jueves, 4 de mayo de 2017

¡Ya estás hablando sola otra vez!

¿Existe alguien que no haya hablado solo alguna vez? No lo sé, pero desde que tengo memoria, recuerdo que, bajo algunas circunstancias, me he encontrado en soliloquios bastantes entretenidos algunas veces, otras no tanto, dependiendo de la situación que me tiene absorta en aquellos momentos, sin antes resguardarme de que nadie esté presente en aquellos instantes para que no vayan a pensar que estoy “loca” por hablar sola. Las razones por las cuales mantengo estos monólogos, son tres: Pensar en voz alta, imaginar sucesos que he deseado alguna vez se hagan realidad, y la más recurrente: Ensayar diálogos que tendré en un futuro con alguna persona que en esos instantes no está presente, pero que más adelante si lo estará.
El pensar en voz alta, es una especie de confirmación de lo que estoy sintiendo y a la vez reafirmar que lo que he dicho o hecho, está bien. Mi baja autoestima y mis constantes equivocaciones, son causantes de creer que todo lo que hago o haré, resultará mal, es por eso que cuando realizo algo con éxito, tiendo a repetir lo que dije o hice, en voz alta, como tratando de memorizar para repetirlo la próxima vez, y así asegurarme que me traiga el mismo éxito que la vez anterior. Creo que el decir en voz alta algo que hice bien, es una especie de regocijo para mí, es como repetir varias veces la experiencia de sentirse satisfecho con uno mismo; es que son tantos los fracasos al tratar de conseguir una buena comunicación, que cuando al fin lo logro, no quiero que ese momento termine nunca. También tiendo a hablar sola sobre lo que haré o dejaré de hacer, dependiendo de las experiencias previas que me llevan a determinar, en voz alta, las acciones a seguir, sobre todo cuando debo salir a hacer diferentes trámites, repasando verbalmente cada sitio al cuál iré y lo qué haré en dicho lugar.
Artista: Cecilia García Villa.

El imaginar sucesos que deseo que alguna vez se hagan realidad es algo inherente a mi personalidad soñadora ¿será por eso que me gusta escribir historias? Desde muy pequeña he “alucinado” con el “mundo” de los actores del cine, quería ser una gran actriz, es por eso que luego de ver alguna película que llamase profundamente mi atención, repetía los diálogos de algunas escenas o simplemente los inventaba y me imaginaba siendo yo parte de esa película interpretando el personaje que me había cautivado en esos instantes. Muchas veces he inventado mis propias películas, con historias que algún día pienso escribir en mis libros, y mientras he repasado en mi mente los diálogos, me he visto de repente interpretándolos en voz alta. Y de la mano con estos monólogos en los que me he visto envuelta muy seguido, viene la parte Fantasiosa - Optimista, esa que me lleva a imaginar estar en la situación en la que un día seré reconocida como escritora, por lo tanto ensayo en voz alta lo que diré el día en que sea entrevistada por mi trabajo literario (Sí, sí sé que es un sueño a gran escala, pero tal como dicen: “Soñar es gratis”. Y menos mal que lo es, sino cuánto dinero habría gastado en mi vida por cada sueño despierta que he tenido). Quizás las historias en mi cabeza sean más entretenidas que mi vida real, y por ende, menos dolorosas, no lo sé, sólo sé que aun fantaseando bastante en voz alta, tengo bien claro cuál es mi mundo real (¡Tranquilos! Aun no llego al extremo de confundir realidad con fantasía J )
Artista: Cecilia García Villa.

¿Cuántas veces me vi hablando sola, imitando a la compañera de clases simpática y extrovertida e imaginando que yo era tan querida cómo ella? ¡Uy! Esa es otra de las ocasiones en que acostumbraba a “actuar” en completa soledad, pero esta vez imitando a personas reales y no personajes del cine. Siempre me ha llamado la atención el comportamiento humano, a tal grado de observar los detalles de la entonación de voz y los gestos de las personas (nunca me he fijado como van vestidas, exceptuando cuando debo reconocer a una persona desconocida, pero siempre presto atención a su comportamiento; en ese aspecto no pierdo detalle), y creo que esa fijación es la que me ha ayudado en gran parte a relacionarme con los demás. Si las personas no hubiesen sido mi centro de interés quizás yo no habría sabido cómo comunicarme con ellas, ni hubiese aprendido que una sonrisa facilita que la otra persona tenga interés en conversar con uno (creo que lo de la sonrisa lo interioricé tanto, que muchas veces sonrío mecánicamente, hasta cuando no debo hacerlo, pero en fin, es difícil para mí los términos medios en cualquier ámbito, incluyendo el sonreír). Pienso que el mantener monólogos, imitando a la persona sociable, era una forma indirecta de ensayo y error para luego ponerlo en práctica. He tenido éxito, pero cuando ya la persona es de confianza y no son más de 3 en un grupo, pero aplicar esa simpatía cuando son más personas ¡Jamás! A no ser que “sin querer queriendo” diga algo que a los demás les haya parecido gracioso, aunque no sea mi intención que lo interpreten así, y de ahí a reconocer si se han reído conmigo o de mí, ese es otro gran dilema cuando de reconocer intenciones se trata, porque eso no se aprende hablando solo, se aprende (y si es que se aprende) cuando uno ya es adulto y luego de muy malas experiencias de vida con personas burlescas, que parecen necesitar tener que humillar a otros para parecer graciosos ante los demás.
Artista: Cecilia García Villa.

El hablar sola para ensayar futuras conversaciones, es prácticamente una necesidad, puede ser que producto de mi tremenda inseguridad y el miedo de no ser entendida ni comprendida, me impulse de manera automática, sin planificación, a verme envuelta en conversaciones imaginarias con la persona en cuestión, incluso, previendo sus posibles respuestas, y tratando de ponerme en la situación dependiendo de la reacción que pienso pueda tener esa persona con respecto a lo que tengo que decirle, y a la vez, tener diferentes respuestas para cada una de las palabras, que pienso, me dirá ella. Es por eso que cuando no he planificado una conversación y me han dicho algo inesperado, muchas veces no sé qué responder y varias palabras mías quedan en el “tintero”, sobre todo cuando me veo envuelta en situaciones injustas, en donde esa persona me ha tratado mal y yo no me lo esperaba, y luego, sola en casa repaso esa mala experiencia y me digo: “¿Por qué no le respondí tal cosa?”, “Debí haber reaccionado de tal forma”, “¿Por qué no le dije las cosas de una mejor manera”, etc. Y repito ese enfrentamiento con la persona en cuestión, en mi mente, pero ahora respondiendo en voz alta lo que debí decir y no dije, y guardando cada palabra en mi memoria para cuando nuevamente me encuentre con la persona en cuestión. Es por eso que siento que necesito ensayar mis diálogos con los demás antes de tener la plática real, para no seguir cometiendo errores y saber decir las cosas de la mejor manera posible y de una forma clara para poder ser entendida y comprendida. Muchas han sido las ocasiones en que he sido malinterpretada y acusada de ser hiriente e intransigente, y mi intención, la mayoría de las veces, no es ésa. Generalmente estas pláticas en voz alta, son producto de algo que me está angustiando de la otra persona con la cual mantendré un diálogo.
Artista: Cecilia García Villa.

Conversando con otros aspies, me he enterado que el hablar solos no es una situación aislada en las personas con la condición, pero sí malinterpretada en algunas ocasiones, quedando de manifiesto cuando algún padre o madre no ha dudado en decirle a su hijo que piensa que tiene esquizofrenia sólo por el hecho de mantener monólogos en completa soledad; pero esos aspies, al igual que yo, jamás han escuchado voces ni nada parecido, sólo pensamos en voz alta. Pienso que es muy necesario para los aspies mantener estos soliloquios, porque de por sí para nosotros es difícil mantener conversaciones espontáneas, sobre todo cuando se trata de alguna persona desconocida o alguien con quien no tenemos confianza, o cuando debemos hablar en una situación que nos causa angustia y ansiedad, como por ejemplo: Una disertación en clases, una exposición frente a los compañeros de trabajo, o en cualquier entrevista con personas que no queremos relacionarnos, pero es necesario hacerlo. Hay que tener en cuenta que las personas Asperger necesitamos mantener el control de las situaciones, por lo tanto, el ensayar diálogos nos ayuda a que la situación de tener que comunicarnos, no se nos escape de las manos y no sea tan tortuoso el tener que expresarnos frente a los demás bajo condiciones estresantes. Para el común de las personas las relaciones con los demás se dan de manera espontánea, pero para nosotros, los aspies, no es así, es por eso que necesitamos ensayar las conversaciones como una manera de adquirir destreza en esa área y de esa manera enfrentar lo que para nosotros resulta ser un desafío.
Aquí les dejo el link de una entrevista escrita que di para el Portal Innatia.

Las imágenes utilizadas en este escrito pertenecen a Cecilia García Villa, una excelente artista con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página:

miércoles, 3 de mayo de 2017

Un cuadrado perfecto.


- Dijiste que vendrías a las 11:00 hrs y son las 11:10. ¿Para qué dices una hora si no vas a estar puntual?
- ¡Son sólo 10 minutos que me retrasé! No es para tanto, tuve un pequeño inconveniente, pero ya estoy aquí.
- Si tú dices una hora debes cumplir y ser puntual. Dijiste una hora y llegas atrasada
- Eres muy "cuadrada" Paola. ¡Tienes que cambiar tu modo de pensar y ser más flexible! ¿Por qué te cuesta tanto ponerte en mi lugar?, a veces ocurren imprevistos y tú tienes que comprender eso.

Este diálogo es sólo un ejemplo de las muchas situaciones en que se me ha catalogado de "cuadrada", "cerrada" e inflexible por no lograr ponerme en el lugar de la otra persona y comprender que no todo es blanco y negro, sino que existen matices. Esto me ha acarreado muchas dificultades con algunas personas que me han rodeado, incluyendo mis relaciones laborales y de pareja, y hoy por hoy, con mi hijo adolescente. ¿Cómo se puede ser flexible cuando uno tiene una idea fija de lo que se debe hacer? Detesto la impuntualidad y no puedo entender cuando alguien no llega en un horario determinado, al punto de enfurecerme y largarme del lugar sin esperar a que la otra persona llegue. Para mí, si la persona tiene muchas cosas que hacer, pues que se levante más temprano o que deje todo listo la noche anterior; si vive lejos, que salga con anterioridad de su casa. No logro entender las explicaciones que justifiquen una impuntualidad, en mi cabeza no existe otra lógica, sólo la que yo entiendo. Se me dificulta bastante entender hechos o situaciones, a no ser que yo las haya vivido, de otra manera no puedo ponerme en el lugar de los otros.
Artista: Cecilia García Villa.

Cuando trabajaba de maestra, esta dificultad también estaba presente, tanto con mis compañeras de trabajo como con los padres de los niños: Las cosas debían hacerse de una determinada manera y si no sucedía esto, pronto venían las discusiones y las malas relaciones, pues yo tenía en mi cabeza todo planificado y no estaban considerados los cambios, por lo tanto no reaccionaba de buena forma ante ellos. Cuando habían actividades, yo las empezaba a la hora, estuviesen o no todos los que debían estar. Exigía a los padres que cumplieran con todas las tareas y sabía exactamente quien no cumplía y en qué me había "fallado". Llevaba en mi mente y en un cuaderno, el registro de todo lo que quería lograr con ellos para el aprendizaje de mis alumnos, y nada se "escapaba" a mi control. Cuando terminaba el año escolar, estaban todos los libros y guías completas, nada quedaba a medias. Jamás desperdiciaba las horas de trabajo, aprovechaba al máximo ese tiempo en enseñar, es por eso que cuando nos sacaban del aula para algún acto o actividad extraprogramática, me producía ansiedad, pensaba que estaba perdiendo horas de clases y eso me disgustaba y desorientaba. Sólo disfrutaba haciendo clases y cualquier otra instancia que no fuese eso, me producía mucha angustia y frustración.
Artista: Cecilia García Villa.

Dificultades en mi vida por cambios a los cuales no estoy acostumbrada, los he tenido siempre, pero creo que la peor fue cuando tuve que cambiar de trabajo hacia otro sector, el cual implicaba que yo debía tomar el transporte público (cosa que me angustia mucho, sobre todo cuando va lleno de gente y debo abrirme paso entre ellos para lograr llegar a la puerta, tocar el timbre y lograr bajar), me paraba de mi asiento con mucha anticipación para planificar como llegar a la puerta y que no me rozaran mucho al caminar entre esas personas desconocidas para mí. Además de tener que conocer gente nueva en mi nuevo trabajo, una infraestructura diferente y horarios distintos. Todo esto me llevó a una angustia profunda durante meses, que descargaba cuando llegaba a casa tirando cosas, gritando y llorando con desesperación. Me costó bastante adaptarme a ese lugar y acostumbrarme a tanto cambio.
Con mis ex parejas no fue distinto y nunca dejó de estar presente mi rígidez mental. Para ellos yo era una persona complicada, caprichosa e hiriente, les decía lo que pensaba, sin filtro, sin analizar que lo que yo estuviese diciendo podía herir sentimientos. Si me hacían algún regalo que no me gustase, simplemente lo decía. En mi mente es más lógico que una persona pregunte que es lo que a uno le gusta antes de hacer un regalo, que regalar algo que no me sirve ni que voy a usar jamás. ¿Por qué tengo que decir que algo me gusta si no es así? Aún creo que si alguien quiere dar una "sorpresa", pregunte con anticipación que es lo que me gusta o me sirve, y después haga el regalo, entonces ambos estaremos satisfechos: La persona que hace el regalo por dar algo que realmente me agrada, y yo, por recibir lo que me gusta. Una visita sorpresa o una salida del momento ni siquiera está entre las situaciones agradables que alguien me puede dar. Lejos de producir el efecto esperado por quien tiene estos "gestos de cariño" conmigo, lo único que encontrará en mí es un profundo malestar que, obviamente, manifestaré con mi rostro y palabras, por ser algo que yo no tenía planificado.
Artista: Cecilia García Villa.

Yo necesito el control de las situaciones, necesito tener todo planificado, y así ha sido siempre en todo ámbito de mi vida, cualquier otra cosa, puede producir reacciones de angustia e ira descontrolada, que a los ojos de mis cercanos son incomprensibles, pues dicen que "no es para tanto".
Cuando mi hijo era pequeño, era fácil, pues él dependía de mí, hasta la ropa con que lo vestía estaba "planificada", sus horarios de sueño, de alimentación, los estudios, todo, absolutamente todo, dependía de mi control. Hoy él ha crecido y me ha costado bastante entender que él ahora elige sus propios horarios y que para él “5 minutos más”, es sólo eso, pero que para mí son un profundo malestar mental que no cumpla cada horario, tal como yo lo hago. Agradezco que, pese a lo rígida que soy con él, no soy una madre celosa (eso sería terrible, tener un sólo hijo, ser rígida mentalmente y celarlo además).
Quisiera no ser tan rígida, pero no sé cómo hacerlo, he aplicado algunas veces en mi vida el ser "flexible", pero me ha atormentado bastante hacer eso, porque pese a que he tratado de parecer "comprensiva" con algunas situaciones, por dentro estoy pasándola mal, pues siento que me estoy "fallando" por dejar que algo no esté hecho "correctamente", "como debiese ser", y me ronda todo el día y hasta por días la idea fija en mi cabeza de que no se hicieron las cosas "como corresponde", y el ser perfeccionista no ayuda mucho a que yo me "relaje" en ese aspecto. Es difícil que los demás entiendan lo que ocurre en mí cuando algo no se hace como yo pienso que se debe hacer. Mis reacciones no son las mejores y eso hace que los demás me vean como conflictiva, exagerada o inmadura, pero ni se imaginan lo que yo puedo estar sufriendo ante algunas situaciones que me alteran por no cumplir con mi esquema mental. Quizás lo único que me queda a estas alturas de mi vida es pedir que no me vean como alguien que es intransigente a propósito. No es que yo "no quiera cambiar", es sólo que se me dificulta entender, aceptar y adaptarme a las situaciones cuando yo no las he vivido, sobretodo, cuando escapan a mis pensamientos estructurados.

Las imágenes utilizadas en este escrito pertenecen a Cecilia Garcia Villa, una excelente artista con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página:

Aquí les dejo un vídeo donde doy una charla a los padres de la Agrupación Asperger de mi ciudad:

martes, 2 de mayo de 2017

Relevancia de profesionales bien informados.


El Síndrome de Asperger no sólo le atañe a quienes tienen esta condición, a sus padres y familia, sino que también debe interesar a maestros, psicopedagogos, psicólogos, psiquiatras, neurólogos y a cuanto profesional se relacione con los niños y jóvenes.  Voy a comenzar refiriéndome a quienes son los encargados de educar y compartir varias horas del día con los niños y adolescentes: Los maestros (Educadoras de párvulos, profesores de enseñanza básica y media en los colegios y universitaria). Un educador no sólo debe enseñar contenidos educativos que le exige el gobierno, también es quien debe preocuparse del bienestar físico y emocional de su alumno, promoviendo valores y propiciando un ambiente adecuado donde se respetan las características particulares físicas y personales de cada niño o adolescente como ser único e irrepetible,  por tanto debe estar constantemente actualizado con toda la información que pueda encontrar acerca de enfermedades, Síndromes o trastornos en la niñez y adolescencia que puedan marcar aún más dichas diferencias propias del ser humano. Uno de los temas que no pueden pasar por alto es el Síndrome de Asperger, es imperioso informarse más al respecto, indagar más allá de la información general que se pueda manejar, considerando las diferencias que puedan existir entre niños y niñas, entre congéneres y entre niños y adultos con esta condición (ojalá, en la actualidad, en las universidades esté contemplada en su malla curricular el Síndrome de Asperger como contenido educativo para preparar futuros profesionales que sepan reconocer la presencia de este Síndrome en sus alumnos o futuros pacientes).
Artista: Eduardo Replinger.

Recuerdo que hace 11 años, cuando trabajaba en una escuela, recibí un informativo donde hacían una breve descripción acerca del Síndrome de Asperger, esta circular se la hicieron llegar a todos los otros profesores, por tanto todos manejábamos la misma información escuálida de cómo debemos percibir a un niño Asperger, sin considerar que un niño con esta condición es más que “alguien que puede manifestar excesivo interés en dinosaurios o en memorizar placas de automóviles”. El SA  es más que eso, y quien maneja muy bien la información acerca de las características del Síndrome de Asperger, sabe de lo que estoy hablando. Es por eso que yo, como adulta Asperger, estoy constantemente informando acerca de este Síndrome, esperando que sientan interés por leer escritos que les puedan ayudar a conocer más a fondo lo que es vivir con esta condición, y les aclare que NO todas las personas Asperger se "ven" iguales.
Son ustedes, los maestros, quienes trabajan con niños y jóvenes, y es su responsabilidad velar por una real inclusión educativa (en conjunto con el gobierno de cada país), lo cual no podrá ser posible si no manejan adecuadamente la información que se necesita para trabajar con un niño Asperger. Generalmente quien deriva a un niño con “problemas conductuales” al psicólogo, es el maestro, por tanto debe tener clara las razones por las cuales el niño no logra adaptarse con sus compañeros, identificando todas las características que pueda presentar, pudiendo detectar el Síndrome tras el actuar “diferente” de su alumno, y comentar estas sospechas en un documento dirigido a un psicólogo, psiquiatra o neurólogo competente que se maneje muy bien en el TEA (Trastornos del Espectro Autista).
Artista: Eduardo Replinger.

Lamentablemente todavía algunos de estos profesionales no se han actualizado o no se han especializado en este tema, es por eso que si el maestro está bien informado al respecto, puede derivar al alumno directamente a un profesional que SÍ maneje bien el tema, sugiriéndole a la madre el nombre de un profesional COMPETENTE en este campo (en algunas ocasiones los padres no “ven” que su hijo presenta otras conductas que no se aprecian en el común de los niños, y quienes hemos trabajado por años con pequeños, si podemos notar estas “diferencias”). Si el niño ha sido diagnosticado correctamente con el Síndrome de Asperger, es muy importante que asista donde un terapeuta capacitado en el S.A., quien le entregará las herramientas adecuadas, tanto al niño como a la madre, para que su hijo se desenvuelva de una mejor manera con su entorno. La madre debe compartir las pautas, que le entregue el terapeuta, con el maestro de su hijo, y éste debe estar dispuesto a aprender de lo que la madre le pueda enseñar con respecto al manejo de las conductas de su hijo. No rechace la ayuda que le pueda dar la madre de un chico Asperger, no se es menos profesional porque otros le ayuden a entender lo que no se nos enseñó en la universidad.
Hoy, después de haber investigado mucho e intercambiar experiencias con otros adultos Asperger, puedo concluir que, aunque en estos tiempos existe mayor difusión en los medios de comunicación sobre este Síndrome, algunas personas (no pocas) aún tienen una idea errónea de lo que es el Asperger. Pienso que parte de culpa la tienen algunos programas de televisión y películas en el cine, donde se muestran personajes (actores) con estereotipias motoras demasiado exageradas o reacciones exacerbadas del comportamiento frente a determinadas situaciones, sin tomar en cuenta de que en el síndrome de Asperger no tenemos por qué "vernos" todos de la misma forma, y que tener esta condición va más allá de como nos "vemos", y eso lo sabemos muy bien quienes tenemos esta condición y nos relacionamos con otros adultos Asperger.
Artista: Eduardo Replinger.

Pero lo más grave aún, según mi parecer, es que hay muy pocos profesionales capacitados para diagnosticar el Síndrome de Asperger, quienes no manejan una amplia información sobre el tema, lo cual no deja de ser preocupante, pues me imagino que si una madre llega a su consulta, afligida en busca de respuestas al comportamiento de su hijo, se irá más confundida aún y con un diagnóstico errado y por lo tanto ese niño va a crecer medicado y tremendamente frustrado por sentirse fuera de lugar en esta sociedad, sin saber por qué, y sin una terapia adecuada que le ayude a enfrentar su entorno. Y si eso le espera a un niño, no me quiero ni imaginar cuantos adultos quedarán sin un correcto diagnóstico, pues es sabido que con los años, sobre todo las mujeres Aspies, tienden a adquirir conductas aprendidas, lo cual las hace ver “normal”, pero lo que se oculta es una gran frustración y angustia por sentirse diferente y no saber el por qué. Mi finalidad al hacer esta crítica social, es CONSTRUIR. Creo firmemente que si se comienza a educar de una manera correcta a las personas de esta sociedad, a través de medios de comunicación y profesionales debidamente instruidos, que tengan claridad y una vasta información sobre el Síndrome de Asperger, tendremos a Aspies más comprendidos e incluidos en esta sociedad, y por lo tanto, con menos angustia y frustración. Es imperioso que exista una real toma de conciencia en psicólogos, neurólogos y psiquiatras sobre la necesidad de informarse y ACTUALIZARSE continuamente sobre este Síndrome, y estudiar concienzudamente NO sólo las características en la persona Asperger, sino también las diferencias que pueden existir entre las personas con esta condición y entre ambos sexos también, pues quiero hacer énfasis en que el Asperger NO se manifiesta de una manera idéntica entre hombre y mujer, y TAMPOCO entre adultos y niños con la condición. Es fundamental TENERLO CLARO y manejar MUY BIEN esta información, ya que esto puede marcar la diferencia en el futuro bienestar de sus pacientes al emitir un correcto diagnóstico, pues en estos profesionales recae la responsabilidad de que tanto niños como adultos tengan un futuro promisorio. Les recomiendo leer a Tony Attwood, Tania Marshall o a Donna Williams, quienes han sido un excelente aporte en relación al síndrome de Asperger.   

Las imágenes utilizadas en este escrito pertenecen a Eduardo Replinger Fuentes, un talentoso artista español con el Síndrome de Asperger. Si quiere ver más de sus obras, visite su página:

Vídeo en donde Diego, un adulto con el síndrome de Asperger, habla sobre el diagnóstico TEA en niños: 
      

lunes, 1 de mayo de 2017

Experiencia de vida de María Belén, una joven española con el Síndrome de Asperger.


Hola soy María Belén, tengo 22 años y vivo en España, concretamente en la comunidad autónoma de Andalucía, en un pueblo de la provincia de Granada.
Nací un día de fiesta y cómo no había suficientes médicos, no podía salir, así que a las seis de la tarde nací por cesárea. Debido a eso (según una estudiante de psicología) me quedé sin líquido amniótico o que me quedé un poquito sin aire (algo así creo recordar) una pequeña parte de mi cerebro está inactiva según muestra una imagen del cerebro que me hicieron cuando era pequeña, eso no me afecta en mi vida cotidiana pero sí para intentar pensar un problema o ver algo de lógica.
Fui concebida porque el progenitor hombre flirteó a la progenitora mujer porque le pareció guapa y niña sola, así él se metió a vivir en casa y con el paso del tiempo se ha acomodado de la situación volviéndose dependiente, persona tóxica y maleducado, en otras palabras, un insoportable.
Yo recién nacida.

A la edad comprendida entre 0 y 5 años yo era una persona pequeña a la que cuidaba su madre. En mi etapa de guardería se me veía normal en la clase, pero cuando era el recreo se me notaba asustada por griterío de niños/as corriendo de un lado para otro; así que yo me quedaba en un muro comiéndome mi comida y esperando a que terminase el recreo. Cuando llegaba el carnaval o algún otro evento yo me quedaba sin saber qué hacer y las monitoras me llegaron a decir que me acercara y que fuera a recoger las chucherías o juguetes que repartían. Recuerdo que en carnaval tenía un disfraz con la boca tapada, tenía una chuchería en la mano y yo le daba mil vueltas a la chuchería para saber por dónde metérmelo y comerlo. En mi etapa de preescolar yo me iba con un grupo a jugar con la arena en el recreo y me lo pasaba bien. Ese grupo desapareció al entrar en primaria porque algunos se fueron a otro cole y los que nos quedamos en el mismo cole nos juntamos con otros.
Mi clase de primaria, yo soy la que está apartada un poco del grupo mirando para abajo; situada en la parte derecha de la imagen.

A la edad comprendida entre 6 y 11 años me encontraba en mi etapa de primaria. A los 6 y 7 años aprendí a leer, escribir y hacer cuentas con un maestro que ponía muchos deberes y no me enteraba, ya que exigía mucho en cuanto a la fecha de entrega de tareas y me estresaba un poco. Por ello, mi madre se puso en contacto con una psicóloga que buscaba trabajo para que me ayudara en ese aspecto. A raíz de esa ayuda surgieron logopedas, maestros de pedagogía terapéutica, psicólogos y orientadores; a los cuales los llevo siempre en el recuerdo por haberme ayudado tan bien. A los 8 y 9 años, respectivamente, me fui con un grupo a jugar en el recreo pero me hicieron un feo para no juntarme con ellos porque me veían distinta a ellos. A partir de ahí una niña se me acercó, me comprendió y me invitó a unirme a su grupo de amigos y poder jugar; ya me sentí un poco mejor. A los 10 y 11 años, respectivamente, ya me iba un poco mejor. Pero al finalizar casi mi etapa primaria; esta niña, mi amiga de la infancia, poco a poco se fue distanciando de mí porque el próximo curso íbamos a entrar al instituto e íbamos a hacer nuevos amigos. En esta etapa de primaria sufrí un poquito de bullying pero en la etapa de secundaria lo sufrí más, sobre todo los dos primeros años (primero y segundo de ESO), los dos últimos años (tercero y cuarto de ESO) no lo sufrí en absoluto porque los profesores se hicieron eco del asunto y me pusieron con un grupo que no se metiera conmigo.
Yo en la piscina, yo soy la de la derecha.

En mi etapa de secundaria (edades de 12 hasta 15) entré al instituto y con lo cual me distancié de mi amiga de la infancia, me surgieron nuevas amigas a las cuales desprecié y me quedé aislada pensando en la obsesión que tenía (la de que la orientadora me ayudase y fuera mi amiga) y lo pasé mal. Me costó trabajo sacar la secundaria pero al final me la saqué. En esta misma etapa me leí un libro titulado “El Secreto”, el cual me ha repercutido evitando aquellas cosas insignificantes que no quería atraer, ya que el libro hablaba de la ley de la atracción (Mi psicopedagoga me decía que era una paranoia esa idea de la ley de la atracción que tenía en mi mente).
A las edades de 16 y 17 años respectivamente hice el grado medio de Gestión Administrativa porque la orientadora dijo que me resultaría más fácil que Bachillerato, el cual me estresaría. En mis prácticas de ese grado medio hice las prácticas en una empresa pública porque me lo habían aconsejado por mi condición. En mi período de prácticas me fue bien. Cuando terminé las prácticas y al cabo de tres años tuve de amiga a mi tutora laboral y pasados esos tres años ya me fui distanciando de ella porque descubrí, por razones obvias, que no podía ser mi amiga.
En un cumpleaños. Yo soy la que está de frente a dos tartas con un vestido blanco.

En mi etapa de instituto mi familia sufrió mucho por mi problema en él, el cual ha llevado a que le pongan trabajos de mala calidad a mi madre, la cual trabaja allí de limpiadora.
A mi edad de 17 y 18 años respectivamente hice el grado medio de Sistemas Microinformáticos y Redes, el cual había casi todo niños y me aislé. Ese grado medio lo saqué de manera satisfactoria, hice mis prácticas en una empresa privada de Granada y me fue bien.
A mi edad de 19 y 22 años respectivamente hice el grado superior de Desarrollo de Aplicaciones Web en el que me va como la seda de bien. El rango de edad en que lo hice es más grande porque me quedaron dos asignaturas, tengo que aprobarlas para poder hacer mis prácticas y mi proyecto final. Casi al finalizar el grado superior, participé en un programa de televisión en el que me reencontré con mi primera psicóloga, tomé esa iniciativa, salí de mi zona de confort y me sentí mejor.
En mi etapa educativa ha habido pares, personas de mi edad, que me decían cosas negativas, han afectado un poco sobre mí en la manera de que pienso mucho en eso, no sé cómo evitarlo y ahora poco a poco los voy discutiendo con ella para convertirlos en positivos.
Mi grupo de baile.

Respecto a la comida he de decir que siempre me ha gustado comer y completaba de una pasada lo que se ponía en la mesa sin preocuparme de que ganara peso y sin ser consciente de que algunas sustancias digeridas permanecían conmigo (creía que los alimentos que comía desaparecían y no tenían efecto en mí porque yo no los veía). Mi madre me decía que hay que comer y yo le hacía caso sin saber exactamente el por qué y ahora he descubierto que hay que comer para que la materia gris del cerebro me dé la energía suficiente para poder hacer mis tareas.
No me gusta el deporte porque, aunque sea positivo, yo misma no tengo la suficiente resistencia y me canso pronto. Retrocedamos a mi etapa escolar en la que no me gustaba hacer educación física porque no quería trabajar en equipo (ya que me costaba coordinarme con el resto y saber lo que querían expresar) y tenía torpeza fetal con lo cual me podía caer fácilmente. Ahora avancemos a la actualidad en la que he descubierto que tengo que hacer deporte porque es saludable y como tengo unas amigas delgadas me esfuerzo diariamente por intentar estar delgada para estar integrada en la sociedad y me puedan aceptar como amiga.
Mi tutora laboral a la que considero una amiga (según el escrito) es rubia y está sosteniendo una pequeña caja.

Hablando de miedos he de decir que soy una persona miedosa a la que le dan miedo todas las cosas tales como animales, disfraces, cosas y experiencias nuevas, atracciones de una feria o parque de atracciones, las alturas, los toboganes grandes de la piscina, bucear en la playa, bucear en la piscina, etc. 
Mis hobbies son: La edición de vídeo, escribir cuentos y poesías que se me ocurren de la mente y hacer páginas web. Respecto a la edición de vídeo, aprendí a editar primero con Movie Maker (el programa que lleva Microsoft) y después aprendí de manera autodidacta el manejo de Sony Vegas Pro (programa profesional de edición de vídeo). Respecto a la escritura, poder comentar que tengo muchos cuentos escritos y algunas que otras poesías, éstos primeros pendientes de publicación por parte de una editorial. Respecto a las páginas web, decir que estoy terminando el grado superior que mencioné más arriba, me enseña a hacerlas y poco a poco sé hacerlas mejor.
Yo cuando salí en televisión yo soy la primera empezando por la izquierda.

Hablando de redes sociales tengo que comentar que mi primer Facebook me lo borré porque me bloquearon y no podía ver un perfil, el segundo me lo borré porque no quería ver más contenido de mi amiga, el tercero y sucesivos me los borré porque enviaba solicitudes de amistad, no me las aceptaban, la búsqueda de ese perfil se quedaba grabada y me lo borré por el motivo de que no quería tener esos perfiles en mi historial de búsqueda de Facebook. Ahora vuelvo a tener Facebook y me estoy controlando evitando los puntos anteriores para no tener que borrarlo.
Mi vida siempre ha sido muy difícil y algunas cosas no las comprendo pero por suerte en Facebook di, en varios perfiles que tuve en el tiempo, con grupos Asperger que busqué y encontré, a los cuales les planteaba dudas y éstos me las respondían desde su experiencia. Gracias a esos consejos y a todas las personas que me han ayudado en esta vida yo me he convertido actualmente en una mejor persona.
Si quieren contactar conmigo para que yo les pueda ayudar con una nueva situación que les surja y no saben cómo afrontarla aquí os digo que mi correo electrónico es:
mbmfym@gmail.com