendimiento, llegando incluso a sentir mucha ansiedad con ciertas personas!), entonces no me queda otra opción que guardarme todo mi sentir, sumiéndome en una desesperación hasta el punto de no poder articular palabra alguna, es como si de forma involuntaria los músculos no repondieran y no puedo abrir mi boca y menos mover mi lengua para hablar.
Artista: Anita Valle Ocando.

Al transcurrir los años y con la llegada de la tan anhelada independencia, comenzó a aflorar en mí esa rebeldía de la cual hago mención, comenzando a expresar verbalmente mi descontento por cada situación que me estuviese afectando, y peor es mi reacción si la otra persona no trata de arreglar las cosas de una manera amable, porque en mi desesperación por hacerme entender digo las cosas de mala manera, alterándome aún más cuando no logro que hagan caso a mis palabras (es que la diplomacia no ha sido mi mejor aliada en los momentos de tensión, y esto sumado a mi poco filtro y desesperación, son un potente detonante, y para cuando me doy cuenta de que lo que dije no fue de la mejor forma, ya es demasiado tarde). Y demás está decir que lo mismo ha ocurrido con mis ex parejas cuando han sido injustos conmigo o no han querido (o no han podido) entenderme, y me han hecho sentir “fatal” por querer expresar lo que en su momento me está atormentando, y no han entendido que lo que yo quiero es tratar de entender lo que para mí no es obvio. Es increíble de cómo pasé de ser una niña “muy callada”, quien simplemente acataba todo, guardándose para sí los descontentos y las situaciones que le afligían, a ser una mujer contestaría, incapaz de guardar por mucho tiempo los descontentos, sobre todo con la persona, que pienso, está siendo injusta conmigo. Uno de los lugares en donde quedó de manifiesto mi descontento con ciertas personas, fue en mi lugar de trabajo, donde se cometían injusticias, y a la vez, exigían ciertas actividades que no me correspondían hacer y ni siquiera tenían la deferencia de pedir “por favor”, ni mucho menos agradecer. Obviamente con el tiempo pasé a ser la “conflictiva” en ese lugar por decir lo que pensaba y reclamar lo justo.
Artista: Anita Valle Ocando.

A nivel personal, también comencé a observar que cuando me decían las cosas de malos modos, mis reacciones no eran las mejores. Si alguien me hablaba con enojo, pues yo también lo hacía, si alguien me gritaba, pues yo también, pero si esa misma persona se arrepentía de sus malos modos y cambiaba el tono, inmediatamente yo bajaba la guardia y me predisponía a escuchar y hasta a hacer caso si me explicaban el por qué debía hacer lo que me estaban diciendo. Eso explica también por qué algunas personas me quieren mucho, pues como me han tratado bien y con cariño, yo les he respondido de igual forma, por lo tanto tienen una buena imagen mía, pues han conocido mi parte amable y cariñosa, no así quienes me han hecho daño de una u otra forma o me han tratado de manera injusta, ellos han conocido mi mal carácter y en algunas ocasiones mi rabia al no dirigirles nunca más la palabra. Esto no quiere decir que yo tenga doble personalidad ¡Para nada! Solo el tiempo y las experiencias me han enseñado a responder como me tratan, y quien no me trata bien no puede esperar una buena reacción mía.
Recuerdo que en una ocasión alguien me apuntó con el dedo y me dijo con enojo que me iría al infierno por no diezmar en la iglesia, mi reacción fue de enojo también, contestando que yo no creía en un Dios malvado que se enojaba porque yo no entregaba dinero a las personas de la iglesia, y que consideraba que el diezmo debía entregársele a personas de bajos recursos y no utilizarlo en asuntos de la iglesia. Luego de esa discusión, transcurrió mucho tiempo antes de volver a hablar con esa persona, sin antes pensar en no ir más a aquel lugar ni a ningún otro en donde se me imponga lo que debo o no debo hacer, más si es de mal modo o con amenazas.
Artista: Anita Valle Ocando.

Pero mi rebeldía va más allá, es contra toda imposición de la sociedad que obliga a que el ser humano deba comportarse de tal o cual manera, más aún cuando se creen dueños absolutos de la verdad y con el derecho de condenar a quien piensa y actúa diferente (de una manera muy cruel por cierto, porque las palabras también hieren dependiendo del sentido que se les de), tal como las personas machistas, principalmente las mujeres, quienes son las peores enemigas de sus congéneres, al condenar a la mujer que actúa libremente y no sigue convencionalismos sociales. Me rebelo completamente contra toda mujer machista, pues con sus pensamientos retrógrados van criando hijos machistas, faltos de respeto a la mujer que se declara libre y responsable de sus actos sin tener que pedir permiso por ello. Es difícil que alguien llegue a mí con imposiciones, más aún si no tienen sentido para mi lógica y peor si son de malos modos o con amenazas. Fueron muchos años de escuchar: “Eso no se dice”, “Eso no se hace”, “Una mujer no hace eso, no dice eso”, etc, etc. Pero…¿Por qué? Simplemente porque los demás lo dicen, sin haber una explicación lógica, sólo basadas en la imposición social y nada más. Hoy en día pienso que me rebelo a todo esto porque fueron muchos años tratando de adaptarme al resto de las personas (para ser aceptada, pues como no sabía que tenía un síndrome, estaba desesperada por ser incluida, aunque en el fondo de mi ser había una mujer que luchaba por salir y mostrar sus diferencias). Y me rebelo también a que me obliguen a lo que no quiero hacer, porque de eso tuve mucho, sólo que antes no tuve las posibilidades ni herramientas para defenderme (este es un tema muy privado, por eso no puedo detallar a qué me refiero).
Artista: Anita Valle Ocando.

Conversando con la madre de mis dos sobrinos aspies, me ha contado que ella ha notado que sus hijos reaccionan de mejor modo y hacen caso, cuando ella les pide de buena manera que realicen o dejen de hacer una acción determinada. Con sus pequeños aspies no funciona que le imponga lo que deben hacer, y menos si no se les explica el por qué tienen que hacer caso, por lo tanto, cada vez que ella quiere que sus hijos realicen algo, primero les da las razones, y en algunas ocasiones utiliza el refuerzo positivo, prometiendo algún “premio” cuando ellos tienen una buena conducta. Esto del refuerzo positivo, creo que todas las personas lo necesitan, y no me refiero a algo material, más que todo a las palabras, un: “¡Qué bien lo has hecho!” Puede cambiar el sentido del “porqué” y el “para qué”.
No sé si con todas las personas Asperger o con todo el mundo suceda lo mismo, pero por lo visto, para mí y mis sobrinos aspies, es necesario la explicación para entender las razones del por qué debemos hacer caso de alguna instrucción, y lo principal es que no sea una imposición, y ni hablar que sea expresada con un mal tono. Para el aspie, de por sí, es difícil entender el comportamiento de las personas, sobre todo de las que “van en masa” (¿será por eso que no tenemos predilección por seguir modas?), y si es difícil entender eso, más difícil aun es tener que aceptar hacer cosas que, según nuestra percepción de la misma, no es lo que queremos hacer y no le vemos el sentido tampoco, por lo tanto el “porque sí” es difícil que funcione con nosotros. Su hijo aspie necesitaba saber primero el “porqué” y el “para qué”, de manera clara y con un buen tono claro está, de otra manera puede encontrar en él una mala reacción. 

Las imágenes utilizadas en este escrito, pertenecen a Anita Valle Ocando, una artista excepcional con el Síndrome de Asperger y pueden encontrar más de sus obras en esta página: https://www.facebook.com/LapizArte.AKVO?fref=ts

Esta es la biografía de la artista: