domingo, 22 de mayo de 2016

Las Estereotipias y la Autoagresión desde las experiencias de jóvenes y adultos Asperger.


Las estereotipias son movimientos organizados y repetitivos y para las personas Asperger son útiles porque ayudan a controlar la ansiedad, a controlar estímulos internos y externos, organizar el pensamiento, controlar la sobrecarga sensorial y son una fuente de autoestimulación agradable. Las personas con el Síndrome de Asperger las necesitamos, no hay que tratar de eliminarlas ni prohibirle a los niños y jóvenes que las hagan, a no ser que impliquen autoagresión.

A continuación le invito a leer las opiniones, desde las experiencias personales, de algunos jóvenes y adultos Asperger sobre este tema (no he puesto sus nombres para mantener su privacidad):

 Sobre las Estereotipias:


-De chica me chupaba la lengua y eso lamentablemente está mal visto. Aprendí a no hacerlo en público aunque disimulo estereotipas. Las hago pero controlo cuándo y cómo hacerlas.

-Cuando era niña casi siempre, mi familia me decía frases como: "Deja de moverte que pareces tontita", "Mírame a los ojos cuando te estoy hablando!" "Eres tan tonta para algunas cosas", "Deja de ser tan autista". Las razones creo que eran por el pensamiento normalista, de querer que yo parezca una persona de desarrollo típico.

-En mi caso cuando era niña no sabían de mi Asperger, y todo era burla o de paso me frenaban físicamente y me decían estupideces como "la mente controla al cuerpo" y de paso que hay una parte de mi familia que practica una religión en que los movimientos innecesarios son mal vistos porque acortan tus recursos de energía y por tanto la vida. Me sentía mal por no poder evitar hacer estereotipias, y por las burlas también, y me sentía peor cuando me frenaban físicamente, quería gritar, llorar, pero me reprimía y solo me daban algunos tic nerviosos, parece mentira pero esa simple acción produce un estrés de ese nivel.

-Yo la mayoría del tiempo estoy muy consciente de todo lo que hace mi cuerpo, es más, he llegado a pensar que quizás ese sea uno de mis problemas, no le doy mucho campo al subconsciente para que me ayude, y me desgasto demasiado en cosas que debería de hacer el subconsciente. Gasto demasiados recursos mentales en mantener mi cuerpo estable, es como si mi parte animal (subconsciente) trabajara mal y yo tuviera que hacer gran parte. Pensé que eso era normal en el Asperger, es algo agotador estar controlándote a toda hora para no hacer "tonterias".

-Evito hacerlos en público, pero tengo cierto tiempo durante el día en que los hago, para mí son importantes porque me relajan.

-Me toco mucho la cabeza, rascándose. Una época me mordía el interior de la boca y me balanceo en la silla del trabajo.

-Suelo balancearme mucho, es como si estuviera en una mecedora. Pero no siempre lo hago con la misma intensidad, a mayor ansiedad, mayor es la fuerza con la que me balanceo.
Fotografía: Rodrigo Corvalán.


-Si estoy emocionado aplaudo con las manos y/o doy pequeños brincos.

-Muevo las manos repetidamente.

-Como tengo flexibilidad en los dedos de las manos, juego mucho con ellos.

-Lo de los dedos lo hago todo el tiempo, pero además debe ser algo simétrico, o sea con ambas manos aunque no sea al unísono y la misma cantidad de veces con cada dedo.

-Yo no puedo estar en una cola o fila sin moverme o caminar, así sea unos pocos pasos. Nunca entendí como el resto de la gente puede estar tan quieta; en una oportunidad me la pasaba tocando mi cabello, parecía tonta, y aunque me costó, me obligué a dejarlo. Y aunque nunca antes lo hice, cuando falleció mi padre de un infarto hace un año, me vi de repente de rodillas balanceándome de adelante hacia atrás.

-Abro y cierro los dedos de las manos.

-Cuando me siento en absoluta confianza con alguien, me muevo o balanceo viendo al suelo. Esto último sólo me sucede cuando estoy de pie ante una persona que sabe que soy Asperger, pero de inmediato me doy cuenta de mi estereotipia y me controlo, así que creo que aún no lo han notado o no le han dado importancia como para preguntarme porqué me muevo así.  En momentos de mucha ansiedad, suelo mover mucho mis manos y mis pies como si estuviese demasiado nervioso, pero no son nervios, es mucha ansiedad.

-Acomodo los objetos en función de líneas físicas o imaginarias.

-Camino de un lado a otro, pero dando vueltas amplias.

-Hago círculos con las manos.

-Muevo los pies, como dibujando circulitos, y me refriego las manos.

-Cuando estoy parado, muevo la pierna. En la escuela me molestaban porque pasaba dándole palmadas a la mesa como tocando batería.

-Sobo mis manos, muevo muy rápido los dedos y los entrelazo muy fuerte, sobo mis ojos y presiono mi cara, aplaudo. Antes movía la nariz como un chango.
Fotografía: Rodrigo Corvalán.


 Sobre la Autoagresión:


-Yo no me autoagredo físicamente, pero cuando siento frustración, ando intranquilo, agitado y de mal humor.

-Muchas veces si mi estrés es lo suficientemente grande, me puedo golpear en la cabeza o golpear lo que tengo a mi lado. Pienso que esto pasa al no tener demasiado control de nuestras emociones, entonces estas se desbordan, produciendo algo que se llama "secuestro emocional".

-En mi infancia y adolescencia, por frustración me mordía o pellizcaba cuando estaba bajo estrés, crisis o descompensación. Después, al recibir el diagnóstico, disminuyeron hasta solo manifestarla en momentos de rabia apretando los dientes.

-Me golpeo la cabeza con las manos o me muerdo los labios, cuando siento frustración. Por ejemplo: Cuando un sistema informático no hace lo que debería de hacer en una situación de importancia, o cuando hay un imprevisto que me arruina alguna actividad; claro, lo hago estando yo solo, si hay alguien más puedo controlarme.

-Hace más de 5 años aproximadamente tuve varias experiencias de autolesión, eran constantes, golpeaba puertas, teclados, el case del computador y otras cosas, de tal manera que terminaba con el puño lesionado. Actualmente quedan algunas marcas, si tenía un mal día en el colegio llegaba a casa a golpear cosas. Me golpeaba la cabeza contra la pared al lado de mi cama cuando algún pensamiento, recuerdo o situación no me permitía estar tranquilo. Ahora, es diferente porque me controlo mucho, pero hay veces que no puedo y termino mordiendo mis labios, me jalo el pelo, o me golpeo la cabeza con la mano.

-Yo también tuve una etapa larga así, sobre todo en la niñez: Cabezazos, golpes, y me arañaba en la adolescencia. Ahora me va más la autolesión mental.
Fotografía: Rodrigo Corvalán.

-Yo hacía eso constantemente para no sentir dolor espiritual, era como que si, sintiendo el dolor físico, la depresión o rabia se calmaba.

-Cuando estoy muy ansioso me muerdo las mejillas por dentro y de los dedos me quito la piel de las orillas hasta sangrarlos.

-Cuando la ansiedad se sale de control y se empieza a volver ataque de pánico, sí.

-De forma inicial nunca me he autoagredido a causa de la frustración, aun teniendo Asperger y TDA, Impulsivo-Hiperactivo, lo cual, entre muchas cosas, se traduce en altos niveles de intolerancia a la frustración, pero, dependiendo de la causa de la frustración, si he llegado a agredir verbalmente y psicológicamente a quien sea la causa de la frustración, o en su defecto puedo llegar a tener estados depresivos que van de un día hasta meses, lo más que me han durado ha sido 3 meses.

-Si comerse las uñas (y parte de la piel que las recubre) se considera una autoagresión, entonces me autoagredo.

-Cada vez que me autoagredí fue por no agredir a la persona que me estaba dañando. En una época me pegaba puñetazos a la pared o placard, creo que es la salida más leve, otras veces me pegue la cabeza contra la pared o puñetazos en mi cabeza, luego deje de hacerlo. Empecé a tirar y romper cosas, todo esto me sucedía antes de saber que era Asperger. Ahora puedo manejar el sufrimiento, la rabia y la frustración, que me provoca esa misma persona, sólo llorando hasta que se me pasa. No voy a auto flagelarme otra vez porque ya sé que la frustración que siento no es mi culpa, ahora sé que yo no estoy loca, solo soy sensible y diferente. Y no, no me auto agredí nunca en situaciones de frustración normales, pero sí al recibir muchos minutos de tortura psicológica.

-No he llegado a ello, más me quedo paralizado, pensando que soy de lo peor; cuestionándome de por qué existo.
Fotografía: Rodrigo Corvalán.

-Yo suelo estar muy deprimido por razones hormonales, pero ya hace años que no me autolesciono, antes solía golpearme la cabeza en el armario, o rompía bloques con mis manos, ahora me llevo mejor con mis problemas, aunque es desesperante, incluso puedo estar tranquilo cuando estoy deprimido, hasta cierto modo incluso feliz. Algo que me ayuda es recordar que es solo una visión distorsionada, también otros ejercicios de respiración y concentración, la música también ha sido una fuente de escape.

-La autoagresión también puede ser psicológica.

-Hubo un tiempo donde me golpeaba mi rodilla de la frustración que sentía.

-Cuando era niño, me golpeaba la cabeza contra la pared o le daba un puñetazo (a la pared). Lo de dar puñetazos, siguió hasta la adultez. El año pasado me produje un esguince y una tendinitis en la mano por esta actividad, no obstante, desde entonces, no he vuelto a autoagredirme.

-Cuando me frustro me auto agredo, pero no tan fuerte.

-Bueno en mi caso nunca me he agredido, ya que nunca me ha gustado la violencia de ningún tipo y siempre me he considerado una persona extremadamente tranquila.

-En mi caso, soy tranquilo también, pero cuando no puedo controlar algo, o sucede un imprevisto muy significativo (desde una visita sorpresa hasta el fallo de un sistema informático) me golpeo la cabeza con las manos. No puedo evitarlo. Sé que es intolerancia a la frustración. No he hecho muchos avances en canalizar tal respuesta. Claro, esto lo hago estando solo, si estoy con alguien puedo manejarlo mejor.

-Sí, de niño y adolescente, cuando la ansiedad ya era mucha solía rascarme con fuerza los brazos y/o las piernas, por eso los tengo llenos de cicatrices, o golpeaba las paredes o diversos objetos con la cabeza, al grado de sangrarme o hacer fuertes moretones. Y ya de adulto, varas veces sí me ha pasado por la cabeza dos que tres locuras que no he intentado, solo las planeo. A veces cuando la ansiedad y el stress es mucho, por la forma de cómo me rasco, me he llegado a sangrar dormido y muy rara vez despierto.
Fotografía: Rodrigo Corvalán.


-No con la intención. Pero en mi ansiedad a veces me muerdo las manos o me golpeo las piernas.

-Yo lo que hago cuando estoy muy ofuscado es golpearme la cabeza con las manos…pero solo en caso de enojo.

-Yo aún lo hago cuando me siento muy ansiosa, lo hago para concentrarme en el dolor que me causo y no en la angustia del momento. Sí quisiera dejar de hacerlo, pero siento que me ha servido para poder pasar con normalidad algunas situaciones sociales.

-Yo me rompía la piel de las manos y piernas cuando tenía mucha ansiedad.  Me rompía con tijeras. Mis piernas tienen muchas cicatrices

-Por la ansiedad hago como si quisiera separar el costado de mi uña del dedo índice usando la uña de mi pulgar (no sé si se entiende) es doloroso pero no sé porque me tranquiliza en esos momentos.

-El dolor físico alivia la ansiedad o la disfraza, así me pasa a mí. El dolor físico es tan fuerte que las señales nerviosas hacen que el dolor emocional pase a segundo plano.

-Alguna vez me he golpeado sin hacerme ningún daño, como liberación. Pero no soporto el dolor físico, porque soy hipersensible táctilmente. De cría me mordía los dedos de las manos cuando me sentía con ansiedad. Afortunadamente lo superé.

-Si quieres lograrlo, ya diste el primer paso y es reconocerlo abiertamente, lo que sigue es buscar más formas de sacar lo que llevas dentro, una acción que sirva para sacar toda esa tensión y que no te lastime, canalizar a otra cosa, por ejemplo si es un problema arreglarlo, si no se puede arreglar y tienes que convivir con eso, busca una actividad que te ayude a expresar, y por último si es autoestima busca cosas que te gusten o hasta puedes reemplazarlo por una estereotipia motora cosa que es una ventaja siendo aspie.

Las imágenes utilizadas en este escrito pertenecen a Rodrigo Corvalán, un excelente fotógrafo con el Síndrome de Asperger. Pueden encontrar más de sus fotografías en la siguiente página:

Vídeo sobre las Estereotipias Motoras:

domingo, 15 de mayo de 2016

Las Estereotipias en los adultos Asperger.


Las estereotipias motoras son movimientos o voces ritualizadas de forma involuntaria (algunas veces voluntariamente), que se repiten constantemente y sirven para lidiar con el alto grado de estrés, ansiedad o angustia que produce una determinada situación. También sirven para controlar la sobrecarga sensorial y en algunas personas las ayuda a organizar sus pensamientos. En otras ocasiones, se manifiestan en respuesta de una emoción positiva y de extremo agrado.
¿Yo tengo estereotipias? Tengo tres que siempre he manifestado en público y dos que siempre he mantenido en “secreto”. Comencemos por las que no controlo públicamente y nunca me he avergonzado de manifestarlas, porque antes de ser diagnosticada, ni siquiera sabía que los movimientos que yo hago tenían un nombre y una razón para ejecutarlos. Me angustia tener que esperar mi turno cuando estoy haciendo algún trámite obligatorio, por lo que, al rato, comienzo a balancearme de izquierda a derecha, cargando el peso de mi cuerpo sobre un lado y otro (estando de pie en un mismo lugar). Si estoy sentada y algo me altera, me angustia o me aburre, comienzo de inmediato a mover mi pierna izquierda de manera acelerada. Cuando no tenía idea de que yo tenía el Síndrome de Asperger, me daba cuenta de que cada vez que algo me producía alegría, yo de inmediato agitaba mi cuerpo y aplaudía aceleradamente (aún lo hago), a veces acompañando esta acción con pequeños brinquitos. Es una estereotipia totalmente espontánea, que tengo conciencia de que realizo en el momento de ejecutarla, pero no es planificada. También he tenido estereotipias que han "desaparecido" en el tiempo, tal como apoyar de un dedo a la vez en la palma de mi mano, comenzando por el meñique de la mano izquierda y terminando con el meñique de la mano derecha, para luego devolverme por el mismo hasta llegar al dedo con el cual comencé, realizando esta acción por largos ratos de una mano hacia la otra y viceversa. En cuanto a mis estereotipias que manifiesto en privado, una es el "clásico" balanceo de adelante hacia atrás cuando estoy sentada y otro tipo de balanceo, es cuando estoy acostada en posición fetal. Realizo estos movimientos cuando he estado atravesando altos grados de ansiedad en el día o durante días ¿Por qué mantengo oculto este tipo de balanceo? Pues por ignorancia. Me acostumbré a hacerlo cuando no sabía nada sobre el Síndrome de Asperger y pensaba, erróneamente, que podían pensar que estaba "loca" si me descubrían haciéndolo, pues estaba acostumbrada a ver en las películas personas balanceándose en el manicomio. Por favor no tomar este último comentario como ofensa, pues no es mi intención.
Artista: Cecilia García Villa.

Para saber si otros adultos con el síndrome, aún tenían estereotipias, al igual que yo, una vez más recurrí a una encuesta en mi grupo Asperger y les pregunté si seguían manteniendo sus estereotipias, cuáles eran, en qué momentos las realizaban, qué sentían cuándo las manifestaban y si lo hacían en público o privado. Sus nombres no han sido escritos para respetar su privacidad. Estas fueron las respuestas de algunos que participaron:

-Yo me balanceo de hacia adelante y hacia los lados, es la única que he podido controlar para hacerla en privado, la de agitar las piernas es prácticamente imposible de controlar y a veces cuando estoy de pie me balanceo de un lado al otro. La de agitar las piernas la hago exclusivamente sentada, y casi nunca me detengo, ni cuándo como o escribo o hago algo, no existe ninguna distracción que evite que la realice. La de balancearme la hago sentada, parada e incluso acostada antes de dormir, si no lo hago es probable que amanezca con mucho dolor en todo el cuerpo porque me pongo muy rígida. Mi esposo ya ni se molesta, e incluso dice que no puede dormir sin eso, coloca su pierna encima de la mía para que él se mueva con mis estereotipias jajaja. Cuando no sabía que eso se llamaba estereotipia yo lo llamaba mi "autoarruyo", como casi nunca me detengo, te puedo decir cómo me siento si no las hago, y se siente HORRIBLE, me pongo super rígida y a las horas siento dolores musculares por todas partes, especialmente en el torso. Sé que no está incluido en la pregunta pero la única razón por la que quise controlar el agitar las piernas, es que es un movimiento muy notorio y ya se han burlado de mi por eso e incluso cuando estaba en la escuela eso apoyó los señalamientos de anorexia que me hacían porque dicen que las anoréxicas hacen ejercicios pasivos mientras comen para aliviar la culpa de comer. Me hubiese gustado tener una respuesta entonces.

-La estereotipia de las manos era en público y privado; pero ya no son notorias. La del balanceo es privado. En crisis es público y siempre me tapo las orejas. Muevo las piernas cuando estoy sentada, pero como he visto a varios compañeros hacerlo, supongo que es algo común. No lo sé. No sé si cuente, la verdad. Cada vez que las realizo, me siento aliviada, como si se me quitara una presión o peso de encima, algo así. Para controlar cualquiera tengo un secreto: saco la lengua y presiono entre los dientes. A veces me funciona.

-Suelo agredirme cuando me dan una orden, hablo sola. Realizo las estereotipias cuando estoy en privado y a veces cuando me llama la atención mi mamá o mi hermanita. Siento que cuando lo hago es para hacerme expresar o decir algo.
Artista: Cecilia García Villa.

-Yo muevo las manos como si condujera un automóvil. Lo hago en privado y a veces en público, cuando me pongo nervioso o quiero hacer algo rápidamente.

-Yo pienso en voz alta. Hay veces que tengo suerte y lo hago en privado pero en general lo hago en público. Cuando la gente me pregunta: ¿Qué? porque los confundo y creen que yo les hablo, me pongo a reír de vergüenza y les digo: "Ignórame, yo tengo la costumbre de pensar en voz alta".

-Muevo rápido las dos manos, arriba y abajo chocando los dedos índices, es un aleteo. Esto lo realizo, sobre todo, cuando estoy contento. También me pongo a andar en círculos en mi cuarto o por la casa entera hablando solo, haciendo como un teatrillo, sé que nadie me escucha pero hago como ensayando un discurso, algo tan ridículo como explicando cómo funciona y para qué sirve el diferencial de un coche o que le voy a decir a mi psiquiatra cuando la vea. Esto lo realizo cuando estoy pensando en algo que me inquieta u obsesiona. Lo hago en solitario, sin que nadie me vea, tengo la capacidad de reprimir todas esas rarezas por eso nadie me ve hacerlas, sólo se las he comentado al psicólogo y al psiquiatra. Cuando me doy cuenta que alguien me va a ver haciendo eso, paro y disimulo jajaja.

-Las estereotipias que conservo de niña, son: Mover los dedos aunque ya de forma disimulada y hacer bolitas con papel. El asunto es que me mantenga los dedos en movimiento. Lo hago cuando me siento nerviosa, sobrecargada o estresada. Al hacerlo me siento más relajada, aunque si lo hago por mucho tiempo sobrepasa la obsesión y termino peor, sólo debe ser por instancias. Cuando estoy en público, lo hago, pero con las manos en el bolsillo, y cuando es en privado, es más expresivo si no me ven.
Artista: Cecilia García Villa.

-Tiendo a repetir la palabra “Bueno”, hago gestos repetitivos, y siempre me sale un gesto o una palabra por temporada. Esto lo hago la mayor parte del tiempo y me sirve un poco para liberar la tensión. Lo realizo en público.

-De chiquita sobre todo (o en privado, en momentos de tensión) chuparme la lengua. La estereotipias que suelo usar con más frecuencia, es un balanceo tipo péndulo que permite “disimularlo” como un movimiento por aburrimiento, aunque su principal función es relajarme. Cuando voy caminando por la calle, hago un tambaleo con los dedos chocando el pantalón. La otra es pasarme la uña del dedo índice bajo la nariz. En público lo disimulo haciéndolo con el meñique mientras apoyo el mentón en la palma de la mano. En los momentos que lo hago es cuando estoy aburrida, incómoda, ansiosa o tensa. Hace poco fui a averiguar por unos trámites y me dejaron mucho tiempo esperando. Todo era muy desestructurado, con mucho ruido; terminé balanceándome (el clásico balanceo) en la silla. Luego comencé a girar la silla giratoria de un lado a otro. Hay que aprender a proyectar las estereotipias para poder disimularlas en entrevistas laborales, etc. Pero hay que usarlas cada tanto, ya sea en privado, en confianzas o disimuladas. Las estereotipias en nosotros es una necesidad para calmarnos, ayuda a canalizar nuestra ansiedad. Un alumno de mi madre daba vueltas en círculos y aleteaba con las manos cuando estaba tenso.

-Cuando estoy con ansiedad, me balanceo. Estas estereotipias las hago sin darme cuenta: A veces cuando me concentro en hacer algo y/o aprendo se me mueve la pierna, como brincando. Cuando estoy ansioso suelo mover los dedos a la palma de la misma. Suelo tirar de la polera sin darme cuenta. Cuando estoy nervioso o presionado, el cuello se me flexiona fuerte o se me tira de lado. Suelo golpear los dedos en las manos. Esto me ocurre tanto en privado como en público.
Artista: Cecilia García Villa.

-Cuando estoy hablando con alguien y estoy ansioso suelo agarrar cosas con las manos y jugar con ellas o jugar con las mimas manos.  También, a veces, hago girar objetos y hago ruidos con ellos. Me rasco la nariz. Todo esto lo hago tanto en público como en privado.

-Me balanceo de lado. Muevo las manos. Agito un pie cuando estoy sentada. Cuando hay como un centellazo de ansiedad o estrés me muevo más. Cuando hago esos movimientos es como si liberara estrés o ansiedad, me relaja, me calmo. Antes era en privado, ahora en donde sea. No me importa que me llamen cosas desagradables.

-Lo que yo hago es tamborilear los dedos, doblar una de mis muñecas de la mano hacia adentro, hacer ritmos con las manos y los dedos usando alguna cosa como instrumento de percusión, a veces camino de forma muy extraña pero solo por breves momentos, cuando hablo por teléfono suelo balancearme de un lado a otro sin darme cuenta al principio. La mayoría de las veces tengo estos comportamientos cuando siento que estoy ansioso o nervioso por alguna cosa, o cuando mi ánimo es exultante o eufórico. Solo siento que son acciones casi involuntarias porque la mayoría de las veces no me doy cuenta de que las hago, hasta que percibo que las estoy haciendo y entonces puedo controlarlo y dejar de hacerlo. Las hago tanto en privado como en público, aunque en este último caso lo controlo más.

-Siempre que me siento preocupado suelo mecerme, muevo las manos, me rasco. Esto me produce alivio. No me doy cuenta cuando comienzo a hacer las estereotipias, solo lo noto cuando ya las estoy haciendo.
Artista: Cecilia García Villa.

-Estas son mis estereotipias: Cambiar el acomodo de las cosas en función de una retícula que estructuro en mi mente. Masajearme las palmas de las manos. Tamborilear los dedos, sobre todo cuando tengo las uñas largas, generado sonidos específicos. Mover las piernas en exceso. Rascarme las manos y/o las piernas. Si traigo puestas pulseras o anillos moverlos constantemente. Voltear a ver a todos lados. No hay momentos específicos para hacerlas, pero si suelen presentarse con mayor frecuencia cuando estoy aburrido, muy molesto, me comienzo a dispersar y/o impaciente. Al realizarlas siento tranquilidad, pero, a la vez es una forma de enfocarme en un tema o situación que me aburre o me resulta tediosa y lejos de mi interés. Antes de tener conciencia te tener TDA y Asperger trataba de no hacerlas en público, pero, desde que tengo conciencia de ello, la verdad, lo hago en público y en privado, vivo el Asperger y el TDA con cinismo y descaro.

-Desde niña me ha gustado jugar con un mechón de cabello, lo doblo entre el índice y el medio, e introduzco el dedo pulgar entre el cabello de modo que se meta cabello entre la uña y la piel y esa sensación es relajante. Recuerdo en el colegio ir detrás de mis amigas (las tenía) todas de cabello largo agarrándoles el cabello que lo tenían más fuerte que el mío y era mejor la sensación, ellas solo reían y me dejaban su cabello. Ahora llevo el cabello corto y lo que hago es tocarme las uñas, paso mi pulgar por todas mis uñas constantemente, y como ya no las limo ni me las arreglo se me forman como relieves los cuales recorro constantemente, y generalmente tengo las esquinas muy puntiagudas y ahí me toco todo el tiempo, a veces me provoca ansiedad y tengo que dejar de hacerlo, pero luego vuelvo una y otra vez. También me muerdo mucho la piel por dentro de la boca, alterno lo de las manos con la boca, pero eso lo he visto hacer también a varias personas NT.

-Cuando estoy ansioso o me siento mal físicamente (algún dolor), me balanceo (de niño abría y cerraba las manos, pero lo controlé en mi adolescencia, ya no lo hago). Al hacer esto siento alivio y relajación, y lo hago en privado, aunque si la ansiedad o el dolor es mucho, puedo hacerlo en público.
Artista: Cecilia García Villa.

Estos son los testimonios de algunos adultos Asperger y sus estereotipias, y como ya lo he dicho en otras ocasiones: Yo no tengo manera de saber lo que opinan todos los aspies adultos del mundo, pero sí diré que de la gran mayoría que he tenido la oportunidad de leer opinando sobre las estereotipias, todos están de acuerdo en que no hay que tratar de eliminarlas en los niños ni prohibirle que las hagan, a no ser que implique autoagresión. Las estereotipias son necesarias porque ayudan a canalizar nuestra ansiedad y también a relajarnos en algunas oportunidades. De hecho, algunos de los adultos que fuimos diagnosticados tardíamente, ya tenemos conciencia de ello y no hacemos nada por reprimir las estereotipias que todavía tenemos (Aún no conozco a un adulto Asperger que no tenga alguna estereotipia).

Las imágenes utilizadas en este escrito, pertenecen a Cecilia García Villa, una excelente artista con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página:
https://www.facebook.com/CGVArte?pnref=story


Aquí les dejo un vídeo en donde un joven Asperger habla sobre las estereotipias motoras:


viernes, 6 de mayo de 2016

El Principito Asperger



En su viaje por los planetas, nuestro Principito se encuentra a un asesino.
El siguiente planeta se llamaba Connecticut y estaba habitado por un psicópata homicida.
"Buenos días", dice el principito, "¿vives solo aquí?"
"Sí" dice el homicida, "los maté a todos" Y le mostró sus armas.
"¿Por qué?" pregunta el Principito. "Así no tendrás compañía. Yo también vivía solo, pero al menos tenía una rosa en mi planeta, y ahora la hecho de menos. Sabes, soy muy rutinario."
"Las rosas no te hacen nada", dijo el homicida, "pero los hombres pueden ser muy crueles. No me entendían, siempre me daban la espalda, eran groseros conmigo y me aislaban. En la escuela fui víctima de acoso. No sabía como defenderme, y la maestra no me ayudaba. Tampoco mi mamá me ayudaba. Un día, mi rabia explotó y los maté a todos. No eran mis amigos."
"Yo tampoco tengo amigos. Dicen que soy distinto, raro. Que vengo de otro planeta. Esto en el fondo, es verdad. Y a mí también me acosaban. Me gusta tener amigos, pero, no sé cómo hacerlos... Sabes, sufro  un poco la soledad."
"¿Te gustaría probar matando a alguno que te haya acosado en el colegio?" Pregunta el homicida. "Puedo prestarte una pistola, si quieres".
"No, gracias", responde el Principito. "Si son groseros conmigo, me duele, pero prefiero alejarme y estar solo". Y después de un silencio añade: "Me cuesta entender a la gente".
"¿Por qué?" Pregunta el homicida.
"Porque ellos no me entienden a mí", responde el Principito. "Me cuesta entablar relaciones con los demás. Imaginar que pueden pensar diferente a mí. A mí me parece cosa simple y natural mi modo de pensar, creo que todos deberían pensar como yo. Pero no es así."
"Sé de qué hablas", dice el homicida. "Por esa razón también los maté."
"Pero yo no quiero matar a nadie", replicó el Principito. "Yo, a lo sumo, puedo agarrar una rabia. Y cuando siento ira puedo ser muy molesto. A veces no consigo ni entender ni controlar mis emociones. Deben enseñarme cómo hacerlo, los demás dicen que las emociones son cosa fácil de entender, pero para mí no es así."
El Principito suspiró levemente y miró a lo alto, al cielo.
Y después de una breve vacilación, se decidió a preguntar: "¿Tú me podrías enseñar sobre las emociones?"
"No creo", dice el homicida, "preo te puedo enseñar a usar un arma. Si quieres entrenamiento para usarla, ¿sabes cómo usarlas? es cosa fácil."
"Yo", responde el principito, "si tuviese que escoger un arma, me gustaría tener el arco de Cupido, para hacer que alguna chica se enamorara de mí."



Y volvió a mirar al cielo,
"Pareces tan distinto a los que maté", dice el homicida. "Eres sincero, no me juzgas, no tienes prejuicios contra mí. Jamás nadie había sido así conmigo."
"Soy sincero porque digo siempre lo que pienso," responde el Principito, "me sale natural". Pero a veces la gente se ofende. A eso, lo llaman "falta de empatía". Dicen que no soy capaz de estar con los demás, que hiero con la verdad de mis palabras sinceras, y me dejan solo. No puedo entenderlo, en el fondo sólo soy sincero."
"Simplemente eres franco". Dice el homicida. "La gente es mucho más difícil de entender. Piensan una cosa y dicen otra. Y tal vez hasta hacen una tercera".
"Sabes", responde el Principito después de un breve silencio, "también mi rosa se escondía detrás de las palabras. Era tan tímida e indefensa. Debí haber entendido la ternura que había detrás de sus trucos. Pero no fui capaz."
"¿Y ahora eres capaz?" Pregunta el homicida.
"Si", responde el Principito, "conocí a un zorro que me enseñó". Se empeñó en domesticarme. Y lo hizo. De él aprendí tantas cosas. Tuvo mucha paciencia conmigo. Y me hizo mucho bien, me ha ayudado tanto."
"¿Y después le mataste?" Pregunta el homicida, pensando en el fondo se trataba de un simple zorro.
"Claro que no, nos queríamos. Él siempre me entendía. Me entendía con el corazón, no sólo con la lógica. Me explicó cómo hablar con los humanos y como poder interpretar las cosas extrañas que dicen."

Y pensó en el zorro, que había llorado por él. Pensó que tal vez, el zorro se había encariñado un poquito con él.
Y pensó que él era verdaderamente especial para ese zorro. que fue tan bello, tan bonito dejarse enseñar. De pronto sintió pena por la desesperada soledad del homicida. Pensó que el homicida también había sentido soledad, pero en vez de encontrar a un zorro, encontró armas.
Y después de un momento añadió: "Sabes, he conocido a un montón de gente verdaderamente extraña"
"Explícame" Dice el homicida.
"Me topé con un rey, con borrachos, faroleros, geógrafos, hombres de negocios. También con un psicólogo. Dijeron cosas extrañas de mí, que tengo un síndrome."
"¿En serio?", dice el homicida, "yo por eso los hubiera matado. ¿Tienes un síndrome? ¿Cuál?"
"El síndrome de asperger" Dice el Principito
"¿Y eso es algo malo?" Pregunta el homicida.
"Depende. Si te quieren y te apoyan es algo bello. te da un carácter muy puro, aún cuando puedes parecer para otros un poco excéntrico o extraño. Te da habilidades poco comunes. Como esa de viajar planeta tras planeta, o de hablar con la rosa. Pero si no eres comprendido es rudo. No consigues jamás hacer amigos. Te ven como un bicho raro."
"Yo creo que la diversidad es muy bella." Dice el homicida.
El principito se alegró. Se ruborizó. Miró al cielo. Respiró profundamente. Casi le parecía percibir el perfume de su rosa.
"¿Quieres ser mi amigo?" Dice el Principito.
"Qué lástima que llegaste tan tarde", dice el homicida. "Si te hubiese encontrado antes, tal vez no habría matado a nadie. Pero ya no puedo más, es demasiado tarde. De hecho es mejor que te vayas."
"¿Por qué?" dice el Principito. "Me hace bien hablar contigo".
"Porque terminaré matándote. Soy homicida, esa es mi naturaleza".
Tenía un aire extraño, un poco inquietante. El Principito se fue decepcionado.
La gente, definitivamente, es muy, muy extraña, se dice durante su viaje.

Artículo original:

Traductor: Manuel Cedeño
@soyaspi

Compartido por: Daniel Martínez con el permiso del traductor.

domingo, 1 de mayo de 2016

Experiencia de vida de Anita, una joven con el Síndrome de Asperger.

¿Quién se tomará tiempo a leer? Nadie. Pero quizá ese Nadie le interese saber cómo es mi vida como una Chica con Autismo de Asperger, aunque debo añadir que actualmente se ha eliminado la distinción Kanner – Asperger y se acepta el Trastorno del Espectro Autista (TEA), como un continum con diferentes niveles de “intensidad” (como lo digo yo… y yo no lo considero “Trastorno”, sino CONDICIÓN).
Antes de empezar quiero aclarar que voy a  guiarme de un texto muy interesante que mencionaré en los créditos para describir mi cotidianidad. Me servirá de guía, para no perderme detalles. También, que mi nombre es Ana Karina Valle Ocando, y soy de Ambato, Ecuador, pero que en el mundo virtual, que es en el que me siento más cómoda, mi pseudónimo es “Agnódice de Atenas” en honor a la brillante ginecóloga griega. Y así también me hago llamar, la mayor parte de las veces, en la vida real. 
Yo, de bebé

Mi diagnóstico formal fue a los 16 0 17 años. No recuerdo bien. Esta última se acompañó de mi evaluación de CI que es nada menos que 141. Poquito para lo que esperaba, porque hubiera preferido ser como Einstein. Me falló la parte de ejecución, en la que soy demasiado torpe y tristemente “pierdo el hilo”; mi memoria procedimental es tal como yo, complicada. Pero está bien, ese es un número que no me define, ni lo hará jamás. No soy una cantidad, soy un ser humano cuya totalidad supera la suma de mis partes. No me gusta ese estigma del CI. Olviden que lo dije, olvídenlo.

Tengo 28 y cumpliré 29 años en septiembre, pero no aparento más de 22. O al menos eso dicen. Y les creo, pues siento que mi cerebro se estancó en los 18 años y de ahí no pasa… Tendré arrugas, no tendré arrugas, pues no sé ni me importa. Sólo sé que todavía lucho con el acné y, a pesar de todo, tampoco es algo que me quite el sueño. No me maquillo porque ¡esas cosas son del demonio! No, no es cierto, no son del demonio, pero no me maquillo o, mejor dicho, si lo he hecho ha sido solo en ocasiones especiales, que contadas con los dedos son apenas 6 (desde ayer, 7) -desde que entré en la adolescencia-. Es que detesto tener la cara embadurnada, la siento como con una pasta viscosa, o una capa de cemento. Ni se diga de ponerme rímel, que tengo las pestañas muy largas y las siento pesadas y extrañas. Apenas puedo abrir los ojos y pasan enrojecidos todo el tiempo… Es una odisea, en serio. Tengo mi propio estilo, pero siempre es con ropa de la sección de adolescentes. Sí, estoy muy vieja, pero es la única que me gusta y me alcanza. ¡oh!… Y no sé cómo describir mi comportamiento en relación eso, pero creo que es bastante particular,  me siento igual que mis compañeros de universidad que tienen entre 8 y 10 años menos. Es más, muchos de ellos me tratan de “mija”, y me siento mucho menor…¿WTF?



Mis pestañas

Si quisiera catalogar mi aspecto, andrógina es la palabra que mejor me describe. Y eso me recuerda a una anécdota muy chistosa: recuerdo que el psicólogo que me confirmó el diagnóstico de Asperger se obsesionó con  hacerme “recuperar mi femineidad”, sólo porque me gustaba pasar con el uniforme de colegio todo el día, o en pijama en mi casa, o simplemente porque me vestía cómodamente, como siempre lo he hecho. Y una vez que fui pintada los labios a la consulta ¡casi se infarta de la emoción! ¡Qué absurdo me pareció!, cuando este profesional debía centrarse en otros aspectos que yo realmente necesitaba apoyo. En fin, a veces la gente intenta parametrar a los demás en base a sus propias carencias, digo yo.
Yo, toda “darks”

Tengo el cabello largo, muy largo… pero no me peino. Es un martirio eso, en serio. Generalmente me lo trenzo y ya, asunto resuelto. Si caen pelos en mi frente, caerán… ni modo…  Me da tremenda vaguería. A veces me sugieren ir a cepillármelo o planchármelo en peluquerías, pero la verdad es que odio hacerlo. De hecho, odio las peluquerías, son tan estresantes. Son horribles. No les encuentro sentido… Y las peluqueras no me agradan. Son tan… ¿sociables? He pensado cortarme el cabello para donarlo -espero hacerlo pronto, es una idea que no sale de mi cabeza-, pero me detiene un poco  el pensar que con el cabello corto no podría hacerme una trenza, y  tenerlo suelto me fastidiaría, no lo soportaría. Este largo es ideal para ignorarlo, caso contrario tendría que raparme…
Cuando tenía el cabello un poco más corto.

En cuanto a mi apariencia y mis hábitos, pues nada, que soy muy práctica en  ese proceso antropológico de ponerse trapos para cubrir la desnudez. Mi vestuario consta de unas seis camisetas; mis favoritas tienen capucha y son todas del mismo modelo pero de diferente color; dos pantalones de mezclilla un par de tallas más grandes, dos de la talla que es –que nos los elegí yo, por cierto– y 2 pares de zapatillas y dos pares de botas… mi esposo (sí, tengo esposo) me compra otras piezas que utilizo ocasionalmente, como pantalones tipo leggins, licras y demás. La verdad es que son agobiantes y me estrangulan las piernas. Siento que me asfixio, por eso no me los pongo. En general parece que no tuviera ropa. Es que adoro ponerme lo mismo todos los días, casi como un “uniforme personal”. Si por mi fuera, pasaría con mi camiseta azul (que es mi color favorito) y mi pantalón gigante por la vida, pero no se puede.  Me dicen que no se puede, porque la gente te juzga a partir de tu apariencia y si quiero ser “alguien  en la vida” tengo que dejar de ir contracorriente. Qué más da. A veces, sólo a veces y a futuro, me tocará aparentar (cuando me sienta preparada… a corto plazo no será), pero poco, porque no perderé mi esencia por el que dirán…
En cuanto a  personalidad, la mía es bastante fuera de lo común, y a veces se refleja en mi apariencia. Soy extravagante, excéntrica, hasta bizarra, pero he aprendido a disimularlo bastante bien. Creo.  Me camuflo en sociedad lo mejor posible, porque me gusta mantener perfil bajo. Y sí, tiendo a huir sin avisar de aquellas situaciones que me generan ansiedad o algún tipo de malestar.

Sé que soy expresiva gestualmente hablando. Sí, admito que dibujar me ha ayudado a entender los rictus y poder reproducirlos en el momento oportuno, gracias a una libreta de rostros dibujados  con diferentes expresiones que elaboré, que me ha servido de guía los últimos 10 años.  Al principio me resultaba difícil, pero ya no. Tampoco es que sea una experta, y dudo llegar a serlo, pero algo es algo, peor es nada. Sigo aprendiendo. ¡Qué más da! 
Autorretrato

Como mencioné, yo dibujo, dibujo muchísimo desde los 3 años (en esa época me dedicaba a hacer mujeres embarazadas, porque mi mamá estaba esperando a mis hermanas mellizas). Soy autodidacta en ese arte, y no quisiera por ningún motivo tener el rigor de la academia porque estoy segura que le perdería el gusto. Me fascina crear, pero crear a mi modo, con mi estilo. Adoro sobre todo hacer retratos, plasmar los rostros de las personas porque eso me permite reconocer sus expresiones, dotarles de simbolismo, de significados. Y creo que lo hago bastante bien, aunque quisiera ser excelente, memorable. No llego a ser “savant”, ya quisiera (daría todo por tener memoria eidética y no tener que “copiar” una foto),  pero me defiendo. Quizá me falta muchísimo, pero es algo que me llena, me tranquiliza, me hace feliz. No me importa si nadie me valora, me basta con sentir ese gozo, esa sensación de completud cuando tengo el carboncillo en mis manos y lo plasmo en un papel. Aunque admito que me enoja cuando me comparan con otros artistas, sean “mejores” o “peores” que yo, y peor cuando lo hacen por edades, ningunéandome frente a los más jóvenes… También pinto pero por falta de recursos y por una permanente procrastinación, no lo hago a menudo. Sí, en resumen el arte plástico es mi pasión… A propósito, un vistazo a mis dibujitos…



































































































Tengo más…. Y haré más…

Mis entretenimientos son básicos. Me gusta muchísimo la lectura, sobre todo de ciencia y ciencia ficción. Sagan, Asimov, Wilde y Lovecraft, en sus distintos géneros, son mis autores favoritos… Me fascina leer de todo, pero siempre que sean libros “convencionales”. El olor del papel es maravilloso.  Estas nuevas tecnologías le quitan lo sublime al asunto…
De películas,  detesto todas aquellas que no sean dibujos animados (y eso sólo las que me gustan a mí, como la tétrada de la Era del Hielo ¡son mis favoritas! Me sé los diálogos de casi todas… espero la Quinta Parte). Es que no soporto más de 1 hora viendo una pantalla (aunque no es lo mismo ni es igual, tengo el mismo problema con las clases largas y tediosas en la universidad, que me dan ganas de salir corriendo, pero he desarrollado una paciencia increíble que muchos se sorprenderían, aunque la procesión vaya por dentro). Cortito, sucinto, bien explicado, por eso me llevo bien con las series y documentales –estos últimos, científicos–.
Mi casa es mi refugio. No hay mejor lugar. Estar en la Universidad es un suplicio, y peor todavía en fiestas o eventos sociales. Si no tengo mi carpeta con mis dibujos y mis carboncillos en la mano entro en pánico. Es algo que me supera… Detesto las fiestas, ceremonias de cualquier índole, etc., toda situación en la que deba interaccionar con otras personas, sean conocidos o desconocidos. Si no fuera por mi esposo que es mi intérprete social, simplemente no podría resistir. Supongo que parte de mi desagrado es la imposibilidad de mantener el control al que estoy acostumbrada; soy muy rígida en ese sentido, tengo rutinas que debo cumplir sí o sí.

En lo social, qué diré. Es casi redundar en lo mismo, en todo lo que ya mencioné en el párrafo anterior. Nada bien, pero nada mal… Estoy construyéndome día a día, minuto a minuto, segundo a segundo; es un aprendizaje continuo y constante de “trucos” para social en las contadas ocasiones que me expongo al mundo, porque en general prefiero estar en mi zona de confort, que es mi casa, con mis tres únicos amigos: mi esposo y  mis hijas. Porque sí, estoy casada. Muchas personas no conciben la idea de que una persona en el Espectro Autista pueda tener una vida como la de todos, que pueda establecerse y avanzar hacia una meta; la gente tiende a pensar que tener una neurodivergencia o cualquier diferencia a la norma te condena al ostracismo, y no, no es así. No debe ser así. Seguimos siendo dueños de nuestros caminos, aunque en ocasiones muchos necesitemos ayuda para transitarlos. En ese sentido, tengo la ventura de contar con un buen hombre en mi vida, que ha sabido aceptar que su compañera de vida es “algo distinta”, y que a pesar de que no siempre entiende, hace el intento porque juntos avancemos. Y es lo que espero, en resumen, avanzar. Ojalá. 
Mi familia.

Las personas ajenas a mi entorno me consideran fría, ególatra, antipática, etc., eso cuando no me conocen… y también cuando lo hacen. No tengo amigas ni amigos ajenos a mi círculo familiar, y sinceramente tampoco tengo afán de conseguirlos. Me alejo de las personas, es inevitable hacerlo. Y aunque no converso mucho, por mi lenguaje rebuscado a menudo me etiquetan como “filática” en afán de ofenderme, pero para mí es casi un halago. Es más, considero que el adjetivo todavía me queda grande, y que debo ser más filática. ¡Je!
Soy bastante verbal (pero no oral), y me encanta escribir. Siempre he pensado que si hablara  como escribo sería una oradora, disertadora o política de fama mundial… pero luego recuerdo que no es así y se me pasa (¡uf, tenía que usar ese mainstream!) También me inclino por estudios antropológicos; me fascina explicar las conductas humanas basada en teorías de esta disciplina. En la Universidad estudio dos carreras, una es medicina que es lo que realmente amo y otra psicología industrial. Esta última no me gusta pero hay que darse los modos para avanzar. De idiomas, sé nivel intermedio de francés y portugués y básico de italiano y latín; tengo dificultades en la pronunciación, pero la gramática se me viene bien. Con el inglés no lo logro. Es decir, sé lo que aprendí en la escuela, pero me da una vaguería tremenda aprender más, a pesar de que estoy consciente de lo importante que es en este mundo globalizado. Estoy haciendo el esfuerzo de aprenderlo, ojalá resulte. ¡Ah, y quiero aprender alemán!

Nunca tuve problemas de aprendizaje “teórico”, por decirlo de algún modo, al contrario estuve en los cuadros de honor sin mucho esfuerzo mientras mis compañeras se mataban estudiando día y noche (discúlpenme si suena poco modesto, pero es lo que es), pero siempre fallé estrepitosamente en manualidades, educación física, etc. Considerando a Gardner y su propuesta de múltiples inteligencias, en mi caso particular  la kinestésica estuvo y está subdesarrollada. Recuerdo que en baloncesto ni siquiera pude entender eso de los pases y ni sé qué cuantito más. Todavía recuerdo mi lucha para coordinar cabeza, ojos, manos, pie, trasero… etc.  Fatal. Y odiaba las dinámicas y sociodramas como no tienen idea. Las odiaba un poco más que a las voces muy agudas  que se dedican a disparar palabras como metralletas en las conversaciones.  Se me viene a la cabeza ese odioso juego del “rato y el ratón”, o del “florón”. Eran tan… ¿sociales?
Mejor Egresada al graduarme de Bachiller

Ya dije que tengo 28 años, y sigo estudiando pregrado. Sí, es vergonzoso. A mi edad la gente está siguiendo maestrías, o postulándose a un PhD… Es que esto de la educación ha sido mi odisea. Cursé ingeniería civil dos semestres y recibí honores; psicología clínica 5 semestres con beca por excelencia académica; medicina 6 semestres siendo la mejor estudiante de todas las generaciones. Deserté por un episodio doloroso en una guardia y estuve casi tres años  sin estudiar formalmente (porque me dediqué a estudiar ciencias en internet), y entré el ciclo pasado a  la carrera de Psicología Industrial y reingresé este ciclo a Medicina, en la que tomo materias de sexto, séptimo y décimo semestre a través de créditos. Como se ve, sigo luchando contra mis propios demonios llamados “universidad”. La pregunta es ¿por qué sucede esto? Aplicando la navaja de Okham diré, en tono de tonta solemne: porque me apasiono muchísimo pero prontamente pierdo el interés, aunque en el caso de medicina fueron otras causas y circunstancias, como describiré en el siguiente párrafo.

Espero no caer en el efecto Dunning-Kruger, pero sé que soy inteligente. Creo. No sé. No obstante, tengo tantas dificultades para comprender instrucciones verbales que aparento ser bastante tonta.  Mucha gente, incluidas las de mi entorno, creen que soy lenta…. Se menciona que debe ser por “dificultades de procesamiento sensorial y cognitivo” (Rudy Simone). Suena espantoso, pero no lo es tanto… es sólo que mi cerebro funciona distinto, nada más. Pero, tranquilidad, que he encontrado una forma de superar eso en lo posible: haciendo esquemas. Como me gusta el dibujo, me la paso haciendo diagramas de procesos para que me resulte más fácil. Así he podido poner inyecciones, colocar sondas, extraer sangre. No obstante, no me ha resultado al cien por ciento. Ese penoso que mencioné, que me costó dimitir de la carrera de medicina y abandonarla por dos años y medio, fue consecuencia de que nunca me “grabé procesos” y  siempre requerí mi libreta de diagramas o, mea culpa, por esa ineptitud que sentía, huía para no hacer daño (mi ética está sobre todas las cosas, sería incapaz de poner un dedo encima a alguien si no estoy plenamente convencida de que domino los procedimientos). Y una vez un médico me pilló, luego de decirme que le ponga la sonda a una paciente anciana. Me “tupí”, no supe que hacer. Él vio que saqué mi libreta y me gritó frente a compañeros, internos, otros galenos y pacientes ¡Tonta, inútil! Salí corriendo, llorando, pues me sentí humillada. Y en la puerta una residente me dijo: “creo que tienes algún tipo de retraso mental”. Además, como mi sistema de valores es típicamente aspie, muy ortodoxo y estricto, denuncié lo que consideré negativo en la carrera y lamentablemente yo perdí, porque los dueños de la cátedra son los profesores, y los “alumnos” (sí, sin luz) somos simples vasallos sin voz ni voto. Al día siguiente anulé la matrícula, y mis sueños de ser una investigadora en el ámbito médico y futura premio Nobel se destruyeron por completo…  
Práctica de Anatomía Patológica hace más de 5 años

Ahora regresé. Aprendí la lección: callada, sin cuestionar a los “dómines”, que no puedo atacar al sistema pútrido sin haber entrado primero, y desde adentro ¡destruirlo y volverlo a construir! No me está yendo mal hasta ahora pero ¿saben? al menos en eso de las prácticas, quisiera que las cosas fueran más fáciles; dominar, como lo hacían todos mis compañeros -incluso los que ni estudiaban-,  esos protocolos, porque “la práctica es más fácil, no es como la teoría” pero para mí NO es así, no es así. Es tan difícil, tan complicado. Es como si mi cerebro fuera impermeable a esa información…  Y nadie lo entiende, eso es lo más triste, pues la mayoría piensan que es falta de voluntad de mi parte, que con sólo “practicar y practicar” lo conseguiré. Pero nadie entiende que va más allá de mis buenos deseos, de mi predisposición. Y ahí es cuando digo ¿podré ser médica? ¡Ah!, y las libretas de esquemas tampoco me han servido… porque de hecho ya no me dejan utilizar…

Es más, todo lo práctico se me complica tanto, no sólo en el área médica. Por ejemplo, y saliéndome del tema, aprender a manejar automóviles. llevo meses intentando y no hay forma ni manera de que lo logre. De hecho, ya me olvidé cómo se enciende uno… ¡Bah!
Mi sueño de ser médica es todavía lejano

No sé de trabajos, así que no tengo mucho que decir… es una asignatura pendiente para mí, y me da miedo. Fui profesora de arte en una institución educativa hace una apenas unos meses, y al segundo día casi tuve una crisis.  Fue lo más “aterrador” que me pudo pasar…  Es una experiencia que no quiero repetir ¡Jamás! Hace poco estuve trabajando en una farmacia… no pienso volver.

Ahora bien, profundizando un poco en lo emocional, reconozco que soy inmadura, “tal como las frutas”. He aceptado que esa frase tan ridícula típica de mi lindo país aplica a lo que me pasará: “pasaré de verde a podrido”. No hay cómo darse las vueltas. Soy un manojo de nervios en ciertas ocasiones, muy ansiosa, sí, aunque debo reconocer que las emociones me duran poco y en general soy bastante “aplanada”. Lo bueno es que, por esa razón, no soy rencorosa; la falla es que se abusan de mi nobleza. Y, quizás  como excepción a la regla, no soy maniaco-depresiva, ni bipolar, comorbilidades frecuentes ¿Seré criterio de exclusión? Qué se yo.
Un dibujo de lo que es para mí el corazón: un órgano

Tengo mucha sensibilidad, sobre todo al dolor físico. Tengo el umbral bajo, dicen. Sin embargo, algunas personas de mi entorno han considerado que “exagero”. Eso resulta frustrante. Comentaré que durante mis dos embarazos, sobre todo en los últimos meses, sentí mucho dolor, tanto que me hospitalizaron varias veces. La doctora que me atendía no me creía y me mandaba “placebos” que sólo causaban mi indignación. En mi última gestación, ella se atrevió a decir esperaba que cuando vuelva a embarazarme que alcanzara una edad mental de por lo menos 19 años, para que “sea más macha”. Nunca se detuvo a pensar que quizá lo que le decía era porque realmente sentía ese disconfort… Pero ya pasó, menos mal. Me ligué para evitar pasar por esa situación otra vez. Eso sí, aclaro que adoro ser mamá, es lo mejor que me ha pasado en la vida. Mis hijas son mi razón de ser, el motor que mueve mi vida y evita que me derrote por completo. Si a alguien debo dedicar mis triunfos –o mis intentos no fallidos– es a ellas; si estoy tratando de “ser alguien” (llámese tener un cartón, en este capitalismo comecabezas…) en la vida, es por ellas, para que se sientan orgullosas de su mamá, para que tengan un ejemplo a seguir…

Mi hija Ana Paula (nacida el 04/11/2005)


Mi hija Ana Kristina (nacida el 14/12/2010)


Mis bellas hijas.

Admito que he recibido poca medicación para tratar comorbilidades (puntualmente, la ansiedad). De hecho, tengo una animadversión profunda a los fármacos, a pesar de que estudio medicina y estoy familiarizada con ellos. Únicamente consumo un compuesto de clonixinato de lisina y tartrato de ergotamina cuando no logro soportar las migrañas clásicas y en racimo que, de vez en cuando, suelen presentárseme, porque realmente me “ponen en malas” por mi hiperalgesia. Y no me medico porque mi aparato gastrointestinal es un dilema. He pasado media vida con síndrome de colon irritable, reflujos, etc. Si utilizo algo más fuerte, es posible que todo eso empeore… y no es algo que podría soportar.  
En cuando a alimentación, tengo serios problemas con los sabores y texturas, lo que me hace muy selecta a la hora de comer y execrable para aquellos que gozan de los placeres gastronómicos.  Odios las cosas rasposas, viscosas, y muy condimentadas; detesto los jugos en el almuerzo, las colas azucaradas (sólo paso las endulzadas con edulcorantes no calóricos), las verduras con mayonesa, las papas fritas en general y sobre todo las “chorreadas” en particular, y la sopa de tomate. Me incomoda que mi comida no tenga buena apariencia, que no esté organizada por colores o estén todos mezclados, etc.
Admito que soy muy apasionada en debates (por internet, lo especifico…  como ya mencioné, si pudiera hablar tal como escribo –sin que me considere ducha en ese sentido, porque soy bastante mala en redacción como se habrán dado cuenta–, me dedicaría a la política o cualquier actividad que implique conmover y convencer a las masas) de temas de interés, principalmente los de connotaciones ideológicas. Cuando alguien me malinterpreta, me disgusta y decepciona. Sin embargo, entiendo que mi manera de expresarme por escrito es, a veces, por no decir siempre, compleja, y trato de calmarme, porque detesto incurrir en falacias de razonamiento que sólo demuestran la carencia de argumentos para sostener una postura. A propósito, soy atea .
Usualmente suelo balancear la cabeza, sobre todo cuando estoy aburrida o me siento agobiada por algo o alguien. Es una esterotipia que aún no logro controlar, por mucho esfuerzo que hago, excepto cuando estoy concentrada dibujando. A veces resulta imperceptible, pero, en ocasiones,  dependiendo del nivel de estrés, puede ser muy evidente. Recientemente tuve una crisis de ansiedad en la Universidad y en una guardia en el hospital, y el balanceo se acompañó de un colapso de llanto copioso, por sobrecarga emocional (me colocaron tiempo para resolver un problema de lógica en el primer caso, en el segundo no soporte las luces y el ruido… simplemente no pude con eso, algo tan trivial que resulta vergonzoso), e involuntariamente me tapé las orejas. Es un gesto infantil, sin duda, pero supongo que así logro conservar mi zona de confort inalterable. No es algo que esté en mis manos, no tengo control. Simplemente se da. No obstante, tiendo a ser bastante alexitímica y aplanada emocionalmente hablando como ya mencioné. 
Y esa es mi vida aspie, que sigo escribiendo… esa soy yo. Síp .
Referencia: Aspiegirls de Rudy Simone.

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