lunes, 8 de mayo de 2017

¿Qué es ser un adulto con Síndrome de Asperger? Mi experiencia personal.

Lastimosamente quise hacer de esto un vídeo, no se pudo, no cuento con la tecnología para hacer esto en este preciso momento y quien sabe hasta cuándo. Así que me disculpo.
Me llamo Julio Cesar, soy de Barranquilla, tengo 32 años, confirmé que soy Asperger hace casi 2 años.
Imagínense ser un Asperger en mi ciudad, en medio de la cultura tan bulliciosa, tan folclórica, tan alegremente desbordada, su clima, su gente, su ambiente, en fin, dense una idea de ser una persona con mis condiciones entre toda esta explosión tropical del caribe.
Mi familia es barranquillera también, aunque somos de reciente inmigración, provenientes de diversas partes de Europa y cuyos antepasados, llegaron a dar a esta ciudad por pura y física casualidad, les gustó, se quedaron y bueno, hoy soy uno de sus descendientes, pero ese no es el tema de conversación.
Desde antes de nacer, ya llegaron los problemas, por así decirlo, por hacer la diferencia:
Mi madre era la rebelde de la familia por querer estudiar en la universidad, mis abuelos no querían que ella estudiara ni trabajara, no, ella tenía que quedarse en el hogar, conseguir marido y empezar a parir hijos enseguida, como toda familia tradicional tenía que ser.
Aun así, mi madre no aceptó esas reglas y se inscribió, de noche, para estudiar en la universidad, porque además, buscó empleo y lo consiguió rápidamente.
En medio de sus estudios, excelentes calificaciones y buenas recomendaciones laborales, mi madre empezó a hacer viajes para complementar sus estudios y mejorar su currículo vitae.
Fue durante uno de esos viajes, donde ella, sufrió los dolores de parto y terminé naciendo en una ciudad que nadie esperaba, sola, lejos de cualquier ser querido en esos momentos, no lo esperaba, así que no estaba preparada para recibirme, nací sin ropa y me improvisaron algunas prendas para poderme proteger del clima frío de la capital colombiana, alguna de esas ropas no eran para niño, así que, si, por la improvisación llegué a usar ropa de niña.
Mi progenitor masculino, solo quería estar con mi madre solamente para disfrutar del sexo, no quería responsabilidades, de hecho, hizo abortar a mi madre por lo menos una vez previamente. Él no estaba para nada contento con mi llegada, de hecho, nunca respondió por mí más allá de darme sus apellidos y alejarse de toda responsabilidad, dejando a mi madre completamente responsable de la criatura que se atrevió a tener.
La familia paterna, hizo algunos intentos por ayudar, lastimosamente sus recursos fueron limitados, y ocurrió una grave tragedia donde murieron precisamente los que ayudaron a mi madre, por tanto, la ayuda fue breve y desapareció para siempre.
La familia materna, de dientes para afuera, felices con mi llegada al mundo, más, prácticamente, lejos de ayudar, lo que hicieron fue criticar y dificultar los avances y crianza mía. Pretendieron que, mi madre criase, al mismo tiempo que estudiaba y trabajaba, ellos no se encargarían de cuidarme ya que no era de su responsabilidad el cuidarme.

En medio de tanto desinterés en cuidarme, me enferme a los pocos meses de nacido y casi muero de bronconeumonía y tosferina, afortunadamente, los jefes de mi madre, y el clima tropical de la ciudad de mi familia, a la que afortunadamente mi mama regresó tan pronto pudo, ayudó muchísimo a curarme de esas enfermedades, pero fue casi 3 años de tratamiento.
Con esos antecedentes, ya se podrían imaginar lo difícil que terminaría siendo detectarme el Asperger.
Por la enfermedad doble que tuve de recién nacido, estuve bastante aislado, mi madre con mucha fortaleza demostró ser capaz de estudiar, trabajar y cuidar de mí, logró graduarse de su carrera, con honores, excelentes calificaciones y por ende, la cuestión económica mejoró enormemente y eso allanó el camino a que la familia tuviera otra actitud con ella y conmigo. Entonces, pues prontamente demostré mi rápido aprendizaje para leer y otras cosas que, se supone que aún no debería dominar, y al mismo tiempo, a pesar de todo, aun no hablaba, no caminaba.
Por la misma enfermedad y su tratamiento, ya estaba frecuentemente visitando a médicos y psicólogos, pendientes de mi evolución, ya que, por las enfermedades que sufrí, mi evolución no iba a ser como los demás niños.
A pesar de no saber hablar ni escribir, ni caminar aun, ya sabía leer y hacer muchas cosas a los 2 años, así que, los doctores le dieron luz verde a mi familia para que pudiera entrar al preescolar. Fue una etapa donde, me di cuenta que era diferente, aprendía muy rápido, por fin me pude soltar a hablar, y hablaba mucho, solo que, no hablaba cosas que los otros niños hablaban, como ya sabía leer, hablaba de muchas cosas que, los demás niños no sabían ni conocían aun.
Mi mamá había estudiado en uno de los mejores colegios de Colombia, aún lo es hoy día, y mis tíos también, así que, habían enormes cantidades de libros que, yo leía y releía, pese a no saber hablar, ya sabía leer muy bien, hasta ya leía en inglés y en francés. Ahí es donde empezaron los niños a tratarme distinto porque no sabían que podrían hablar conmigo y me apartaban muy rápido, lo anecdótico es que, mis habilidades motoras eran pésimas, no sabía ni tomar bien el lápiz, así que, no sabía escribir ni colorear bien, ni tampoco era coordinado con los ejercicios.
Los psicólogos interpretaron esa evolución mía, sin saber que era el Asperger, era la segunda mitad de los años 80, que mi avanzados conocimientos de lectura y cultura general, eran gracias a que estaba aislado y por eso, era con los libros con lo que me entretenía, y por mí mismo aislamiento por la enfermedad era que tenía las dificultades motrices, entonces, dejaron constancia médica de que, con paciencia en pocos años podría alcanzar el nivel normal de motricidad física y que aprovecharan la inteligencia que tenía en seguírmela cultivando.
Por ello, mi aislamiento se mantuvo aun ya después de sano, no salía a jugar a menos que tuviera vigilancia de algún familiar mío, pero muy pronto, no hubo necesidad de vigilarme, ya pronto los demás chicos dejaron de invitarme a jugar.

Terminé mi etapa preescolar con excelentes calificaciones, pero con urgentes avisos de hacer refuerzos en escritura, en educación física y sobre todo, en relaciones sociales, los profesores no lograban entender por qué los demás niños me aislaban.
Comencé la escuela primaria y los problemas que me diferenciaban se acentuaban, pero los profesores de primaria llegaron a obviar todo eso, dado las excelentes calificaciones que obtenía, mismas que hacían que el colegio participase en eventos donde yo era la estrella, eso para el colegio le representaba inversiones por parte del gobierno, además que, mi mama en su buena condición económica, también hacia inversiones para que yo estuviera en excelentes condiciones, dado que, necesitaba estar en un salón bien iluminado con luminiscencia fluorescente, libre de polvo, con climatización y tableros de marcador y pisos de cerámica que, para esa época, eran toda una novedad.
Yo estaba inocente de todo eso, la gente me trataba súper bien por los beneficios que traía conmigo, los compañeritos, a quienes yo observaba que, se acercaban a mí como con asco, lo intentaban para que nada turbara mi felicidad, jamás pensé que, todos ellos actuaban para que mi mamá y yo siguiéramos beneficiando a la escuela. Jamás llegué a pensar que ya una persona a tan temprana edad pudiera fingir y actuar cuando la situación, aunque les desagradaba, les convenía.
Fueron unos años que, aunque notaba ciertas cosas que no entendía por qué sucedían, no les prestaba mucha atención, era un chiquillo de menos de 10 años, porque me tenían que importar esas cosas, estaba feliz con mi rutina.
Pero esa felicidad acabó abruptamente, llegó la etapa de la secundaria a mis 11 años, en esos entonces, los colegios estaban fuertemente divididos y especializados, así que, al terminar la primaria, tenía que buscar otra escuela, de secundaria, obligatoriamente.
Fue en esa etapa que descubrí que yo no era normal para los demás, pronto comenzaron las burlas, los acosos y las agresiones, cada vez más fuertes: Me gritaban loco, homosexual, pendejo, nerd, iluso, afeminado, etc., por un lado, me empujaban a los charcos de agua, me tiraban tierra, me robaban mis cosas, me ensuciaban mis libretas, me dañaban mis maletines, el uniforme del colegio…
Fueron los 6 años de estudio más horribles, perdí la cuenta de cuantos colegios estudié, no duraba más que unas semanas cuando ya no soportaba más y pedía que me cambiaran a otro colegio. Fue una etapa que se hacía cada vez más difícil, las visitas a los psicólogos se hicieron rutinarias y las medicaciones eran cambiadas frecuentemente.
Las condiciones económicas en mi familia cambiaron, a mi mamá la despidieron de su empleo y duro muchísimos años para que la compensaran por ese hecho y hoy día, está luchando por su pensión.También en ese entonces apareció una imagen masculina, mi mamá consiguió una nueva pareja y de esa unión, nació mi única hermana, una chica que me tiene muy orgulloso por su inteligencia, pero también feliz y tranquilo porque no pasó el infierno escolar que yo pasé y hoy día se encuentra estudiando en la mejor universidad de mi ciudad, becada.
Fueron demasiados cambios que, por fin empezaron a salir y a hacer relucir mis problemas. Me gradué de secundaria, por ventanilla, un evento que solo se vive una vez, no lo disfruté, me gradué de un colegio irrelevante, donde no conocía a nadie, solo me hicieron el favor de hacerme el diploma nada más.
La familia no permitió nunca que estudiara en un colegio para personas superdotadas como yo, así que estudié en por lo menos 25 escuelas secundarias, lo más cercanas posible a la casa, todas irrelevantes en cuanto a calidad de profesorado, calidad de estudiantes y calidad de sus instalaciones, fue un infierno estar en esos horribles sitios. Dejaba de asistir, no valía la pena asistir a sus clases, yo sabía más que ellos, y ellos tampoco era que querían dejarme ser su amigo, la ley imponía que tenía que estar inscrito en una escuela, así que había que seguir intentando, rogando que ese infierno de 6 años se acabase pronto y la nueva etapa, la universitaria, las cosas cambiasen.
Terminaron esos 6 horribles años, lloré muchísimo, terminé la secundaria sin amigos, me enamoré y jamás me dieron la oportunidad de ser novio de alguna chica. Terminé sin saber que podría estudiar en la universidad, sin las pruebas de ingreso a la universidad hechas, no tuve tiempo de pagar e inscribirme para hacerla en su debido momento, aunque, si lo hubiera hecho, quizás no me hubiera ido bien en esos exámenes, porque a pesar de saber mucho, no estaba bien con mi ambiente escolar y andaba siempre muy distraído y deprimido.

Fueron 6 años donde no entendía que había hecho yo mal para que todos me trataran mal, fueron 6 años donde mi mundo se fue haciendo cada vez más pequeño porque me daba miedo salir y ser visto por algún ex compañero.
Fueron 6 años donde me daba miedo que me vieran las chicas porque me empecé a sentirme que no era simpático, que era una persona fea y que nadie se fijaría en mí.
Fueron 6 años de cárcel, pagando por un castigo que ignoraba y nadie me explicaba.
Como terminé mi secundaria aun siendo menor de edad, no tenía demasiadas opciones para estudiar hasta que tuviera mis papeles de la mayoría de edad y ahí sí, inscribirme para hacer el examen de ingreso a la educación superior y ahí sí, poder aspirar a ingresar a una carrera profesional.
Tomé ese tiempo como un alivio, estaba demasiado estresado, enfermo, cansado, necesitaba relajarme para poder definirme que podría estudiar en la universidad.
Desde pequeño me gustaba sobre todo leer sobre geografía, historia, mismas que me fueron llevando a leer sobre cuestiones económicas y de otros idiomas, la llegada del internet me abrió a un nuevo mundo de información que rápidamente devoraba en mi inmenso tiempo libre.
Por mi cuenta, empecé a leer sobre los ámbitos administrativos, perfeccionaba el dominio del computador, aunque no pude llegar a un nivel que me indicase que serviría para estudiar una ingeniería, para decepción de mi padrastro. Llegué a mejorar mi nivel de idioma inglés, y me puse por mi cuenta a aprender francés, portugués, italiano y alemán, y solo pude salir de mi encerrado mundo a hacer cursillos cortos, en especial de inglés y de computación, donde no me exigían tener el documento que me avala el ingreso a la educación universitaria.
Quise hacer muchas cosas, lo intenté, más mi cuerpo no reaccionaba como lo esperaba, así que me alejé de muchísimos deportes, hacía algo de gimnasia, además, por fin aprendí a manejar bicicleta y aprendí a nadar, pero solo, por más cursos que hice, aprendí finalmente solo.
Al fin, llego mi mayoría de edad, el mismo día de mi cumpleaños, saqué todos los papeles y con mucha desesperación, tuve mis papeles en regla para poder hacer al fin el examen para ingresar a la universidad, me fue muy bien en el examen afortunadamente, pero en cuanto al aspecto de socializar, ocasioné un incidente involuntariamente que, hasta salió en los medios de comunicación locales, pasé muchísima vergüenza y duré muchos días sin salir de mi casa.
Comencé por fin la universidad, habían cambiado muchas cosas, ya no era el más niño del salón, ahora inesperadamente, era el más viejo del salón. Si antes no entendía los chistes de los compañeros míos más grandes, ahora me sucedía lo mismo, solo que ahora eran los chismes de los más jóvenes, de un momento a otro me sentí que, ya no era joven, ahora pasé a ser un anciano.
Pensé que había madurado, pensé que había aprendido de todos mis pecados, que ya se acabarían los acosos y las burlas, cuan equivocado resulte estarlo.
Todo eso de nuevo volvió, pero ya no recibía ayuda, ya era adulto, ya tenía que hacerme responsable de mis actos, mi familia, por más que lo hiciera, no podían ayudarme como antes, ante la ley, yo era independiente, cualquier cosa que hiciera, tendría consecuencias a las que yo tendría que enfrentarlas solo.
Rápidamente, mi mundo de nuevo empequeñecía y lo único que me ayudaba a soportar el infierno nuevo en el que estaba, era el hecho de que, tenía una nueva oportunidad con cada cambio de semestre de hacer que las cosas cambiaran en mi entorno una vez más. Lastimosamente, nunca cambio, además, tampoco pude terminar la carrera por motivos ajenos a mi voluntad.
Me empecé a llenar de cursos cortos, de máximo 2 años, así que ahora soy múltiple graduado de diversos cursos y carreras cortas, empecé a estudiar idiomas y ya completé los niveles suficientes para seguir por mi cuenta ya que, nunca acabaron las burlas, los rechazos y los acosos verbales y físicos en mi contra, por más que yo intentaba ser otra persona, pareciera que todos supieran que yo no era como ellos.
Los psicólogos tuvieron diferentes diagnósticos conmigo: Superdotado, retrasado mental, perturbado mental, trauma físico y mental por enfermedad neonatal, trastorno de déficit de atención por ausencia de una figura paterna, hiperactividad, tendencias homosexuales, tendencias suicidas, complejo de inferioridad, complejo de superioridad, complejo de extranjero, esquizofrenia, carta de recomendación para internarme en un asilo psiquiátrico…
Soluciones como terapias de grupo, visitas personales, terapias físicas y mentales individuales, cambiarme de domicilio, medicaciones, etc. Jamás funcionaron.
Superdotado no lo era, mi dominio en las matemáticas y la computación no eran los mejores, lo mismo que mi caligrafía seguía siendo horrible, y mis capacidades motrices eran evidentes, era pésimo para los deportes, en especial en los deportes grupales de contacto.
Retrasado mental, tampoco, lo anterior contradice esto.
Perturbado, tampoco, en esos entonces mi vida era muy tranquila, era muy inocente para sufrir, aun no experimentaría lo que me sucedería años después.
Trauma físico por mis enfermedades, tampoco, de hecho, tengo a pesar de mis torpezas, bastante fuerza para mi delgada contextura, además, no he vuelto a enfermarme, soy demasiado fuerte para enfermarme, además, mi proceso de envejecimiento es lento, a mis 32 aun parezco un adolescente o en mis primeros 20 años de edad.
Trauma por no tener padre, no me hacía falta, de hecho, apenas cumplí mis 18 años, me quité esos estorbosos apellidos paternos y me quedé con los maternos nada más, con el plus de que me quité sin saberlo, de un montón de problemas que tenía como lastre de mi pasado, era como si hubiera renacido.
Hiperactividad, tampoco, solo que me gusta caminar mucho, me da miedo subirme a un autobús lleno de gente, a medida que crecí, y como consecuencia de tanto acoso, me aturden las multitudes, entonces, prefiero salir caminando a hacer mis diligencias, llegando a tener una resistencia y velocidad para caminar que, por ello creen que soy hiperactivo.

Tendencias homosexuales, esto si me pareció gracioso, si bien apoyo a los grupos de gente con orientación sexual diferente, soy completamente heterosexual, me gustan las mujeres, cuando estoy enamorado, mi cuerpo trabaja mucho mejor, me siento como un guerrero que está luchando a nombre de su doncella, lastimosamente, no tengo una doncella real aun, y me ha tocado reemplazarlas con mujeres de las que solo puedo enamorarme, platónicamente.
Tendencias suicidas, pues, claro, en algún momento llegué a intentar acabar con mi desgraciada vida, pero eso se superó hace muchísimo tiempo.
Complejos de superioridad, inferioridad, claro, normal, no entendía lo que me sucedía entonces, sentirme extranjero, claro, más aun, cuando en verdad viaje a otros países, me sentía cambiado, ahí es donde descubrí que, en otros lugares, podría tener la posibilidad de poder ser alguien más normal, por eso tengo en mente irme, no solo por mis estudios y planes laborales, sino por tener un cambio de vida que me permita ser más normal ante los demás.
Soy ateo, eso también me ha causado muchos inconvenientes con muchas personas, muchos dicen que por ser ateo es que estoy pagando las consecuencias de mi vida, más sé que eso no es así, mi ateísmo es completamente independiente a mi condición de Asperger. A mí me criaron en un ambiente de tolerancia total, de nunca creerse las cosas sin antes hacer una investigación, nunca tragué entero sobre cosas que no tuvieran una explicación lógica, además, por mí misma condición de asperger, se me hacía extraño pensar en metáforas, parábolas, sentidos figurados y cosas que en las religiones se enseñan y que jamás entendía sin una razón lógica, curiosamente, era el mejor en esa asignatura, pues, como cultura general era como entendía dicha materia, de hecho, religión y filosofía se me hicieron que eran la misma asignatura.
Por mi afán de emprendimiento, de querer hacer negocios, es que soy muy capitalista en mi forma de pensar, eso también me ha traído problemas con muchas personas con pensamientos socialistas comunistas, en especial durante mi etapa de estudios en universidad pública.
Entonces, de por sí, soy un gran y completo rechazado en muchísimas cosas, más aun así, no entendía por qué me aíslan, porque me odian, porque es tan difícil que me acepten.
Toda mi vida tenía la incómoda sensación que algo no andaba bien conmigo, mas, como era un pequeñuelo, no le daba importancia, pues estaba feliz con mi vida, fue cuando mi adolescencia, cuando eso si llegó a tener importancia, y en vista de tantos y tan diferentes diagnósticos, me daba cuenta que ni los mismos psicólogos sabían lo que yo tenía, yo sabía que no era normal, pero yo no estaba loco, algo tenía yo y necesitaba saberlo.
No sé por qué, siempre tenía la sensación de ser autista, era lo más cercano a mi caso, era lo que más cerca me había dejado llegar los libros y el internet en aquellos momentos. Fue hace casi 2 años, en medio de una clase de la universidad, donde hablaban de casos con niños especiales que, mostraron un vídeo:
Este vídeo me llegó, pareciera que me hubieran grabado, el chico del video era idéntico a mí!!!
La gente también notó porque me miraban muchísimo, hasta escuchaba murmullos y comentarios que tenían mi nombre y apellido como protagonistas.
Busqué que era eso, y ahí fue que me puse a llorar, al fin sabía que era yo!!!! Al fin mi vida tenía una explicación, mi vida por fin tenía sentido.
Se los mostré a mi familia, muchos no creyeron eso, algunos si me apoyaron, otros ahora lo toman como que es una excusa mía para justificar mis locuras, porque para ellos, soy loco y ya.
Me sentía aliviado, muy tranquilo y mi cambio en la vida empezó a notarse, solo me frustra que mucha gente no sabe qué es eso, me frustra el hecho de que tuvo que pasar demasiado tiempo para poder encontrar lo que era. Tantas y tantas cosas que tuve que pasar y sufrir, pudieron ser fácilmente evitadas si la gente supiera que yo tenía Asperger y que si la gente supiera que era eso, podrían mirarme de una manera más positiva y mi vida actual seria muchísimo mejor.
Vivo aun en mi pequeño mundo, con una rutina muy rígida, estudiando 24 horas al día, 7 días a la semana, ahora todo virtual, me cansé de estudiar de forma presencial y ver que tanto y tanto esfuerzo no me iba a servir de nada con esos modelos de aprendizaje. Tengo muchísimos planes, y todos ellos implican que me cambie de lugar de residencia, necesito irme para poder perfeccionar mi idioma inglés sobre todo, necesito profundizar mis conocimientos académicos y certificarlos también para compensar mi nivel profesional incompleto.
Necesito también cambiar de lugar para mejorar mi perfil laboral, quiero cambiarme de país para cambiar de ambiente, quizás al estar en un ambiente que hable otro idioma, me ayude en otras funciones cerebrales y me ayude a tener una vida más normal, además de que, de por sí, el cambio de residencia me dará nuevas oportunidades de conocer nueva gente y que esta gente, al ser más abierta y tolerante, me apoye y me acepte tal y como soy, ayudándome en mi renaciente autoestima.
Obviamente también estoy buscando darme una nueva oportunidad de amar y ser amado por alguna mujer que me acepte.
También en esos planes no descarto cargar con mi mamá, mi padrastro, mi hermana menor, mi abuela y mis 2 gatos.
Mis 2 gatos, ellos también me han servido de mucho para mi autoestima, el amor incondicional de una mascota, en este caso de 2, me ha ayudado muchísimo con mi autoestima, al no pedirme tanto, y ser agradecidos con lo que les doy, ellos me recompensan con muchísimo amor, porque al menos para ellos, yo soy lo máximo.
También siento que los gatos son como nosotros los Asperger, no muchos entienden la personalidad de estos bellos animales y quizás por eso es que no son muy bien apreciados, por eso es que decidí tener gatos, por cierto, ambos fueron recogidos de la calle, así que de paso contribuí un poco en ese tema de adoptar animales abandonados.
Bien, pensaba hacer de esto un vídeo, mas no pude, entonces, plan B, y es esta carta, espero que la hayan leído y que mi experiencia les de ánimos y esperanzas, todos podemos ser triunfadores, no hay que desesperarnos, el factor clave es reconocernos que somos únicos y talentosos, ojala lo más pronto posible, y que no sea ya cuando ya se es demasiado adulto cuando ya quedan demasiadas secuelas y consecuencias y es más difícil superar esa batalla.
Gracias.

martes, 2 de mayo de 2017

Mi dificultad para hacer trámites.

¿Quién no ha tenido que hacer trámites a lo largo de su vida? Yo creo que la mayoría, por no decir todos, debe hacerlos, lo quiera o no. Es parte de la vida tener que ir a pagar cuentas, cambiarse de telefonía, ir al banco o a un cajero automático, etc. No sería posible contar con los servicios básicos si no los contratamos, ni tener un lugar donde vivir si no fuésemos a una oficina a iniciar los trámites para la vivienda propia ¿O qué tal quien quiere tener un vehículo o estudiar una carrera en la universidad? Nada de ello se lograría sin tener que hacer los tediosos trámites que nos llevarán a obtener lo que anhelamos, o que por obligación debemos cumplir.
¿Cómo es un día de hacer trámites para mí? Lo primero que hago es mentalizar, por semanas, que debo salir de mi zona de confort: Mi habitación (Ni hablar de tener que salir de improviso, eso me traería angustia y ansiedad, seguido de una crisis de llanto por mi parte, a causa de ser interrumpida mi rutina). Luego reúno todo lo que necesito en mi morral (bolso con un tirante que me cruza desde mi hombro derecho hasta llegar a la cadera izquierda, “amo” usar este tipo de bolsos o carteras, no me gustan las que se cuelgan en un hombro porque me incomodan pues se me caen a cada rato). El día anterior, reviso que esté todo lo que debo llevar para hacer mis trámites (monedero, carnet de identidad y llaves de la casa, y a veces documentación extra). Momentos antes de salir vuelvo a revisar si está todo en “orden” dentro de mi bolso. Al abrir la puerta de calle una vez más reviso que esté todo y luego de cerrar la puerta también, sin antes olvidar encender mi MP3 y así escuchar música de ida y vuelta, durante todo el tiempo en que tengo que hacer los trámites.
Artista: Anita Valle Ocando.

Al subirme a la locomoción colectiva, vuelvo a revisar mi bolso para asegurarme de que todo lo que necesito esté dentro y de que no se me haya caído por casualidad (aunque el bolso tenga cierre), y al bajarme del vehículo, nuevamente vuelvo a revisar. Creo que esto es un TOC que adquirí luego de malas experiencias en que olvidé las llaves para ingresar a mi hogar o la cédula de identidad para realizar un determinado trámite, lo cual, en su momento, me desestabilizó enormemente, pues como algunos ya saben, yo necesito tener el control de todo, de lo contrario vienen las malas reacciones de mi parte. Cuando estoy dentro del transporte que me llevará al lugar de destino, procuro sentarme en un lugar que no me dé el sol, y trato de que quien se siente a mi lado, no me roce con su brazo o pierna, pues detesto el contacto físico cuando no quiero.
Como el hacer trámites es algo que no puedo evitar, trato de salir los días en que no haya mucha afluencia de público (nunca salgo los días previos a la navidad, año nuevo, fiestas patrias, día de la madre o cualquier día que se les ocurra inventar al comercio). La gente de mi ciudad se queja de que todo es muy “caro” (y es verdad porque es una zona minera, por lo tanto todo cuesta mucho dinero. Se cree que todos los que vivimos en Antofagasta tenemos mucho dinero, pero esto no es así porque no todos trabajamos en la Mina) y que el dinero “no alcanza”, pero para salir a comprar pareciera que a los habitantes de mi ciudad NUNCA les falta dinero porque el día que yo elija para ir a comprar a un supermercado, SIEMPRE está atestado de gente, sea el día que sea.
Artista: Anita Valle Ocando.

El exceso de gente me produce algo parecido a un “aturdimiento” y me pone de PÉSIMO humor (algunas veces siento enormes deseos de abrirme paso a codazos entre la gente, que para colmo, camina lentísimo como si no tuviese nada más que hacer, que mirar los escaparates). Esto es para mí muy molesto porque yo camino muy rápido y voy únicamente a los lugares que tengo planificado ir, por lo cual la gente que camina lento, delante de mí, es un estorbo en mi camino y motivo de un profundo malestar.
Mientras camino rápidamente, voy pensando en mis intereses del momento o en el trámite que estoy pronta a realizar, o tarareando en mi cabeza, la música que estoy escuchando en ese momento en mi reproductor MP3, en mi mano derecha un papel arrugado en el cual he escrito, el día anterior, los lugares donde debo ir (por orden), todo lo que debo hacer, y no me detengo a hacer nada más de lo que he programado para ese día, rogando en mi fuero interno no encontrarme con ningún “conocido” que me distraiga de lo que debo hacer. Si voy al Banco o algún lugar de pago, y debo esperar mucho para que me atiendan (por el exceso de gente) a los minutos comienza a aparecer una estereotipia motora que manifiesto públicamente cuando me empiezo a impacientar, y es que me balanceo de izquierda a derecha y viceversa cargando mi cuerpo sobre un pie y luego en el otro. Esto desaparece cuando me atienden y sé que estoy pronta a salir de ese sitio repleto de personas.
Artista: Anita Valle Ocando.

Pero mi mayor problema es cuando debo hacer un trámite desconocido para mí. Me complica saber a quién dirigirme, que pasos seguir y qué conseguir (aunque yo pregunto absolutamente todo), pero más difícil para mí es entender las instrucciones verbales que me dan, aunque someta a verdaderos interrogatorios a la persona que deba explicarme algo (mi hijo dice que llego a ser “aburridora” al hacer tantas preguntas), pero él no entiende que a mí de verdad me cuesta entender cuando alguien me explica algo de forma verbal como si yo entendiera de qué habla. Muchas veces me he ido del lugar sin entender absolutamente nada de lo que me dicen y me voy a casa reteniendo las ganas de gritar y llorar por sentirme estúpida y no entender lo que para la persona que me lo explica parece ser tan fácil de hacer.
Cuantas veces, cuando era más joven, me regañaron en mi casa por no saber hacer trámites “muy fáciles” y “obvios”. Antes de ser diagnosticada con el síndrome de Asperger, llegué a pensar que de verdad yo era tonta por no lograr lo que muchos obtenían al hacer ciertos trámites. Un ejemplo de ello, fue cuando, ya separada, debía ir al Juzgado a conseguir la pensión alimenticia y todos los “beneficios” para mi hijo, y no logré ni la mitad de lo que las otras mujeres logran (bueno, eso es lo que me repetían ciertas personas, haciéndome sentir pésimo y cuestionando si yo hacía las cosas o no). Lo peor era que no sabía explicar (porque ni yo sé) porque no lograba lo que se supone correspondía que yo debía lograr. Sentía mucha angustia y ansiedad que en cada reunión familiar me repitieran que yo no sabía hacer las cosas y que las hacía mal y que por eso no conseguía nada, pero ¿Cómo explicar que yo trataba de hacer las cosas bien, pero simplemente no sabía que más hacer, ni qué más decir?
Artista: Anita Valle Ocando.

Y si hacer un trámite ya es difícil para mí, más aún lo es cuando, para conseguir algo, debo mentir. Conozco personas que para conseguir beneficios al postular a una vivienda u otras cosas, mienten y ocultan información, pero para mí es imposible, y no porque yo nunca haya mentido en mi vida, porque sí lo he hecho, pero he sido descubierta casi de inmediato, y por lo mismo me da miedo ser descubierta y que ello me haga sentir avergonzada frente al entrevistador. Mi poca capacidad para “convencer”, ha sido cuestionada en varias ocasiones por las mismas personas que me dicen que yo no sé hacer las cosas. Cabe mencionar que yo he intentado con todas mis ganas de ser una persona convincente, pero no sé hacerlo (exceptuando cuando trabajé de maestra). Generalmente me dicen que no a todo lo que yo trato de obtener, no sé cómo lograr revertir esa situación y no sé ser como la gente que yo conozco y que es capaz de “vender rocas como si fuesen joyas” (es un decir, no es literal). Muchas veces he querido ser como esas personas que tienen el “don” de la palabra, que con simpatía o mentiras logran tanto en su vida. Y con esto no quiero decir que todos los que logran algo en su vida sean mentirosos, pero ¿cuándo se ha visto a un vendedor, de los que sea, diciendo la verdad acerca de su producto? Ese poder de convicción de los negociantes, ese precisamente NO TENGO YO.
Artista: Anita Valle Ocando.

Con este artículo no quiero decir que todas las personas con el síndrome de Asperger no sepan hacer trámites, porque seguramente hay quienes sí saben hacerlos muy bien (no he hecho una encuesta aún a los otros adultos Asperger para saber a cuántos se le dificulta a la hora de realizar algún trámite), sólo puedo hablar por mí y por quienes sé que también han tenido dificultades, y también por aquéllos que aún son niños y puedan presentar la misma dificultad que yo cuando sean adultos. Creo que la familia, una vez más, juega un papel muy importante como guía y fuente de confianza para aquéllos chicos aspies que recién comienzan a enfrentar este complejo mundo. Las palabras de refuerzo nunca estarán demás: “Tú puedes, eres capaz”, “eres inteligente, de a poco lo lograrás, no desesperes”, ”si no sabes hacer algo, yo te enseñaré”, “si no lo lograste hoy, luego podrás”, “yo confío en que lo lograrás, tranquilo”, etc. Palabras que parecen tan simples, pero que influyen tanto, tanto.
Hay algunos aspies que necesitan un “lazarillo”, tal como yo, alguien que pueda guiarnos, acompañarnos, si es necesario, las primeras veces que realizamos un trámite desconocido, y es ahí donde deben estar los padres, siempre y cuando el joven quiera (no olvidar que no todos los aspies somos iguales y hay quienes son muy seguros de sí mismo y les gusta hacer sus cosas solos). Bueno, hay que tener presente que cada quien conoce a su hijo con sus dificultades y fortalezas, y por lo tanto, sabe en qué aspecto de su vida necesita más ayuda de lo habitual o no. Por lo mismo, es importante también, una buena comunicación con su hijo, ir preparándolo desde pequeño a enfrentar diferentes situaciones, pero que no sean imprevistas, sino con previa anticipación, cerciorarse de darles instrucciones con apoyo visual, y darle la confianza de que pregunte las veces que sean necesarias si no comprendió alguna indicación.

Las imágenes utilizadas en este escrito, pertenecen a Anita Valle Ocando, una artista excepcional con el Síndrome de Asperger y pueden encontrar más de sus obras en esta página:

lunes, 1 de mayo de 2017

¡Ya estás hablando sola otra vez!

¿Existe alguien que no haya hablado solo alguna vez? No lo sé, pero desde que tengo memoria, recuerdo que, bajo algunas circunstancias, me he encontrado en soliloquios bastantes entretenidos algunas veces, otras no tanto, dependiendo de la situación que me tiene absorta en aquellos momentos, sin antes resguardarme de que nadie esté presente en aquellos instantes para que no vayan a pensar que estoy “loca” por hablar sola. Las razones por las cuales mantengo estos monólogos, son tres: Pensar en voz alta, imaginar sucesos que he deseado alguna vez se hagan realidad, y la más recurrente: Ensayar diálogos que tendré en un futuro con alguna persona que en esos instantes no está presente, pero que más adelante si lo estará.
El pensar en voz alta, es una especie de confirmación de lo que estoy sintiendo y a la vez reafirmar que lo que he dicho o hecho, está bien. Mi baja autoestima y mis constantes equivocaciones, son causantes de creer que todo lo que hago o haré, resultará mal, es por eso que cuando realizo algo con éxito, tiendo a repetir lo que dije o hice, en voz alta, como tratando de memorizar para repetirlo la próxima vez, y así asegurarme que me traiga el mismo éxito que la vez anterior. Creo que el decir en voz alta algo que hice bien, es una especie de regocijo para mí, es como repetir varias veces la experiencia de sentirse satisfecho con uno mismo; es que son tantos los fracasos al tratar de conseguir una buena comunicación, que cuando al fin lo logro, no quiero que ese momento termine nunca. También tiendo a hablar sola sobre lo que haré o dejaré de hacer, dependiendo de las experiencias previas que me llevan a determinar, en voz alta, las acciones a seguir, sobre todo cuando debo salir a hacer diferentes trámites, repasando verbalmente cada sitio al cuál iré y lo qué haré en dicho lugar.
Artista: Cecilia García Villa.

El imaginar sucesos que deseo que alguna vez se hagan realidad es algo inherente a mi personalidad soñadora ¿será por eso que me gusta escribir historias? Desde muy pequeña he “alucinado” con el “mundo” de los actores del cine, quería ser una gran actriz, es por eso que luego de ver alguna película que llamase profundamente mi atención, repetía los diálogos de algunas escenas o simplemente los inventaba y me imaginaba siendo yo parte de esa película interpretando el personaje que me había cautivado en esos instantes. Muchas veces he inventado mis propias películas, con historias que algún día pienso escribir en mis libros, y mientras he repasado en mi mente los diálogos, me he visto de repente interpretándolos en voz alta. Y de la mano con estos monólogos en los que me he visto envuelta muy seguido, viene la parte Fantasiosa - Optimista, esa que me lleva a imaginar estar en la situación en la que un día seré reconocida como escritora, por lo tanto ensayo en voz alta lo que diré el día en que sea entrevistada por mi trabajo literario (Sí, sí sé que es un sueño a gran escala, pero tal como dicen: “Soñar es gratis”. Y menos mal que lo es, sino cuánto dinero habría gastado en mi vida por cada sueño despierta que he tenido). Quizás las historias en mi cabeza sean más entretenidas que mi vida real, y por ende, menos dolorosas, no lo sé, sólo sé que aun fantaseando bastante en voz alta, tengo bien claro cuál es mi mundo real (¡Tranquilos! Aun no llego al extremo de confundir realidad con fantasía J )
Artista: Cecilia García Villa.

¿Cuántas veces me vi hablando sola, imitando a la compañera de clases simpática y extrovertida e imaginando que yo era tan querida cómo ella? ¡Uy! Esa es otra de las ocasiones en que acostumbraba a “actuar” en completa soledad, pero esta vez imitando a personas reales y no personajes del cine. Siempre me ha llamado la atención el comportamiento humano, a tal grado de observar los detalles de la entonación de voz y los gestos de las personas (nunca me he fijado como van vestidas, exceptuando cuando debo reconocer a una persona desconocida, pero siempre presto atención a su comportamiento; en ese aspecto no pierdo detalle), y creo que esa fijación es la que me ha ayudado en gran parte a relacionarme con los demás. Si las personas no hubiesen sido mi centro de interés quizás yo no habría sabido cómo comunicarme con ellas, ni hubiese aprendido que una sonrisa facilita que la otra persona tenga interés en conversar con uno (creo que lo de la sonrisa lo interioricé tanto, que muchas veces sonrío mecánicamente, hasta cuando no debo hacerlo, pero en fin, es difícil para mí los términos medios en cualquier ámbito, incluyendo el sonreír). Pienso que el mantener monólogos, imitando a la persona sociable, era una forma indirecta de ensayo y error para luego ponerlo en práctica. He tenido éxito, pero cuando ya la persona es de confianza y no son más de 3 en un grupo, pero aplicar esa simpatía cuando son más personas ¡Jamás! A no ser que “sin querer queriendo” diga algo que a los demás les haya parecido gracioso, aunque no sea mi intención que lo interpreten así, y de ahí a reconocer si se han reído conmigo o de mí, ese es otro gran dilema cuando de reconocer intenciones se trata, porque eso no se aprende hablando solo, se aprende (y si es que se aprende) cuando uno ya es adulto y luego de muy malas experiencias de vida con personas burlescas, que parecen necesitar tener que humillar a otros para parecer graciosos ante los demás.
Artista: Cecilia García Villa.

El hablar sola para ensayar futuras conversaciones, es prácticamente una necesidad, puede ser que producto de mi tremenda inseguridad y el miedo de no ser entendida ni comprendida, me impulse de manera automática, sin planificación, a verme envuelta en conversaciones imaginarias con la persona en cuestión, incluso, previendo sus posibles respuestas, y tratando de ponerme en la situación dependiendo de la reacción que pienso pueda tener esa persona con respecto a lo que tengo que decirle, y a la vez, tener diferentes respuestas para cada una de las palabras, que pienso, me dirá ella. Es por eso que cuando no he planificado una conversación y me han dicho algo inesperado, muchas veces no sé qué responder y varias palabras mías quedan en el “tintero”, sobre todo cuando me veo envuelta en situaciones injustas, en donde esa persona me ha tratado mal y yo no me lo esperaba, y luego, sola en casa repaso esa mala experiencia y me digo: “¿Por qué no le respondí tal cosa?”, “Debí haber reaccionado de tal forma”, “¿Por qué no le dije las cosas de una mejor manera”, etc. Y repito ese enfrentamiento con la persona en cuestión, en mi mente, pero ahora respondiendo en voz alta lo que debí decir y no dije, y guardando cada palabra en mi memoria para cuando nuevamente me encuentre con la persona en cuestión. Es por eso que siento que necesito ensayar mis diálogos con los demás antes de tener la plática real, para no seguir cometiendo errores y saber decir las cosas de la mejor manera posible y de una forma clara para poder ser entendida y comprendida. Muchas han sido las ocasiones en que he sido malinterpretada y acusada de ser hiriente e intransigente, y mi intención, la mayoría de las veces, no es ésa. Generalmente estas pláticas en voz alta, son producto de algo que me está angustiando de la otra persona con la cual mantendré un diálogo.
Artista: Cecilia García Villa.

Conversando con otros aspies, me he enterado que el hablar solos no es una situación aislada en las personas con la condición, pero sí malinterpretada en algunas ocasiones, quedando de manifiesto cuando algún padre o madre no ha dudado en decirle a su hijo que piensa que tiene esquizofrenia sólo por el hecho de mantener monólogos en completa soledad; pero esos aspies, al igual que yo, jamás han escuchado voces ni nada parecido, sólo pensamos en voz alta. Pienso que es muy necesario para los aspies mantener estos soliloquios, porque de por sí para nosotros es difícil mantener conversaciones espontáneas, sobre todo cuando se trata de alguna persona desconocida o alguien con quien no tenemos confianza, o cuando debemos hablar en una situación que nos causa angustia y ansiedad, como por ejemplo: Una disertación en clases, una exposición frente a los compañeros de trabajo, o en cualquier entrevista con personas que no queremos relacionarnos, pero es necesario hacerlo. Hay que tener en cuenta que las personas Asperger necesitamos mantener el control de las situaciones, por lo tanto, el ensayar diálogos nos ayuda a que la situación de tener que comunicarnos, no se nos escape de las manos y no sea tan tortuoso el tener que expresarnos frente a los demás bajo condiciones estresantes. Para el común de las personas las relaciones con los demás se dan de manera espontánea, pero para nosotros, los aspies, no es así, es por eso que necesitamos ensayar las conversaciones como una manera de adquirir destreza en esa área y de esa manera enfrentar lo que para nosotros resulta ser un desafío.
Aquí les dejo el link de una entrevista escrita que di para el Portal Innatia.

Las imágenes utilizadas en este escrito pertenecen a Cecilia García Villa, una excelente artista con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página:

¡Las indicaciones de buen modo por favor!


Siempre he sentido una especie de rebeldía cuando me dicen las cosas de malas maneras, más aún cuando es una imposición de algo que yo no quiero hacer o no le veo sentido de tener que hacer caso de algo que para mí no tiene mayor importancia…No, no tengo Trastorno Oposicionista Desafiante, pues siempre he sido sumamente respetuosa hacia las figuras de autoridad, ya sea parental, con los adultos, maestros y las leyes (nunca quebrantaría una, pues le temo a las consecuencias). Mi rebeldía va directamente contra las injusticias, ya sea cometida en mi contra o en la de otros. Quizás por eso soy una defensora de los animales y de los derechos humanos y aborrezco el maltrato contra quien sea. El asunto es que desde muy pequeña, cuando se me ha hablado con cariño y se me ha explicado de buenas maneras lo que debo hacer, he logrado interiorizar y entender el motivo del porqué debo realizar tal o cual cosa, y lo he hecho. El problema es cuando se me impone una situación, sin siquiera mediar una palabra amable por parte de quien se dirige a mí. Cuando niña, yo sólo acataba, pues el temor me dominaba, pero guardaba la impotencia de no poder expresarme ni refutar lo que encontraba injusto y sólo me conformaba con el mutismo, única forma que tenía para expresar mi descontento y frustración (y aún reacciono así cuando la otra persona no me deja hablar, privándome de la oportunidad de expresar mi opinión, después de varios intentos fallidos, o cuando pienso que será infructuoso o angustiante tratar de hacer entender mi descontento ¡Y vaya que he tenido problemas de entendimiento, llegando incluso a sentir mucha ansiedad con ciertas personas!), entonces no me queda otra opción que guardarme todo mi sentir, sumiéndome en una desesperación hasta el punto de no poder articular palabra alguna, es como si de forma involuntaria los músculos no repondieran y no puedo abrir mi boca y menos mover mi lengua para hablar.
Artista: Anita Valle Ocando.

Al transcurrir los años y con la llegada de la tan anhelada independencia, comenzó a aflorar en mí esa rebeldía de la cual hago mención, comenzando a expresar verbalmente mi descontento por cada situación que me estuviese afectando, y peor es mi reacción si la otra persona no trata de arreglar las cosas de una manera amable, porque en mi desesperación por hacerme entender digo las cosas de mala manera, alterándome aún más cuando no logro que hagan caso a mis palabras (es que la diplomacia no ha sido mi mejor aliada en los momentos de tensión, y esto sumado a mi poco filtro y desesperación, son un potente detonante, y para cuando me doy cuenta de que lo que dije no fue de la mejor forma, ya es demasiado tarde). Y demás está decir que lo mismo ha ocurrido con mis ex parejas cuando han sido injustos conmigo o no han querido (o no han podido) entenderme, y me han hecho sentir “fatal” por querer expresar lo que en su momento me está atormentando, y no han entendido que lo que yo quiero es tratar de entender lo que para mí no es obvio. Es increíble de cómo pasé de ser una niña “muy callada”, quien simplemente acataba todo, guardándose para sí los descontentos y las situaciones que le afligían, a ser una mujer contestaría, incapaz de guardar por mucho tiempo los descontentos, sobre todo con la persona, que pienso, está siendo injusta conmigo. Uno de los lugares en donde quedó de manifiesto mi descontento con ciertas personas, fue en mi lugar de trabajo, donde se cometían injusticias, y a la vez, exigían ciertas actividades que no me correspondían hacer y ni siquiera tenían la deferencia de pedir “por favor”, ni mucho menos agradecer. Obviamente con el tiempo pasé a ser la “conflictiva” en ese lugar por decir lo que pensaba y reclamar lo justo.
Artista: Anita Valle Ocando.

A nivel personal, también comencé a observar que cuando me decían las cosas de malos modos, mis reacciones no eran las mejores. Si alguien me hablaba con enojo, pues yo también lo hacía, si alguien me gritaba, pues yo también, pero si esa misma persona se arrepentía de sus malos modos y cambiaba el tono, inmediatamente yo bajaba la guardia y me predisponía a escuchar y hasta a hacer caso si me explicaban el por qué debía hacer lo que me estaban diciendo. Eso explica también por qué algunas personas me quieren mucho, pues como me han tratado bien y con cariño, yo les he respondido de igual forma, por lo tanto tienen una buena imagen mía, pues han conocido mi parte amable y cariñosa, no así quienes me han hecho daño de una u otra forma o me han tratado de manera injusta, ellos han conocido mi mal carácter y en algunas ocasiones mi rabia al no dirigirles nunca más la palabra. Esto no quiere decir que yo tenga doble personalidad ¡Para nada! Solo el tiempo y las experiencias me han enseñado a responder como me tratan, y quien no me trata bien no puede esperar una buena reacción mía.
Recuerdo que en una ocasión alguien me apuntó con el dedo y me dijo con enojo que me iría al infierno por no diezmar en la iglesia, mi reacción fue de enojo también, contestando que yo no creía en un Dios malvado que se enojaba porque yo no entregaba dinero a las personas de la iglesia, y que consideraba que el diezmo debía entregársele a personas de bajos recursos y no utilizarlo en asuntos de la iglesia. Luego de esa discusión, transcurrió mucho tiempo antes de volver a hablar con esa persona, sin antes pensar en no ir más a aquel lugar ni a ningún otro en donde se me imponga lo que debo o no debo hacer, más si es de mal modo o con amenazas.
Artista: Anita Valle Ocando.

Pero mi rebeldía va más allá, es contra toda imposición de la sociedad que obliga a que el ser humano deba comportarse de tal o cual manera, más aún cuando se creen dueños absolutos de la verdad y con el derecho de condenar a quien piensa y actúa diferente (de una manera muy cruel por cierto, porque las palabras también hieren dependiendo del sentido que se les de), tal como las personas machistas, principalmente las mujeres, quienes son las peores enemigas de sus congéneres, al condenar a la mujer que actúa libremente y no sigue convencionalismos sociales. Me rebelo completamente contra toda mujer machista, pues con sus pensamientos retrógrados van criando hijos machistas, faltos de respeto a la mujer que se declara libre y responsable de sus actos sin tener que pedir permiso por ello. Es difícil que alguien llegue a mí con imposiciones, más aún si no tienen sentido para mi lógica y peor si son de malos modos o con amenazas. Fueron muchos años de escuchar: “Eso no se dice”, “Eso no se hace”, “Una mujer no hace eso, no dice eso”, etc, etc. Pero…¿Por qué? Simplemente porque los demás lo dicen, sin haber una explicación lógica, sólo basadas en la imposición social y nada más. Hoy en día pienso que me rebelo a todo esto porque fueron muchos años tratando de adaptarme al resto de las personas (para ser aceptada, pues como no sabía que tenía un síndrome, estaba desesperada por ser incluida, aunque en el fondo de mi ser había una mujer que luchaba por salir y mostrar sus diferencias). Y me rebelo también a que me obliguen a lo que no quiero hacer, porque de eso tuve mucho, sólo que antes no tuve las posibilidades ni herramientas para defenderme (este es un tema muy privado, por eso no puedo detallar a qué me refiero).
Artista: Anita Valle Ocando.

Conversando con la madre de mis dos sobrinos aspies, me ha contado que ella ha notado que sus hijos reaccionan de mejor modo y hacen caso, cuando ella les pide de buena manera que realicen o dejen de hacer una acción determinada. Con sus pequeños aspies no funciona que le imponga lo que deben hacer, y menos si no se les explica el por qué tienen que hacer caso, por lo tanto, cada vez que ella quiere que sus hijos realicen algo, primero les da las razones, y en algunas ocasiones utiliza el refuerzo positivo, prometiendo algún “premio” cuando ellos tienen una buena conducta. Esto del refuerzo positivo, creo que todas las personas lo necesitan, y no me refiero a algo material, más que todo a las palabras, un: “¡Qué bien lo has hecho!” Puede cambiar el sentido del “porqué” y el “para qué”.
No sé si con todas las personas Asperger o con todo el mundo suceda lo mismo, pero por lo visto, para mí y mis sobrinos aspies, es necesario la explicación para entender las razones del por qué debemos hacer caso de alguna instrucción, y lo principal es que no sea una imposición, y ni hablar que sea expresada con un mal tono. Para el aspie, de por sí, es difícil entender el comportamiento de las personas, sobre todo de las que “van en masa” (¿será por eso que no tenemos predilección por seguir modas?), y si es difícil entender eso, más difícil aun es tener que aceptar hacer cosas que, según nuestra percepción de la misma, no es lo que queremos hacer y no le vemos el sentido tampoco, por lo tanto el “porque sí” es difícil que funcione con nosotros. Su hijo aspie necesitaba saber primero el “porqué” y el “para qué”, de manera clara y con un buen tono claro está, de otra manera puede encontrar en él una mala reacción. 

Las imágenes utilizadas en este escrito, pertenecen a Anita Valle Ocando, una artista excepcional con el Síndrome de Asperger y pueden encontrar más de sus obras en esta página: https://www.facebook.com/LapizArte.AKVO?fref=ts

Esta es la biografía de la artista: