sábado, 22 de diciembre de 2018

Los Jueces de las Redes Sociales (análisis de una Joven Aspie)







Se ha vuelto moda escrachar (funar) a la gente por las meteduras de pata que cometen (es así la mayoría de veces), muchas por estupidez y pocas y contadas por maldad. Sí, sí, es necesario el escarnio, pero ya veo que se pasan. Se vuelven jueces y aparte, rasgándose las vestiduras como símbolos de perfección cuando son tan humanos como los que cometen el error de hacer pública su pendejez.
Creo que por coherencia, sólo si son perfectos, pero realmente perfectos (arquetipos perfectos, lo que la sociedad ideal quiere como ciudadano ideal, nos guste o no), libres de "pecados", incorruptibles, tienen derecho a señalar o juzgar reiterativamente a un par. Y siempre apegándose a lo justo: Que todos los implicados tengan opción de réplica. Una cosa es llamar la atención, hacer caer en cuenta el error y ayudar a corregirlo, dejando de lado el argumentito mediocre "como yo sufrí, y que sufran" y otra muy distinta volverse unos malditos puritanos como lo han hecho. Así de simple.
Y sí, alguna vez caí en ese asunto, pero como mencionaría Heráclito, todo cambia. Si no cambias estás cagado, muerto en vida.
Y lo bueno de darse cuenta de fallos ajenos es que evitas reproducirlos o continuar en lo mismo, sobre todo cuando te das cuenta de las incoherencias, como por ejemplo exigir amor, comprensión y ternura cuando no haces lo propio (es decir cuando no te lo ganas), o cuando lo que escribes con la mano lo borras con el codo...





No comparto ese tipo de prácticas que se han hecho costumbre en tiempos donde hasta los maniquíes pasan indignándose por todo, donde no se te puede escapar, repito escapar un perro, peor mudarte y si los dueños no lo aceptan poner en adopción (cuando hacen algo noble en vez de botarlos a una muerte segura) porque eres un maldito desgraciado, malnacido, merecedor de vituperios y la muerte; dónde te prohíben ver una película legendaria porque emplea un término equis que ofende a un grupo que ni se digna en analizar el contexto, lo hacen censurándose por el confort de otros, parafraseando a Jon Stewart; dónde no puedes pensar que las mujeres tienen muchos privilegios en algunas cosas y los hombres mantienen otros tanto, o que usar el todos y todas o sustituir el @ o la x da asco y es una afrenta al idioma porque, uuuff, te conviertes en el enemigo a muerte, en lo más miserable de lo miserable; dónde no puedes ni insinuar a alguien que se case o no se case, o tenga o no tenga hijos (que no se debe, porque es vida ajena y nadie tiene que meterse, POR EDUCACIÓN, pero veo que a veces es el único tema que muchos tienen para romper el hielo e iniciar una conversación en vez del silencio incómodo) porque arremeten como jauría asegurando que les están obligando a hacer algo, porque no son más o menos por eso (wtf, de verdad hay que aclararlo); dónde no puedes estar en desacuerdo con el matrimonio igualitario, o con el matrimonio de heterosexuales, o con el matrimonio con puentes con matrimonio en general según dios manda, porque chillan, patalean y de intolerante no te bajan; dónde no puedes ni pensar que una persona con una capacidad especial -porque si por error dices discapacidad, te pegan virtualmente- también puede actuar mal, también puede influir en que las cosas no marchen, también puede hacer bullying, odiar, agredir; dónde no puedes decir que las religiones apestan, o que los Islámicos deben respetar las costumbres de los lugares a donde van así como ellas no dudan en imponer en sus lares, o que el ateísmo apesta, o que la ciencia apesta, o que las farmacéuticas apestan, o que el sistema apesta, o que es mejor, o que el socialismo es caca o que lo amas más que a tu vida, o que el capitalismo es caca o es tu motivación, o que adoras a la derecha, ultraderecha, izquierda, OPUS Dei, una mancha en tu inodoro, etcétera. Dónde no puedes decir sobre cualquier tópico ¿Sabes, eso no me gusta, no me da la gana que me guste y no me veo obligado a aceptarlo PARA MÍ?, sin imponerlo y respetando que los demás hagan con su vida lo que les cante el orto mientras no te molesten (y entendiendo que convivir implica tolerar sin que signifique que te unirás a lo que detestas). Porque opiniones son eso, opiniones: culeras, burdas, desinformada, son como el agujero del culo para quien las emite: hieden y sólo a él le gustan, van y vienen (y sí, hay quienes deben cuidarse porque son autoridades y líneas de pensamiento de masas de descerebrados que sólo siguen por seguir, ellos sí con cautela, pero no significa que deban ser hipócrita -lo único rescatable de Trump es eso, honesto, aunque nos de coraje... ¿Qué es un impresentable? Lo es y siempre lo ha sido, así que la culpa es de quienes lo subieron ahí, ni modo, ahora chántense al pendejo y sus delirios-). Nunca son respetables, porque sólo se debe respetar al ser humano de dónde provienen siempre y que se a lo gane, siempre discutibles e incluso ignorables... pero cuando las opiniones se masifican y se convierten en misiles para destruir a quien opina diferente, o a quien no nos parece, algo anda mal. En estos tiempos de indignados y jueces de la moral virtual todo es tergiversando o manipulado para usarlo cómo les da la gana y  salirse con la suya. Creo que para cualquier crímen, pero crímen de verdad, hay mecanismos REALES para juzgarlos y procesarlos, imperfectos o no. Debería haber para los productos de la estupidez que son más frecuentes y se vuelven virales gracias los "jueces del anonimato", los justicieros casi siempre parcializados y excesivamente políticamente correctos que tras un teclado se creen invencibles... ya lo dijo Eco, la legión de idiotas.
El mundo siempre ha ido mal, pero con las redes es cada vez más notorio.



Respecto a lo que otros hagan con sus vidas, con su dinero y con su tiempo, tengan la edad, anatomía, economía, ideología, etc., que tengan, diré:
Pues creo que si les hace feliz, está muy bien y no hay ningún problema. Si el asunto es "edad", "aspecto" o cualquier artificio, valor o defecto agregado, pues ¿qué tiene? Qué mejor esa vitalidad, esas ganas de vivir y ese "quemeimportaloquedigan" sin condiciones. Ya quisiera ver a muchas personas ser felices haciendo lo que les canta el orto mientras el resto calla y se esfuerza por buscar su propia felicidad. En mi mundo konitos si es posible esa maravilla, que lo llamo: D-E-JA D-E S-E-R-M-E-T-I-D-O, en suspensión, cápsulas y sobretodo supositorio para quienes son refractarios.
Es que el verdadero problema está en todos los metidos que creyéndonos en un pedestal, un dechado de virtudes, de perfecta existencia, nos consideramos dignos de juzgar a los demás. Y los apuntamos con nuestro dedo a diestra y siniestra porque somos mejores, más infalibles, elegantes y bellos que la Parca. A partir de esa práctica es que empiezan los problemas: dejamos de vivir intentando normar las vidas de los demás.
Y eso va para todos: Los que etiquetan a las personas por sus hábitos, por su vestimenta, por su forma de ser, que de chiste en chiste deja de ser gracioso. Para que se entienda, los típicos meme que aluden a "putas" (generalmente mujeres, rara vez varones, porque practican el poliamor o algo así), a "madres luchonas" (sin saber toda la historia, que en no pocas ocasiones son tragicomedias muy tristes), a gays caricaturescos (y sus luchas cotidianas), a catlovers y doglovers "irracionales" porque "no quieren" formar familias como "dios manda" (que es su decisión y está muy bien también , pero además de sus vidas no sabemos) o los que no se casan (no quieren, no pueden, etc), se casan (por las razones equivocadas o idóneas o lo que sea), tienen hijos (porque se da, lo esperaban o no o como sea), no tienen (no quieren, no pueden o las razones o sin razones que sean), comen sólo vegetales o todo lo que se mueve (por lo que sea), los que abrazan ideologías, sectas, etc., o cualquier forma, estilo o ejercicio de vida diferente (por la razón que sea) como excusa para decir "ese ser humano no vale, merece se ridiculizado, me burlaré porque su vida no es como la mía porque YO soy la mamá de Tarzán, perfecto e inmaculado," cuando sus vidas, nuestras vidas, las vidas de todos y cada uno de los productores de CO2 pueden ser tan fantásticas como ridículas. Por esa necesidad de erigirse y acabar a los demás nace el ACOSO, que no es chiste y del cual muchos somos supervivientes.
A veces es agobiante e incluso atemorizante vivir en un medio donde el que menos confianza tiene te da patadas, porque es como si meterse de cabeza en la vida de otros estuviera normalizado. De verdad. Me tienta irme a vivir en una ermita y olvidarme que ahora, para peor, como certeramente mencionó Eco, Internet nos dio voz a la bola de estúpidos que confirmamos la masa amorfa e insulsa llamada humanidad. Si viviéramos y dejáramos vivir a lo mejor el mundo sería un poquito mejor o menos :poop:

Fin.

Escrito por AKVO.

Nota:
Hago clases de dibujo (retrato)
Niños 6 a 12 años
Horarios y lugar  por definirse
0987845311
Ambato-Ecuador.


sábado, 1 de diciembre de 2018

Poemas y un Breve Relato de una Mujer Asperger







Mi amado inmortal


Acordes apasionados que brotan de mi interior,
cuando siento tu voz, tu aliento en mi boca.
Melodías dulces que cantan mi amor,
torbellinos de pasión que provoca
el oleaje violento cuando me miro en tus ojos,
desnudos los cuerpos, desnudas las mentes
en actitud amorosa los amigos - amantes.


Respeto, comprensión, cálida intuición, entrega sin condiciones,
sin ataduras, sin decisiones.
Realidades hechas sueños, de los cuales somos dueños,
con infinito calor por sendas bien tupidas de mundos de maravillas,
en atrevidos viajes volando desde tu alma a la mía,
soltando intensos chorros, empapándonos,
fusionados en un nuevo ser, en completa armonía.




Una palabra


Una palabra pudo comenzar una guerra
Una palabra pudo darle vida a un poema
Palabras siembran la tierra de pesares y tristezas,
pero dan a luz claveles y brisas
de Primavera.

La palabra es un momento,
pero es vida de tu aliento.
Ésa que va acunándose
en brazos de un sentimiento.

Dejalas alzar el vuelo
Que alcance el entendimiento
Para que nunca te sobre
y nunca tengas de menos.

Alguien hirió a matar sin tener arma
Sólo con la crueldad
de una palabra,
Alguien abrió una flor en el camino
Dijo: "Buen día" y se fue,
Con una palabra.




Amores circulares


Recuerdos, imágenes confusas,
sensaciones extrañas que estallan en mi locura.
Un techo espejado, que nos cobija,
casi cómplice en nuestros juegos desesperados.
Un poco burlón, frío observador,
presencia eterna
de explosiones cósmicas, creaciones humanas,
delicias vividas,
reiteradas.

Pasiones consumidas, letargo animal,
pero las corrientes vuelven a reanimar
el fuego de estos leños casi apagados.
Se mueven, se balancean,
metamorfosis- serrucho que aguijonea el alma.
Llamas candentes de tu cuerpo sagrado
sacando de mí astillas gimientes
en un último intento de reconstruir
Y la historia se vuelve a repetir,
encadenada.


Amores imposibles

}Para ella, él era la noche. Para él, ella era la luna. Y aunque la vida los separaba, sus almas estaban en el mismo cielo...~




Memoria del agua…


Desde que tengo memoria, el agua es MI medio.
Nunca tomé clases de natación; no lo necesité.

Mis padres y mi hermana mayor fueron mis “maestros”. El solo hecho de verlos nadar a ellos me resultaba altamente motivante. Me atraía el sonido del agua, tan plácido, así como ver los rostros felices y relajados de quienes se encontraban disfrutando de la piscina (y del mar). También me atraía el reflejo de la luz en el agua, con sus destellos plateados y el color celeste turquesa del fondo de la piscina.
Recuerdo a mis padres turnándose para llevarme flotando de la mano e indicándome que debía mover mis piernas para avanzar y mostrándome cómo. Incluso recuerdo la primera vez que mi madre soltó mi mano para que pudiera desplazarme solita unos metros en el agua, bajo su atenta, segura y amorosa mirada. Tendría casi tres años.
Fue uno de los momentos más felices de mi vida…
Lo recuerdo como si fuera hoy.
La sensación de libertad, la liviandad del cuerpo, el control sobre el mismo, los suaves movimientos… Sensaciones y sentimientos que perduran hasta la actualidad.

Por aquellos años no se usaban antiparras. Gorra de baño no necesitaba, por cuanto tenía el cabello muy corto.

En la medida en que fui creciendo, cada vez permanecía más y más tiempo dentro de la piscina, sumergiéndome, haciendo mis primeros largos, aprendiendo solita a zambullirme primero de cabeza desde las escaleras, luego desde el borde, luego desde el trampolín bajo y luego desde el trampolín alto, sumando entonces una nueva sensación: la de volar por unos instantes en el aire, cual ave extendiendo libremente sus alas.

A medida que iba adquiriendo mayores destrezas, iba probando nuevos movimientos, tanto para desplazarme, como para flotar, sumergirme, hacer la vertical, la vertical puente, dar vueltas carnero hacia delante y hacia atrás, en una especie de retroalimentación de aprendizaje y control de mi cuerpo, tanto en tierra como en el trampolín y dentro del agua.
La sensación de control de cada músculo de mi cuerpo, de la respiración, la libertad de movimientos, la felicidad plena, la seguridad, el poder expresar(me) sin vergüenzas, ser yo misma, feliz y sola, sin sentirme observada, sin acusar cansancio corporal alguno.
Nadar rápido, nadar despacio, dejarme llevar por todos los sentidos…

Mis padres tenían que llamarme repetidas veces para que saliera del agua, porque no quería dejar de sentir tanta plenitud y alegría.





Cuando tenía nueve años comencé a experimentar algo nuevo durante las vacaciones familiares en la playa. Todos los días veía cómo a la misma hora, antes del mediodía, los guardavidas se metían juntos en el mar para estudiar las correntadas, el oleaje y realizar sus entrenamientos diarios. Lo que más deseaba era poder unirme a ellos en ese ritual diario. Me acercaba tímidamente, pidiéndoles permiso para acompañarlos y ellos me decían que era muy pequeña, que no podía y que, además, precisaba el consentimiento de mis padres para poder hacerlo, dando por sentado que ellos nunca aceptarían.
Entonces, persistentemente les pedía a mis padres que me autorizaran a acompañar a los bañeros. Todos los días, a toda hora.
Veía que mis padres hablaban entre ellos acerca de este tema, deliberando durante días. Ellos pensaban que yo no me daba cuenta, porque al no mirarlos pensaban que estaba absorta en otros temas. También los vi en alguna ocasión hablando con los bañeros y los dueños del parador.

Un día, mis padres habían tenido que realizar algún tipo de diligencia y quedé al cuidado de los dueños del parador de la playa. Uno de ellos, que estaba al tanto de mi deseo de participar del entrenamiento de los bañeros y que a veces se unía a ellos, me preguntó si los quería acompañar. Inmediatamente le respondí que sí, entusiasmada, pero a la vez con temor a que mis padres se enfadaran.
Es hasta el día de hoy que no sé si se trató de un plan urdido entre los dueños del parador y mi padre, para alejar a mi madre de la playa y así poder meterme mar adentro.

Lo único que sé es que ese fue uno de los días más memorables de mi vida. Ir pasando en grupo cada una de las rompientes, el mar que me llevaba para atrás y para adelante, hasta que llegó un punto en el que ya no hacía más pie y no había más rompientes, sino el ondulado mar, que me mecía mientras me iba adentrando con el grupo.
De a ratos hacíamos pequeños descansos, tomándonos de una “salchicha” (así se llamaba) que los guardavidas llevaban al efecto. En todo momento me sentí muy cuidada y respetada por cada uno de ellos.
Me sentía extasiada de ver cada vez más lejos la orilla del mar.
El único cuidado que teníamos que tener era no perder de vista la costa, por el riesgo que corríamos de irnos cada vez más mar adentro y agotar nuestras reservas físicas y ahogarnos.
Ya el regreso me resultó bastante extenuante y debíamos hacer frecuentes descansos para poder recuperar el aliento, hasta que finalmente, haciendo el recorrido inverso y ayudados por las mismas olas, fuimos atravesando una a una cada rompiente hasta llegar lentamente a la orilla.
Fue una experiencia única, indescriptible.





Cuando salí del mar, mis padres me esperaban y me abrazaron fuerte.
Recuerdo la cara de alivio y de enojo de mi madre, sus retos, y la cara de orgullo de mi padre, quien me sonreía.
Recuerdo una discusión entre mis padres en la orilla y también ver a mi madre alejarse enojada de la playa, conteniendo sus lágrimas.
Al día siguiente estaba yo expectante, ansiosa, sin saber qué hacer, sin saber qué pasaría, si me permitirían ir nuevamente junto al grupo de bañeros…
Se acercaba el horario en el que habitualmente los guardavidas cumplían con su obligación de verificar en persona el estado del mar, las correntadas, los vientos.
Finalmente mi mamá me autorizó a acompañarlos y, desde ese día, lo hice todos los días.
Cada día era un nuevo desafío físico y personal.
Por sugerencia de los guardavidas, mis padres me compraron patas de rana para tener más fuerza y velocidad al internarme mar adentro.

Pasaron las semanas y llegó mi cumpleaños N° 10. Ninguno de los bañeros me saludó ni me felicitó, aunque sabían perfectamente que era el día de mi cumpleaños. Los notaba “raros”, pero no lograba darme cuenta de lo que estaba pasando.
Hasta que llegamos al punto más lejano en el que aún se podía divisar la costa en el horizonte para no perder nuestro rumbo.

Paramos como habitual, tomados de la salchicha y descansando. En ese momento, todo el grupo me cantó el “Feliz cumpleaños” en el medio de la inmensidad del mar, me saludaron, me mimaron y me regalaron un hermoso sapito de juguete.
Fue el mejor y más emocionante cumpleaños de toda mi vida…

Luego comenzamos el retorno a la costa.
Al llegar a la orilla, mis padres me esperaban como siempre y les mostré el simple pero hermoso sapito que me había obsequiado ese grupo de hombres tan valientes, tan “rudos” y tan sensibles.
Cuidé con mucho amor al sapito. Ya en Buenos Aires, en mi hogar, lo tenía sobre una repisa a la vista y me acompañaba todos los días…
Lamentablemente, durante una mudanza, el sapito se perdió.

Pero llevo su recuerdo y el del tan especial festejo de cumpleaños grabado en mi mente y en mi cuerpo, hoy y por siempre, como si fuera aquel 25 de febrero de 1979…


Escrito por Liew Vöreva / A. Y. W.



jueves, 22 de noviembre de 2018

¿Somos "Frías" las Personas Asperger?






El gran error de algunas personas neurotípicas, es creer que todas las personas con el Síndrome de Asperger somos frías emocionalmente sólo porque han visto que algunos aspies no demuestran sus sentimientos (lo que no quiere decir que no los tengan). No hay una relación entre la demostración de sentimientos y el sentirlos. Hay gente que no tiene el Síndrome y anda por la vida demostrando afectos que no siente, así como existen aspies que pueden sentir mucho amor por una persona, pero no lo demuestran de la manera convencional porque no saben cómo hacerlo ¿Pero qué sucede con aquellos aspies que de manera voluntaria no demuestran sus afectos y aparentan frialdad? Lo más probable es que hayan sido víctimas de abusos emocionales que les provocó la necesidad de colocar una coraza entre ellos y las demás personas para no sufrir más maltrato, pero tras esa aparente actitud distante y fría, hay un aspie con emociones y sentimientos, que prefiere guardárselos para sí.
A continuación algunos jóvenes y adultos Asperger nos relatan sus experiencias con este tema (no he puesto sus nombres para resguardar su privacidad):


 ¿Reaccionamos con frialdad?


-El corazón se vuelve más frio al sufrir mucho. Todos cargamos una jaula, depende de nosotros cómo hacer que se abra.

-Yo he desarrollado, si no frialdad, una asombrosa capacidad de aislarme emocionalmente. A veces me asusto a mí misma ¿Será que nos cansamos de sufrir?

-Ahora estoy pasando por una etapa depresiva y en estos momentos nada me importa...

-Pienso que va en la forma de ser de cada uno. Llega un momento de sobrecarga tan grande, que la misma mente y el cuerpo "se cierran" frente a estos estímulos y emociones negativos como medida de protección. Y debemos escucharlos y respetarlos (nos). En algún momento, seguramente sentirás que estarás nuevamente preparado para afrontar tantas dificultades. A mí me sirve encerrarme, llorar, descargarme ,"desenchufarme" y, luego, sumergirme en la música que me gusta y dejarme envolver por ella hasta sentir que me eleva y que ya me siento mejor para seguir viviendo el día a día.     

-El sufrimiento sin sentido produce en el alma, primero, un resquebrajamiento; y luego una cicatriz que va endureciéndose cada vez más. El corazón se vuelve una piedra, y se vuelve insensible a la bondad. Pero cuando uno es capaz de darle un sentido al propio sufrimiento, este fluye hacia un fin mayor, y sale de uno, dejando el alma libre y lista para el bien que está por venir.

Fotografía: Camilo Cuevas.


-Hay una frase que dijo el Che Guevara que dice: "Hay que endurecerse sin perder la ternura". La frase resume que uno debe prepararse para esta vida que a veces tiene contratiempos y reveses fuertes pero no haciéndose 'insensible', 'frío' o 'apático', pues de esa manera, tampoco seríamos sensibles al placer, el afecto o el cariño. Entiendo el punto de la pregunta y creo que la mejor respuesta es aprender a qué cosas uno le debe dar su justa importancia y a qué otras no. Hay muchas corrientes filosóficas que abordan la cuestión del placer/dolor, sería interesante intentar leer y aprender filosofía.
Siempre he sido una persona distante con la gente, por esto mismo de que a mayor riesgo de felicidad, mayor probabilidad de dolor. Puede que sea una cuestión de falta de madurez no poder asumir esa realidad. La psicología positiva habla de 'recursos psicológicos' con los que cada persona viene dotada y de ahí en más obtener mejores recursos con el trabajo asertivo sobre uno mismo. No sé, pueden haber miles de caminos a tomar: Hacer terapia, leer filosofía, encontrar un sentido de vida a través de una religión, descensibilizarse exponiéndose de a poco a nuevos desafíos, o una combinación de todas las anteriores. 

El tema de la felicidad humana es muy compleja, no sólo pasa con las cuestiones sociales o afectivas, sucede en general con los proyectos de vida. Tomando el caso de un estudiante universitario que le quedan pocas materias para recibirse, el momento cumbre llega a medida que van pasando las últimas instancias, pero llegado el caso de no poder rendir y quedarse trabado en la última materia. El riesgo de recibirse y culminar una etapa queda frustrado en el último momento y eso también es doloroso. Detrás de toda expectativa para ser feliz, hay un riesgo que asumir y es la incertidumbre de no saber si todo llega o no a buen puerto. Ante esa REALIDAD, depende de cada personalidad, la actitud que se va a tomar, muchos no aguantan y se sabotean, otros le meten 'huevo' hasta las últimas consecuencias. En el caso de las relaciones afectivas pasan cosas parecidas pero no iguales. La forma de sabotearnos es a través de la indiferencia y la apatía en los sentimientos; dejar de querer o amar para no sufrir o ser lastimados. A veces este proceso es inconsciente y la gente no se termina de preguntar por qué las relaciones de pareja se van al diablo. Todo esto se relaciona con las famosas 'grietas' en el carácter. Tener o no 'grietas' en el carácter es determinante a la hora de tomar con actitud lo que la vida nos pone en el camino.


Fotografía: Camilo Cuevas.

Reacción ante una determinada acción:


“Un libro cae encima del pie de mi esposa, ella salta y le duele mucho, se queja, mi hija (asperger) se queda callada y casi no levanta la mirada de la tablet con la que está jugando, mi hijo (asperger) se impacta y va y la consuela. Le explico a la niña que es recomendable cuando sucede una situación como ésa, dejar lo que se está haciendo y preguntar cómo se encuentra la persona accidentada, o por lo menos pararse al lado y quedarse callado. Ella va acumulando tensión hasta que le reclama a la mama gritándole que ella era la culpable de lo que le había sucedido. En resumen cuando la madre se dispone a reprenderla por el comportamiento injusto y desproporcionado en su contra, la detengo y le explico, que ella (la niña) es como una “biblioteca a la que le faltan algunos libros”, no sabe cómo reaccionar ante algunas situaciones, va acumulando tensión hasta explotar de alguna manera, en este caso gritando y reclamando; hay que darle un patrón de comportamiento adecuado para responder en esa situación, una vez que lo aprenda jamás lo olvidará, razón demás para acercarse e intentar ayudar o interesarse por la persona afectada. Pero en mi condición de Asperger y de mis dos hijos asperger, debo decir que rellenar los espacios vacíos de conductas socialmente necesaria le harán la vida más llevadera en su futuro inmediato, de nada le va a servir andar con cara inexpresiva o antipática ante situaciones en las que los demás evalúan la calidad humana de sus pares, un comportamiento adecuado es un escollo menos en el camino necesario para continuar con su vida. La diferencia radica en la manera como esa información le llega a la niña, se hace claramente, buscando que entienda cuál es la diferencia entre comportarse de una forma o de otra. Ella decide si aplica o no el comportamiento que se le sugiere. Yo no me acerqué a consolar a mi esposa, y fui yo quien le dejo caer el libro en el pie por accidente, en el momento me alejé y luego cuando mi hijo de 9 años me reprendió por no consolar a su mamá, fue cuando me aproximé a ella”.

Fotografía: Camilo Cuevas.

Respuestas de algunos jóvenes y adultos Asperger al planteamiento anterior:


-Estoy de acuerdo con explicarle el porqué es recomendable preguntar. No soy el mejor ejemplo porque si bien soy de una naturaleza cuida y salgo corriendo cuando pasa algo. En determinadas situaciones observo o escucho, según el temperamento del que se haya quejado por un golpe, pregunto qué pasa o sigo con lo mío. Me acostumbre a que mucha gente exagera ante determinadas situaciones, y ante tales casos sigo con lo mío (odio las interrupciones).

-A mí nadie me explicó eso, nadie lo ha hecho hasta ahora, hace poco una ex intentó hacerlo, pero terminó desesperada y odiándome. Hoy sigo aún con muchos espacios en blanco, seguiré igual yo creo, no hay con quien pueda hablar sobre eso sin que se burlen de mí o traten de retrasado. Soy del tipo también que si alguien cae, se tropieza o se golpea con algo, sobre todo alguien muy cercano a mí, no suelo dejar lo que hago ni pregunto ¿estás bien? ¿Qué te paso? como sé que suelen hacer la mayoría de las personas, sé que están bien, no considero preguntarlo. Me cuesta trabajo hacerlo, entenderlo, sin que parezca fingido, pero por algo estoy solo y solo me quedaré.

-En si no son instrucciones sino premisas para ver la lógica que tiene algo. Uno puede determinar el nivel de daño con observar y si es algo importante entonces si acercarse, pero un golpe por un libro simplemente es doloroso, no pone en peligro la vida y no necesita consuelo. Cuando alguien se queja por una torpeza o accidente a mí no me motiva a ayudarle, salvo que no pueda valerse por sí mismo, Como su mamá es mayor que ella, con más experiencia y puede valerse por sí misma, entonces no necesita ni que la consuele ni que la atienda pues ella por sí misma podría resolver el tema. Diferente si se hubiera caído una estantería o algo más pesado.  Y el comentario de que a ella le falta algo, quizá sólo le de rabia y en algunos años lo que ella descubra es que a la gente no razona como ella y que dan mucha importancia a los "deberías", aun cuando no tengan lógica. Cuando algo tiene lógica y funcionalidad si se entiende un argumento, cuando no es un mero formalismo que uno verá si le "apetece" aplicar quizá nada más para que le dejen en paz.

Fotografía: Camilo Cuevas.



-Me gusta como soy en parte, y para el resto del mundo es un dolor de cabeza. Mi familia, en mi iglesia, etc. A mí lo que me molesta es que muchas veces soy lenta dándome cuenta de las cosas o tardo en reaccionar.

-Amigos muy cercanos a mí, últimamente me han hecho ver de una manera directa o indirecta que tienen la idea de que soy una persona que no actúa de la forma más acertada en las cosas de interés general para la mayoría de las personas (entiéndase: Formar una familia, declararse a una chica, realizar un sueño o proyecto, entre otras cosas). Suelen decirme que en el fondo no les gusta como yo no resuelvo las cosas de la forma cómo lo haría la mayoría y constantemente escucho el "sí yo fuera tú, haría..." Y cuando trato de explicar por qué no actúo de la forma en que ellos esperarían, me dicen que solo son justificaciones. Toda una vida escuchando sobre mil cosas parecidas, cuestionándome mi propio proceder, mi propio sentir; la gente cercana a mí no lo quiere aceptar y no me hace más fácil sobrellevar esta angustia. Me hacen sentir incapaz, ante un mundo distinto a lo que yo entiendo. Me da la impresión que lo que está frente a mi es una ilusión que yo me he creado y los demás tratan de decirme que estoy viendo un dibujo y no la realidad. Me deprime mucho sentirme tan en solitario, incluso los que me hacen ver la creencia de que comprenden mi diagnóstico, pareciera como si les hablara que solo tengo una pierna un poquito más larga que la otra, y entre líneas sigo sintiendo una alta exigencia en lo que se refiere mi forma de actuar ante ciertas situaciones. Esto no me hace sentir nada bien. Lo irónico que soy un motivador para muchos, he ayudado a muchas personas a salir de sus depresiones, de sus tristezas.

Fotografía: Camilo Cuevas.


 Sobre cuando nos piden ayuda:


-La gente piensa que por el simple hecho de que vos tengas más facilidad que ellos, es una especie de deber moral para vos ayudarlos, a mí me pasa todo el tiempo, incluso en el liceo se enojaban si directamente no les pasaba las respuestas en las pruebas. A mí me parece que tiene que salir de vos, que no es ninguna obligación, vos hacés con tu tiempo lo que quieras, a mí a determinada gente me dan ganas de ayudarla y a otras no, lo que si es que cuanto más me exigen que les explique, menos ganas de hacerlo me dan.

-Si algo aprendí de los errores de la universidad, es que el activo más valioso con el que uno sale, es las relaciones sociales y la calidad de las mismas. Esos compañeros, muchos llegan a cargos importantes, o algunos otros se vuelven excelentes profesionales que más adelante, en la vida profesional, pueden ayudarte a entrar a buenas organizaciones o ayudarte a construirlas; incluso los vagos, que vivían copiándose de los demás, se vuelven grandes políticos o excelentes comerciantes. Por eso es importante cultivar esas relaciones. Conozco varios compañeros que si cuidaron e hicieron crecer esas relaciones y hoy por hoy están en cargos muy altos, mientras que uno que fue el solitario, relativamente me quedé estancado, aunque fuera bueno con lo académico.

-Muchas veces un buen puesto de trabajo se consigue por contactos, por caerle bien a alguien, y en puestos donde se gana mucho dinero por ser personas que pueden encubrir carencias del líder, quien tiene la habilidad de delegar el trabajo a quien tenga más capacidad, pero esté claramente subordinado y acepte hasta con "agradecimiento" ser el peón.

Fotografía: Camilo Cuevas.


-Pienso que sí, que muchas veces debemos hacer cosas "obligados" que no nos nacen por nuestra falta de empatía. Se nos dificulta ver lo que sienten los demás y no es egoísmo, es que simplemente no lo vemos hasta que nos lo dicen. Creo que sí es muy importante cultivar las amistades y relaciones. Con la práctica se te dará mejor.

-No somos egoístas, los aspies no evaluamos el efecto que causamos al negar algunas cosas a los demás, sea algo que piden, un objeto o cambio de actitud, de cierta manera está relacionado a nuestra renuencia a los cambios y usualmente es algo impulsivo. Eso nos hace quedar muy mal.

-Totalmente de acuerdo. Está claro que las relaciones que uno hace cuando está estudiando pueden ayudarte en el futuro. Yo hice mejores relaciones con los profesores. Pero ese es el "juego social", vos les haces el favor de ayudarlos a aprobar, ellos te ayudan en un futuro quizás a conseguir un trabajo. Es mutuo o debería. A la larga cuando ellos quizás consigan buenos trabajos y sean más "maduros", si llegan a necesitar a alguien que sepa mucho se van a acordar de vos y si tuviste buena relación o los ayudaste de alguna forma, te van a llamar. Simple.

-Hay que saber a quién ayudar. Me la pasé ayudando a mucha gente y no necesariamente es una cuenta matemática de que el favor vuelve. Hay gente copada y gente garca. Si me hacen el planteo que le hicieron, doy la espalda y no vuelvo a perder el tiempo.

-Quizá el punto es poder identificar al cooperador (aquel que busca hacer proyectos para beneficio de quienes participen) y al parásito (aquel que sólo busca beneficios personales aún a costa de quien le ayude).


Escrito recopilado, editado y publicado por Aillen Aukan Awka.


Las imágenes utilizadas en este escrito (exceptuando la primera) pertenecen a Camilo Cuevas, un excelente fotógrafo con el Síndrome de Asperger. Pueden encontrar más de sus fotografías en esta página:

Esta es la biografía del autor de las fotografías:

jueves, 15 de noviembre de 2018

Las Reacciones de Ira y Descontrol en las Personas con Síndrome de Asperger








Las reacciones de ira en el Síndrome de Asperger son más frecuentes de lo que se piensa y pueden ser originadas por diferentes factores, entre ellos la sobrecarga sensorial y/o nuestra poca tolerancia a la frustración que se ve incrementada con las situaciones injustas que podemos vivir diariamente. Y si ya de por sí es difícil desenvolverse en un medio que poco entendemos, el sumarle a esto las exigencias generadas por la incomprensión de quienes nos rodean, va originando en nosotros un constante cúmulo de estrés que en algún momento va a buscar una vía de escape, y lamentablemente en algunas ocasiones, es de la peor manera.
Para evitar llegar a estas tan lamentables instancias que no nos hacen bien a nosotros ni a quienes nos rodean, es fundamental que a la persona con el Síndrome de Asperger desde pequeño se le enseñe a reconocer y entender el enfado en él mismo y en los demás, así como aprender a controlarlo, porque a esta edad es más fácil manejar la ira en el niño. Cuanto más tiempo se mantenga este comportamiento, más patrones se establecerán y más difícil será romperlos, y lo que menos queremos es que vea la agresión como una manera de manejar los problemas. Hay que enseñarle maneras seguras de expresar su ira, porque el problema no es sentir ira, sino cómo la manifestamos. Hay que buscar el momento oportuno, cuando el niño esté calmado y hablar sobre lo que está sintiendo en esos momentos y qué es lo que lo provocó, para juntos buscar una manera de evitar y controlar su ira.

A continuación un planteamiento que hizo un joven con el Síndrome de Asperger sobre este tema, y luego las respuestas de sus compañeros aspies basándose en sus propias experiencias con las reacciones de ira (no he puesto sus nombres para resguardar su privacidad):


“Hay gente que habla como si lo hiciera en clave, dicen una cosa y significa otra, tal parece que voy a tener que usar un diccionario de interpretaciones con cierta gente, porque según ellos, no dicen lo que quieren decir sino otra cosa, y encima me dicen: "Tú te enojas sin preguntar, preguntas después que te enojaste" ¿Qué quisieron decir con eso? Lo que pasa es que a mí no me dura mucho rato la cólera, reviento en el momento y se me pasa, aunque no haya querido estallar, a veces no me controlo ante algo que encuentro injusto ¿Cómo les va a ustedes con el control de la ira cuando alguien les dice algo irritante, algo falso? ¿Cómo reaccionan cuando hablan mal de ustedes sin motivo? Y si se dieron cuenta que no reaccionaron muy bien que digamos ¿Cómo lo hacen para controlarse la segunda vez con la gente que los quiere sacar de quicio a propósito?”

Fotografía: Rodrigo Corvalán.


-A mí nadie me quiere sacar de quicio por segunda vez, con la primera les basta.

-Mal, yo lo suelo llevar mal. Pero se puede llevar bien con entrenamiento y meditación. Dar a cada cosa y persona su justo valor.

-Pura concentración, porque es fácil caer en esos engaños y mañas, y el resto lo agranda en tu contra, así que mucho cuidado y concentrarse.

-Yo me trago la ira, me vuelvo evasivo cuando me irritan. No me llevo del todo bien con mis emociones, no estoy acostumbrado a ellas, sin embargo pueden ser fuertes. A causa de eso tengo fama de calmado...hasta que exploto.

-Ira cuando cuento con utilizar algo y me lo han cambiado de sitio o lo han prestado, pongo una cara tal que mis hijos salen corriendo a buscar lo que me causa la molestia...Vocifero.

-Yo antes reaccionaba super mal, dejaba la "embarrada", pero desde hace un par de años me di cuenta que aquello me dejaba mal frente a las personas, aun cuando eran cosas justificadas. Desde ese entonces frente a un problema, digo lo que pienso, pero con calma, manteniendo el control y sin tomar decisiones estando enojada; pero luego me alejo de la gente que siempre está con malas intenciones, es decir, no lo intento otra vez, paso de ellos y busco nueva gente, nadie me amarra más que mi hija, los demás que pasen por mi vida, y si son valiosos y productivos, se mantienen, sino next!

-Yo soy tranquilo, pero soy muy impulsivo también.

-Soy impulsivo porque mi familia simplemente no acepta el diagnóstico, y eso me "encabrona".

-La impulsividad es complicada. He tenido una época impulsiva (previo al diagnóstico, el problema surge a la hora de tratar de arreglar las "metidas de pata").

-Antes yo rompía vidrios, pero aprendí a canalizarlo. Me llevó años, pero lo logré.

Fotografía: Rodrigo Corvalán.


-Yo llego a ser tranquilo, me enojo muy rara vez, pero cuando me enojo...¡Me enojo! 

-Mejor ni mirarme cuando estoy enojado.

-Yo aguanto, aguanto, aguanto...hasta que...BUM EXPLOTO y no me puedo controlar...

-En peleas me refugio en mi cuarto, me tiro en la cama, si mi perra está despierta, me abrazo a ella o me abstraigo en algo que me guste (computadora, libros de informática). En mis épocas "explosivas" en dónde rompía vidrios, aprendí a trasladar mi ira a botellas vacías de plástico.

-Siempre he tenido problema con la ira. Siempre he tenido que golpear a mis maestros de la escuela y a los patrones o jefes del trabajo. Yo soy de los que no discute, sólo contesto con golpes, y los últimos años ya no me conformo con los golpes. Sólo estoy tranquilo con mi esposa y mis hijas, no piensen mal, a ellas nunca les he gritado siquiera, sólo es con personas que realmente "se pasan".

-Yo cuando llego al límite y exploto, es mejor correr. Hoy le pegué una patada a una puerta, la abollé y casi me rompo la uña del dedo gordo, así mismo he dañado relojes de pulsera, celulares y un vidrio de un escritorio, y algunas puertas, y eso que soy un flacuchento debilucho.

-Yo sólo salgo de quicio si es una persona que me conoce y sabe lo que me molesta; me da una rabia tener que repetir las cosas una y otra vez, y me lo tomo seriamente personal, porque hay conocimiento de causa, con extraños no.

-Yo aguanto, aguanto, aguanto hasta que exploto. El problema es que entre más adulta soy, más aguante tengo, pero la "erupción no deja sobrevivientes".

-Varias veces tiré el vaso...y el plato...y todo lo que estaba cerca, pero sin ninguna mala intención, más que nada como un desesperado pedido de comprensión y ayuda, pero jamás resultó de ese modo, me siguen malinterpretando por más que explique. Nunca me creen nada de lo que digo y eso no sé cómo llamarlo. Yo también me contengo todo lo que pueda, pero cuanto más contengo, peor es la explosión.

-Muchas veces necesitamos desahogarnos para eliminar el dolor acumulado porque, si no, también podemos explotar y liberar todo eso de forma dañina para otros.

Fotografía: Rodrigo Corvalán.


¿Somos enojones?  


-Sólo cuando nos hacen enojar, lo somos; el resto del tiempo no es cierto.

-A mí me dicen que a veces soy enojón, pero es porque quiero ser perfeccionista y ultra ordenado en todo y no se puede.

-La fama de cascarrabias o enojones es el resultado de haber aterrizado en el planeta equivocado, rodeado de cretinos primitivos e ignorantes que no comparten nuestros intereses y nos hacen bullying, y eso incluye a todos los que nos rodean, desde nuestros padres hasta el último ser que habita esta piedra en que vivimos (los aspies no están excluidos). Los aspies podemos ser muy incómodos en el trato, solemos mostrar una imagen equivocada que no demuestra nuestro estado anímico.

-Entre personas con el Síndrome también nos hacen perder la paciencia, los que nos lleva a discutir entre nosotros. Los Aspies no sabemos expresar nuestros sentimientos y eso hace que los guardemos hasta que explotamos. Eso sucede sobre todo con la rabia.

-A veces cuando se nos dificultan las cosas, nos frustra nuestra condición y la impotencia, eso nos hace un poquito gruñones, no generalizando claro está.

-Me considero temperamental, es todo lo que tengo que decir.

-Si todo va bien, no hay de que enojarse. En lo personal me enojan muchas situaciones.

-Puede ser, pero por otra parte, siento que tampoco debería aguantar lo que no me gusta.

-Sí, hay cosas que me desgastan y empiezo a hacer todo de mala gana, o a procrastinar, o directamente "exploto" a veces.

-Yo me enojo y decepciono, pero no guardo rencor por eso.

-Las chicas Aspies que he conocido virtualmente, son de carácter muy fuerte, a comparación de los chicos, hasta el sentido del humor es diferente al de las chicas Nt, lo cual está bien, siento que las chicas Aspies son más abiertas, creo que eso viene a ser por lo que se dice del cerebro hipermasculino.


Escrito recopilado, editado y publicado por Aillen Aukan Awka.


Las imágenes utilizadas en este escrito pertenecen a Rodrigo Corvalán, un gran fotógrafo con el Síndrome de Asperger. Pueden encontrar más de sus fotografías en esta página:
https://www.flickr.com/photos/122730065@N05/