miércoles, 22 de marzo de 2017

La Ansiedad como comorbilidad en el Síndrome de Asperger.








La ansiedad puede aparecer como comorbilidad del Síndrome de Asperger debido a nuestra constante dificultad para entender el mundo que nos rodea, el cual resulta muy impredecible para nosotros, y dado que tenemos algunas dificultades para adaptarnos a los cambios, sumando nuestros desórdenes sensoriales y lo difícil que resulta para nosotros comunicar lo que nos está sucediendo, nos puede llevar a constante estados de ansiedad que nos complican aún más nuestro desenvolvimiento social.

A continuación le invito a leer las experiencias personales de algunos jóvenes y adultos Asperger que sufren ansiedad y depresión (no he puesto sus nombres para mantener su privacidad):


 
-Solo quien lo experimente puede entender lo que es vivir con la ansiedad a flor de piel. Ansiedad cuando se espera un medio de transporte. Ansiedad cuando se está en una fila. Ansiedad cuando se está por cruzar una calle transitada. Ansiedad cuando un desconocido nos sostiene la mirada. Ansiedad cuando surge una situación inesperada. Ansiedad cuando el timbre del colectivo no funciona, y ya hay que bajarse. Y aunque uno quisiera evitarla, es imposible, porque no es uno quien se hunde en el agua, sino que el nivel del agua es el que sube. La ansiedad es estar constante, estando alerta, como tener encendida la alarma contra incendios, sin que haya fuego o siquiera humo. Ansiedad cuando pierdo el control sobre las cosas porque el mundo pasa de ser raro a ser hostil. Por eso anhelo estar dentro de mi casa con mis cosas, donde todo es tan predecible que, a la vista de otros, parezcan aburridas, pero para mi alma son mansedumbre y paz.

-Sí, eso nos pasa en mayor o menor medida a todos. Lo que tenemos que hacer es que” esa agua cuando suba”, también pueda bajar y evitar que nos salte la térmica. Aprender a vivir en sociedad es todo un desafío.

-Entre aprender a sobrevivir en la sociedad y, en ocasiones, fingir que nada pasa, es toda una experiencia.

-Y cuando la ansiedad pasa a ser más fuerte, que de repente te empieza a dar ataque de pánico, también es terrible.


Fotografía: Camilo Cuevas.


-Estos días he pasado por mucho estres, mucha ansiedad, no podía dormir y mi cabeza sentía que estallaba. Cuando me pongo muy ansioso me llego a golpear y a llorar hasta quedar dormido, pero es algo que me daña, no me gusta llegar a ese punto. La semana pasada volví a este punto y me sentí muy mal, una amiga aspi me dijo que podía tomar un té, lo he tomado esta semana, he podido dormir bien y me he sentido más tranquilo, mi ansiedad está un poco controlada.

-Yo toda la vida he tenido ansiedad, pero se agravó la intensidad y los picos de ansiedad después de 3 eventos en mi vida. Y cuando se junta con la depresión es lo peor de lo peor.

-La ansiedad me desgasta a tal punto, que los fines de semana puedo dormir de 14 a 16 horas seguidas. Mi record fue de 30 horas.

-La gente que me rodea no entiende este sentimiento tan feo u.u

-Algo que acompaña al Asperger, al menos en mi caso que también tengo TDA, son los altos niveles de ansiedad que suelen reflejarse y/o manifestarse en periodo o momentos de depresión. Al menos a mí me pasan muy seguido, llegando a pasar días encerrado evitando el contacto con otros seres humanos. Para reducir los niveles de ansiedad, y por ende los estados depresivos, la dieta y la meditación me han ayudado mucho.

-La eterna y maldita ansiedad que siento de tener que enfrentar el mundo, el día a día desde que abro mis ojos en la mañana .Compañera constante y que se hace notar con un permanente nudo en mi estómago que me oprime, me embarga entera y no me permite liberarme de él sometiéndome a cuadros de stress extremos, incertidumbres y miedos constantes a vivir. Me limita en extremo y no me permite desenvolverme bien y andar tranquila por la vida. Ese agobio me conduce a una depresión intermitente que me lleva a constantes caídas de estado anímico, y lo más raro es que cuando no he sentido esa sensación en mi estómago, como 5 o 6 veces en mi vida, también ando rara y me angustio porque no tengo ese nudo en mi estómago y pienso que algo peor me pasará. Es un 8, algo sin salida en el cual me doy vueltas.


Fotografía: Camilo Cuevas.


-A mí me sirve el ejercicio físico. Mejorar en algo sencillo y que implica descarga me hace sentir mejor. También algo artístico (toca sin que importe la técnica. Si uno busca descarga emocional, algo técnico. Si busca más bien algo físico y abstraerse, salir a correr hasta cansarse, sirve también. Si simula algo socialmente correcto como el jogging no trae muchas consecuencias negativas, y luego puedes continuar con vuestras actividades.

-Recomiendo estudiar con música, como la de Enya. A mí me ha servido para calmar la ansiedad.

-Lo mejor es salir un rato, aunque sea solo, a tomarte un cafecito, un helado, ve al cine. El asunto es no estar metido mucho tiempo cuando se está deprimido para no pensar cosas incorrectas

-Yo para controlar la ansiedad hago ejercicio físico, me voy a dormir (no sirve para controlar la ansiedad, pero cuando estoy dormido no recuerdo que tengo ansiedad XD). También sirve muchísimo salir a caminar a una espacio donde solo hay árboles, pájaros cantando, lejos del ruido de la civilización. Eso a mí me da profusa tranquilidad.

-Lo que me ayuda con la ansiedad hoy por hoy es estar en contacto con perros y dedicarme a mis hobbies.

-Desde que tengo uso de mi memoria, de pequeñita sentía un nudo constante en el estómago, una sensación muy fuerte de cosquilleo de presión( no sé cómo describirlo), acompañado de angustia de que algo va a pasar, y es constante, no se me pasa. Son contadas las veces (serán unas 10 veces en mis 40 años de vida) que no la he sentido…Y se siente taaaan bien!!! Un sentimiento de relajación, de libertad, de despreocupación, pero son contadas, es maravilloso cuando esa sensación no está. Pero casi nunca pasa. Vivo con esa sensación, es algo permanente en mí. Me gustaría que se fuera definitivamente de mí.

-Lo que me está "matando" en el último tiempo, es la ansiedad. Tengo épocas en que estoy bien al respecto y otras, en que "camino por las paredes".


Fotografía: Camilo Cuevas.


-No tengo problemas con vivir una condición diferente, mi único problema y lo que más detesto, es esta constante ansiedad. La detesto.  Es que siento que esa ansiedad a veces afecta mis decisiones.  A veces quisiera encontrar una forma de ordenar mis pensamientos, pero hasta ahora sigo siendo un caos. Lo peor es que me aíslo, porque cuando estoy muy ansiosa siento que puedo herir a alguien con mis palabras o actitudes.

-La ansiedad es complicada. Las mejores épocas donde pude dormir tranquilo y reparadoramente, fue cuando estuve trabajando en el campo 8 hrs diarias. Era tanto el trabajo y tan agotador que apenas me tiraba a la cama, caía muerto y al otro día amanecía fresquito. Evidentemente una combinación de desgaste físico y soledad (solamente hablaba con otro chico del campo) era buen remedio. Estar en movimiento es un muy buen desestresor. Es natural que muchos de nosotros estemos todo el tiempo ansiosos: Trabajo sedentario, poca actividad física, socialización forzada, no deseada, metidos en Internet leyendo cosas que hacen trabajar mucho la cabeza. Hay que intentar salir de ese bucle lo más que se pueda.

-Estoy pasando por un período de intensa ansiedad y por eso el insomnio. Mi vida personal está siendo afectada por esto, si sigo así deberé pedir ayuda y que me den algún medicamento, pero confío en que podré torcerle el brazo a esta situación pronto.

-Me siento muy afectado por cada situación que se da en mi vida, y mis niveles de ansiedad están super altos y siempre estoy con miedo y depresión.

-Aprende a llevar eso hacia tu propia vida, hacia tu propio emprendimiento. No estoy diciendo que no le des importancia a la ansiedad, solo que no dejes que ella determine tu vida, la que vive la vida eres tú, no la ansiedad, tú eres la que toma las decisiones, no la ansiedad. Ella solo te puede condicionar, pero tú la puedes vencer, solo con la experiencia que decidas asumir para vencerla. Y si en el fondo de tu corazón no está en asumir el reto que se te presenta, no hay nada para estar ansiosa, di no, te paras y te vas detrás de tus propios sueños. También esa sería una gran experiencia, y tal vez, hasta sea la mejor de todas las experiencias que puedas vivir para tu realización personal.

-Puedes usar técnicas relajantes como meditar, escuchar música en Ondas Delta (súper efectivo para relajar a personas con Asperger. Comprobado!), usar Aromaterapia, ponerte el pijama que más te guste, tomarte un té relajante como manzanilla.

Las imágenes utilizadas en este escrito (exceptuando la primera) pertenecen a Camilo Cuevas, un excelente fotógrafo con el síndrome de Asperger. Pueden encontrar más de sus fotografías en esta página:

Esta es la biografía del autor de las fotografías utilizadas en este escrito, un joven con el síndrome de Asperger:
http://viviendoconelsindromedeasperger.blogspot.cl/2015/09/experiencia-de-vida-de-camilo-un-joven.html

miércoles, 15 de marzo de 2017

La indeseable Ansiedad.





La ansiedad forma parte de la condición humana y sirve para afrontar situaciones de riesgo o peligro ¿Pero qué sucede cuándo esa ansiedad excede el normal y pasa a formar parte de nuestras vidas de una manera intensa y casi permanente? Una de las comorbilidades del Síndrome de Asperger es el Trastorno de Ansiedad, y esto lo sufrimos la gran mayoría de los adultos diagnosticados tardíamente. El hecho de tener que vivir gran parte de nuestra vida enfrentando situaciones, sin tener las herramientas adecuadas para su resolución, ignorando qué hacer y cómo reaccionar frente a determinados sucesos van “marcando” nuestras vidas, llenándonos de angustia cada vez que debemos emprender algo nuevo o conocido, pero qué sabemos que nos cuesta y por ende, nos provocará ansiedad. Si hay algo que recuerdo muy bien y sé reconocer perfectamente en mí, es la sensación de la ansiedad, la cual me ha acompañado casi toda mi vida: Nerviosismo, inquietud, agobio, irritabilidad, tensión muscular, taquicardia, opresión en el pecho, “nudo” en el estómago, dificultad para concentrarme y sentir una especie de “ceguera” que me impide ver solución a lo que me aqueja, sintiendo que el problema se maximiza aún más de lo que es. Esto provoca en mí un desasosiego enorme, desesperación hasta el punto de no poder respirar y que culmina en crisis de llanto incontrolable, queriendo “desaparecer” para no sentir lo que estoy experimentando, pues me siento una inútil en aquéllos momentos, y aunque quienes me conozcan me digan que yo soy inteligente y muy capaz, nada logra sacarme de ese estado, ni de lo que pienso de mí en esos instantes. Generalmente experimento mucha ansiedad cada vez que debo emprender alguna actividad desconocida por mí y que estoy obligada a realizar, y peor si sucede algún imprevisto. Son innumerables las ocasiones en que he experimentado esta sensación, pero mencionaré algunas vivencias para ejemplificar lo que se siente en aquellos momentos:


Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).



Las primeras veces que experimenté ansiedad, las recuerdo muy bien. Comenzó a los 9 años de edad, pero por ser motivos muy personales, no los nombraré aquí. Sólo diré que un gran desosiego, dolor de estómago y la sensación de que el corazón se me saldría del pecho, me acompañaban determinadas horas del día y desaparecían en ciertos momentos en que parecía que la tranquilidad retornaba a mi vida. La primera situación ajena a mi diario vivir y que me puso muy ansiosa, fue cuando tuve que disertar frente a mis compañeros de clases (tenía 13 años). Recuerdo que ese día estaba muy nerviosa, y nuevamente el dolor de estómago, la taquicardia y la falta de respiración me hizo pararme frente a la clase con una enorme inseguridad, sintiendo que mis piernas casi se doblaban porque no lograba controlar el temblor de mi cuerpo y de mi voz. No pude decir el texto que me correspondía, pues me puse a llorar frente a todos porque no lograba recordar nada de lo que había memorizado. Hasta el día de hoy se me dificulta hablar frente a las personas, más cuando son desconocidos. Sigo sufriendo las mismas sensaciones que me impiden hilar los pensamientos y hablar de manera clara y ordenada.
Cuando tuve que enfrentar mi práctica profesional, una vez más la ansiedad formó parte de mí, hasta el punto de no comer porque sentía mi estómago como si estuviese repleto, pero no de comida sino de una sensación que me es imposible de explicar, llegando a sentir nauseas, y en algunas ocasiones terminando en vómito. Llegaba al lugar en dónde tenía que hacer clases, con media hora de anticipación para tratar de calmarme al estar en el sitio que no quería, pero debía estar. Allí en completa soledad, comenzaba a llorar en silencio y luego trataba de respirar hondo, sintiendo como si me faltara el aire y aguantando las ganas de salir corriendo de ese lugar. Esa costumbre de estar media hora antes, lo hice hábito a lo largo de mi carrera profesional, cada vez que llegaba por primera vez a un lugar, cómo si así pudiese controlar más la situación, pues si hubiese llegado a la hora que me correspondía, habría empeorado mi estado nervioso, aumentando la ansiedad.


Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).



Recuerdo la primera vez que tuve que usar Word porque mi trabajo lo exigía y no tenía idea de cómo usarlo, para mí era como si todo estuviese escrito en “chino” y no sabía qué hacer. Primero intenté aprender sola, como en toda cosa nueva para mí, pero rápidamente comencé a sentir frustración porque necesitaba usarlo pronto para tener listas mis planificaciones y veía que transcurrían las horas y no avanzaba nada. Esto me comenzó a poner nerviosa, así que recurrí a la ayuda de otra persona que comenzó a explicarme como si yo supiese de lo que hablaba. Mi reacción fue estallar en llanto y gritar que no entendía, que estaba hablando muy rápido y yo no comprendía de esa manera, que ya no quería que me enseñara y me dejara sola. Afortunadamente esta persona tuvo mucha paciencia conmigo, en ésta y otras circunstancias en que yo pedí su ayuda, y accedió a enseñarme de buena manera. Con su infinita paciencia me dijo que me volvería a explicar, que no me desesperara, que estaría junto a mí hasta que yo aprendiera, fue así que poco a poco, entre sollozos, recobré la calma y fui en busca de mi cuaderno y le pedí que hablara lento y esperara que yo fuese anotando allí cada palabra suya, ordenándolas en un esquema para guiarme cuando me quedase sola (una buena manera de enseñar en clases a un alumno Asperger es con esquemas y todo escrito en la pizarra, donde él tenga una visión de lo que se le enseñará. La mayoría de las veces no entendemos las instrucciones verbales, por lo cual necesitamos ver la información). Finalmente pude aprender lo básico, pero no hubiese sido posible si esa persona hubiese perdido la paciencia conmigo y me hubiese presionado de mal modo a aprender. Me es imposible trabajar bajo presión externa, porque ya de por sí vivo presionándome y me autoexijo demasiado para que todo lo que emprendo resulte casi perfecto, sobre todo si es algo que quiero hacer.
Cuando cambié de trabajo hacia un lugar que quedaba lejos de mi casa, y el cual significó cambiar de trayecto y de infraestructura y modo de trabajo, nuevamente la ansiedad me invadió. Todos los días al volver del trabajo comenzaba a llorar, a gritar y a tirar las cosas para descargarme de toda la frustración que sentía durante mi horario de trabajo, porque fingía tranquilidad durante toda la mañana, pero lo único que quería, era escapar de allí y llegar luego a casa para desahogarme. No lograba entender el nuevo sistema de trabajo, y por más que me explicaban, no entendía, sintiendo que mis compañeras de trabajo me miraban extraño por mi manera de desesperarme y de reaccionar ante lo que yo no entendía (esa mirada la sé reconocer muy bien, pues siempre me han mirado así cuando manifiesto aflicción ante una determinada situación. Una mirada que no sé si definir como extrañeza, lástima, molestia, mofa o incredulidad). No sé qué pensaban en esos momentos de mí, pero la mirada de ellas y su silencio me hacían sentir peor. Sentía como si me viesen como una ridícula o inútil. Fueron cuatro larguísimos meses para mí, en dónde no encontraba consuelo ni solución a lo que estaba experimentando. Esto me llevó a una crisis de pánico, pues era tal el grado de ansiedad que no pude controlarlo de ninguna manera. Después de todo ese tiempo, me adapté a mi nuevo trabajo y a las nuevas personas que conocí allí y ya iba a trabajar contenta.


Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).



Todo este doloroso proceso de adaptación finalmente valió la pena, pues mis alumnos terminaron el año escolar de manera exitosa y logré revertir la situación de encontrarme a comienzo de año con un curso que no sabía casi nada de los contenidos que debía saber.
¿Cómo lograba ser una muy buena educadora atravesando crisis de ansiedad? Pues creo que debido a que soy muy perfeccionista y muy profesional a la hora de trabajar. Si no fuese así, no hubiese logrado ser tan buena maestra con todos los niños que trabajé durante 16 años.
Al siguiente año llegué a trabajar a otro Jardín de infantes, y nuevamente el cambio de lugar, de infraestructura y de personas trajo conmigo la ansiedad. Cada día, cuando se acercaba la hora de ir hacia mi trabajo, comenzaba a sentir que me faltaba la respiración, palpitaciones tan fuertes que parecía que el cerebro y el corazón se me iban a salir, malestar en mi estómago (incluso me enfermé del colon por el alto grado de estrés que sentí durante casi un mes en ese nuevo trabajo), lloraba todos los días, antes y después de la hora de trabajo. A penas salía del lugar, mis lágrimas comenzaban a brotar y sentía un gran “nudo” en la garganta y unas ganas de gritar para que esa sensación dolorosa se fuese de mí y así poder respirar. Eran cinco minutos que me tomaba regresar a casa caminando, pero que para mí parecían interminables, y una vez llegado a casa, corría por las escaleras que me llevaban a mi habitación, llorando desesperadamente entre gritos y luego procedía a pasearme en mi habitación, tal como un animal enjaulado, lo cual preocupaba enormemente a quienes viven conmigo y dejaban lo que estaban haciendo para subir a verme y tratar de calmarme; hasta que un día mi prima (madre de dos chicos Asperger) quien ya era testigo habitual de mis crisis por los cambios, me preguntó: ¿Te sentirás mejor si dejas de trabajar en aquél lugar? Entre llantos le respondí que sí. Ella me dijo: Entonces déjalo, no puedes seguir a este ritmo, pues te enfermarás más y tienes un hijo por el cual velar. Sabía que necesitaba trabajar, pero no estaba rindiendo como correspondía, pues no lograba adaptarme, aunque lo intentaba con todas mis fuerzas, a los cambios de este nuevo lugar de trabajo.

Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).


Me pedían cierto tipo de planificación y yo miraba y miraba los documentos que me prestaron para que me guiase y sólo podía ver un montón de letras y no entendía nada, recurrí a una muy buena amiga: Hilda, otra Educadora de Párvulos; y aunque ella tenía mucho trabajo, siempre tuvo la buena disposición de querer ayudarme, y aun así no logré entender lo que se me pedía en aquél trabajo. Intenté cumplir, pues yo soy muy responsable, pero la desesperación se apoderó de mí de tal manera, que dejé abruptamente mi trabajo, pues ya no resistía más. Inmediatamente la ansiedad desapareció. Esta fue la última vez que trabajé como Educadora de Párvulos, después de 16 años de trabajo intermitente (trabajaba 3 años y luego de grandes crisis, lo dejaba por 2 años). Lamentablemente no soy la única persona con el Síndrome que ha dejado su trabajo o los estudios a causa de la ansiedad que le producen las personas que le rodean y la presión que ejercen en nosotros. Una persona Asperger puede llegar a ser un buen alumno o un excelente trabajador, pues tenemos inteligencia y grandes capacidades, pero deben respetar nuestras características, y una de ellas es no exigirnos a actuar como los demás.
Cuando se acercaba el momento de publicar mi libro, fueron momentos de mucha ansiedad para mí, y aunque me agrada escribir, el proceso para llevar a cabo la publicación, fue muy angustiante. Por más que buscaba tutoriales en internet para llevar a cabo el proceso, no entendía nada, y si no hubiese sido por un amigo aspie de Colombia, Juan Fernando, quien me ayudó a entender cada paso que llevaría a la publicación de mi libro, no lo hubiese hecho, pues ya la ansiedad estaba haciéndome su “presa” una vez más y no me dejaba ver nada con claridad. Cuando ya creía que tenía todo superado, me doy cuenta de que la imagen de portada que me hizo una amiga no coincidía con las medidas que se me pedía allí, y nadie de mis conocidos lograba ayudarme en eso, nuevamente comenzó la desesperación hasta que un día ya no aguanté más y exploté en un llanto incontrolable y comencé a golpear mi colchón, gritando que ya no publicaría nada y no volvería a escribir nunca más. Fueron días en que nuevamente el “mundo se desmoronaba” para mí y quería dejarlo todo “botado” y nunca más intentar publicar el libro, pero tuve la dicha que Anita, una amiga aspie de Ecuador (la autora de estos dibujos), me acompañara en esos momentos. Ella con mucha paciencia y cariño, me hizo ver que aquél momento de pesar pasaría y me dijo que yo era una persona capaz y que debía seguir adelante (ella ha sido una de las personas que ha creído en mí y en mis capacidades y estoy muy agradecida por ello). También estuvieron presentes otras personas en aquellos momentos, pero ella fue quien estuvo atenta a mis crisis noche y día, dándome palabras de aliento y diciéndome que yo era buena en lo que estaba haciendo.

Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).


Fue Anita quién me ayudó, finalmente, con la portada del libro, facilitándome una foto que yo le pedí le sacara a su pequeña hija aspie. Poco a poco comencé a ver “la luz” nuevamente y, aunque la ansiedad no se fue del todo, logré con ayuda de ella y de Juan Fernando, la tan anhelada publicación de mi libro. Como dato anecdótico, me demoré 2 meses en escribir mi libro, y me hubiese demorado aún más si no hubiese dejado de revisarlo constantemente, porque cada vez que lo hacía, encontraba algo "malo" y volvía a cambiar el escrito, volviéndose casi una compulsión, cambiar todos los días algo que, según yo, no estaba bien.
Así como esos ejemplos que acabo de mencionar, en dónde la ansiedad se apoderaba de mí, hay otros más, pero para no explayarme demasiado, no los mencionaré. Y si algo me ha enseñado la vida, es que las únicas personas que entienden las crisis de otra, son las que la han vivido o han estudiado al respecto. El resto sólo se dedica a juzgar o a exigir que uno “supere” cualquier situación de crisis, aludiendo a que “todos tenemos problemas y no por eso reaccionamos así”. Cuando alguien dice eso, denota que no sabe nada con respecto al ser humano y sus diferencias, no todos tenemos la misma capacidad para enfrentar un desafío ni el mismo modo de reaccionar frente a la adversidad. Si bien es cierto que dicen que querer es poder, no siempre es de la misma manera en que los demás pueden, lo quiera uno o no; y si logramos sortear una dificultad, se debe entender que es a nuestro propio ritmo y no al ritmo que exija la sociedad. Yo logré publicar mi libro, pero luego de un gran sufrimiento y desesperación, sé que a otros les ha sido fácil, pero yo soy YO y no esos “otros”.

Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).


Luego de mi experiencia con la ansiedad, creo que podría decir que una buena manera de evitar que otros chicos aspies desarrollen este trastorno, es respetando su ritmo de aprendizaje desde pequeño, sin obligarlo a que logre dichos aprendizajes a la edad que se espera que cumplan todos los niños, pues tarde o temprano lo logrará, no hay que desesperarse. Sólo hay que propiciar las instancias para que él se interese por aprender, y cuando él sienta la confianza y el interés por hacerlo, lo hará (más adelante publicaré sobre este tema de los aprendizajes). La presión es un gran generador de ansiedad, y lejos de contribuir a un mejor desarrollo del niño, lo harán un ser inseguro, poco tolerante a la frustración y totalmente ansioso, y lo más probable es que cada vez que experimente crisis a causa de lo anteriormente mencionado, deje las cosas a medias, pero no por flojera ni falta de capacidades, simplemente para evitar la horrible sensación que se experimenta con la ansiedad. También es fundamental no someter al niño a situaciones imprevistas, es muy importante que se le anticipe todas las actividades que realizará durante el día, más si son desconocidas por él, para así evitar ponerlo ansioso y que evidencie ese malestar con llanto, gritos, golpeándose o tirándose al suelo. Nunca olvide que un chico aspie, necesita del apoyo, la comprensión y el respeto de sus características propias del Síndrome de Asperger, y no que lo presionen a actuar como los demás ni en el mismo tiempo en que los otros chicos logran sus aprendizajes.

Las imágenes utilizadas en este escrito (exceptuando la primera) pertenecen a Anita Valle Ocando, una artista excepcional con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página:

miércoles, 8 de marzo de 2017

La Depresión, mi compañera de vida.





Desde muy pequeña recuerdo haber estado sentada llorando en un rincón, sintiendo una aflicción inmensa en mi ser por sucesos muy tristes en mi infancia, pero las ganas de morir las comencé a sentir a los 12 años aproximadamente. No sentía apego por la vida y esa indiferencia ante la muerte la viví hasta los 33 años reapareciendo a los 40 años. Siempre me di cuenta de que algo sucedía conmigo, pero no lograba comprender que es lo que me hacía sentir “diferente” a los demás y poco a poco comencé a pensar que quizás estaba loca por mi manera de reaccionar frente a determinadas situaciones que las demás personas no experimentaban como yo. Eso sumado a las constantes críticas a mi “forma de ser” me “hundían” más en períodos depresivos, teniendo constantemente pensamientos suicidas, aunque sólo una vez, a los 17 años, concreté de manera drástica mis deseos tomando muchas pastillas, pero me llevaron de manera oportuna a la clínica y nada ocurrió. El resto del tiempo deseaba en secreto que alguna enfermedad terminal llegase a mi vida o que el autobús en que me trasladase se diese vuelta o que la anorexia temporal que tuve, desencadenara en mi muerte. En aquellos períodos depresivos no me importaba nada ni nadie, ni siquiera mi pequeño hijo al cual amo con todo mi ser. Quizás fui una egoísta en esos momentos, pero la depresión no se piensa, no se desea, sólo llega y se instala por determinados periodos, a veces muy largos, tomando el control de nuestras vidas, impidiendo razonar y ver lo "bueno" de la vida. Por eso detesto que la gente juzgue con liviandad a quienes hemos padecido de este trastorno, tratando muchas veces de cobardes y egoístas a quienes deciden poner fin a su vida, sin siquiera detenerse a pensar por un segundo lo que pudo haber estado viviendo esa persona para llegar a hacer algo tan drástico e irreversible, y que no es “que uno exagere o que no quiera salir de la depresión”, la depresión envuelve sin piedad a quien la padece.


Artista: Cecilia Garcia Villa.

Qué fácil es para quienes no han tenido depresión dar consejos como si fuese cuestión de fuerza de voluntad salir de estos períodos, ignorando que muchas veces sus palabras más que ayudar nos hunden aún más porque nos hacen sentir que somos incapaces de lograr lo que ellos denominan algo que se puede “superar” si “uno quiere” ¿Usted cree que la persona con depresión le gusta estar deprimida? ¿Usted cree que si se pudiera salir de ese estado tan "fácilmente", uno querría estar deprimido? ¿Usted cree que uno se despierta un día y piensa: "Hoy voy a estar deprimido porque quiero llamar la atención y dar lástima porque me 'encanta' estar sumida en esta situación"? No creo que ni una sola persona en el mundo que sufre de depresión quiera estar así. Así que, por favor, para la próxima vez que usted sepa que alguien está deprimido, primero piense antes de juzgar.
Con los años, entre depresión y depresión, comencé a analizar el hecho de que si yo moría, privaría a mi hijo de crecer con una madre, y yo sé lo que significa eso y lo que puede llegar a afectar y no quería eso para él. Además comencé a sentir miedo de enseñarle indirectamente a mi hijo que frente a las dificultades se debe acabar con la vida de uno porque es la "única" solución y no hay más probabilidades. Estos pensamientos no apartaron la depresión de mi vida, pero por lo menos si las ganas de morir, eso hasta que llegó mi diagnóstico como mujer con el Síndrome de Asperger. Quiero aclarar que saber que tengo el Síndrome fue, lejos, muy aliviador, pero la crisis existencial que vino después del diagnóstico, fue la que me hizo nuevamente querer morir (en este escrito explico el por qué: La Revelación).


Artista: Cecilia Garcia Villa.

También quisiera decirles que la depresión NO es una característica de nuestra condición, por lo tanto no es una regla general que todos los aspies hayan sufrido depresión, pero SÍ es una de las comorbilidades que puede presentar el Síndrome de Asperger, más aun si las personas han vivido casi toda una vida sin saber que tenían esta condición (por eso insisto una y otra vez en la importancia de los diagnósticos tempranos). La desesperación de no lograr "encajar" en este mundo y no saber las razones, y más aún si se vive bajo presión, por parte de quienes nos rodean, para actuar "normal", son una de las causantes de la aparición de esta comorbilidad. ¿Qué se siente cuando uno tiene depresión? Trataré de explicarlo desde mi propia experiencia: Se siente mucho más que una tristeza y desgano, es una angustia profunda que quita las ganas de todo, de comer, de hablar, de moverse, hasta respirar duele. Como no hay ganas de hacer nada, uno ya no quiere vivir, porque la vida le causa dolor, un dolor profundo y difícil de describir. Eso es estar deprimido, por eso detesto que algunas personas ocupen esa palabra con liviandad diciendo: “Me siento deprimida”, cuando lo único que les sucede es que no tienen ganas de hacer algo o sienten tristeza. La depresión no es eso, es MUCHO MÁS, es algo que se apodera de nuestros pensamientos, nuestro sentir, nuestro vivir, haciéndonos sentir como si fuésemos pequeños en un mundo que parece agrandarse y abalanzarse sobre nosotros, no dándonos chance para ver la vida con optimismo ni con fuerzas.


Artista: Cecilia Garcia Villa.

¿Qué debe hacer si usted conoce a alguien que sufre de depresión? Lo primero es NO obligarlo a que enfrente la vida como usted lo hace, no lo compare con usted ni con nadie que sea más “fuerte”. Escuche lo que tenga que decir sin cuestionarlo (aunque a usted le parezca que lo que le está contando “no es para tanto”). Dígale que a pesar de que usted no sabe lo que es estar deprimido, entiende su sentir, y que respeta sus deseos de estar solo, pero que no olvide que lo que está experimentando hoy, por muy “duro” que sea, habrá días en que se sentirá mejor y si atenta contra su vida, no podrá comprobar que lo que está viviendo en estos momentos, en otra ocasión puede tener solución. Dígale que si quiere llorar que llore, que si quiere gritar grite, pero que no solucione esta desesperación con la muerte porque usted le quiere y no podría soportar no verle más. Algo muy importante que hace tiempo tengo ganas de aclarar y es eso de que la gente piensa que un suicida en potencia “no avisa” cuando quiere matarse y que si quisiese matarse “simplemente lo haría”, pues es ABSOLUTAMENTE FALSO. Hay personas que en su desesperación plantean sus planes, pero NO por manipular, simplemente están pidiendo casi a gritos ayuda, comprensión, contención, alguna "señal" que les muestre por qué deberían quedarse en esta vida. Si bien es cierto, existen personas que por alguna otra razón manipulan con amenazas de muerte, hay otros que de verdad desean hacerlo, muchas veces ocupando ese tiempo, entre aviso y aviso, para darse el valor suficiente para llevar a cabo sus deseos de morir, porque NO ES FÁCIL para nadie quitarse la vida. Es por eso que después de muchos intentos, finalmente logran su objetivo, y luego vienen las lamentaciones de "por qué no le hice caso cuando me dijo que se iba a matar". Y los que por una u otra razón no nos llegamos a suicidar, no es que seamos más “fuertes”, ni tampoco motivo de comparación, pues aunque hayamos optamos por vivir, el “calvario” se lleva por dentro y nos sentimos muertos en vida, hasta que le encontramos el sentido de vivir.

Artista: Cecilia Garcia Villa.   

Hoy por hoy, yo ya no quiero morir ni deseo que alguna enfermedad “aparezca” y que me quite la vida, aunque sigo fumando (el cigarro apareció hace 12 años en mi peor crisis de angustia y depresión, cuando yo no le tenía ningún apego a la vida ,y jamás pensé que me costaría tanto dejarlo, y si lo menciono en este escrito NO es porque me sienta orgullosa ni quiera dar un MAL ejemplo, en cambio, mi experiencia les puede servir de referente para no fumar bajo ninguna circunstancia, pues se vuelve una terrible adicción, y cuesta bastante dejarlo). Bueno eso es otro punto y sí, una persona Asperger SÍ puede tener adicciones así como otras personas que no las tienen (leer este artículo: ¿Puede un adulto Asperger tener algún vicio?).
A pesar de todo, hoy al fin veo el sentido a mi vida y sé que puedo lograr mis propósitos porque tengo un Síndrome que me permite tener capacidades para hacer grandes cosas si me lo propongo con esfuerzo y fe. Mi hijo acaba de ingresar a la universidad y quiero estar viva para verlo titularse de Ingeniero Civil Industrial en Mecánica, quiero verlo formar su propia familia y quiero ver crecer a los hijos que él algún día tenga. Quiero ver el fruto de mi trabajo en la escritura y ser una reconocida novelista. Quiero disfrutar de lo hermoso que es el amanecer y también del anochecer. Quiero ser la portavoz de todos los diagnosticados tardíamente. Y PRINCIPALMENTE, quiero decirle a los aspies lo siguiente: A TI que aún no has logrado algún objetivo que te hayas planteado en la vida. A TI que sientes que "no vales nada", que eres "inútil" y un "estorbo", NO DESESPERES, NO PIENSES en que lo mejor que te puede suceder es morir, YO TAMBIÉN ME SENTÍ UN DÍA COMO TÚ y hoy estoy aquí, diciéndote que lo bello de la vida a veces tarda, y más de lo que uno quisiese, pero tarde o temprano llega, lo digo yo que muchas veces quise morir, y que hoy a mis 42 años, recién sé lo que quiero en mi vida y estoy luchando por ello. Y Aunque caiga en estados depresivos algunas veces por situaciones que me afectan, optando por estar sola y no hablar a nadie, quiero estar viva para dar mis testimonios y si con algunos de ellos logro ayudarte a TI que me estás leyendo, entonces me daré por satisfecha y sabré que al haber elegido la vida, te ayudé a ti a querer vivir.

Las imágenes utilizadas en este escrito (exceptuando la primera) pertenecen a Cecilia Garcia Villa, una excelente artista con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página:

miércoles, 1 de marzo de 2017

Experiencia de vida de Julio César, un joven con el Síndrome de Asperger


Lastimosamente quise hacer de esto un vídeo, no se pudo, no cuento con la tecnología para hacer esto en este preciso momento y quien sabe hasta cuándo. Así que me disculpo.
Me llamo Julio Cesar, soy de Barranquilla, tengo 32 años, confirmé que soy Asperger hace casi 2 años.
Imagínense ser un Asperger en mi ciudad, en medio de la cultura tan bulliciosa, tan folclórica, tan alegremente desbordada, su clima, su gente, su ambiente, en fin, dense una idea de ser una persona con mis condiciones entre toda esta explosión tropical del caribe.
Mi familia es barranquillera también, aunque somos de reciente inmigración, provenientes de diversas partes de Europa y cuyos antepasados, llegaron a dar a esta ciudad por pura y física casualidad, les gustó, se quedaron y bueno, hoy soy uno de sus descendientes, pero ese no es el tema de conversación.
Desde antes de nacer, ya llegaron los problemas, por así decirlo, por hacer la diferencia:
Mi madre era la rebelde de la familia por querer estudiar en la universidad, mis abuelos no querían que ella estudiara ni trabajara, no, ella tenía que quedarse en el hogar, conseguir marido y empezar a parir hijos enseguida, como toda familia tradicional tenía que ser.
Aun así, mi madre no aceptó esas reglas y se inscribió, de noche, para estudiar en la universidad, porque además, buscó empleo y lo consiguió rápidamente.
En medio de sus estudios, excelentes calificaciones y buenas recomendaciones laborales, mi madre empezó a hacer viajes para complementar sus estudios y mejorar su currículo vitae.
Fue durante uno de esos viajes, donde ella, sufrió los dolores de parto y terminé naciendo en una ciudad que nadie esperaba, sola, lejos de cualquier ser querido en esos momentos, no lo esperaba, así que no estaba preparada para recibirme, nací sin ropa y me improvisaron algunas prendas para poderme proteger del clima frío de la capital colombiana, alguna de esas ropas no eran para niño, así que, si, por la improvisación llegué a usar ropa de niña.
Mi progenitor masculino, solo quería estar con mi madre solamente para disfrutar del sexo, no quería responsabilidades, de hecho, hizo abortar a mi madre por lo menos una vez previamente. Él no estaba para nada contento con mi llegada, de hecho, nunca respondió por mí más allá de darme sus apellidos y alejarse de toda responsabilidad, dejando a mi madre completamente responsable de la criatura que se atrevió a tener.
La familia paterna, hizo algunos intentos por ayudar, lastimosamente sus recursos fueron limitados, y ocurrió una grave tragedia donde murieron precisamente los que ayudaron a mi madre, por tanto, la ayuda fue breve y desapareció para siempre.
La familia materna, de dientes para afuera, felices con mi llegada al mundo, más, prácticamente, lejos de ayudar, lo que hicieron fue criticar y dificultar los avances y crianza mía. Pretendieron que, mi madre criase, al mismo tiempo que estudiaba y trabajaba, ellos no se encargarían de cuidarme ya que no era de su responsabilidad el cuidarme.




En medio de tanto desinterés en cuidarme, me enferme a los pocos meses de nacido y casi muero de bronconeumonía y tosferina, afortunadamente, los jefes de mi madre, y el clima tropical de la ciudad de mi familia, a la que afortunadamente mi mama regresó tan pronto pudo, ayudó muchísimo a curarme de esas enfermedades, pero fue casi 3 años de tratamiento.
Con esos antecedentes, ya se podrían imaginar lo difícil que terminaría siendo detectarme el Asperger.
Por la enfermedad doble que tuve de recién nacido, estuve bastante aislado, mi madre con mucha fortaleza demostró ser capaz de estudiar, trabajar y cuidar de mí, logró graduarse de su carrera, con honores, excelentes calificaciones y por ende, la cuestión económica mejoró enormemente y eso allanó el camino a que la familia tuviera otra actitud con ella y conmigo. Entonces, pues prontamente demostré mi rápido aprendizaje para leer y otras cosas que, se supone que aún no debería dominar, y al mismo tiempo, a pesar de todo, aun no hablaba, no caminaba.
Por la misma enfermedad y su tratamiento, ya estaba frecuentemente visitando a médicos y psicólogos, pendientes de mi evolución, ya que, por las enfermedades que sufrí, mi evolución no iba a ser como los demás niños.
A pesar de no saber hablar ni escribir, ni caminar aun, ya sabía leer y hacer muchas cosas a los 2 años, así que, los doctores le dieron luz verde a mi familia para que pudiera entrar al preescolar. Fue una etapa donde, me di cuenta que era diferente, aprendía muy rápido, por fin me pude soltar a hablar, y hablaba mucho, solo que, no hablaba cosas que los otros niños hablaban, como ya sabía leer, hablaba de muchas cosas que, los demás niños no sabían ni conocían aun.
Mi mamá había estudiado en uno de los mejores colegios de Colombia, aún lo es hoy día, y mis tíos también, así que, habían enormes cantidades de libros que, yo leía y releía, pese a no saber hablar, ya sabía leer muy bien, hasta ya leía en inglés y en francés. Ahí es donde empezaron los niños a tratarme distinto porque no sabían que podrían hablar conmigo y me apartaban muy rápido, lo anecdótico es que, mis habilidades motoras eran pésimas, no sabía ni tomar bien el lápiz, así que, no sabía escribir ni colorear bien, ni tampoco era coordinado con los ejercicios.
Los psicólogos interpretaron esa evolución mía, sin saber que era el Asperger, era la segunda mitad de los años 80, que mi avanzados conocimientos de lectura y cultura general, eran gracias a que estaba aislado y por eso, era con los libros con lo que me entretenía, y por mí mismo aislamiento por la enfermedad era que tenía las dificultades motrices, entonces, dejaron constancia médica de que, con paciencia en pocos años podría alcanzar el nivel normal de motricidad física y que aprovecharan la inteligencia que tenía en seguírmela cultivando.
Por ello, mi aislamiento se mantuvo aun ya después de sano, no salía a jugar a menos que tuviera vigilancia de algún familiar mío, pero muy pronto, no hubo necesidad de vigilarme, ya pronto los demás chicos dejaron de invitarme a jugar.





Terminé mi etapa preescolar con excelentes calificaciones, pero con urgentes avisos de hacer refuerzos en escritura, en educación física y sobre todo, en relaciones sociales, los profesores no lograban entender por qué los demás niños me aislaban.
Comencé la escuela primaria y los problemas que me diferenciaban se acentuaban, pero los profesores de primaria llegaron a obviar todo eso, dado las excelentes calificaciones que obtenía, mismas que hacían que el colegio participase en eventos donde yo era la estrella, eso para el colegio le representaba inversiones por parte del gobierno, además que, mi mama en su buena condición económica, también hacia inversiones para que yo estuviera en excelentes condiciones, dado que, necesitaba estar en un salón bien iluminado con luminiscencia fluorescente, libre de polvo, con climatización y tableros de marcador y pisos de cerámica que, para esa época, eran toda una novedad.
Yo estaba inocente de todo eso, la gente me trataba súper bien por los beneficios que traía conmigo, los compañeritos, a quienes yo observaba que, se acercaban a mí como con asco, lo intentaban para que nada turbara mi felicidad, jamás pensé que, todos ellos actuaban para que mi mamá y yo siguiéramos beneficiando a la escuela. Jamás llegué a pensar que ya una persona a tan temprana edad pudiera fingir y actuar cuando la situación, aunque les desagradaba, les convenía.
Fueron unos años que, aunque notaba ciertas cosas que no entendía por qué sucedían, no les prestaba mucha atención, era un chiquillo de menos de 10 años, porque me tenían que importar esas cosas, estaba feliz con mi rutina.
Pero esa felicidad acabó abruptamente, llegó la etapa de la secundaria a mis 11 años, en esos entonces, los colegios estaban fuertemente divididos y especializados, así que, al terminar la primaria, tenía que buscar otra escuela, de secundaria, obligatoriamente.
Fue en esa etapa que descubrí que yo no era normal para los demás, pronto comenzaron las burlas, los acosos y las agresiones, cada vez más fuertes: Me gritaban loco, homosexual, pendejo, nerd, iluso, afeminado, etc., por un lado, me empujaban a los charcos de agua, me tiraban tierra, me robaban mis cosas, me ensuciaban mis libretas, me dañaban mis maletines, el uniforme del colegio…
Fueron los 6 años de estudio más horribles, perdí la cuenta de cuantos colegios estudié, no duraba más que unas semanas cuando ya no soportaba más y pedía que me cambiaran a otro colegio. Fue una etapa que se hacía cada vez más difícil, las visitas a los psicólogos se hicieron rutinarias y las medicaciones eran cambiadas frecuentemente.
Las condiciones económicas en mi familia cambiaron, a mi mamá la despidieron de su empleo y duro muchísimos años para que la compensaran por ese hecho y hoy día, está luchando por su pensión.También en ese entonces apareció una imagen masculina, mi mamá consiguió una nueva pareja y de esa unión, nació mi única hermana, una chica que me tiene muy orgulloso por su inteligencia, pero también feliz y tranquilo porque no pasó el infierno escolar que yo pasé y hoy día se encuentra estudiando en la mejor universidad de mi ciudad, becada.
Fueron demasiados cambios que, por fin empezaron a salir y a hacer relucir mis problemas. Me gradué de secundaria, por ventanilla, un evento que solo se vive una vez, no lo disfruté, me gradué de un colegio irrelevante, donde no conocía a nadie, solo me hicieron el favor de hacerme el diploma nada más.
La familia no permitió nunca que estudiara en un colegio para personas superdotadas como yo, así que estudié en por lo menos 25 escuelas secundarias, lo más cercanas posible a la casa, todas irrelevantes en cuanto a calidad de profesorado, calidad de estudiantes y calidad de sus instalaciones, fue un infierno estar en esos horribles sitios. Dejaba de asistir, no valía la pena asistir a sus clases, yo sabía más que ellos, y ellos tampoco era que querían dejarme ser su amigo, la ley imponía que tenía que estar inscrito en una escuela, así que había que seguir intentando, rogando que ese infierno de 6 años se acabase pronto y la nueva etapa, la universitaria, las cosas cambiasen.
Terminaron esos 6 horribles años, lloré muchísimo, terminé la secundaria sin amigos, me enamoré y jamás me dieron la oportunidad de ser novio de alguna chica. Terminé sin saber que podría estudiar en la universidad, sin las pruebas de ingreso a la universidad hechas, no tuve tiempo de pagar e inscribirme para hacerla en su debido momento, aunque, si lo hubiera hecho, quizás no me hubiera ido bien en esos exámenes, porque a pesar de saber mucho, no estaba bien con mi ambiente escolar y andaba siempre muy distraído y deprimido.




Fueron 6 años donde no entendía que había hecho yo mal para que todos me trataran mal, fueron 6 años donde mi mundo se fue haciendo cada vez más pequeño porque me daba miedo salir y ser visto por algún ex compañero.
Fueron 6 años donde me daba miedo que me vieran las chicas porque me empecé a sentirme que no era simpático, que era una persona fea y que nadie se fijaría en mí.
Fueron 6 años de cárcel, pagando por un castigo que ignoraba y nadie me explicaba.
Como terminé mi secundaria aun siendo menor de edad, no tenía demasiadas opciones para estudiar hasta que tuviera mis papeles de la mayoría de edad y ahí sí, inscribirme para hacer el examen de ingreso a la educación superior y ahí sí, poder aspirar a ingresar a una carrera profesional.
Tomé ese tiempo como un alivio, estaba demasiado estresado, enfermo, cansado, necesitaba relajarme para poder definirme que podría estudiar en la universidad.
Desde pequeño me gustaba sobre todo leer sobre geografía, historia, mismas que me fueron llevando a leer sobre cuestiones económicas y de otros idiomas, la llegada del internet me abrió a un nuevo mundo de información que rápidamente devoraba en mi inmenso tiempo libre.
Por mi cuenta, empecé a leer sobre los ámbitos administrativos, perfeccionaba el dominio del computador, aunque no pude llegar a un nivel que me indicase que serviría para estudiar una ingeniería, para decepción de mi padrastro. Llegué a mejorar mi nivel de idioma inglés, y me puse por mi cuenta a aprender francés, portugués, italiano y alemán, y solo pude salir de mi encerrado mundo a hacer cursillos cortos, en especial de inglés y de computación, donde no me exigían tener el documento que me avala el ingreso a la educación universitaria.
Quise hacer muchas cosas, lo intenté, más mi cuerpo no reaccionaba como lo esperaba, así que me alejé de muchísimos deportes, hacía algo de gimnasia, además, por fin aprendí a manejar bicicleta y aprendí a nadar, pero solo, por más cursos que hice, aprendí finalmente solo.
Al fin, llego mi mayoría de edad, el mismo día de mi cumpleaños, saqué todos los papeles y con mucha desesperación, tuve mis papeles en regla para poder hacer al fin el examen para ingresar a la universidad, me fue muy bien en el examen afortunadamente, pero en cuanto al aspecto de socializar, ocasioné un incidente involuntariamente que, hasta salió en los medios de comunicación locales, pasé muchísima vergüenza y duré muchos días sin salir de mi casa.
Comencé por fin la universidad, habían cambiado muchas cosas, ya no era el más niño del salón, ahora inesperadamente, era el más viejo del salón. Si antes no entendía los chistes de los compañeros míos más grandes, ahora me sucedía lo mismo, solo que ahora eran los chismes de los más jóvenes, de un momento a otro me sentí que, ya no era joven, ahora pasé a ser un anciano.
Pensé que había madurado, pensé que había aprendido de todos mis pecados, que ya se acabarían los acosos y las burlas, cuan equivocado resulte estarlo.
Todo eso de nuevo volvió, pero ya no recibía ayuda, ya era adulto, ya tenía que hacerme responsable de mis actos, mi familia, por más que lo hiciera, no podían ayudarme como antes, ante la ley, yo era independiente, cualquier cosa que hiciera, tendría consecuencias a las que yo tendría que enfrentarlas solo.
Rápidamente, mi mundo de nuevo empequeñecía y lo único que me ayudaba a soportar el infierno nuevo en el que estaba, era el hecho de que, tenía una nueva oportunidad con cada cambio de semestre de hacer que las cosas cambiaran en mi entorno una vez más. Lastimosamente, nunca cambio, además, tampoco pude terminar la carrera por motivos ajenos a mi voluntad.
Me empecé a llenar de cursos cortos, de máximo 2 años, así que ahora soy múltiple graduado de diversos cursos y carreras cortas, empecé a estudiar idiomas y ya completé los niveles suficientes para seguir por mi cuenta ya que, nunca acabaron las burlas, los rechazos y los acosos verbales y físicos en mi contra, por más que yo intentaba ser otra persona, pareciera que todos supieran que yo no era como ellos.
Los psicólogos tuvieron diferentes diagnósticos conmigo: Superdotado, retrasado mental, perturbado mental, trauma físico y mental por enfermedad neonatal, trastorno de déficit de atención por ausencia de una figura paterna, hiperactividad, tendencias homosexuales, tendencias suicidas, complejo de inferioridad, complejo de superioridad, complejo de extranjero, esquizofrenia, carta de recomendación para internarme en un asilo psiquiátrico…
Soluciones como terapias de grupo, visitas personales, terapias físicas y mentales individuales, cambiarme de domicilio, medicaciones, etc. Jamás funcionaron.
Superdotado no lo era, mi dominio en las matemáticas y la computación no eran los mejores, lo mismo que mi caligrafía seguía siendo horrible, y mis capacidades motrices eran evidentes, era pésimo para los deportes, en especial en los deportes grupales de contacto.
Retrasado mental, tampoco, lo anterior contradice esto.
Perturbado, tampoco, en esos entonces mi vida era muy tranquila, era muy inocente para sufrir, aun no experimentaría lo que me sucedería años después.
Trauma físico por mis enfermedades, tampoco, de hecho, tengo a pesar de mis torpezas, bastante fuerza para mi delgada contextura, además, no he vuelto a enfermarme, soy demasiado fuerte para enfermarme, además, mi proceso de envejecimiento es lento, a mis 32 aun parezco un adolescente o en mis primeros 20 años de edad.
Trauma por no tener padre, no me hacía falta, de hecho, apenas cumplí mis 18 años, me quité esos estorbosos apellidos paternos y me quedé con los maternos nada más, con el plus de que me quité sin saberlo, de un montón de problemas que tenía como lastre de mi pasado, era como si hubiera renacido.
Hiperactividad, tampoco, solo que me gusta caminar mucho, me da miedo subirme a un autobús lleno de gente, a medida que crecí, y como consecuencia de tanto acoso, me aturden las multitudes, entonces, prefiero salir caminando a hacer mis diligencias, llegando a tener una resistencia y velocidad para caminar que, por ello creen que soy hiperactivo.




Tendencias homosexuales, esto si me pareció gracioso, si bien apoyo a los grupos de gente con orientación sexual diferente, soy completamente heterosexual, me gustan las mujeres, cuando estoy enamorado, mi cuerpo trabaja mucho mejor, me siento como un guerrero que está luchando a nombre de su doncella, lastimosamente, no tengo una doncella real aun, y me ha tocado reemplazarlas con mujeres de las que solo puedo enamorarme, platónicamente.
Tendencias suicidas, pues, claro, en algún momento llegué a intentar acabar con mi desgraciada vida, pero eso se superó hace muchísimo tiempo.
Complejos de superioridad, inferioridad, claro, normal, no entendía lo que me sucedía entonces, sentirme extranjero, claro, más aun, cuando en verdad viaje a otros países, me sentía cambiado, ahí es donde descubrí que, en otros lugares, podría tener la posibilidad de poder ser alguien más normal, por eso tengo en mente irme, no solo por mis estudios y planes laborales, sino por tener un cambio de vida que me permita ser más normal ante los demás.
Soy ateo, eso también me ha causado muchos inconvenientes con muchas personas, muchos dicen que por ser ateo es que estoy pagando las consecuencias de mi vida, más sé que eso no es así, mi ateísmo es completamente independiente a mi condición de Asperger. A mí me criaron en un ambiente de tolerancia total, de nunca creerse las cosas sin antes hacer una investigación, nunca tragué entero sobre cosas que no tuvieran una explicación lógica, además, por mí misma condición de asperger, se me hacía extraño pensar en metáforas, parábolas, sentidos figurados y cosas que en las religiones se enseñan y que jamás entendía sin una razón lógica, curiosamente, era el mejor en esa asignatura, pues, como cultura general era como entendía dicha materia, de hecho, religión y filosofía se me hicieron que eran la misma asignatura.
Por mi afán de emprendimiento, de querer hacer negocios, es que soy muy capitalista en mi forma de pensar, eso también me ha traído problemas con muchas personas con pensamientos socialistas comunistas, en especial durante mi etapa de estudios en universidad pública.
Entonces, de por sí, soy un gran y completo rechazado en muchísimas cosas, más aun así, no entendía por qué me aíslan, porque me odian, porque es tan difícil que me acepten.
Toda mi vida tenía la incómoda sensación que algo no andaba bien conmigo, mas, como era un pequeñuelo, no le daba importancia, pues estaba feliz con mi vida, fue cuando mi adolescencia, cuando eso si llegó a tener importancia, y en vista de tantos y tan diferentes diagnósticos, me daba cuenta que ni los mismos psicólogos sabían lo que yo tenía, yo sabía que no era normal, pero yo no estaba loco, algo tenía yo y necesitaba saberlo.
No sé por qué, siempre tenía la sensación de ser autista, era lo más cercano a mi caso, era lo que más cerca me había dejado llegar los libros y el internet en aquellos momentos. Fue hace casi 2 años, en medio de una clase de la universidad, donde hablaban de casos con niños especiales que, mostraron un vídeo:
Este vídeo me llegó, pareciera que me hubieran grabado, el chico del video era idéntico a mí!!!
La gente también notó porque me miraban muchísimo, hasta escuchaba murmullos y comentarios que tenían mi nombre y apellido como protagonistas.
Busqué que era eso, y ahí fue que me puse a llorar, al fin sabía que era yo!!!! Al fin mi vida tenía una explicación, mi vida por fin tenía sentido.
Se los mostré a mi familia, muchos no creyeron eso, algunos si me apoyaron, otros ahora lo toman como que es una excusa mía para justificar mis locuras, porque para ellos, soy loco y ya.
Me sentía aliviado, muy tranquilo y mi cambio en la vida empezó a notarse, solo me frustra que mucha gente no sabe qué es eso, me frustra el hecho de que tuvo que pasar demasiado tiempo para poder encontrar lo que era. Tantas y tantas cosas que tuve que pasar y sufrir, pudieron ser fácilmente evitadas si la gente supiera que yo tenía Asperger y que si la gente supiera que era eso, podrían mirarme de una manera más positiva y mi vida actual seria muchísimo mejor.
Vivo aun en mi pequeño mundo, con una rutina muy rígida, estudiando 24 horas al día, 7 días a la semana, ahora todo virtual, me cansé de estudiar de forma presencial y ver que tanto y tanto esfuerzo no me iba a servir de nada con esos modelos de aprendizaje. Tengo muchísimos planes, y todos ellos implican que me cambie de lugar de residencia, necesito irme para poder perfeccionar mi idioma inglés sobre todo, necesito profundizar mis conocimientos académicos y certificarlos también para compensar mi nivel profesional incompleto.
Necesito también cambiar de lugar para mejorar mi perfil laboral, quiero cambiarme de país para cambiar de ambiente, quizás al estar en un ambiente que hable otro idioma, me ayude en otras funciones cerebrales y me ayude a tener una vida más normal, además de que, de por sí, el cambio de residencia me dará nuevas oportunidades de conocer nueva gente y que esta gente, al ser más abierta y tolerante, me apoye y me acepte tal y como soy, ayudándome en mi renaciente autoestima.
Obviamente también estoy buscando darme una nueva oportunidad de amar y ser amado por alguna mujer que me acepte.
También en esos planes no descarto cargar con mi mamá, mi padrastro, mi hermana menor, mi abuela y mis 2 gatos.
Mis 2 gatos, ellos también me han servido de mucho para mi autoestima, el amor incondicional de una mascota, en este caso de 2, me ha ayudado muchísimo con mi autoestima, al no pedirme tanto, y ser agradecidos con lo que les doy, ellos me recompensan con muchísimo amor, porque al menos para ellos, yo soy lo máximo.
También siento que los gatos son como nosotros los Asperger, no muchos entienden la personalidad de estos bellos animales y quizás por eso es que no son muy bien apreciados, por eso es que decidí tener gatos, por cierto, ambos fueron recogidos de la calle, así que de paso contribuí un poco en ese tema de adoptar animales abandonados.
Bien, pensaba hacer de esto un vídeo, mas no pude, entonces, plan B, y es esta carta, espero que la hayan leído y que mi experiencia les de ánimos y esperanzas, todos podemos ser triunfadores, no hay que desesperarnos, el factor clave es reconocernos que somos únicos y talentosos, ojala lo más pronto posible, y que no sea ya cuando ya se es demasiado adulto cuando ya quedan demasiadas secuelas y consecuencias y es más difícil superar esa batalla.
Gracias.