sábado, 1 de abril de 2017

Experiencia de vida de Héctor Hache, un joven español con el Síndrome de Asperger.






¡Hola! tengo 24 años, a punto de cumplir 25, y vivo en España (no he puesto mi apellido real porque mi familia no está de acuerdo en que mi historia de vida la haga pública).

Desde bebé mis padres notaron que yo era diferente a los demás, ya que en algunos ámbitos iba más atrasado que otros niños, y en otros más adelantado. Así después de varios años de pruebas, y de médicos, fui diagnosticado con Síndrome de Asperger a los 6 años.
Desde que tengo uso de razón, tengo obsesión con los dinosaurios, de muy niño ya conocía nombre y especies de muchos dinosaurios, cosa que a mi madre le sentaba muy mal, porque decía que no era cosa de "niños normales".
Mi padre, desde el primer momento, aceptó mi diagnóstico y me aceptó a mí. Mi madre no, mi madre dijo: "¿Qué voy a hacer ahora con un hijo enfermo que nunca valdrá para nada?" Esa frase se metió en mi memoria y se repetía muchas veces.
Yo era el mediano de tres hermanos, mi hermana mayor siempre me cuidó y me comprendió, mi hermano pequeño no.
Comencé los estudios primarios sin ninguna dificultad, recibí durante mi infancia algún insulto y burla, pero nada que me afectara en grande medida.
Me afectaba más el trato recibido en casa por parte de mi madre, ya que a veces decía que yo no tenía nada, que todo era un error, y otras veces decía que era un enfermo, que siempre estaría a su cargo. A pesar de las continuas charlas de mi padre sobre el tema, ella no asumía que yo era diferente, ni quería adentrarse en el tema Asperger, simplemente no quería aceptarlo. Buscó la manera de que le dieran una pensión por tener a cargo un hijo con discapacidad, y a pesar de que no se la dieron y le dijeron que yo no era discapacitado, ella seguía obcecada, sin querer quitarse "la venda de los ojos", prefería victimizarse con la gente de confianza, sin importarle nada como yo me sentía, y con la gente desconocida, me obligaba a comportarme "como un niño normal", forzándome a dar besos, abrazos y ese tipo de cosas que yo me negaba a hacer, o las hacía en estados ansiosos, para luego pegarme por no obedecerla; aparte de que se avergonzaba de decir a los desconocidos que tenía un hijo con autismo, por lo que fui juzgado y criticado desde pequeño, como un niño malcriado, maleducado y consentido. Mi padre trabajaba, y no sabía que yo estaba siendo presionado para aparentar ser uno más, pero si mi padre estaba presente en algún acontecimiento como los anteriores relatados, no dudaba en defenderme, y explicar el motivo por el que yo era así.


Mi primer dinosaurio de juguete.


No tuve amigos en mi infancia, en el colegio siempre jugaba solo, y en casa era mi hermana quien jugaba conmigo, mientras mi hermano me humillaba, mordía y pellizcaba, abusos a los que yo me dejaba, ya que carecía de la fortaleza para decir "ya basta".
Y así pasé mi niñez, obligado a aparentar ser un niño normal, obligado a "comportarme", a estar siempre callado, y a acudir a eventos sociales llenos de gritos, bullicios y ruidos que me estresaban hasta el punto de tener que llegar a casa, y autolesionarme para calmar mi ansiedad.
Con 12 años, pasé a secundaria. Hasta ese momento, yo pensaba que mi vida era un infierno, pero eso era porque no sabía todo lo que estaba por llegar. Pasé 4 años de abusos físicos y psicológicos, todos los días, en el recreo venían y me insultaban, me tiraban el bocadillo al suelo, me pegaban chicles en el pelo y en la ropa, me bajaban los pantalones y me sacaban fotografías, me tiraban basura, pero lo peor era a la salida, que me seguían hasta mi casa, insultándome, tirándome piedras, y en muchas ocasiones pegándome palizas, me tiraban al suelo y me daban patadas por todo mi cuerpo. Me dejaban moratones, pero yo en casa evitaba que me vieran sin ropa para que no supieran nada, no me atrevía a contarlo. Una vez me rompieron dos dedos de una mano, al pisármelos. En casa yo dije que fue jugando al balón.
En esa época tenía dos amigos, solo ellos sabían lo que yo estaba viviendo.
En casa, mi hermana y mi padre comenzaron a darse cuenta de que algo me ocurría, pero yo todo lo negaba. Cada vez la situación era más insostenible, un día, a la edad de 16 años, fui al instituto, ese día tenía que entregar un trabajo importante que me había llevado días el hacerlo, uno de mis abusadores decidió robármelo y romperlo. Ante la frustración de ver que mi profesor no me creyó, dije que me encontraba mal, y me fui para mi casa, donde no había nadie. Me hice a mí mismo unas autolesiones bastante graves, y por último decidí que quería acabar con todo, y me lancé por la ventana. Yo vivía en un chalet individual, por lo tanto ningún vecino, ni persona pudo haberme visto y haberme socorrido de inmediato.


Uno de mis múltiples libros sobre dinosaurios.


Mi padre llegó poco rato después, me vio tendido en el suelo, vino corriendo hacia mí y comprobó que aún seguía con vida. Me llevaron al hospital y de inmediato me operaron de urgencia, tenía un coágulo en el cerebro. Esa noche le dijeron a mis padres que seguramente me moriría, y de sobrevivir, quedaría con graves secuelas. A mi madre parecía que eso no le preocupaba, solo preguntó si en la operación para lo del coágulo podían hacerme algo para curar mi "enfermedad mental", los médicos perplejos, le respondieron que el Asperger no era una enfermedad y que no tenía cura, que cómo podía preguntar algo así. Estuve un tiempo en coma, desperté y aparentemente no tenía nada dañado. Necesité rehabilitación para poder hablar correctamente, caminar...etc. Estuve bastante tiempo ingresado y cuando ya me vieron con una notable mejoría, un equipo de psicólogos me preguntó que si tenía ganas de volver a intentar suicidarme, yo respondí que sí, que volvería a intentarlo cuando saliera, y no respondí más preguntas, ni expliqué los motivos que me habían llevado a ello.
Me ingresaron en la planta de psiquiatría, pero yo me negaba a hablar y a dar explicaciones. En determinado momento, mi madre me dijo: "Tienes que ponerte bien para volver al instituto". Al escuchar esas palabras, me dio un ataque de ansiedad muy grande, y así fue como mi padre se dio cuenta de lo que había detrás. Conseguí sincerarme con él y contar todo lo que yo había vivido. Mi padre se enfrentó a mi madre, y le dijo que yo no volvería al instituto. Él luchó por saber toda la verdad y buscó a mis amigos, quienes le dijeron todo lo que yo había sufrido y quienes eran los responsables, a los que mi padre no dudó en buscar y recriminar todo.
Algunos de mis abusadores, se arrepintieron al saber que alcance habían tenido sus abusos, otros no.
Me dieron el alta hospitalaria, pero iba a seguir en tratamiento psicológico. Me quedé en casa los primeros meses, recibiendo continuas charlas de mi padre, hermana, y un primo mío que es como un hermano para mí, y me dijo que no podía dejarme maltratar, que no podía bloquearme, que tenía que defenderme, y días después, de paseo con él, vi de lejos a dos chicos que solían agredirme, me puse nervioso y me quería ir, mi primo no me dejó regresar y me dijo que ya era hora de que me enfrentara, y en un descuido mío, se escondió dejándome solo para ver como reaccionaba, y si yo corría peligro, salir a ayudarme. Me insultaron, yo me quedé callado, pero al primer empujón que recibí, conseguí defenderme, empujarle, tirarle al suelo, y pegarle. Mi primo salió para pararme, porque me estaba pasando. Desde ese momento perdí el miedo a defenderme, fue como si de golpe, hubiera adquirido toda la valentía que me había faltado siempre. Con la ayuda de mi padre, hermana y primo, empecé a salir adelante. Mi madre me trataba con miedo y me sobreprotegía, quitándome libertad y autonomía.


Mi primer dibujo.


Meses después, aburrido en casa, decidí meterme a un curso de cocina para adultos (no me atrevía aún a socializar con gente joven), me saqué el curso, conseguí trabajo de cocinero, y todo marchaba bien hasta que llegó el golpe más duro de mi vida:
Mi hermana, la que era mi mejor amiga, confidente y consejera, tiene un accidente en el cual pierde la vida. Fue tan duro ese golpe, que me quedé en shock, no conseguía reaccionar, ni exteriorizar ese dolor. Mi madre me recrimina ser una mala persona y no tener sentimientos por no llorar. En el entierro, con toda la presión, estrés, desconcierto...etc. Sufro un ataque de risa nerviosa que no pude controlar, después vinieron los gritos y alaridos, pero no las lágrimas. Mi padre me sacó de allí hasta que conseguí calmarme. Mi madre en casa, me pegó muy duramente por haber liado "ese espectáculo" en el entierro de mi hermana, me dijo palabras muy duras, lo que hizo que mis padres tuviesen la discusión más fuerte en la historia de su matrimonio. La noche llegó, y en la soledad por fin pude sacar todo, lloré y lloré hasta quedarme sin lágrimas, hasta que mi compleja mente comprendió, al fin, que nunca más volvería a ver a mi hermana, que se había marchado para siempre.
Después de eso, la situación con mi madre, se hizo insoportable. Pagaba todo conmigo, me culpaba a mí de todo y no me dejaba salir, por miedo a que yo también perdiera la vida, o cometiera otra vez intento de suicidio. La situación comenzó a crearme un estado de ansiedad constante, yo me desahogaba con mi primo, él vivía en ese momento con varios amigos suyos y me ofreció marcharme con ellos. Y así lo hice, se lo dije a mi madre, me pegó e intento retenerme, llamó incluso a la policía, y le dijeron que yo era mayor de edad, y estaba en todo mi derecho de hacer lo que quisiera. Así al fin me marché con mi primo y sus amigos. Sus amigos eran y son personas maravillosas, que se convirtieron en mis amigos enseguida. Uno de ellos psicólogo y psiquiatra, me ayudó como nunca nadie lo hizo, ayudándome a salir adelante con lo de la muerte de mi hermana, a superar mi fobia social, y a luchar por mis sueños.


Señalización del Camino de Santiago.


Me examiné para terminar mis estudios, para poder acceder a la universidad. En ese periodo de tiempo, mis padres me dieron la noticia de que se separaban, noticia que me alegró, ya que mi padre no merecía ser infeliz con ese tipo de mujer, merecía alguien mejor.
Y así me matriculé en ciencias biológicas para especializarme en paleontología y antropología. Llegó mi primer día de clase en la universidad, fui con mucho miedo, temiendo a que se repitiera la historia, pero realmente me sentía valiente, yo había cambiado y ya no me dejaría maltratar por nadie. Los días siguieron y no tuve ningún problema con ningún compañero.
En la actualidad estoy en el tercer año de universidad, sigo viviendo con los amigos de mi primo, también mis amigos ahora (mi primo se marchó con su pareja e hijos), tengo una relación muy unida con mi padre, y con mi madre todo lo contrario. Conseguí demostrarle que soy una persona con sentimientos, autónoma e independiente, que soy capaz de todo y que se valerme por mi mismo. Me pidió perdón y yo lo acepté, aunque hay cosas que nunca podré olvidar. Nos llamamos y visitamos de vez en cuando, pero nada más, y con mi hermano la relación es nula. Solo nos decimos "Hola" y "Adiós" cuando nos vemos, porque no queda otro remedio. Tuve una relación de pareja que no funcionó porque no era ella mi prioridad, o así lo sentía ella, ya que yo dedicaba gran parte de mi tiempo a mis estudios.
También conocí el Camino de Santiago, me aficioné mucho a él y conseguí emprender mi viaje con un buen amigo.
En resumen, hoy puedo decir que soy un chico feliz, sin miedo a nada, que superé muchos obstáculos y barreras, ya no me dejo acobardar por nadie, adquirí el suficiente coraje y plantarle cara a quien sea, sigo estudiando y planeando mi próximo Camino de Santiago. Espero poder ser un buen paleontólogo y antropólogo en un futuro.


Les dejo el enlace de mi grupo en Facebook  sobre el Síndrome de Asperger:
Viviendo con síndrome de Asperger