miércoles, 26 de octubre de 2016

¿Por Qué a la Gente con Asperger le Gusta Jugar Videojuegos?



Hola.

Mi nombre es Daniel Martínez, yo tengo asperger y me gusta mucho jugar videojuegos.
A mi me han dicho que soy adicto a los videojuegos, pero no es verdad.
Resulta que son divertidos y son un escape a un mundo neurotípico al cual simplemente no pertenezco. Son un lugar seguro a donde puedo sentirme poderoso y tener un objetivo mucho más entretenido e importante que mi vida cotidiana. Como dice el vídeo en inglés, encuentro que el mundo en general tiene una gran tendencia a hacer juicios sobre que es lo que deberíamos hacer y eso es incómodo, uno necesita un escape y los videojuegos son ese gran escape. Y nosotros necesitamos nuestro lugar seguro, donde nadie nos juzgue ni nos grite (en serio, tenemos oídos sensibles, no nos griten).
Hay diferentes tipos de juegos, por ejemplo los FPS, los de tercera persona, de estrategia, los juegos para móbil y los RPGs.

FPS (First Person Shooters)
Los FPS son muy emocionantes, llenos de acción y todo es rápido, es muy interesante y debo de admitir que una vez me quedé hasta las 4 de la mañana jugando uno de estos juegos.

Third Person Games
Los de tercera persona son sumamente interesantes, me ayudan a sumergirme en el mundo en el cual estoy, cuando no estoy jugando estos juegos soy muy feliz y cuando no los estoy jugando, suelo pensar mucho en este tipo de juegos. Como ejemplo, pongo a mi saga favorita: Assassin's Creed, es una saga fascinante que te lleva a diferentes periódicos históricos. Soy un fanático de la historia y este juego me da la ilusión de estar en Florencia en la era del renacimiento, conocer a Leonardo Da Vinci, infiltrarme al palacio de versalles, navegar por el caribe, son muchas cosas muy hermosas y emocionantes. No hay videojuegos que yo ame más que los de Assassin's Creed.
Por cierto, una vez me puse a jugar Metal Gear Solid 3 desde las 11 de la noche hasta las 7 de la mañana.

RPGs
Este tipo de juegos son verdaderamente apasionantes, aquí eres el elegido y tienes que tomar decisiones que afectan al mundo a tu alrededor. Este tipo de juegos son perfectos para los que tienen asperger, recomiendo la saga de The Elder Scrolls y también la saga de Dragon Age.

De Estrategia
Aquí incluyo a los juegos de cartas coleccionables como Yugi-Oh y los más clásicos como Command & Conquer, la saga Civilization y Age of Empires. Este tipo de juegos ponen a prueba mi cerebro y son muy entretenidos, realmente son muy interesantes. A mi me gusta la historia (como ya mencioné) y Age of Empires y Civilization son clásicos como dedicados para mí.

Juegos para móbil
Mi computadora está en mal estado y he jugado estos juegos desde mi celular, son simpáticos puedo destacar al Clash of Clans, este juego me hace sentir poderoso, mis decisiones afectan a mis aldeanos y mi experiencia en estrategia hace la diferencia


En todo caso, los videojuegos nos relajan y nos motivan lo suficiente como para seguir adelante en la vida.

A continuación el vídeo que me inspiró



jueves, 20 de octubre de 2016

¡Ya estás hablando sola otra vez!


(Imagen tomada de Internet)


¿Existe alguien que no haya hablado solo alguna vez? No lo sé, pero desde que tengo memoria, recuerdo que, bajo algunas circunstancias, me he encontrado en soliloquios bastantes entretenidos algunas veces, otras no tanto, dependiendo de la situación que me tiene absorta en aquellos momentos, sin antes resguardarme de que nadie esté presente en aquellos instantes para que no vayan a pensar que estoy “loca” por hablar sola. Las razones por las cuales mantengo estos monólogos, son tres: Pensar en voz alta, imaginar sucesos que he deseado alguna vez se hagan realidad, y la más recurrente: Ensayar diálogos que tendré en un futuro con alguna persona que en esos instantes no está presente, pero que más adelante si lo estará.
El pensar en voz alta, es una especie de confirmación de lo que estoy sintiendo y a la vez reafirmar que lo que he dicho o hecho, está bien. Mi baja autoestima y mis constantes equivocaciones, son causantes de creer que todo lo que hago o haré, resultará mal, es por eso que cuando realizo algo con éxito, tiendo a repetir lo que dije o hice, en voz alta, como tratando de memorizar para repetirlo la próxima vez, y así asegurarme que me traiga el mismo éxito que la vez anterior. Creo que el decir en voz alta algo que hice bien, es una especie de regocijo para mí, es como repetir varias veces la experiencia de sentirse satisfecho con uno mismo; es que son tantos los fracasos al tratar de conseguir una buena comunicación, que cuando al fin lo logro, no quiero que ese momento termine nunca. También tiendo a hablar sola sobre lo que haré o dejaré de hacer, dependiendo de las experiencias previas que me llevan a determinar, en voz alta, las acciones a seguir, sobre todo cuando debo salir a hacer diferentes trámites, repasando verbalmente cada sitio al cuál iré y lo qué haré en dicho lugar.


Artista: Cecilia García Villa.

El imaginar sucesos que deseo que alguna vez se hagan realidad es algo inherente a mi personalidad soñadora ¿será por eso que me gusta escribir historias? Desde muy pequeña he “alucinado” con el “mundo” de los actores del cine, quería ser una gran actriz, es por eso que luego de ver alguna película que llamase profundamente mi atención, repetía los diálogos de algunas escenas o simplemente los inventaba y me imaginaba siendo yo parte de esa película interpretando el personaje que me había cautivado en esos instantes. Muchas veces he inventado mis propias películas, con historias que algún día pienso escribir en mis libros, y mientras he repasado en mi mente los diálogos, me he visto de repente interpretándolos en voz alta. Y de la mano con estos monólogos en los que me he visto envuelta muy seguido, viene la parte Fantasiosa - Optimista, esa que me lleva a imaginar estar en la situación en la que un día seré reconocida como escritora, por lo tanto ensayo en voz alta lo que diré el día en que sea entrevistada por mi trabajo literario (Sí, sí sé que es un sueño a gran escala, pero tal como dicen: “Soñar es gratis”. Y menos mal que lo es, sino cuánto dinero habría gastado en mi vida por cada sueño despierta que he tenido). Quizás las historias en mi cabeza sean más entretenidas que mi vida real, y por ende, menos dolorosas, no lo sé, sólo sé que aun fantaseando bastante en voz alta, tengo bien claro cuál es mi mundo real (¡Tranquilos! Aun no llego al extremo de confundir realidad con fantasía J )


Artista: Cecilia García Villa.

¿Cuántas veces me vi hablando sola, imitando a la compañera de clases simpática y extrovertida e imaginando que yo era tan querida cómo ella? ¡Uy! Esa es otra de las ocasiones en que acostumbraba a “actuar” en completa soledad, pero esta vez imitando a personas reales y no personajes del cine. Siempre me ha llamado la atención el comportamiento humano, a tal grado de observar los detalles de la entonación de voz y los gestos de las personas (nunca me he fijado como van vestidas, exceptuando cuando debo reconocer a una persona desconocida, pero siempre presto atención a su comportamiento; en ese aspecto no pierdo detalle), y creo que esa fijación es la que me ha ayudado en gran parte a relacionarme con los demás. Si las personas no hubiesen sido mi centro de interés quizás yo no habría sabido cómo comunicarme con ellas, ni hubiese aprendido que una sonrisa facilita que la otra persona tenga interés en conversar con uno (creo que lo de la sonrisa lo interioricé tanto, que muchas veces sonrío mecánicamente, hasta cuando no debo hacerlo, pero en fin, es difícil para mí los términos medios en cualquier ámbito, incluyendo el sonreír). Pienso que el mantener monólogos, imitando a la persona sociable, era una forma indirecta de ensayo y error para luego ponerlo en práctica. He tenido éxito, pero cuando ya la persona es de confianza y no son más de 3 en un grupo, pero aplicar esa simpatía cuando son más personas ¡Jamás! A no ser que “sin querer queriendo” diga algo que a los demás les haya parecido gracioso, aunque no sea mi intención que lo interpreten así, y de ahí a reconocer si se han reído conmigo o de mí, ese es otro gran dilema cuando de reconocer intenciones se trata, porque eso no se aprende hablando solo, se aprende (y si es que se aprende) cuando uno ya es adulto y luego de muy malas experiencias de vida con personas burlescas, que parecen necesitar tener que humillar a otros para parecer graciosos ante los demás.


Artista: Cecilia García Villa.

El hablar sola para ensayar futuras conversaciones, es prácticamente una necesidad, puede ser que producto de mi tremenda inseguridad y el miedo de no ser entendida ni comprendida, me impulse de manera automática, sin planificación, a verme envuelta en conversaciones imaginarias con la persona en cuestión, incluso, previendo sus posibles respuestas, y tratando de ponerme en la situación dependiendo de la reacción que pienso pueda tener esa persona con respecto a lo que tengo que decirle, y a la vez, tener diferentes respuestas para cada una de las palabras, que pienso, me dirá ella. Es por eso que cuando no he planificado una conversación y me han dicho algo inesperado, muchas veces no sé qué responder y varias palabras mías quedan en el “tintero”, sobre todo cuando me veo envuelta en situaciones injustas, en donde esa persona me ha tratado mal y yo no me lo esperaba, y luego, sola en casa repaso esa mala experiencia y me digo: “¿Por qué no le respondí tal cosa?”, “Debí haber reaccionado de tal forma”, “¿Por qué no le dije las cosas de una mejor manera”, etc. Y repito ese enfrentamiento con la persona en cuestión, en mi mente, pero ahora respondiendo en voz alta lo que debí decir y no dije, y guardando cada palabra en mi memoria para cuando nuevamente me encuentre con la persona en cuestión. Es por eso que siento que necesito ensayar mis diálogos con los demás antes de tener la plática real, para no seguir cometiendo errores y saber decir las cosas de la mejor manera posible y de una forma clara para poder ser entendida y comprendida. Muchas han sido las ocasiones en que he sido malinterpretada y acusada de ser hiriente e intransigente, y mi intención, la mayoría de las veces, no es ésa. Generalmente estas pláticas en voz alta, son producto de algo que me está angustiando de la otra persona con la cual mantendré un diálogo.


Artista: Cecilia García Villa.

Conversando con otros aspies, me he enterado que el hablar solos no es una situación aislada en las personas con la condición, pero sí malinterpretada en algunas ocasiones, quedando de manifiesto cuando algún padre o madre no ha dudado en decirle a su hijo que piensa que tiene esquizofrenia sólo por el hecho de mantener monólogos en completa soledad; pero esos aspies, al igual que yo, jamás han escuchado voces ni nada parecido, sólo pensamos en voz alta. Pienso que es muy necesario para los aspies mantener estos soliloquios, porque de por sí para nosotros es difícil mantener conversaciones espontáneas, sobre todo cuando se trata de alguna persona desconocida o alguien con quien no tenemos confianza, o cuando debemos hablar en una situación que nos causa angustia y ansiedad, como por ejemplo: Una disertación en clases, una exposición frente a los compañeros de trabajo, o en cualquier entrevista con personas que no queremos relacionarnos, pero es necesario hacerlo. Hay que tener en cuenta que las personas Asperger necesitamos mantener el control de las situaciones, por lo tanto, el ensayar diálogos nos ayuda a que la situación de tener que comunicarnos, no se nos escape de las manos y no sea tan tortuoso el tener que expresarnos frente a los demás bajo condiciones estresantes. Para el común de las personas las relaciones con los demás se dan de manera espontánea, pero para nosotros, los aspies, no es así, es por eso que necesitamos ensayar las conversaciones como una manera de adquirir destreza en esa área y de esa manera enfrentar lo que para nosotros resulta ser un desafío.

Las imágenes utilizadas en este escrito (exceptuando la primera) pertenecen a Cecilia García Villa, una excelente artista con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página:

sábado, 8 de octubre de 2016

Experiencia de vida de Cami, una joven con el Síndrome de Asperger.


Mi nombre es Cami Renjel, tengo 18 años, soy de la Paz, Bolivia; me diagnosticaron síndrome de Asperger hace poco tiempo. Quisiera  relatarles cómo fue mi vida hasta ahora ignorando casi toda mi vida sobre mi condición.
Yo era una bebé muy tranquila, tuve un desarrollo normal, lo único que les llamó la atención, era que alineaba peluches (no estoy segura si fue a los 2 o 3 años) mientras los adultos conversaban. Mis recuerdos comienzan cuando entré a pre kínder, recuerdo que me tomó mucho tiempo adaptarme, lloraba y lloraba y no podían calmarme, incluso me sacaban del curso y me quedaba con una maestra para que trate de calmarme, pero no lograba consolarme. Desde esa época experimenté elevados niveles de ansiedad y miedo; en el área social tampoco me iba mejor, no podía interactuar con mis compañeros, aun así, logré tener una amiga con la que podía hablar en mi kínder, y una vecina con la que también jugaba a veces, pero incluso con ellas tenía problemas ya que era bastante ingenua y se aprovechaban de mi fácilmente. Mis recuerdos son algo difusos, pero según lo que me cuentan mis familiares, cada vez que me iban a recoger del kínder, me observaban mirando a los demás jugar, y después yo me iba sola a otro lugar; la mayor parte del tiempo me gustaba jugar sola porque así tenía el control total sin aceptar las sugerencias de otros, pero debido a que era muy pasiva y tímida, a veces me guardaba todo dentro y me aguantaba. Generalmente me gustaba estar con adultos y jugar con ellos más que con los de mi edad.
Por esa fecha mi mamá se empezó a preocupar porque lloraba, incluso gritaba cuando me peinaban (los vecinos pensaban que mi mamá me maltrataba), lo mismo pasaba cuando me ponían ropa que no toleraba, quería vestir siempre con lo mismo y ni hablar de los zapatos, quería arrancar las hebillas, no las toleraba. La hora de la comida era un tormento, no quería comer porque algo del plato me molestaba por su textura o su olor; como era tan pasiva, en otros lugares donde había más personas, aguantaba y no exteriorizaba las situaciones que me afectaban, por ejemplo: Recuerdo que cada vez que la profesora salía de mi curso, me daba tanta ansiedad, que me ponía tiesa esperando a que vuelva, así que mi casa era donde me sentía más tranquila. Recuerdo que muchas veces imitaba a un animal poniéndome de 4 patas y haciendo gestos como rugidos de león.


Yo de 4 patas, imitando animales.


Desde esa época me fascinaba todo lo que estuviera relacionado con lo paranormal, lo inexplicable y el terror y amaba que me cuenten algo relacionado al tema, era como si una chispa se encendiera dentro de mí al oír algo del tema e incluso hasta ahora; es el único interés que no cambio en toda mi vida. A los 6 años empecé a interesarme en  afiches de periódico, cada que llegaba mi abuelo lo primero que hacía era preguntar si había comprado el periódico del día y me encerraba en una habitación gran parte del día a recortar todos los afiches que pueda. Cuando ingresé a primero básico en el colegio todavía tenía ansiedad y era aún más tímida. Lo que recuerdo de ese año fue que estaba deambulando por todo el curso mientras mis compañeros ya empezaban a hacer las actividades que decía la maestra, y mandaron una nota a mi mamá, pero no recuerdo lo que decía. Ahí logré tener una amiga, la conocí porque andaba deambulando sola en el patio, una maestra se me acercó y me preguntó por qué estaba sola y me acercó a ella. Una de las cosas que me causaban gran molestia ese entonces era que tocaran mis cosas, yo las ordenaba o clasificaba, y si algo no estaba como lo había dejado me ponía a llorar y me enfadaba mucho; lo mismo pasaba si movían, aunque sea algunos centímetros de mis muebles. 
Cuando ingresé a segundo básico mi maestra se quejaba porque no ponía atención y me la pasaba jugando con mi cabello; mis cuadernos y archivadores estaban un caos, bastante desorganizados y maltratados, pero destacaba por ser tan fluida en la lectura. En ese entonces mi tía le aconsejó a mi mamá que me llevara donde un profesional, porque algo andaba mal conmigo y tenía muchas reacciones en común con mi primo que también está en el espectro autista. Me llevaron a una psicopedagoga, pero lo único que dijo es que estaba deprimida, que no tenía nada, y dejamos de ir.  


(Yo a la izquierda, obligándome a sacarme fotos con mis compañeras, cosa que nunca me gustó).


En tercero básico seguían quejándose porque nunca me peinaba, mi cabello andaba un desastre y mi ropa estaba descuidada, y a menudo hacía movimientos repetitivos con mi labio y la maestra me llamaba y regañaba por todo eso, además de que a veces no ponía atención y me quedaba viendo la ventana observando  todos los detalles y buscando patrones en lo que veía, por ejemplo: Al ver pisos, en mi cabeza estaba izquierda, derecha, izquierda derecha, el orden en el que estaba colocada  la madera o el material del que estuviese hecho. En el curso me ponía ansiosa cuando, por ejemplo, el timbre de salida no tocaba a la hora indicada ya me ponía nerviosa, incluso si solo eran unos cuantos minutos, o cuando mi góndola no estaba en la puerta de mi colegio, o si se retrasaba porque había mucho tráfico. Ahí la amiga que tuve desde primero, de repente me dejó de hablar, pero logré tener otra amiga, no recuerdo como nos empezamos a hablar, pero me acompañó esa fecha y la pasaba bien con ella, reíamos bastante aunque ella me percibía a veces un poco exagerada en mi forma de ser y se molestaba cuando veía que le copiaba en algunas cosas, por ejemplo: Su risa, algunos de sus gestos y movimientos. No sé por qué, pero me podía relacionar mejor con varones. Ese año, debido al estrés que siempre me acompañaba, comencé a engordar y ahí empezaron varios comentarios acerca de mi peso, lo cual para mí era en extremo doloroso, era bastante sensible y me empecé a volver aún más insegura de lo que ya era. Algo que me calmaba eran mis intereses, generalmente variaban cada cierto tiempo tenia colecciones de todo tipo: Canicas, tizas, colores, aretes, animales de plástico, lo curioso es que nunca usaba nada de eso, solo me dedicaba a ordenarlos  y clasificarlos todo el tiempo.


(Uno de mis primeros intereses: Afiches de periódico, son los únicos que quedaron).


En cuarto de primaria mi mamá tuvo que viajar unos meses por asuntos de trabajo, mi hermana y yo nos tuvimos que quedar en  la casa de mi abuela  algo que para mí fue un periodo muy duro, ya empezaba a desarrollar depresión, y la ansiedad se agudizó debido al estrés del colegio; todo el tiempo mi abuela me regañaba porque no me peinaba y cada mañana me hacia 2 trenzas, por suerte era el peinado que más podía tolerar, pero aun así no dejaba de molestarme. Tenía problemas para dormir y le pedía a mi abuela que encendiera la luz porque me preocupaba haber perdido una de mis hojas del colegio y eso pasaba varias veces en una noche; dormir era muy difícil, el ambiente que había en esa casa también me afectaba bastante, siempre había una ambiente de tensión, depresión y habían problemas y peleas constantes entre mis 2 abuelos, ya que mi abuelo era alcohólico. Cuando volvió mi mamá la tensión seguía porque no teníamos casa y mi mamá quería irse desesperadamente de ahí, pero no podíamos encontrar ningún lugar. Yo solo quería salir de todo ese ambiente e incluso quería irme a vivir con mi tía debido a que ahí encontraba algo de paz; también me sentía mal porque a veces me percibían de malcriada, maleducada; de hecho me volví más tímida porque mi mamá  me andaba corrigiendo de algo que decía y molestaba a alguien más. En el colegio a veces me portaba algo pedante, pero no lo hacía con mala intención, no me daba cuenta que me comportaba así, hasta que me lo hacían notar. Algo que me dolió es haber perdido un amigo a causa de eso; cuando me hicieron un cumpleaños ese año,  él quería felicitarme y abrazarme,  yo era indiferente y mi mamá me hacía notar que él quería demostrar cariño hacia mí, y yo no me percataba.


(Yo a la derecha, junto con mi hermana, a los 9 años).


Cuando ingresé a quinto de primaria me cambiaron de colegio y ahí empezó el acoso escolar; me hacían bromas y me engañaban fácilmente, todavía seguía siendo muy ingenua, pero por suerte habían algunas chicas que eran tranquilas y buenas personas y a veces andaba con alguna de ellas. Siempre tuve un máximo de 2 amistades por vez, si estaba con más de 3 personas ya me empezaba a saturar, a retraerme y a querer huir, pero me limitaba a sonreír y seguir haciendo un esfuerzo por no querer salir de ahí, pero siempre había algún problema cada vez que salía o me reunía con una amiga. Pasado un tiempo me sentía agotada y me deprimía, tenía la sensación de estar fuera de lugar; ahí empecé a darme cuenta que algo no estaba bien conmigo, me sentía muy diferente sin saber por qué. Sentía que yo había venido a parar a este mundo por error y que era de otro lugar; empecé a copiar a los demás, pero no me salía tan natural; copiaba gestos de personajes de tv o algunos acentos. En mi casa todo el tiempo había tensión y a veces me autoagredía, si algo me afectaba empezaba a golpearme la cabeza, a rascarme y romper los objetos que estaban delante de mí. El acoso se fue agudizando los años siguientes, aparte de eso tenía que lidiar con los constantes insultos que hacían sobre mi cuerpo, aun me insultaban mucho sobre eso. Traté de ser más sociable, pero mis intentos por encajar no funcionaban, podía hablar mucho mejor por redes sociales que en persona; ahí me volví muy activa y empecé a molestar a los demás, sin darme cuenta, trataba de copiar sus formas de hablar, pero se notaba que mis conversaciones era bastante artificiales, incluso una vez traté de tomarme una foto imitando sus poses. Todo eso llevo a que me empezaran a acosar por medio de internet, entraban a mi página de Facebook y hacían cosas bastante malas; me percibían como la rara del curso. En los años siguientes el tema de la alimentación y el aspecto físico se volvió un interés para mí, era en lo único que estaba enfocada y trataba de muchas maneras perder peso; entré a atletismo una temporada y ahí se burlaban porque decían que tenía un modo extraño de correr y trotar. Hice un viaje a Estados Unidos, ya estaba con algo de depresión crónica y no disfruté mucho, me la pasaba preocupándome del colegio. Tenía una autoestima muy baja, estaba muy acomplejada, ahí tuve un nuevo interés: El coleccionar monedas, buscaba en todos lados todas las monedas que pueda y los ponía en un estuche para celular que llevaba en mi cuello a donde fuéramos.


(Una parte de mi colección de monedas).


Como muchas veces sucedía, a veces decía algo hiriente o molesto y mi mamá luego me hacía dar cuenta que mi comentario había ofendido a alguien más. Cuando volvimos, regresó ese ambiente depresivo, todos los de mi edad empezaban a fijarse en chicos, hablar de fiestas etc , algo que siempre odie yo; todavía seguía teniendo intereses de una niña y uno de mis refugios era mirar películas infantiles. Había constantes peleas con mi mamá, el ambiente era muy tenso, y mi cuarto se convirtió en mi refugio no dejaba que nadie entre. Una vez mi mamá entró a limpiar todo mi cuarto mientras yo no estaba, cuando volví y entré a mi cuarto, exploté; tuve un ataque de ira porque había movido todas mis cosas; mi mamá trataba de calmarme, pero no lo conseguía, no paraba de gritar y tratar de que todo estuviese de nuevo como yo lo había puesto. Por esa fecha tenía que someterme a una operación porque tenía las rodillas muy juntas, para evitar esa operación los médicos habían sugerido que bajara de peso, ya que el sobrepeso empeoraba mi condición de las rodillas, y ahí mi mama me empezó a presionar mucho para que adelgazara, pero al final me operaron de todos modos. Pasé un año con unas grampas grandes en mis rodillas, cuando me las quitaron aun insistían que debía perder peso y ahí fue donde dije “ya basta”. Empecé a desarrollar trastornos alimenticios, ya estaba en una depresión profunda, y debía soportar el peso del colegio, me molestaban mucho, y me sentía muy sola, no había nadie. Mi mamá todo el tiempo tenia depresión y mucho estrés, entonces ¿cómo le iba a explicar lo que sentía? Las palabras no salían de mi boca, como estaba en mi mente constantemente, me preguntaba por qué era así, por qué me afecta tanto lo que a los demás les es totalmente normal. En el año 2013 volví a cambiarme de colegio, y la verdad es que me dio un poco de alivio porque era un colegio inclusivo y ahí las personas eran más tolerantes, y antes de irme a ese colegio tuve la ayuda de una psicóloga que me ayudó un poco para relacionarme con los demás, pero me costaba un gran esfuerzo; en mi cabeza me había hecho unas reglas para socializar como si fuera las reglas de un juego pero terminaba agotándome, muchas veces debido a que siempre me lo guardaba todo y no expresaba lo que sentía, tenía que escuchar lo que me hablaban, y yo solo decía dentro de mí: “Quiero salir corriendo”. Necesitaba estar sola por la saturación social que siempre experimentaba. Recuerdo que al llegar a mi colegio, era como entrar a actuar siempre con una sonrisa falsa, lo único bueno que pasó por esa época, era que gracias a mi tío, había logrado contactarme con un investigador paranormal, y eso fue algo que realmente disfruté por ser un tema de gran interés para mí.

(Aquí haciendo una investigación paranormal en un cementerio clandestino).


Esa fecha empecé a desarrollar bulimia, lo que llevó a que me internaran y ahí me diagnosticaron trastorno esquizoide, pero nada cambió, mi mamá y yo íbamos de psiquiatra en psiquiatra, de psicólogo en psicólogo, obteniendo un montón de diagnósticos: Depresión, ansiedad, trastornos alimenticios, trastorno obsesivo compulsivo, fobia social, anorexia, incluso esquizofrenia porque mi mamá me había escuchado hablar sola en mi cuarto, pero era mi modo de refugiarme del exterior, creándome amigos imaginarios con los que hablaba y estar en un mundo paralelo que estaba en mi cabeza. Me cambiaban de medicamentos muy seguido, algunos me ponían muy agresiva y los tuve que dejar; cada vez mis rabietas eran más frecuentes, algunas tan fuertes que incluso saqué la puerta de mi ropero de una patada. Empecé a buscar en internet Trastorno Esquizoide, y me decía a mí misma que yo no era esquizoide; de casualidad bajé la página y al final decía Síndrome de Asperger, entré por curiosidad, y al principio dije no puede ser eso, describían a niños fascinados por la informática o la ciencia, pero cada vez iba investigando más y más y cuando  me puse a investigar el Asperger en mujeres, me sentí tan identificada que lloré en silencio, y decidí buscar un diagnóstico, pero me decían que no podía ser asperger porque tenía amigos,  que las personas asperger no pueden tener un trastorno alimenticio, que no tenía intereses en informática o dinosaurios, que las personas asperger eran como robots no hacían ningún gesto, su voz siempre era monótona y que solo me faltaban habilidades sociales y superar mi timidez, Y lo deje ahí.


(Con mi perrita Channel).


La gota que colmó el vaso fue el año pasado cuando me dio una infección en el estómago, tuve que irme a mi casa y mi papá que es médico, me empezó a tocar y revisarme, me dio una medicina y yo tenía tanto pánico y miedo de engordar, debido a que  había desarrollado TOC, pensé que esa medicina me haría engordar y sumado a tanto estimulo debido a que me tocaran tantas veces, terminé explotando y me senté en un rincón llorando, balanceándome, golpeándome la cabeza y tirándome contra las paredes; mi mamá se desesperó y quería internarme ese instante, pero poco a poco me fui calmando y se decidió a buscar a un profesional que le pueda dar una respuesta , así fue donde el último psiquiatra, le pidió todos mis antecedentes, mi mamá describió todo, desde que era niña, y él mencionó 2 palabras: “Espectro Autista”, entonces me enviaron a una psicóloga experta en TEA, ahí me hicieron algunas pruebas y por fin lo confirmaron; después de tanto tiempo al fin había encontrado las respuestas a todo y sentí un gran alivio por dentro, dejé de fingir con los demás, quería ser yo misma, ya no me iba a forzar a hacer cosas que no soportaba. Cuando quería estar sola me iba, no es que no valoraba la amistad de quienes me acompañaban, simplemente ya no quería forzarme a nada, y poco a poco todas mis heridas empezaron a sanar, aunque a veces todavía soy un poco vulnerable, mi vida mejoró enormemente, y quiero que este escrito llegue a quienes puedan estar pasando algo similar a lo que yo pasé, y agradezco mucho a Pao Arqueros por difundir y educar respecto al Síndrome de Asperger, hace un gran trabajo, ya que ayudará a muchas personas que no son diagnosticados todavía, sé que hay personas que pasaron cosas mucho peores, pero no me gusta compararme cada quien vive su propia vida, a pesar de que casi todo el tiempo andaba con una sonrisa. Ser asperger es más como uno se siente, no lo que los demás ven.
Les dejo mi Facebook personal por si alguien que necesita de mi experiencia como joven con el Síndrome de Asperger, me quiere contactar:

sábado, 1 de octubre de 2016

¡Las indicaciones de buen modo por favor!





Siempre he sentido una especie de rebeldía cuando me dicen las cosas de malas maneras, más aún cuando es una imposición de algo que yo no quiero hacer o no le veo sentido de tener que hacer caso de algo que para mí no tiene mayor importancia…No, no tengo Trastorno Oposicionista Desafiante, pues siempre he sido sumamente respetuosa hacia las figuras de autoridad, ya sea parental, con los adultos, maestros y las leyes (nunca quebrantaría una, pues le temo a las consecuencias). Mi rebeldía va directamente contra las injusticias, ya sea cometida en mi contra o en la de otros. Quizás por eso soy una defensora de los animales y de los derechos humanos y aborrezco el maltrato contra quien sea. El asunto es que desde muy pequeña, cuando se me ha hablado con cariño y se me ha explicado de buenas maneras lo que debo hacer, he logrado interiorizar y entender el motivo del porqué debo realizar tal o cual cosa, y lo he hecho. El problema es cuando se me impone una situación, sin siquiera mediar una palabra amable por parte de quien se dirige a mí. Cuando niña, yo sólo acataba, pues el temor me dominaba, pero guardaba la impotencia de no poder expresarme ni refutar lo que encontraba injusto y sólo me conformaba con el mutismo, única forma que tenía para expresar mi descontento y frustración (y aún reacciono así cuando la otra persona no me deja hablar, privándome de la oportunidad de expresar mi opinión, después de varios intentos fallidos, o cuando pienso que será infructuoso o angustiante tratar de hacer entender mi descontento ¡Y vaya que he tenido problemas de entendimiento, llegando incluso a sentir mucha ansiedad con ciertas personas!), entonces no me queda otra opción que guardarme todo mi sentir, sumiéndome en una desesperación hasta el punto de no poder articular palabra alguna, es como si de forma involuntaria los músculos no repondieran y no puedo abrir mi boca y menos mover mi lengua para hablar.

Artista: Anita Valle Ocando.

Al transcurrir los años y con la llegada de la tan anhelada independencia, comenzó a aflorar en mí esa rebeldía de la cual hago mención, comenzando a expresar verbalmente mi descontento por cada situación que me estuviese afectando, y peor es mi reacción si la otra persona no trata de arreglar las cosas de una manera amable, porque en mi desesperación por hacerme entender digo las cosas de mala manera, alterándome aún más cuando no logro que hagan caso a mis palabras (es que la diplomacia no ha sido mi mejor aliada en los momentos de tensión, y esto sumado a mi poco filtro y desesperación, son un potente detonante, y para cuando me doy cuenta de que lo que dije no fue de la mejor forma, ya es demasiado tarde). Y demás está decir que lo mismo ha ocurrido con mis ex parejas cuando han sido injustos conmigo o no han querido (o no han podido) entenderme, y me han hecho sentir “fatal” por querer expresar lo que en su momento me está atormentando, y no han entendido que lo que yo quiero es tratar de entender lo que para mí no es obvio. Es increíble de cómo pasé de ser una niña “muy callada”, quien simplemente acataba todo, guardándose para sí los descontentos y las situaciones que le afligían, a ser una mujer contestaría, incapaz de guardar por mucho tiempo los descontentos, sobre todo con la persona, que pienso, está siendo injusta conmigo. Uno de los lugares en donde quedó de manifiesto mi descontento con ciertas personas, fue en mi lugar de trabajo, donde se cometían injusticias, y a la vez, exigían ciertas actividades que no me correspondían hacer y ni siquiera tenían la deferencia de pedir “por favor”, ni mucho menos agradecer. Obviamente con el tiempo pasé a ser la “conflictiva” en ese lugar por decir lo que pensaba y reclamar lo justo.

Artista: Anita Valle Ocando.

A nivel personal, también comencé a observar que cuando me decían las cosas de malos modos, mis reacciones no eran las mejores. Si alguien me hablaba con enojo, pues yo también lo hacía, si alguien me gritaba, pues yo también, pero si esa misma persona se arrepentía de sus malos modos y cambiaba el tono, inmediatamente yo bajaba la guardia y me predisponía a escuchar y hasta a hacer caso si me explicaban el por qué debía hacer lo que me estaban diciendo. Eso explica también por qué algunas personas me quieren mucho, pues como me han tratado bien y con cariño, yo les he respondido de igual forma, por lo tanto tienen una buena imagen mía, pues han conocido mi parte amable y cariñosa, no así quienes me han hecho daño de una u otra forma o me han tratado de manera injusta, ellos han conocido mi mal carácter y en algunas ocasiones mi rabia al no dirigirles nunca más la palabra. Esto no quiere decir que yo tenga doble personalidad ¡Para nada! Solo el tiempo y las experiencias me han enseñado a responder como me tratan, y quien no me trata bien no puede esperar una buena reacción mía.
Recuerdo que en una ocasión alguien me apuntó con el dedo y me dijo con enojo que me iría al infierno por no diezmar en la iglesia, mi reacción fue de enojo también, contestando que yo no creía en un Dios malvado que se enojaba porque yo no entregaba dinero a las personas de la iglesia, y que consideraba que el diezmo debía entregársele a personas de bajos recursos y no utilizarlo en asuntos de la iglesia. Luego de esa discusión, transcurrió mucho tiempo antes de volver a hablar con esa persona, sin antes pensar en no ir más a aquel lugar ni a ningún otro en donde se me imponga lo que debo o no debo hacer, más si es de mal modo o con amenazas.

Artista: Anita Valle Ocando.

Pero mi rebeldía va más allá, es contra toda imposición de la sociedad que obliga a que el ser humano deba comportarse de tal o cual manera, más aún cuando se creen dueños absolutos de la verdad y con el derecho de condenar a quien piensa y actúa diferente (de una manera muy cruel por cierto, porque las palabras también hieren dependiendo del sentido que se les de), tal como las personas machistas, principalmente las mujeres, quienes son las peores enemigas de sus congéneres, al condenar a la mujer que actúa libremente y no sigue convencionalismos sociales. Me rebelo completamente contra toda mujer machista, pues con sus pensamientos retrógrados van criando hijos machistas, faltos de respeto a la mujer que se declara libre y responsable de sus actos sin tener que pedir permiso por ello. Es difícil que alguien llegue a mí con imposiciones, más aún si no tienen sentido para mi lógica y peor si son de malos modos o con amenazas. Fueron muchos años de escuchar: “Eso no se dice”, “Eso no se hace”, “Una mujer no hace eso, no dice eso”, etc, etc. Pero…¿Por qué? Simplemente porque los demás lo dicen, sin haber una explicación lógica, sólo basadas en la imposición social y nada más. Hoy en día pienso que me rebelo a todo esto porque fueron muchos años tratando de adaptarme al resto de las personas (para ser aceptada, pues como no sabía que tenía un síndrome, estaba desesperada por ser incluida, aunque en el fondo de mi ser había una mujer que luchaba por salir y mostrar sus diferencias). Y me rebelo también a que me obliguen a lo que no quiero hacer, porque de eso tuve mucho, sólo que antes no tuve las posibilidades ni herramientas para defenderme (este es un tema muy privado, por eso no puedo detallar a qué me refiero).

Artista: Anita Valle Ocando.

Conversando con la madre de mis dos sobrinos aspies, me ha contado que ella ha notado que sus hijos reaccionan de mejor modo y hacen caso, cuando ella les pide de buena manera que realicen o dejen de hacer una acción determinada. Con sus pequeños aspies no funciona que le imponga lo que deben hacer, y menos si no se les explica el por qué tienen que hacer caso, por lo tanto, cada vez que ella quiere que sus hijos realicen algo, primero les da las razones, y en algunas ocasiones utiliza el refuerzo positivo, prometiendo algún “premio” cuando ellos tienen una buena conducta. Esto del refuerzo positivo, creo que todas las personas lo necesitan, y no me refiero a algo material, más que todo a las palabras, un: “¡Qué bien lo has hecho!” Puede cambiar el sentido del “porqué” y el “para qué”.
No sé si con todas las personas Asperger o con todo el mundo suceda lo mismo, pero por lo visto, para mí y mis sobrinos aspies, es necesario la explicación para entender las razones del por qué debemos hacer caso de alguna instrucción, y lo principal es que no sea una imposición, y ni hablar que sea expresada con un mal tono. Para el aspie, de por sí, es difícil entender el comportamiento de las personas, sobre todo de las que “van en masa” (¿será por eso que no tenemos predilección por seguir modas?), y si es difícil entender eso, más difícil aun es tener que aceptar hacer cosas que, según nuestra percepción de la misma, no es lo que queremos hacer y no le vemos el sentido tampoco, por lo tanto el “porque sí” es difícil que funcione con nosotros. Su hijo aspie necesitaba saber primero el “porqué” y el “para qué”, de manera clara y con un buen tono claro está, de otra manera puede encontrar en él una mala reacción. 

Las imágenes utilizadas en este escrito (exceptuando la primera) pertenecen a Anita Valle Ocando, una artista excepcional con el Síndrome de Asperger y pueden encontrar más de sus obras en esta página: https://www.facebook.com/LapizArte.AKVO?fref=ts

Esta es la biografía de la artista: