lunes, 9 de abril de 2018

Mi experiencia de vida como aspie









Foto actual de 2018





Mi nombre es Jey, tengo 32 años y soy de Buenos Aires, Argentina. Desde que tengo memoria que me he sentido distinta. Sentía que no podía encajar Mi nombre es Jey, tengo 32 años y soy de Buenos Aires, Argentina. Desde que tengo memoria que me he sentido distinta. Sentía que no podía encajar con nadie y que mi mundo se basaba en todo lo que estaba entre las 4 paredes físicas de mi cuarto y de manera figurativa en mi mente.

Mi madre había notado unas rarezas mías por lo que me llevó a distintos psicólogos porque tenía “berrinches”, pero ellos concluían que sólo era una niña caprichosa, sin que entendieran que necesitaba comprensión. Era estricta con determinados temas, inflexible con los horarios, y ni hablar de las cosas imprevistas o situaciones de último momento que me angustiaban, sobre todo ruidos fuertes o cosas que podrían llegar a explotar como fuegos artificiales, y globos, apegada a mi rutina y eso incluía la alimentación. La comida que tenía que ser una cantidad específica, ni más ni menos, y de determinada manera por lo que mi abuela tenía que tener ese menú especial y escaso para mí, contar la cantidad exacta y mi madre todos los días a la salida del colegio tenía que llevarme a un local de comidas rápidas. Luego mi problema de alimentación empezó a notarse en la adolescencia, cuando yo quería ser gorda y como toda adolescente avergonzada de su cuerpo me cubría con ropa muchísimo más grande que mi talle.

Al principio mi interés restringido era la astronomía, saber sobre los planetas y las estrellas, era mi sueño estudiar hasta que un hombre me dijo que no llegaría a nada y que me moriría de hambre. Por lo que ese sueño termino de romperse. Luego cambiaba de intereses a medida que iba creciendo, pase por aprenderme información de los países, respectivas banderas y capitales, geografía, cultura. Otros de mis intereses fueron (algunos siguen siendo) historia, en especial la Segunda Guerra Mundial, mitología, grafología, arte, hasta que llegué a mi último interés: la psicología. Por lo que decidí estudiar y todavía estoy en carrera. Encuentro tan fascinante la mente humana así tan infinita como lo que tenemos en el universo con las estrellas.
  

 A mis 3 meses


La escuela fue muy difícil para mí, me sentía igual de diferente y solitaria, callada, sin amigos. Sin participar en clase a tal punto que casi me hicieron repetir por no estar atenta a las tareas y por mi bajo desempeño pero era porque me aburría. En cuanto a socializar, unas chicas intentaban acercarse a mí pero no las consideraba amigas, pero aun así sentía que no encajaba. Simplemente eran unas compañeras con quien estar pero la soledad me pesaba. Me hacían bullying porque era presa fácil, total para ellos no reaccionaba. Pero la rabia que tenia se me acumulaba e iba para la casa, contestando mal y rompiendo cosas, puertas, vidrios, hojas, y escribir las paredes de mi casa era común. 

Y siguió hasta el secundario. En esos momentos de soledad me dedicaba a dibujar y escuchar música clásica, y dejar volar la imaginación en un mundo en el que sí me sentía pertenecida, hasta que descubrí internet y las salas de chat y allí empecé a hablar con las primeras personas a las que podría llegar a sentir q me comprendían, o al menos eso es lo que te hacen creer detrás de una pantalla y así fue como empecé a salir con los primeros chicos

Empecé una relación con un neutotipico, teniendo yo 17 y él 23. Y me casé con el a los 22 y él 28. Una relación con dobles sentidos, hasta aprovecharse de la ingenuidad, a mis rasgos los veía como puntos débiles para su beneficio propio. Me enseñó del sarcasmo y la ironía pero lo único que aprendí fue como lastimar a la gente, y jamás fue mi intención. Me enseñó que él mentía a la gente elaboradamente para ocultar verdades que ellos no querían saber, hablándoles de cosas que ellos deseaban escuchar y no lo que realmente era. 

Durante los 10 años de convivencia bajo el mismo techo y estando casada estuve en ese ambiente tóxico estaba sometida a muchas cosas que no tenía que haber permitido. me agredía físicamente hasta en los momentos de intimar, se burlaba de mí en frente de mi familia y compañeros de trabajo, no podía salir sola en ninguna parte, le molestaba que tuviera acercamientos con la gente. Iba a donde me invitaran, veía lo que él veía, me vestía como a él le gustaba, era yo la que mantenía la casa mientras él estaba en la casa y su excusa era que no tenía trabajo de lo suyo y que no soportaba tener un trabajo de dependencia porque no le gustaba recibir órdenes. Me decía lo que tenía que decirle a la gente, me alejaba de todos, diciendo que yo era su misión en este mundo, que nadie me ayudaría y que no sobreviviría sola a este mundo sin él.
Llegó a un nivel de toxicidad tan grande que llevé también a mi cuerpo a los excesos, para tapar el dolor y los miedos con medicación y alcohol, cuando no podía erradicar el problema de base siendo él el culpable y yo creyendo que esa era mi condena perpetua. En 2011 y 2012 tuve que dejar mi trabajo porque estaba en depresión, tengo muy pocos recuerdos porque ese hombre me estaba sobre-medicando para que estuviera dormida, apenas podía levantarme y saber que día era. Pasé por brote psicótico siendo un peligro para mí misma, a punto de que querian internarme pero él no quiso y me volvió a encerrar, sin tener contacto con ninguna persona bajo ningún motivo, mintiéndoles a los demás sobre mi estado de salud. Las crisis con él eran muy frecuentes, él me las provocaba, y me ataba de manos y luego me grababa en video en esas condiciones. Mis pensamientos suicidas eran recurrentes, con cortes en las muñecas y auto lesionándome, hasta que una vez estando sola lo intenté un viernes en 2012, tomándome 30 pastillas de ansiolítico y 6 de antipsicótico. Desperté un domingo sin saber lo que me había ocurrido durante esos dos días ni el porqué estaba en casa en vez de un hospital.


Foto de mis peores momentos en 2015.


Durante esos años en los que estuve con él estudié hostelería, aprendí francés, me perfeccioné en el inglés gracias a mi trabajo como camarera en los hoteles más importantes de Buenos Aires durante 10 años.

Nunca había escuchado del Síndrome de Asperger, pero sí había escuchado sobre el autismo. Todo esto comenzó a los 29 cuando empecé a tener intereses por determinadas series y deseaba saber sobre los personajes, entre ellas “The middle”, en el que sospechaban que uno de ellos podría llegar a ser asperger. Por lo que empecé a investigar más el tema a partir de allí, identificarme con los rasgos, y empecé a ver que también en las notas que ponían al famoso Sheldon Cooper dentro del espectro. Me estaba interiorizando tanto con el tema que seguía buscando las características en mujeres porque si bien me identificaba con los hombres, me parecía extraño que no hubiera tanta información en mujeres. Tiempo después por mi cuenta volví a profesionales, diciendo que tenía problemas para socializar y sin mencionar mi sospecha ya que era desconfiada y nunca habían detectado que era lo que me estaba pasando, ni que estaba en un infierno, ni se habían percartado de mi condición, así que fue en Abril de 2014, cuando me corfirmaron que soy Asperger y me dieron mi diagnóstico definitivo. Pero tenía que luchar con los prejuicios de otros profesionales, como mi psiquiatra que decía que yo no era Asperger porque me había casado, terminé la universidad y entrando en otra carrera, que trabajaba y entre demás cosas por lo que dejé de asistir a ese profesional y seguí estando con la psicóloga que me diagnosticó. Fue estando con mi ex cuando recibí mi diagnóstico, pero él tomaba ventaja y sacaba provecho de ello. Me amenazaba con una curatela, que era que el estado se iba a encargar de mí porque según él era una discapacitada, y que él debia de ser mi “tutor legal”, como si fuera una persona que no hace uso de sus facultades mentales, y que en frente de mi madre decía “es imposible vivir con una autista”.
No sabía lo que me estaba pasando hasta que conocí a Héctor en enero de 2017, otro aspie como yo de 26 años. Nos conocimos a mis 31 años en el mismo grupo de Asperger sin saber lo que nos iba a deparar el destino. Héctor era y es todo lo contrario a mi ex, totalmente opuestos y eso llamó mi atención. Iniciamos una profunda amistad, y de a poco Héctor logró que yo confiara en él y que le dijera las cosas que no me había animado a contarle a los demás, porque para el afuera yo contaba una versión distorsionada de la realidad. Entonces con su versión analítica y profunda que nos caracteriza a los aspies, consiguió abrirme los ojos ante la cruel realidad que vivía: violencia sobre mi cuerpo y sobre todo mi psiquis, cosas que yo tomaba como normales o que no podía llegar a reaccionar por el miedo que le tenía a ese hombre. A medida que íbamos hablando estaban floreciendo sentimientos entre nosotros hasta que un día de abril nos declaramos abiertamente, y empezamos una relación pero el miedo me paralizó y no era capaz de dejar a mi ex. Dias después mi ex descubrió todo, me golpeó, me daba pastillas que no necesitaba para tenerme doblegada su voluntad, y me encerró e incomunicó dentro de mi propia casa. Pase momentos muy duros y muy malos, encerrada con ese hombre, siendo maltratada por el, y alejada e incomunicada del que era y es el hombre de mi vida. luego la historia se pone un poco mas intensa. Héctor me esperó y sacando fuerzas y valentia, 45 días después de haber sido descubiertos logré liberarme de ese hombre, con ayuda de mi madre que le pude contar parte de lo que me había pasado en este tiempo, y fue ella quien me ayudó a escapar de él, justo 5 dias antes de un viaje a Bélgica de ida, donde ibamos a vivir, y que lo habia preparado mi ex con su calculadora mente para alejarme definitivamente de todos y ser ya su prisionera al 100%.


Foto actual, abril de 2018


Yo no sabía hacer nada, por que mi ex no me lo permitia. No sabía cocinar, me daba miedo salir sola, ni siquiera sabia usar dinero y ni mucho menos una tajeta de crédito. Ni tampoco temas burocráticos. Héctor, mi actual pareja fue quien con mucha paciencia y amor, me enseñó a cocinar, a hacer todo lo que nunca pude hacer, a valerme por mi misma, y me dio la libertad que nunca tuve. También Héctor, fue el que me fue presentando otros aspies que me marcarían la vida para siempre y que a día de hoy mantenemos una relación hermosa, de fraternidad y de amor y que cada día me hacen una mejor persona y siempre están para nosotros. En especial Josete y Esther, que se convirtieron en dos hermanos para mi, me ayudaron a salir de esto, y nos apoyaron a Héctor y a mi en nuestra relación.

Después de separarme, fui estafada economicamente por mi ex, y chantajeada emocionalmente, pero ya no logró doblegarme por que al fin me sentia amada y protegida por un hombre de verdad, y finalmente logré el divorcio unos meses después. Héctor no solo me enseña a valerme por mí misma, también me enseña a detectar las dobles (y malas intenciones) de los demás, me enseña a que nadie me tenga que decir que hacer, ni que ropa ponerme, hacerme valorar y respetar mis decisiones, tener libertad para elegir la ropa, con quién estar y con quién no, saber que es lo más conveniente para mí, atender cuestiones burocráticas, y ser una persona autónoma e independiente entre muchas otras cosas.

Actualmente estoy haciendo la carrera de Psicología, enseñando inglés a domicilio y finalmente puedo decir que soy feliz, porque estoy con las personas que me aman y me aceptan como soy, con mis hermanos Josete y Esther, con mi madre, mis amigos y felizmente casada con Héctor, y concienciando sobre el Asperger.


Muchas gracias por haberme leido.

Escrito por Jey Daly.



Invito a ver este breve vídeo en donde hablo sobre el síndrome




Este es el enlace de mi grupo de Facebook sobre el Síndrome de Asperger