sábado, 22 de abril de 2017

La Ansiedad y La Depresión desde las experiencias de jóvenes y adultos Asperger.


Una de las comorbilidades del Síndrome de Asperger es el Trastorno de Ansiedad, el cual se manifiesta como preocupaciones y miedos excesivos difíciles de controlar. Esta comorbilidad se puede dar en un aspie por nuestra dificultad de entender el mundo, y esto lo vuelve muy impredecible para nosotros. También la hipersensibilidad, la dificultad para comunicar lo que nos está sucediendo y la dificultad para adaptarnos a los cambios, pueden llevarnos a estados de ansiedad.
En cuanto a la Depresión, algunas personas con el Síndrome de Asperger la han desarrollado como comorbilidad porque en la infancia o en la adolescencia se han dado cuenta de que son diferentes al resto de las personas, entonces de algún modo han querido encajar y al no poder hacerlo del mismo modo que los demás, puede afectar en la autoestima, y con mayor razón si han sufrido algún tipo de maltrato por sus “diferencias”.

A continuación le invito a leer las opiniones, desde las experiencias personales, de algunos jóvenes y adultos Asperger sobre este tema (no he puesto sus nombres para mantener su privacidad):

 Sobre la Ansiedad:


-Solo quien lo experimente puede entender lo que es vivir con la ansiedad a flor de piel. Ansiedad cuando se espera un medio de transporte. Ansiedad cuando se está en una fila. Ansiedad cuando se está por cruzar una calle transitada. Ansiedad cuando un desconocido nos sostiene la mirada. Ansiedad cuando surge una situación inesperada. Ansiedad cuando el timbre del colectivo no funciona, y ya hay que bajarse. Y aunque uno quisiera evitarla, es imposible, porque no es uno quien se hunde en el agua, sino que el nivel del agua es el que sube. La ansiedad es estar constante, estando alerta, como tener encendida la alarma contra incendios, sin que haya fuego o siquiera humo. Ansiedad cuando pierdo el control sobre las cosas porque el mundo pasa de ser raro a ser hostil. Por eso anhelo estar dentro de mi casa con mis cosas, donde todo es tan predecible que, a la vista de otros, parezcan aburridas, pero para mi alma son mansedumbre y paz.

-Sí, eso nos pasa en mayor o menor medida a todos. Lo que tenemos que hacer es que” esa agua cuando suba”, también pueda bajar y evitar que nos salte la térmica. Aprender a vivir en sociedad es todo un desafío.

-Entre aprender a sobrevivir en la sociedad y, en ocasiones, fingir que nada pasa, es toda una experiencia.

-Y cuando la ansiedad pasa a ser más fuerte, que de repente te empieza a dar ataque de pánico, también es terrible.
Fotografía: Camilo Cuevas.

-Estos días he pasado por mucho estres, mucha ansiedad, no podía dormir y mi cabeza sentía que estallaba. Cuando me pongo muy ansioso me llego a golpear y a llorar hasta quedar dormido, pero es algo que me daña, no me gusta llegar a ese punto. La semana pasada volví a este punto y me sentí muy mal, una amiga aspi me dijo que podía tomar un té, lo he tomado esta semana, he podido dormir bien y me he sentido más tranquilo, mi ansiedad está un poco controlada.

-Yo toda la vida he tenido ansiedad, pero se agravó la intensidad y los picos de ansiedad después de 3 eventos en mi vida. Y cuando se junta con la depresión es lo peor de lo peor.

-La ansiedad me desgasta a tal punto, que los fines de semana puedo dormir de 14 a 16 horas seguidas. Mi record fue de 30 horas.

-La gente que me rodea no entiende este sentimiento tan feo u.u

-Algo que acompaña al Asperger, al menos en mi caso que también tengo TDA, son los altos niveles de ansiedad que suelen reflejarse y/o manifestarse en periodo o momentos de depresión. Al menos a mí me pasan muy seguido, llegando a pasar días encerrado evitando el contacto con otros seres humanos. Para reducir los niveles de ansiedad, y por ende los estados depresivos, la dieta y la meditación me han ayudado mucho.

-La eterna y maldita ansiedad que siento de tener que enfrentar el mundo, el día a día desde que abro mis ojos en la mañana .Compañera constante y que se hace notar con un permanente nudo en mi estómago que me oprime, me embarga entera y no me permite liberarme de él sometiéndome a cuadros de stress extremos, incertidumbres y miedos constantes a vivir. Me limita en extremo y no me permite desenvolverme bien y andar tranquila por la vida. Ese agobio me conduce a una depresión intermitente que me lleva a constantes caídas de estado anímico, y lo más raro es que cuando no he sentido esa sensación en mi estómago, como 5 o 6 veces en mi vida, también ando rara y me angustio porque no tengo ese nudo en mi estómago y pienso que algo peor me pasará. Es un 8, algo sin salida en el cual me doy vueltas.
Fotografía: Camilo Cuevas.

-A mí me sirve el ejercicio físico. Mejorar en algo sencillo y que implica descarga me hace sentir mejor. También algo artístico (toca sin que importe la técnica. Si uno busca descarga emocional, algo técnico. Si busca más bien algo físico y abstraerse, salir a correr hasta cansarse, sirve también. Si simula algo socialmente correcto como el jogging no trae muchas consecuencias negativas, y luego puedes continuar con vuestras actividades.

-Recomiendo estudiar con música, como la de Enya. A mí me ha servido para calmar la ansiedad.

-Lo mejor es salir un rato, aunque sea solo, a tomarte un cafecito, un helado, ve al cine. El asunto es no estar metido mucho tiempo cuando se está deprimido para no pensar cosas incorrectas

-Yo para controlar la ansiedad hago ejercicio físico, me voy a dormir (no sirve para controlar la ansiedad, pero cuando estoy dormido no recuerdo que tengo ansiedad XD). También sirve muchísimo salir a caminar a una espacio donde solo hay árboles, pájaros cantando, lejos del ruido de la civilización. Eso a mí me da profusa tranquilidad.

-Lo que me ayuda con la ansiedad hoy por hoy es estar en contacto con perros y dedicarme a mis hobbies.

-Desde que tengo uso de mi memoria, de pequeñita sentía un nudo constante en el estómago, una sensación muy fuerte de cosquilleo de presión( no sé cómo describirlo), acompañado de angustia de que algo va a pasar, y es constante, no se me pasa. Son contadas las veces (serán unas 10 veces en mis 40 años de vida) que no la he sentido…Y se siente taaaan bien!!! Un sentimiento de relajación, de libertad, de despreocupación, pero son contadas, es maravilloso cuando esa sensación no está. Pero casi nunca pasa. Vivo con esa sensación, es algo permanente en mí. Me gustaría que se fuera definitivamente de mí.

-Lo que me está "matando" en el último tiempo, es la ansiedad. Tengo épocas en que estoy bien al respecto y otras, en que "camino por las paredes".
Fotografía: Camilo Cuevas.

-No tengo problemas con vivir una condición diferente, mi único problema y lo que más detesto, es esta constante ansiedad. La detesto.  Es que siento que esa ansiedad a veces afecta mis decisiones.  A veces quisiera encontrar una forma de ordenar mis pensamientos, pero hasta ahora sigo siendo un caos. Lo peor es que me aíslo, porque cuando estoy muy ansiosa siento que puedo herir a alguien con mis palabras o actitudes.

-La ansiedad es complicada. Las mejores épocas donde pude dormir tranquilo y reparadoramente, fue cuando estuve trabajando en el campo 8 hrs diarias. Era tanto el trabajo y tan agotador que apenas me tiraba a la cama, caía muerto y al otro día amanecía fresquito. Evidentemente una combinación de desgaste físico y soledad (solamente hablaba con otro chico del campo) era buen remedio. Estar en movimiento es un muy buen desestresor. Es natural que muchos de nosotros estemos todo el tiempo ansiosos: Trabajo sedentario, poca actividad física, socialización forzada, no deseada, metidos en Internet leyendo cosas que hacen trabajar mucho la cabeza. Hay que intentar salir de ese bucle lo más que se pueda.

-Estoy pasando por un período de intensa ansiedad y por eso el insomnio. Mi vida personal está siendo afectada por esto, si sigo así deberé pedir ayuda y que me den algún medicamento, pero confío en que podré torcerle el brazo a esta situación pronto.

-Me siento muy afectado por cada situación que se da en mi vida, y mis niveles de ansiedad están super altos y siempre estoy con miedo y depresión.

-Aprende a llevar eso hacia tu propia vida, hacia tu propio emprendimiento. No estoy diciendo que no le des importancia a la ansiedad, solo que no dejes que ella determine tu vida, la que vive la vida eres tú, no la ansiedad, tú eres la que toma las decisiones, no la ansiedad. Ella solo te puede condicionar, pero tú la puedes vencer, solo con la experiencia que decidas asumir para vencerla. Y si en el fondo de tu corazón no está en asumir el reto que se te presenta, no hay nada para estar ansiosa, di no, te paras y te vas detrás de tus propios sueños. También esa sería una gran experiencia, y tal vez, hasta sea la mejor de todas las experiencias que puedas vivir para tu realización personal.

-Puedes usar técnicas relajantes como meditar, escuchar música en Ondas Delta (súper efectivo para relajar a personas con Asperger. Comprobado!), usar Aromaterapia, ponerte el pijama que más te guste, tomarte un té relajante como manzanilla.
Fotografía: Camilo Cuevas.

 Sobre la Depresión:


-De un minuto a otro he sido golpeado por un estado de depresión impredecible. Aunque en este momento de mi vida no es la posibilidad más cercana, me embarga la idea de que me quedaré solo, no por decisión propia, sino por la constante que ha sido mi vida al respecto. Los años pasan y todas las personas a mi alrededor van concretando un hogar y a mí se me hace tan cuesta arriba. Porque ahora que entiendo mi condición Asperger, comprendo mejor que tampoco he sido una persona fácil de entender para los demás, en especial para las relaciones que he tenido. Cómo asusta que la otra persona no entienda las ansiedades, los aislamientos, los sobrepensamientos, las intelectualizaciones (de las cuales muchos se ofenden porque sienten que uno intenta humillarles intelectualmente), de los estados de depresión.

-A veces es imposible saber qué experiencia la causó o cuál es la causa última porque buscamos en el psicoanálisis. Muchas veces simplemente la causa es el miedo, el rechazo que tenemos a vivir ante los retos que se nos ofrecen. ¿Cuáles son esos retos que detestamos o que tememos y no podemos de ningún modo evitar? ¿Cuáles son esas situaciones a las que sin poder evitarlo nos vamos a tener que enfrentar y no queremos en conciencia desde nuestra misma esencia tener que pasar si salimos de la habitación? Son esas situaciones las que la depresión quiere anular.

-Yo soy como Sherlock Holmes, necesito casos o cosas que hacer para mantener mi mente atascada de endorfinas, si dejo de hacer lo que sé, entonces caigo en una profunda espiral de depresión, soledad y tristeza. Porque estoy solo. Muy solo. Dejar de hacer algo me conduce a la locura o a la depresión y cuando caigo en depresión es duro volver a salir de ello. Estuve medicado por años pero dormía muy poco o mucho. La medicina tampoco es la solución, debe ser la capacidad de adaptación de cada cuerpo, el mío es impredecible.

-Hay que descubrir que somos, y es cierto, reconocer que somos lo que somos y entender que el mundo es lo que es, nos elimina la carga de querer adaptar el mundo o de adaptarnos nosotros a él. Vivimos el mundo y vivimos quienes somos. Entonces la muerte deja de ser un alivio, y se convierte solo en un final. Sencillamente en eso.
Fotografía: Camilo Cuevas.

-Algunos piensan que estar deprimido es estar triste y piensan que como es eso entonces debe tener una causa. Pues estar triste se debe a algo. Pero no es así, la tristeza es algo pasajero, la depresión se parece más a estar muerto en vida, a una sensación de no sensación, o para decirlo de otra forma si las emociones tienen colores en la depresión sólo tienen uno sólo. Algunas veces esto viene acompañado de tristeza y/o ansiedad.

-Creo que en los casos Aspies lo complejo va en dos direcciones. El mundo te parece inadecuado, el mundo fuera de ti, pero dentro tuyo hay otro mundo que es distinto a este exterior. Ahí la inadecuación. Los problemas no están ni dentro ni fuera tuyo, están en la transición de una dimensión a la otra. La dimensión interna y la dimensión externa. Tal vez si comenzamos a aceptar que el mundo es lo que es, y que somos lo que somos y no intentar solapar una realidad encima de la otra, la vida fluye justo donde estamos quedándonos estancados. En medio de las dos realidades. Así cómo la transición misma que debe existir entre la vida y la muerte. Es típico del estado de depresión desear dormir y no despertar por años. Si te das cuenta se parece mucho a sentir cierto placer pensar en la muerte como un alivio, para después espantarse un poco con la misma idea. Es desear el largo sueño, y abrumarse luego de si está bien o no despertar, si dormir hará una diferencia realmente. Facundo Cabral, una vez que tuve la oportunidad de conocerle y hablarle me dijo estás palabras: "No... tú no estás deprimido, estás distraído. Distraído con tus problemas de que no vez la vida, lo hermoso que está frente a ti. La inspiración nunca se pierde. Te distraes de ella, así que no estás deprimido. Solo abre los ojos y está atento del momento presente" En la práctica cuesta mucho sentirlo, pero es una buena perspectiva que a veces me funciona muy bien.

-Hubo etapas cuando estuve deprimido, que dormía de día y andaba de noche, me dejaba crecer mucho la barba y comía fuera de horario y mal, era como un "zombie.
Fotografía: Camilo Cuevas.

-Uno no los controla, sólo llegan como cuando uno está en el mar y llega una ola y lo revuelca y lo hunde a uno. Sólo queda esperar que pase, y confiar que pasará. Puede uno hacer cosas para acelerar la duración con la alimentación, el ejercicio, y meditación, y ser consciente de los pensamientos, evitar los negativos y así uno va saliendo de ese estado. Si dura mucho, más de 3 meses quizás pueda uno considerar ayuda de un profesional.

-Controlar los estados depresivos resulta imposible, puedes disfrazarlos o fingir que no pasa nada, pero, ahí están y te siguen afectando. Algo que aprendí, hace años, para poder convivir con mis estados depresivos (con el que tengo actualmente, ya llevo cerca de semana y media así) fue la medicina holística, ahí aprendí que la depresión es la represión de uno mismo, es decir, cuando estamos deprimidos estamos intentando ser alguien o algo completamente ajeno a nosotros mismo, y como aspies, ese tema lo tenemos más que dominado, basado en ello, analizo la(s) causa(s) de mi depresión y de ahí comienzo a tomar decisiones que impliquen ser y hacer aquello que resulta a favor de quien y como soy. Repito, no controlo la depresión, de hecho la dejo fluir, la dejo ser, pero, aprendo a vivir con ella, y hasta ahora la relación ha sido linda, ya que, a partir de la depresión aparece la ira y es la ira la que me ayuda a salir y mantenerme en pie.

-Yo hago servicio a todos todo el tiempo, y pienso eso de que "el que no vive para servir, no sirve para vivir". Los momentos pasan, hoy estoy mal, pero mañana puedo estar bien, son ciclos, lo importante es buscar la manera se continuar, ver la luz al final del túnel. No busco ser feliz al estilo Hollywood, mi felicidad está hecha de pequeñas cosas todos los días, y de eso, soy consciente.

-Vivir el 'aquí y ahora, el instante mismo' que tanto alivio causa, pero que nos cuesta mucho sentirlo.
Fotografía: Camilo Cuevas.

-Estoy deprimida, soporto mucho estrés sin decir nada y llegar un punto que no puedo más. Soy muy ansiosa, impaciente, intento mantener una seguridad, que las cosas se mantengan dentro de un control, seguras, pero no es así actualmente. Todo se está deshaciendo, y no sé cómo arreglar las situaciones para que vuelvan a ser como se supone deberían ser. Eso me está desequilibrando mucho y no sé cómo tener un buen ánimo, hablo como si siempre estuviera molesta, o como alguien sin emociones, ni empatía, aunque en realidad si me importan mis seres queridos ¿Cómo puedo equilibrarme de nuevo? Alguien seguro habrá pasado por algo parecido.

-La clave es la introspección. Date una pausa, no de los demás, sino tuya. Adentro tenemos un caos al cual no hay que darle orden sino sentido. Eso es fijarse una idea y ver hacia donde nos lleva ¿Qué gano y qué pierdo actuando de tal o cual manera? No podemos dominar al río caudaloso, pero lo podemos atravesar y ver desde la otra orilla un panorama más amplio. Date una pausa lo suficientemente larga como para volver a ver las cosas con más claridad. En mi caso, me sirve aislarme ¿Qué les digo a mis queridos? "Déjenme solo” necesito entenderme para poder calmarme". Sé que no todos los casos son iguales, pero quizás puedas intentarlo así.

-Yo padezco depresión crónica, sin embargo aislarme es un lujo para mí, debido a mi forma de vida y mi mundo. Cuanto más se pone difícil, más me empeño, el hecho de que las cosas no te salgan como esperas, no significa que fracasaste, porque nadie lo controla todo, sólo algunas cosas, y nadie controla a las personas, a veces uno puede sentirse hundido o fracasado, pero la verdad es que tú conoces tu esfuerzo. Piensa en eso y disfruta de tu esfuerzo, por ejemplo: Si juegas un partido de fútbol por diversión, te ríes si caes, y de tus errores compartes el momento con el resto y ellos contigo, al final no te importará si ganaste o perdiste o si lograste lo que tenías pensado, simplemente jugaste y eso te hizo feliz. Así es la vida, si dejas de tomarte todo como un juego serio de ganar o ganar, evitaras frustrarte y en la victoria en vez de felicidad hallarás descanso.

-La depresión es como una tormenta, siempre saldrá el sol después, mientras uno siga de pie para verlo.
Fotografía: Camilo Cuevas.

 ¿Qué les hace desencadenar un episodio depresivo?


-Que me encasillen, que me controlen, que maten mis ilusiones, y me hagan sentir que la vida no tiene sentido, más que esperar el fin de mis días.

-Son varias cosas, pero yo diría que el principal detonante es mi enorme intolerancia a la frustración.

-Mi soledad principalmente. Mi frustración cuando algo no sale como lo tengo planeado.

-También la frustración, pero de un tiempo acá he notado que si paso por momentos difíciles, el que me enferme (ya sea de gripa o cualquier otra cosa) puede ser el principio de una depresión, es muy extraño.

-La frustración y que las personas de mi círculo familiar no me entiendan ni me comprendan. Eso desarrolla en mí una crisis de Depresión.

-El sentirme inútil.

-A mí el exceso de presión y estrés, los problemas económicos, hacen que me quiebre. Pero a veces simplemente aparece, creo que es por algún factor externo que no he identificado, y se queda meses.

-Cuando postergo las cosas y se me acumulan. Cuando hay cambios bruscos, crisis...

-En días pasados soñé que navegaba, la proa apuntaba al horizonte. Mi único deseo era seguir y seguir, solo alejándome del sitio en donde estoy ahora, navegar sin detenerse. Es la búsqueda de libertad, mi vida es una prisión. Esa inmutabilidad y frialdad, así como la imposibilidad de sentir placer o emoción por alguna actividad que antes me hacía sentirme bien, es depresión.

Las imágenes utilizadas en este escrito pertenecen a Camilo Cuevas, un excelente fotógrafo con el síndrome de Asperger. Pueden encontrar más de sus fotografías en esta página:

Esta es la biografía del autor de las fotografías utilizadas en este escrito, un joven con el síndrome de Asperger:

sábado, 15 de abril de 2017

La indeseable Ansiedad.


La ansiedad forma parte de la condición humana y sirve para afrontar situaciones de riesgo o peligro ¿Pero qué sucede cuándo esa ansiedad excede el normal y pasa a formar parte de nuestras vidas de una manera intensa y casi permanente? Una de las comorbilidades del Síndrome de Asperger es el Trastorno de Ansiedad, y esto lo sufrimos la gran mayoría de los adultos diagnosticados tardíamente. El hecho de tener que vivir gran parte de nuestra vida enfrentando situaciones, sin tener las herramientas adecuadas para su resolución, ignorando qué hacer y cómo reaccionar frente a determinados sucesos van “marcando” nuestras vidas, llenándonos de angustia cada vez que debemos emprender algo nuevo o conocido, pero qué sabemos que nos cuesta y por ende, nos provocará ansiedad. Si hay algo que recuerdo muy bien y sé reconocer perfectamente en mí, es la sensación de la ansiedad, la cual me ha acompañado casi toda mi vida: Nerviosismo, inquietud, agobio, irritabilidad, tensión muscular, taquicardia, opresión en el pecho, “nudo” en el estómago, dificultad para concentrarme y sentir una especie de “ceguera” que me impide ver solución a lo que me aqueja, sintiendo que el problema se maximiza aún más de lo que es. Esto provoca en mí un desasosiego enorme, desesperación hasta el punto de no poder respirar y que culmina en crisis de llanto incontrolable, queriendo “desaparecer” para no sentir lo que estoy experimentando, pues me siento una inútil en aquéllos momentos, y aunque quienes me conozcan me digan que yo soy inteligente y muy capaz, nada logra sacarme de ese estado, ni de lo que pienso de mí en esos instantes. Generalmente experimento mucha ansiedad cada vez que debo emprender alguna actividad desconocida por mí y que estoy obligada a realizar, y peor si sucede algún imprevisto. Son innumerables las ocasiones en que he experimentado esta sensación, pero mencionaré algunas vivencias para ejemplificar lo que se siente en aquellos momentos:
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Las primeras veces que experimenté ansiedad, las recuerdo muy bien. Comenzó a los 9 años de edad, pero por ser motivos muy personales, no los nombraré aquí. Sólo diré que un gran desosiego, dolor de estómago y la sensación de que el corazón se me saldría del pecho, me acompañaban determinadas horas del día y desaparecían en ciertos momentos en que parecía que la tranquilidad retornaba a mi vida. La primera situación ajena a mi diario vivir y que me puso muy ansiosa, fue cuando tuve que disertar frente a mis compañeros de clases (tenía 13 años). Recuerdo que ese día estaba muy nerviosa, y nuevamente el dolor de estómago, la taquicardia y la falta de respiración me hizo pararme frente a la clase con una enorme inseguridad, sintiendo que mis piernas casi se doblaban porque no lograba controlar el temblor de mi cuerpo y de mi voz. No pude decir el texto que me correspondía, pues me puse a llorar frente a todos porque no lograba recordar nada de lo que había memorizado. Hasta el día de hoy se me dificulta hablar frente a las personas, más cuando son desconocidos. Sigo sufriendo las mismas sensaciones que me impiden hilar los pensamientos y hablar de manera clara y ordenada.
Cuando tuve que enfrentar mi práctica profesional, una vez más la ansiedad formó parte de mí, hasta el punto de no comer porque sentía mi estómago como si estuviese repleto, pero no de comida sino de una sensación que me es imposible de explicar, llegando a sentir nauseas, y en algunas ocasiones terminando en vómito. Llegaba al lugar en dónde tenía que hacer clases, con media hora de anticipación para tratar de calmarme al estar en el sitio que no quería, pero debía estar. Allí en completa soledad, comenzaba a llorar en silencio y luego trataba de respirar hondo, sintiendo como si me faltara el aire y aguantando las ganas de salir corriendo de ese lugar. Esa costumbre de estar media hora antes, lo hice hábito a lo largo de mi carrera profesional, cada vez que llegaba por primera vez a un lugar, cómo si así pudiese controlar más la situación, pues si hubiese llegado a la hora que me correspondía, habría empeorado mi estado nervioso, aumentando la ansiedad.
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Recuerdo la primera vez que tuve que usar Word porque mi trabajo lo exigía y no tenía idea de cómo usarlo, para mí era como si todo estuviese escrito en “chino” y no sabía qué hacer. Primero intenté aprender sola, como en toda cosa nueva para mí, pero rápidamente comencé a sentir frustración porque necesitaba usarlo pronto para tener listas mis planificaciones y veía que transcurrían las horas y no avanzaba nada. Esto me comenzó a poner nerviosa, así que recurrí a la ayuda de otra persona que comenzó a explicarme como si yo supiese de lo que hablaba. Mi reacción fue estallar en llanto y gritar que no entendía, que estaba hablando muy rápido y yo no comprendía de esa manera, que ya no quería que me enseñara y me dejara sola. Afortunadamente esta persona tuvo mucha paciencia conmigo, en ésta y otras circunstancias en que yo pedí su ayuda, y accedió a enseñarme de buena manera. Con su infinita paciencia me dijo que me volvería a explicar, que no me desesperara, que estaría junto a mí hasta que yo aprendiera, fue así que poco a poco, entre sollozos, recobré la calma y fui en busca de mi cuaderno y le pedí que hablara lento y esperara que yo fuese anotando allí cada palabra suya, ordenándolas en un esquema para guiarme cuando me quedase sola (una buena manera de enseñar en clases a un alumno Asperger es con esquemas y todo escrito en la pizarra, donde él tenga una visión de lo que se le enseñará. La mayoría de las veces no entendemos las instrucciones verbales, por lo cual necesitamos ver la información). Finalmente pude aprender lo básico, pero no hubiese sido posible si esa persona hubiese perdido la paciencia conmigo y me hubiese presionado de mal modo a aprender. Me es imposible trabajar bajo presión externa, porque ya de por sí vivo presionándome y me autoexijo demasiado para que todo lo que emprendo resulte casi perfecto, sobre todo si es algo que quiero hacer.
Cuando cambié de trabajo hacia un lugar que quedaba lejos de mi casa, y el cual significó cambiar de trayecto y de infraestructura y modo de trabajo, nuevamente la ansiedad me invadió. Todos los días al volver del trabajo comenzaba a llorar, a gritar y a tirar las cosas para descargarme de toda la frustración que sentía durante mi horario de trabajo, porque fingía tranquilidad durante toda la mañana, pero lo único que quería, era escapar de allí y llegar luego a casa para desahogarme. No lograba entender el nuevo sistema de trabajo, y por más que me explicaban, no entendía, sintiendo que mis compañeras de trabajo me miraban extraño por mi manera de desesperarme y de reaccionar ante lo que yo no entendía (esa mirada la sé reconocer muy bien, pues siempre me han mirado así cuando manifiesto aflicción ante una determinada situación. Una mirada que no sé si definir como extrañeza, lástima, molestia, mofa o incredulidad). No sé qué pensaban en esos momentos de mí, pero la mirada de ellas y su silencio me hacían sentir peor. Sentía como si me viesen como una ridícula o inútil. Fueron cuatro larguísimos meses para mí, en dónde no encontraba consuelo ni solución a lo que estaba experimentando. Esto me llevó a una crisis de pánico, pues era tal el grado de ansiedad que no pude controlarlo de ninguna manera. Después de todo ese tiempo, me adapté a mi nuevo trabajo y a las nuevas personas que conocí allí y ya iba a trabajar contenta.
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Todo este doloroso proceso de adaptación finalmente valió la pena, pues mis alumnos terminaron el año escolar de manera exitosa y logré revertir la situación de encontrarme a comienzo de año con un curso que no sabía casi nada de los contenidos que debía saber.
¿Cómo lograba ser una muy buena educadora atravesando crisis de ansiedad? Pues creo que debido a que soy muy perfeccionista y muy profesional a la hora de trabajar. Si no fuese así, no hubiese logrado ser tan buena maestra con todos los niños que trabajé durante 16 años.
Al siguiente año llegué a trabajar a otro Jardín de infantes, y nuevamente el cambio de lugar, de infraestructura y de personas trajo conmigo la ansiedad. Cada día, cuando se acercaba la hora de ir hacia mi trabajo, comenzaba a sentir que me faltaba la respiración, palpitaciones tan fuertes que parecía que el cerebro y el corazón se me iban a salir, malestar en mi estómago (incluso me enfermé del colon por el alto grado de estrés que sentí durante casi un mes en ese nuevo trabajo), lloraba todos los días, antes y después de la hora de trabajo. A penas salía del lugar, mis lágrimas comenzaban a brotar y sentía un gran “nudo” en la garganta y unas ganas de gritar para que esa sensación dolorosa se fuese de mí y así poder respirar. Eran cinco minutos que me tomaba regresar a casa caminando, pero que para mí parecían interminables, y una vez llegado a casa, corría por las escaleras que me llevaban a mi habitación, llorando desesperadamente entre gritos y luego procedía a pasearme en mi habitación, tal como un animal enjaulado, lo cual preocupaba enormemente a quienes viven conmigo y dejaban lo que estaban haciendo para subir a verme y tratar de calmarme; hasta que un día mi prima (madre de dos chicos Asperger) quien ya era testigo habitual de mis crisis por los cambios, me preguntó: ¿Te sentirás mejor si dejas de trabajar en aquél lugar? Entre llantos le respondí que sí. Ella me dijo: Entonces déjalo, no puedes seguir a este ritmo, pues te enfermarás más y tienes un hijo por el cual velar. Sabía que necesitaba trabajar, pero no estaba rindiendo como correspondía, pues no lograba adaptarme, aunque lo intentaba con todas mis fuerzas, a los cambios de este nuevo lugar de trabajo.
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Me pedían cierto tipo de planificación y yo miraba y miraba los documentos que me prestaron para que me guiase y sólo podía ver un montón de letras y no entendía nada, recurrí a una muy buena amiga: Hilda, otra Educadora de Párvulos; y aunque ella tenía mucho trabajo, siempre tuvo la buena disposición de querer ayudarme, y aun así no logré entender lo que se me pedía en aquél trabajo. Intenté cumplir, pues yo soy muy responsable, pero la desesperación se apoderó de mí de tal manera, que dejé abruptamente mi trabajo, pues ya no resistía más. Inmediatamente la ansiedad desapareció. Esta fue la última vez que trabajé como Educadora de Párvulos, después de 16 años de trabajo intermitente (trabajaba 3 años y luego de grandes crisis, lo dejaba por 2 años). Lamentablemente no soy la única persona con el Síndrome que ha dejado su trabajo o los estudios a causa de la ansiedad que le producen las personas que le rodean y la presión que ejercen en nosotros. Una persona Asperger puede llegar a ser un buen alumno o un excelente trabajador, pues tenemos inteligencia y grandes capacidades, pero deben respetar nuestras características, y una de ellas es no exigirnos a actuar como los demás.
Cuando se acercaba el momento de publicar mi libro, fueron momentos de mucha ansiedad para mí, y aunque me agrada escribir, el proceso para llevar a cabo la publicación, fue muy angustiante. Por más que buscaba tutoriales en internet para llevar a cabo el proceso, no entendía nada, y si no hubiese sido por un amigo aspie de Colombia, Juan Fernando, quien me ayudó a entender cada paso que llevaría a la publicación de mi libro, no lo hubiese hecho, pues ya la ansiedad estaba haciéndome su “presa” una vez más y no me dejaba ver nada con claridad. Cuando ya creía que tenía todo superado, me doy cuenta de que la imagen de portada que me hizo una amiga no coincidía con las medidas que se me pedía allí, y nadie de mis conocidos lograba ayudarme en eso, nuevamente comenzó la desesperación hasta que un día ya no aguanté más y exploté en un llanto incontrolable y comencé a golpear mi colchón, gritando que ya no publicaría nada y no volvería a escribir nunca más. Fueron días en que nuevamente el “mundo se desmoronaba” para mí y quería dejarlo todo “botado” y nunca más intentar publicar el libro, pero tuve la dicha que Anita, una amiga aspie de Ecuador (la autora de estos dibujos), me acompañara en esos momentos. Ella con mucha paciencia y cariño, me hizo ver que aquél momento de pesar pasaría y me dijo que yo era una persona capaz y que debía seguir adelante (ella ha sido una de las personas que ha creído en mí y en mis capacidades y estoy muy agradecida por ello). También estuvieron presentes otras personas en aquellos momentos, pero ella fue quien estuvo atenta a mis crisis noche y día, dándome palabras de aliento y diciéndome que yo era buena en lo que estaba haciendo.
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Fue Anita quién me ayudó, finalmente, con la portada del libro, facilitándome una foto que yo le pedí le sacara a su pequeña hija aspie. Poco a poco comencé a ver “la luz” nuevamente y, aunque la ansiedad no se fue del todo, logré con ayuda de ella y de Juan Fernando, la tan anhelada publicación de mi libro. Como dato anecdótico, me demoré 2 meses en escribir mi libro, y me hubiese demorado aún más si no hubiese dejado de revisarlo constantemente, porque cada vez que lo hacía, encontraba algo "malo" y volvía a cambiar el escrito, volviéndose casi una compulsión, cambiar todos los días algo que, según yo, no estaba bien.
Así como esos ejemplos que acabo de mencionar, en dónde la ansiedad se apoderaba de mí, hay otros más, pero para no explayarme demasiado, no los mencionaré. Y si algo me ha enseñado la vida, es que las únicas personas que entienden las crisis de otra, son las que la han vivido o han estudiado al respecto. El resto sólo se dedica a juzgar o a exigir que uno “supere” cualquier situación de crisis, aludiendo a que “todos tenemos problemas y no por eso reaccionamos así”. Cuando alguien dice eso, denota que no sabe nada con respecto al ser humano y sus diferencias, no todos tenemos la misma capacidad para enfrentar un desafío ni el mismo modo de reaccionar frente a la adversidad. Si bien es cierto que dicen que querer es poder, no siempre es de la misma manera en que los demás pueden, lo quiera uno o no; y si logramos sortear una dificultad, se debe entender que es a nuestro propio ritmo y no al ritmo que exija la sociedad. Yo logré publicar mi libro, pero luego de un gran sufrimiento y desesperación, sé que a otros les ha sido fácil, pero yo soy YO y no esos “otros”.
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Luego de mi experiencia con la ansiedad, creo que podría decir que una buena manera de evitar que otros chicos aspies desarrollen este trastorno, es respetando su ritmo de aprendizaje desde pequeño, sin obligarlo a que logre dichos aprendizajes a la edad que se espera que cumplan todos los niños, pues tarde o temprano lo logrará, no hay que desesperarse. Sólo hay que propiciar las instancias para que él se interese por aprender, y cuando él sienta la confianza y el interés por hacerlo, lo hará (más adelante publicaré sobre este tema de los aprendizajes). La presión es un gran generador de ansiedad, y lejos de contribuir a un mejor desarrollo del niño, lo harán un ser inseguro, poco tolerante a la frustración y totalmente ansioso, y lo más probable es que cada vez que experimente crisis a causa de lo anteriormente mencionado, deje las cosas a medias, pero no por flojera ni falta de capacidades, simplemente para evitar la horrible sensación que se experimenta con la ansiedad. También es fundamental no someter al niño a situaciones imprevistas, es muy importante que se le anticipe todas las actividades que realizará durante el día, más si son desconocidas por él, para así evitar ponerlo ansioso y que evidencie ese malestar con llanto, gritos, golpeándose o tirándose al suelo. Nunca olvide que un chico aspie, necesita del apoyo, la comprensión y el respeto de sus características propias del Síndrome de Asperger, y no que lo presionen a actuar como los demás ni en el mismo tiempo en que los otros chicos logran sus aprendizajes.

Las imágenes utilizadas en este escrito, pertenecen a Anita Valle Ocando, una artista excepcional con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página:

sábado, 8 de abril de 2017

La Depresión, mi compañera de vida.


Desde muy pequeña recuerdo haber estado sentada llorando en un rincón, sintiendo una aflicción inmensa en mi ser por sucesos muy tristes en mi infancia, pero las ganas de morir las comencé a sentir a los 12 años aproximadamente. No sentía apego por la vida y esa indiferencia ante la muerte la viví hasta los 33 años reapareciendo a los 40 años. Siempre me di cuenta de que algo sucedía conmigo, pero no lograba comprender que es lo que me hacía sentir “diferente” a los demás y poco a poco comencé a pensar que quizás estaba loca por mi manera de reaccionar frente a determinadas situaciones que las demás personas no experimentaban como yo. Eso sumado a las constantes críticas a mi “forma de ser” me “hundían” más en períodos depresivos, teniendo constantemente pensamientos suicidas, aunque sólo una vez, a los 17 años, concreté de manera drástica mis deseos tomando muchas pastillas, pero me llevaron de manera oportuna a la clínica y nada ocurrió. El resto del tiempo deseaba en secreto que alguna enfermedad terminal llegase a mi vida o que el autobús en que me trasladase se diese vuelta o que la anorexia temporal que tuve, desencadenara en mi muerte. En aquellos períodos depresivos no me importaba nada ni nadie, ni siquiera mi pequeño hijo al cual amo con todo mi ser. Quizás fui una egoísta en esos momentos, pero la depresión no se piensa, no se desea, sólo llega y se instala por determinados periodos, a veces muy largos, tomando el control de nuestras vidas, impidiendo razonar y ver lo "bueno" de la vida. Por eso detesto que la gente juzgue con liviandad a quienes hemos padecido de este trastorno, tratando muchas veces de cobardes y egoístas a quienes deciden poner fin a su vida, sin siquiera detenerse a pensar por un segundo lo que pudo haber estado viviendo esa persona para llegar a hacer algo tan drástico e irreversible, y que no es “que uno exagere o que no quiera salir de la depresión”, la depresión envuelve sin piedad a quien la padece.
Artista: Cecilia Garcia Villa.

Qué fácil es para quienes no han tenido depresión dar consejos como si fuese cuestión de fuerza de voluntad salir de estos períodos, ignorando que muchas veces sus palabras más que ayudar nos hunden aún más porque nos hacen sentir que somos incapaces de lograr lo que ellos denominan algo que se puede “superar” si “uno quiere” ¿Usted cree que la persona con depresión le gusta estar deprimida? ¿Usted cree que si se pudiera salir de ese estado tan "fácilmente", uno querría estar deprimido? ¿Usted cree que uno se despierta un día y piensa: "Hoy voy a estar deprimido porque quiero llamar la atención y dar lástima porque me 'encanta' estar sumida en esta situación"? No creo que ni una sola persona en el mundo que sufre de depresión quiera estar así. Así que, por favor, para la próxima vez que usted sepa que alguien está deprimido, primero piense antes de juzgar.
Con los años, entre depresión y depresión, comencé a analizar el hecho de que si yo moría, privaría a mi hijo de crecer con una madre, y yo sé lo que significa eso y lo que puede llegar a afectar y no quería eso para él. Además comencé a sentir miedo de enseñarle indirectamente a mi hijo que frente a las dificultades se debe acabar con la vida de uno porque es la "única" solución y no hay más probabilidades. Estos pensamientos no apartaron la depresión de mi vida, pero por lo menos si las ganas de morir, eso hasta que llegó mi diagnóstico como mujer con el Síndrome de Asperger. Quiero aclarar que saber que tengo el Síndrome fue, lejos, muy aliviador, pero la crisis existencial que vino después del diagnóstico, fue la que me hizo nuevamente querer morir (en este escrito explico el por qué: La Revelación).
Artista: Cecilia Garcia Villa.

También quisiera decirles que la depresión NO es una característica de nuestra condición, por lo tanto no es una regla general que todos los aspies hayan sufrido depresión, pero SÍ es una de las comorbilidades que puede presentar el Síndrome de Asperger, más aun si las personas han vivido casi toda una vida sin saber que tenían esta condición (por eso insisto una y otra vez en la importancia de los diagnósticos tempranos). La desesperación de no lograr "encajar" en este mundo y no saber las razones, y más aún si se vive bajo presión, por parte de quienes nos rodean, para actuar "normal", son una de las causantes de la aparición de esta comorbilidad. ¿Qué se siente cuando uno tiene depresión? Trataré de explicarlo desde mi propia experiencia: Se siente mucho más que una tristeza y desgano, es una angustia profunda que quita las ganas de todo, de comer, de hablar, de moverse, hasta respirar duele. Como no hay ganas de hacer nada, uno ya no quiere vivir, porque la vida le causa dolor, un dolor profundo y difícil de describir. Eso es estar deprimido, por eso detesto que algunas personas ocupen esa palabra con liviandad diciendo: “Me siento deprimida”, cuando lo único que les sucede es que no tienen ganas de hacer algo o sienten tristeza. La depresión no es eso, es MUCHO MÁS, es algo que se apodera de nuestros pensamientos, nuestro sentir, nuestro vivir, haciéndonos sentir como si fuésemos pequeños en un mundo que parece agrandarse y abalanzarse sobre nosotros, no dándonos chance para ver la vida con optimismo ni con fuerzas.
Artista: Cecilia Garcia Villa.

¿Qué debe hacer si usted conoce a alguien que sufre de depresión? Lo primero es NO obligarlo a que enfrente la vida como usted lo hace, no lo compare con usted ni con nadie que sea más “fuerte”. Escuche lo que tenga que decir sin cuestionarlo (aunque a usted le parezca que lo que le está contando “no es para tanto”). Dígale que a pesar de que usted no sabe lo que es estar deprimido, entiende su sentir, y que respeta sus deseos de estar solo, pero que no olvide que lo que está experimentando hoy, por muy “duro” que sea, habrá días en que se sentirá mejor y si atenta contra su vida, no podrá comprobar que lo que está viviendo en estos momentos, en otra ocasión puede tener solución. Dígale que si quiere llorar que llore, que si quiere gritar grite, pero que no solucione esta desesperación con la muerte porque usted le quiere y no podría soportar no verle más. Algo muy importante que hace tiempo tengo ganas de aclarar y es eso de que la gente piensa que un suicida en potencia “no avisa” cuando quiere matarse y que si quisiese matarse “simplemente lo haría”, pues es ABSOLUTAMENTE FALSO. Hay personas que en su desesperación plantean sus planes, pero NO por manipular, simplemente están pidiendo casi a gritos ayuda, comprensión, contención, alguna "señal" que les muestre por qué deberían quedarse en esta vida. Si bien es cierto, existen personas que por alguna otra razón manipulan con amenazas de muerte, hay otros que de verdad desean hacerlo, muchas veces ocupando ese tiempo, entre aviso y aviso, para darse el valor suficiente para llevar a cabo sus deseos de morir, porque NO ES FÁCIL para nadie quitarse la vida. Es por eso que después de muchos intentos, finalmente logran su objetivo, y luego vienen las lamentaciones de "por qué no le hice caso cuando me dijo que se iba a matar". Y los que por una u otra razón no nos llegamos a suicidar, no es que seamos más “fuertes”, ni tampoco motivo de comparación, pues aunque hayamos optamos por vivir, el “calvario” se lleva por dentro y nos sentimos muertos en vida, hasta que le encontramos el sentido de vivir.
Artista: Cecilia Garcia Villa.   

Hoy por hoy, yo ya no quiero morir ni deseo que alguna enfermedad “aparezca” y que me quite la vida, aunque sigo fumando (el cigarro apareció hace 12 años en mi peor crisis de angustia y depresión, cuando yo no le tenía ningún apego a la vida ,y jamás pensé que me costaría tanto dejarlo, y si lo menciono en este escrito NO es porque me sienta orgullosa ni quiera dar un MAL ejemplo, en cambio, mi experiencia les puede servir de referente para no fumar bajo ninguna circunstancia, pues se vuelve una terrible adicción, y cuesta bastante dejarlo). Bueno eso es otro punto y sí, una persona Asperger SÍ puede tener adicciones así como otras personas que no las tienen (leer este artículo: ¿Puede un adulto Asperger tener algún vicio?).
A pesar de todo, hoy al fin veo el sentido a mi vida y sé que puedo lograr mis propósitos porque tengo un Síndrome que me permite tener capacidades para hacer grandes cosas si me lo propongo con esfuerzo y fe. Mi hijo acaba de ingresar a la universidad y quiero estar viva para verlo titularse de Ingeniero Civil Industrial en Mecánica, quiero verlo formar su propia familia y quiero ver crecer a los hijos que él algún día tenga. Quiero ver el fruto de mi trabajo en la escritura y ser una reconocida novelista. Quiero disfrutar de lo hermoso que es el amanecer y también del anochecer. Quiero ser la portavoz de todos los diagnosticados tardíamente. Y PRINCIPALMENTE, quiero decirle a los aspies lo siguiente: A TI que aún no has logrado algún objetivo que te hayas planteado en la vida. A TI que sientes que "no vales nada", que eres "inútil" y un "estorbo", NO DESESPERES, NO PIENSES en que lo mejor que te puede suceder es morir, YO TAMBIÉN ME SENTÍ UN DÍA COMO TÚ y hoy estoy aquí, diciéndote que lo bello de la vida a veces tarda, y más de lo que uno quisiese, pero tarde o temprano llega, lo digo yo que muchas veces quise morir, y que hoy a mis 42 años, recién sé lo que quiero en mi vida y estoy luchando por ello. Y Aunque caiga en estados depresivos algunas veces por situaciones que me afectan, optando por estar sola y no hablar a nadie, quiero estar viva para dar mis testimonios y si con algunos de ellos logro ayudarte a TI que me estás leyendo, entonces me daré por satisfecha y sabré que al haber elegido la vida, te ayudé a ti a querer vivir.

Las imágenes utilizadas en este escrito pertenecen a Cecilia Garcia Villa, una excelente artista con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página:

sábado, 1 de abril de 2017

La Anorexia, una pésima consejera.


Siempre fui una niña delgada, la razón principal es que era muy “mala” para comer. Cuando pequeña, cada vez que llegaba la hora de las comidas del día, hacia escándalos y devolvía de mi boca lo que no me gustaba. A medida que fui creciendo nunca cambió el hecho de que ciertos alimentos yo no los tolerase en mi boca, pero tenía que comerlos igual por obligación para no ser regañada. En ese tiempo no me importaba los “kilos” porque era delgada, incluso quería ganar peso para que dejasen de “molestarme” diciéndome que era muy “flaca”, pero lo poco que aumentaba en peso, rápidamente lo bajaba (creo que por mi estado nervioso no lograba asimilar lo que comía). Transcurrieron los años y a los 23 años quedé embarazada y apenas logré subir un kilo por mes, los cuales “desaparecieron” abruptamente luego del parto, debido a lo difícil y doloroso que fue. Al poco tiempo de nacer mi hijo comencé a experimentar mucha ansiedad (por otras razones) y eso dio inicio a que comiese en exceso, consumiendo en grandes cantidades lo que se le denomina comida “chatarra”, podía comer en un día un kilo de helado con capas de chocolate y un paquete de 1.000 gramos de papas fritas con mucha mayonesa al día y por semanas, y luego cambiar los productos pero manteniendo el mismo equivalente en exceso de calorías.
Ese año no subí ningún kilo porque yo estaba amamantando a mi hijo, pero después de que mi hijo cumplió un año dejé de darle pecho y seguí comiendo al mismo ritmo, pero esta vez comencé a engordar. Yo no me daba cuenta de esto, hasta que después de un tiempo, algunas personas que no me habían visto hace mucho y me encontraban en la calle, me decían que estaba gorda, pero lo que más me afectó fue cuando alguien me dijo que parecía “chancha” (cerdo) y fue cuando realmente me di cuenta de mi sobrepeso (la persona que dijo eso no fue por maldad porque es alguien cercano a mí, sólo que no midió sus palabras). A partir de allí traté, infructuosamente, de hacer dietas, pero el hambre podía más y todo lo que hacía durante el día para comer poco, en la noche era olvidado, dándome “atracones” de comida y sintiéndome culpable por ser tan “débil”. Fueron tres años en que intenté bajar de peso sin éxito alguno (a esas alturas pesaba casi 80 kilos).
Artista: Eduardo Replinger.

Cuando cumplí 30 años tuve mi primera crisis de angustia en el lugar en que yo trabajaba debido a que sufrí demasiada presión (no tengo tolerancia a la presión de otras personas porque ya de por sí yo vivo presionándome en todo lo que hago). Eso me llevó a llorar todos los días, antes y después de mi horario de trabajo, quitándome absolutamente el apetito porque era mucha mi angustia y ya no quería volver a trabajar.
En un mes bajé casi 15 kilos y finalmente dejé mi trabajo porque ya no resistí más las crisis a las cuales me veía envuelta día a día, cayendo en una profunda depresión. Con la falta de trabajo, pronto vino la falta de dinero, entonces comencé a comer menos para ahorrar el poco dinero que recibía mes a mes y así alimentar a mi hijo, pues no me encontraba en condiciones de trabajar en esos momentos debido al trastorno depresivo que me tenía sumida en el absoluto desgano. Pero no me molestaba sentir el ardor en mi estómago avisándome que debía comer porque comencé a ver que el hecho de haber comido poco me hizo llegar a pesar 50 kilos (yo mido 1.70) y eso me satisfacía completamente (para que se haga una idea de lo delgada que estaba: Podía usar las poleras y chaquetas de mi hijo de 10 años). Comencé a sentir una enfermiza atracción por tocar todo el día, y más aún en la noche, los huesos de mi cuerpo que ya se notaban (a esas alturas ya no se me veían los senos, sólo eran dos pellejos colgando, algo así como se ven las perras callejeras que han parido y se ven famélicas). Tendida en la cama, en la soledad de la noche, me miraba con un espejo grande las costillas, el esternón, la clavícula, las vértebras y el sacro que se notaban sólo cubiertos de piel, tocaba una y otra vez los huesos y eso me causaba placer, aunque estuviese sintiendo como si un fuego quemase mis entrañas, en cambio, ese "fuego" me indicaba que estaba haciendo las cosas "bien" y no estaba cayendo en la "tentación" de comer. No diré detalles de cómo me engañaba para comer casi nada, porque si algo aprendí en mis 7 años de anorexia, es que cuando uno está viviendo esta enfermedad, aprovecha de ver programas en que muestran la vida de alguna chica anoréxica, pero NO para aprender la lección de vida de aquella persona, sino que para “aprender tips” de las cosas que ellas hacían para perder peso y eso copiarlo para uno seguir estando delgada. Así que yo aquí no mencionaré nada de eso por si alguna chica que pueda tener problemas alimenticios, lea mi escrito y se “tiente” a repetir lo que hice yo. Si diré que yo no quería perder peso para atraer hombres porque estaba consiente que mi físico no era del gusto de los demás, pero eso no me importaba, sólo quería seguir experimentando la satisfacción que sentía yo al tocar mis huesos cubiertos de piel, y comprobar con esto que yo tenía el control.
Artista: Eduardo Replinger.

Mi entorno cercano comenzó a decirme que me veía fea, algunas personas me preguntaban si estaba enferma de cáncer, y hubo quien pensó que yo estaba consumiendo droga. El punto es que las personas comenzaron a preocuparse y a mencionar mi baja de peso, pero a mí nada de eso me importaba, en cambio, me satisfacía ver que todo mi sacrificio estaba dando resultado y eso me alentaba aún más a no caer en la “tentación” de comer, incluso si llegaba a morir a causa de mi escuálida alimentación, me importaba muy poco. Además en esa época comencé, erróneamente, a fumar y a beber café en exceso, nada importaba más que sentir mis huesos, ni siquiera el hecho de que mi hijo se fuese a quedar sin madre, amándolo como lo amo (reconozco mi enorme egoísmo, pero estaba afectada por esta enfermedad y, a la vez, por una profunda depresión. El hecho de vivir sola con mi hijo pequeño, me “ayudaba” a vivir mi anorexia sin preocuparme de que me vigilaran y presionaran para comer. Mi rutina era hacer 2 horas diarias de ejercicios y ver programas de televisión en donde hablaban de dietas o personas con anorexia (para copiar métodos de adelgazamiento) y cada vez que iba al supermercado revisaba las calorías de cada producto alimenticio y todo lo que compraba para comer era “diet”. Luego de esta fase de casi no comer, comencé a sentirme “tentada” por comer de vez en cuando alguna comida “chatarra”, y apenas terminaba de hacerlo corría al baño a vomitar, pero esto fue esporádico porque mi miedo a que mi hijo me escuchase y fuese a imitar mi conducta cuando creciera, me hizo preferir comer muy poco a darme “gustos” que después irían a parar al baño en un vómito autoinducido, además pensaba que era injusto que, habiendo tanta gente que pasaba hambre por no tener que comer, yo fuese a "botar" el alimento.
Artista: Eduardo Replinger.

A los dos años de haber dejado mi trabajo de un día para otro, volví a ejercer de maestra en una escuela (primaria). Estando allí evitaba participar de cualquier reunión que significase compartir comiendo. Con mis familiares era lo mismo, no participaba de nada que significase comer. Eso me fue alejando mucho más de las personas, y si ya antes no socializaba mucho, el miedo a que me obligasen a comer, me apartó aún más de los demás. Después de 6 años recapacité, con ayuda de quienes me quieren, y comencé a comer casi normal. Decir que me he “sanado” del todo, sería mentir. Creo que la “mentalidad anoréxica” me va a acompañar toda mi vida, y no caer nuevamente en la tentación de casi no comer, es una lucha constante porque, aunque trate, no puedo evitar pensar, cada vez que como, en las calorías que estoy ingiriendo y sentirme culpable y "débil de voluntad" por comer, más cuando alguien me dice que “ahora sí me veo bonita y no como antes cuando estaba muy delgada”. Esa es la peor frase que se le puede decir a una ex anorexica, porque tantas veces nos dicen que nos vemos feas al estar tan flacas, que si esta vez nos dicen que nos vemos bonitas, significa que ya no estamos delgadas, por lo tanto, es un sinónimo de estar “gorda”, y en vez de que esa frase sirva como aliciente para seguir comiendo, provoca el efecto contrario y uno quiere dejar de verse como los demás perciben la belleza, porque para quienes tenemos esta enfermedad, la belleza son los huesos. Hoy peso 58 kilos (supuestamente sigo delgada para los demás), y no niego que me encantaría pesar 8 kilos menos, pero ya no hago nada por llegar a ese peso (ideal para mí). 
Artista: Eduardo Replinger.

Cabe mencionar que la anorexia puede estar presente en el Síndrome de Asperger como COMORBILIDAD, y quiero dejar en claro que NO ES REGLA que afecte a todos quienes tienen el síndrome y TAMPOCO es una característica de la persona Asperger, pero sí he conocido más casos como el mío en chicas aspies. No sé lo que puedan experimentar otras personas Asperger al vivir con este trastorno, pero en mi caso, era la satisfacción por mantener el control sobre mí misma, y en algunas ocasiones, una especie de autocastigo, porque cada vez que he fracasado en algo, ya no siento deseos de comer y si llego a intentar comer, mi cuerpo rechaza el alimento, pues siento de inmediato ganas de vomitar (esto me sucede, sobre todo, cuando atravieso grandes crisis de angustia y ansiedad. 
Las razones por las que un joven puede llegar a la anorexia son variadas, pero yo me detendré en una, la que me tocó vivir a mí y desde allí dar un pequeño consejo a quienes rodeen a una persona con sobrepeso, y eso es: TENER CUIDADO CON LAS PALABRAS QUE SE DICEN, una burla, un apodo que puede parecer “inocente” o de “cariño”, pueden provocar una futura persona con anorexia. Recuerden que no todos son tan “fuertes” y las constantes críticas pueden “hundir” a una persona y llevarlas a tomar malas decisiones. Hay sobrepesos que se pueden evitar, y eso es cuidando la alimentación de su hijo cuando es pequeño e incentivarlo a hacer actividades físicas y si hay algún problema en el metabolismo, tratarlo con un nutricionista o algún profesional idóneo. Lamentablemente la anorexia también aparece en la infancia, por lo que hay que estar atentos a las palabras que se dicen y los ejemplos que se dan.

Las imágenes utilizadas en este escrito pertenecen a Eduardo Replinger Fuentes, un talentoso artista español con el Síndrome de Asperger. Si quiere ver más de sus obras, visite su página: