miércoles, 23 de mayo de 2018

Los Hábitos de Higiene desde las experiencias de jóvenes y adultos Asperger.







Recuerdo que cuando era pequeña, cada vez que me bañaban hacía escándalos, sobre todo cuando el agua que me tiraban con un balde caía en mi rostro. Desde pequeña hasta ahora, no soporto el agua en mi rostro, me pesa y siento que me "ahogo". Me bañaron hasta los 8 años, luego esa responsabilidad supuestamente sería mía, pero nunca me bañé voluntariamente; lo mismo con el cepillado de dientes, fue tanto el descuido que llegado los 20 años, tenía un "caos" en mi dentadura, así que luego de muchas tortuosas horas con el dentista, tuve que aprender a nunca más descuidar mi higiene bucal. Recuerdo que siempre me estaban mandando a lavar los dientes y a bañarme también, porque si no, simplemente lo olvidaba. Y ni hablar de cambiarme la ropa voluntariamente, podía pasar más de una semana con la misma ropa, hasta que me hacían ver que era una “cochina” por no cambiarme seguido, y me repetían que la ropa se cambiaba cada vez que uno se bañaba. Hoy en día me baño cada vez que debo salir, pero el resto del tiempo sólo lavo mis partes íntimas. En realidad soy muy reacia a bañarme, quizás porque no está dentro de mis prioridades (sobre todo el lavar mi cabello). Aclaro que, con depresión o sin depresión, feliz, triste o enojada, le tengo “alergia” al baño igual ¡Ups!


A continuación le invito a leer las opiniones, desde las experiencias personales, de algunos jóvenes y adultos Asperger sobre este tema (no he puesto sus nombres para mantener su privacidad):



-Yo en casa soy como una indigente. Siempre uso la misma ropa, que tenga tela muy suave y cómoda. Odio las costuras porque si no me rasco como un mono. Me arreglo sólo cuando salgo o recibo gente en casa. Me baño seguido, pero lo odio. También me enseñaron así, pero con el plus de los golpes para que aprenda rápido porque era muy torpe. Y también me molesta mucho el agua en la cara... o que me toquen la cara... o que se me acerquen demasiado. Salvo que sea alguien que yo quiera, pero no por mucho tiempo.

-Mi madre jamás nos enseñó hábitos. Jamás me obligó a bañarme (salvo de niña pequeña, que me bañaba ella y siempre era igual como bañar un gato). Creo que en algún momento se dio por vencida y se decía a si misma: “Ya se bañará cuando se sienta incómoda” ¡Más incómodo es bañarse! Como hasta los 15 años me bañé 1 vez por semana o más incluso. Y ahora de adulta si puedo bañarme un día y otro no, lo hago! El lavado de dientes… misma historia. Después de los 15 me los lavaba a diario, y ya. Y aun así había días que lo olvidaba. Ha sido pleito estando casada con mi marido, los niños me jodieron la dentadura y él siempre me ha dicho: "No voy a cubrir tu cuenta dental!!!! Lávate los dientes!!!!"

Fotografía: Camilo Cuevas.


-Todos tienen una idea super pulcra de los Aspies y se los imaginan a todos tirando desinfectante y bañándose 3 veces al día. Yo la verdad soy re’cochina :v creo que para algunos será sensorial, por ejemplo: Que odien la ducha por el sonido o porque les golpetea las gotas en la piel etc..., para mí fue el “cómo aprendí” y bueno, secuelas de la rutina me persiguen hasta ahora. Cuando era chiquita mi mamá decía: “Ven a bañarte”, y me pasaba un calcetín con agua y jabón por las zonas precisas y después otro paño con solo agua... el “baño BAÑO” ocurría cada cierto tiempo en un balde grande con una jarra de agua tibia y claro, es comprensible que no fuera todo los días, con el trabajo que debía tener mi mamá en calentar tanta agua, sin calentador de agua eléctrico, con un termo de menos de un litro y solo ollas pequeñas... ni hablar de calefont, ni tina... y con agua helada pfff mis gritos todavía estarían suspendidos en el tiempo y el espacio si hubiese sido así. Tal como le ha sucedido a varios adultos aspies, nadie le dijo a mi mamá que mi torpeza era involuntaria o que me tenía que enseñar pasito a pasito, ni que me tenía que poner rutinas, ni ayudas visuales, ni hablar de encadenamiento aba :v  así que a la edad, en que se las arreglan todos solos, me dejaron de llamar a la ducha, y era un constante escuchar: “Lávate cochina!!! peínate!!! te pareces a la niña del exorcista!!!” Yo me miraba al espejo y peinaba lo que veía a través del espejo, veía que me peinaba y nada más... o sea el flequillo y dos mechas que me colgaban de las patillas, lo que no se veía en el espejo de frente, era naturaleza pura y salvaje. Una untada de agua en la punta de los dedos para sacar un par de lagañas, un chorro de agua de una jarra para lavar mis partes íntimas que mal calculado me lavaba el ombligo y salía al colegio sintiéndome Lady Di, y eso con suerte, si es que iba al colegio. Mi hermano es 5 años menor que yo, y bueno, él siempre entendió todo de muy pequeño; un día me fijé que, siendo él muy pequeño, llegaba todos los días mugriento de la calle, se daba una ducha y salía duchado y perfumado a la calle... “¿Por qué te duchas???” -Le pregunté. “Para salir a ver a otras personas” -Respondió (estaba acostumbrado a mis preguntas raras). Él, criado de la misma forma que yo, había entendido el punto, pero yo tan “yo” para mis cosas, entendí que era solo para salir a calle y así lo hice y hasta el día de hoy no rompo la costumbre. Si salgo de casa, me baño; si hay gente extraña en casa, me presento ante ellos bañada ¿Pero cuando estoy en casa, sola o con los míos??? No hay nada, nada que me recuerde que tengo que ducharme, ni incomodidad en mi cuerpo, ni picor, ni calor, ni sudor, simplemente nada que me lo recuerde, a veces me siento mal y pienso: “Estoy “depre”, estoy cansada”. “Date una ducha y te sentirás mejor”, me dicen.... pero ¿por qué??? ¡Si no tengo que salir!!!! -Pienso yo :/ ¿o es muy tonto lo que estoy diciendo xD???


Fotografía: Camilo Cuevas.


-Yo soy así, odio arreglarme o peinarme, sólo lo hago cuando voy a salir, soy muy meticuloso con la higiene, con mi aspecto y con mi 'estilo', pero en mi casa soy una bestia de las cavernas.

-Odio bañarme, me baño porque hay que estar presentables para el trabajo pero. . .odio bañarme. Odio mojarme la cara.

-Yo soy un poco y un poco. A mí me da un poco de pereza bañarme, pero generalmente prefiero estar limpio y con la casa ordenada como siguiendo una cuadrícula. Pero la casa ordenada ¡no limpia! ¿Limpiar la casa? Para eso hay que sacar las cosas de lugar. ¡Jamas! ¿Y las ropas? ¡Las uso hasta que se caigan! ¿Manchadas, sucias? ¿Qué es eso? A no ser que tenga que salir. Para ir a la esquina “el señorito” se pone jeans y adidas, después vuelve a casa y se pone la remera de pordiosero de nuevo :D

-¡Por fin alguien como yo! Mi madre me estuvo bañando hasta bien grande, y me bañaba bien y a menudo. Pero a mí me cuesta muchísimo bañarme. Mis partes íntimas sí, todos los días, pero meterme entera en la bañera y que me caiga el agua... Uf, me cuesta muchísimo, y lo hago de vez en cuando porque me obliga mi madre. Si viviera sola, no se cuánto tardaría en bañarme.

-Soy del grupo de los “cochinos” xD, pero en verano lo hago seguido

-Pensé que era el único, y que era “cosa de chicos”. Me alegra indescriptiblemente haber estado equivocado, uff... Yo soy, así igual que muchos aquí, de los que se bañan y arreglan de forma excesivamente cuidadosa... cuando hay que salir. El resto del tiempo rivalizo con un neandertal, y tal vez le gano. Cuando voy a quedarme dónde mi novia, que es muy -demasiado- limpia, me fuerza a bañarme tres veces al día, me desespera demasiado.


Fotografía: Camilo Cuevas.


-Recuerdo que en mi caso, cuando yo era niño, me bañaban en la tina, luego como a los 7 u 8 años, me duchaban a veces; de ahí en adelante me duchaba solo, pero algunas veces a la semana. Desde los 13 años en adelante, todos los días me duché, aunque ahora últimamente me ducho solo cuando es necesario, pero me doy una ducha muy profunda. Recuerdo que cuando yo estaba todavía en la básica, siempre utilizaba la misma ropa de Educación Física, recuerdo que mi mamá me decía que la colgara o la lavara, pero yo me molestaba. Aunque al pasar el tiempo, me di cuenta que mis compañeros me empezaban a encontrar asqueroso.

-Bañarme y sentirme limpio me levanta el ánimo o me relaja, pero a veces no tengo ganas y si no salgo de casa pueden pasar varios días sin hacerlo, ja, pero para salidas de importancia sí lo tengo que hacer. Hubo épocas de bajo ánimo que no tenía ganas de bañarme, por lo que también influye el estado anímico.

-Si me baño, “me desgasto” :D y como quiero durar mucho, pues de a poquito jajaja.

-Wow ¡me sorprende! No soy así en lo absoluto, yo sufro si un día no puedo bañarme, me baño en la mañana antes de trabajar y religiosamente cada noche antes de dormir. El baño me relaja, me desestresa, lo disfruto mucho.

-Muy interesante... Creo que hay varias razones: La falta de autoestima, pereza, o desgana por el motivo que sea. Yo hace años, en mi adolescencia, mientras sufría de depresión, no me bañaba. Llegué a estar 6 meses y 17 días sin bañarme. Cogí piojos, me picaba demasiado la cabeza, tenía el pelo pegado, olía muy mal y fueron mis padres que a la fuerza me cogieron, me bañaron y me cortaron el pelo. Recuerdo que ese episodio fue muy traumático para mí, y para evitar que me volvieran a bañar ellos, me bañaba una vez cada quince días. Después de salir de todo aquello, recuperarme y salir de la depresión, empecé a bañarme y se convirtió en una rutina para mí, ya no puedo dejar de hacerlo. A las 21:15 cada día, me baño, y me siento muy bien después. Hay algunas personas que al estar tanto sin bañarse, huelen mal, a mí ya me pasó de oler a gente, y acabar dando arcadas, así que como no quiero que nadie tenga que vivir eso por mi culpa, me baño y perfumo cada día. Lo que si descuido más, es mi ropa. No podía ser todo "correcto" jaja.


Fotografía: Camilo Cuevas.


-Desde niña, siempre me bañé un día sí y otro no. Crecí con esa rutina, y bañarme es parte de mi vida diaria. No todos seremos iguales, hay aspies de todo tipo.

-Yo creo que va en la hiper y la hipo sensorialidad. Por ejemplo si un aspie es hipersensible táctil puede que a veces tienda a estar desaseado, aunque en mi caso, si bien soy así de hipersensible táctil, es con la temperatura del agua, la cual no puede ser caliente, es más bien tibia tirando a helada. En cambio he conocido a dos asperger que están tan hediondos y mal aseados que parecen personas en situación de calle, y como yo, además, soy hipersensible olfativa, imposible estar cerca de esa gente. Incluso, a uno que llevaba un mes sin bañarse (y yo embarazada, mucho más sensible), le dije que por favor se bañara por el bien de la humanidad. Yo entiendo que haya gente que no se quiera bañar, pero que al menos se saquen el olor a culo, axila y el cebo del cabello.

-Cuando chica era más descuidada, pasaban días sin lavarme, era un tema de flojera, no sensorial. Ahora no soy así, aunque si no salgo me lavo, menos el pelo, pero lo demás sí ya que no me gusta sentirme cochina jaja.

-Lo confieso... Pero no he pasado de más de 2 días. Y en esos dos días suelo darme medio baño o “aseos”... como quieran decirle. Y soy de aquellos que por un par de días le coge con una ropa para estar en casa... a veces.

-De niño no era cuidadoso. Yo aprendí a ser cuidadoso y hasta obsesivo, ahora soy limpio y bastante ordenado y no me gustan los olores humanos.

-Yo para salir soy muy limpia, pero en casa muy desordenada. No vivo entre la mugre, pero nunca tengo ganas de nada porque me deprime mi casa. Y casi siempre, si no salgo, paso en camisón.

-Mi mamá no me cree que soy Asperger por ser cochina y desordenada. Soy igual, pero no por sensibilidad, más bien por pereza. Lo más que he durado sin bañarme serian cuatro días, si es que no salgo. Me fastidia ordenar, no es que siempre esté en un caos, pero mi madre pareciera tener TOC y es insufrible, ella no puede soportar ver algo desorganizado, y no entiende mi forma de ser. Ella siempre me pregunta: “Si ves eso tirado ¿por qué no lo recoges? Y yo le contesto: “Porque no quiero”. Y eso a ella le parece inconcebible.


Fotografía: Camilo Cuevas.


Me gustaría saber cómo persuadir mejor a mi hijo para que se bañe, sin recurrir a la excusa de "sacarle las arañas".


-Trabájale lo sensorial con un terapista ocupacional. Vas a tener que tenerle paciencia. Creo que usan plumas y elementos con texturas para que se acostumbren a lo sensorial.

-Dile que es deliciosa y que lo va a pasar muy bien, cómprale juguetes acuáticos que floten, ya sea patitos u otros que tengan colores bonitos, y enséñale a jugar en el agua con ellos, verás que cambiará de opinión y le va a terminar gustando. Te lo digo por experiencia propia, porque con mi hijo hice eso, y el mío no le gustaba ni que le echaran jabón ni champú en la cabeza, así que al hacer divertido el baño jugando con él, verás el cambio; puedes comprar unas luces de colores para el baño y ponerla cuando él se baña. Le harás ver las cosas de manera diferente, sé creativo.

-Mi hija ha comenzado a medio hablar ya, pero cuando no hablaba le ponía vídeos en los que se bañaban y ella quería bañarse también, aunque lavarle el cabello y peinarla sigue siendo un problema. Yo, cuando era pequeña, me lo dejaba lavar porque me gustaba como olía y aparte solía chupar o comerme el cabello, pero peinarme era un suplicio, hasta que un día se me hizo un enredo tal, que parecía que tenía el cabello corto y tardaron 4 días en quitarme el enredo. El traumita me quedó y trato de peinarme al menos una vez al día.

-Con mi hija sufrí mucho para lavarle el cabello. Ella sentía que se iba a ahogar y yo perdía la paciencia. Con el tiempo se fue acostumbrando y luego llegó el diagnóstico. Con ella y conmigo funciona bastante bien el hacer las cosas comprendiendo su significado, es decir: “Hacemos esto por...” “Y esto funciona para...” Eso me pasa cuando me piden que haga algo, si no comprendo del todo para qué lo voy a hacer y qué cosas implica, no le pongo interés y probablemente lo olvide. Así que también podrías probar explicarle la utilidad del baño, con dibujos de los gérmenes y esas cosas, en internet debe haber material adaptado a su edad.


Fotografía: Camilo Cuevas.


-A mi hijo le sucede al revés, le encanta el agua y no pierde ocasión de tirarse a piscinas, correr a tirarse al mar si andamos cerca de la playa, “manguerearse”, sea verano o invierno, a veces en días heladísimos y negros se echa agua, no siente frío...Pero bueno, en tu caso lo incentivaría con algo entretenido y de su interés, por ejemplo si le gusta pintar, hay lápices para el baño, se los tiras a la tina y le muestras que puede rallar la pared mientras se baña, o tirarle bombitas de colores aromáticas de baño, y luego lo haga él y se meta en esa agua de colores, o comprar burbujas y que haga dentro de la tina, o esos globos pequeñitos (eso sí, ahí estar atento que no se los trague) y que los llene de agua bajo el grifo de la llave, o comprarle unos peces (con un Omán en la boca) que vienen con caña de pescar, y que los pesque mientras se baña, o comprarle animales de plástico marinos y hacer todo un mundo marino en su tina de baño. Hay varios atractivos para el agua, pero dependería de que cosas le interesa...

-También soy mamá de niños con TEA. Todos los consejos que te brindaron son buenos. Pero de todas formas, recurriría a un Terapeuta Ocupacional certificado en Integración Sensorial. Este tipo de abordaje da muy buenos resultados en todo tipo de desórdenes de procesamiento sensorial, con el agregado que son tratamientos muy divertidos para los niños. Y tu hijo está en una buena edad para recibir este tipo de tratamiento que, además, ayuda a superar distintas dispraxias.

-Mi hijo aún es una roña para bañarse tiene 14 años. Cuando era bebito, después del baño, le daba un masaje relajante con crema en el cuerpito y quedaba dormidito...ahora no rechaza tanto el contacto físico por lo menos. Pero noto que el baño lo pospone cuando le interesa algo con mayor intensidad. A mí también me pasa, debo programarlo.


Escrito recopilado, editado y publicado por Aillen Aukan Awka.


Las imágenes utilizadas en este escrito (exceptuando la primera) pertenecen a Camilo Cuevas, un excelente fotógrafo con el síndrome de Asperger. Pueden encontrar más de sus fotografías en esta página:

Esta es la biografía del autor de las fotografías utilizadas en este escrito, un joven con el síndrome de Asperger:

martes, 8 de mayo de 2018

Como conseguir y conservar un trabajo siendo Asperger





Comenzaré diciendo, que cada asperger tiene unas u otras dificultades. Hay asperger más ansiosos o introvertidos que otros, por lo que encontrar trabajo le será algo más difícil, pero no imposible. La simple tarea de buscar trabajo, enviar currículum, mirar ofertas, etc…es tediosa por lo que hay que armarse de paciencia y positivismo. En mi opinión, lo peor de buscar trabajo, es enfrentarse a la primera entrevista, que para mí fue horrible.
Yo hice varios cursos, y estuve en un curso de cocina, y cuándo me sentí preparado comencé a buscar trabajo de cocinero, para ganarme mi propio dinero, salir al mundo y sentirme útil. Me decanté por el trabajo de cocinero, porque tiene bastantes salidas, por lo que encontré muchas ofertas y enseguida comenzaron a llamarme. Me llamaron para la primera entrevista, recuerdo que ese día que me llamaron era un Viernes, y la entrevista tendría lugar el siguiente Martes. Me pasé todo el fin de semana histérico, nervioso, sin saber como afrontar la situación. Me comporté como un orgulloso, y no pedí consejo a nadie. Y así llegó el Martes, me presenté a la entrevista, mis nervios me pasaron una mala jugada y la entrevista salió nefasta. 

Mammuthus 


No me deprimí ni me frustré, ya que casi nadie encuentra trabajo a la primera. Me sirvió para analizar cuáles habían sido mis errores, y poder mejorarlos cara a otras entrevistas. La segunda y la tercera entrevista no fueron tan nefastas, pero no me aceptaron. Ahí si comencé a agobiarme y a pensar que nunca conseguiría trabajo, por lo cúal, con la experiencia de las tres entrevistas anteriores, conociendo ya de ante mano cuales eran las preguntas más frecuentes que se hacen, y pidiendo consejo, me preparé una estrategia  ¿Cuál era esa estrategia? Os cuento:
Lo primero que hice, fue escribir las preguntas y las respuestas en una hoja de papel, me lo aprendí de memoria, y lo ensayé una y otra y otra vez, con la ayuda de un amigo el cual hacía de entrevistador. Cada vez mis respuestas salían más fluidas y directas, pero claro…En el momento de la entrevista, no iba a ser mi amigo quien me preguntara, si no un completo desconocido que decidiría si darme el trabajo o no. Y así llegó el día de la entrevista, con todo el diálogo aprendido en mi cabeza, pensando en intentar no balancearme o aletear mis dedos en ningún momento, y preparado para mantener el contacto visual necesario. Me senté ante aquel hombre (que casualmente fue el más agradable y cercano de los cuatro) y comenzó a entrevistarme. Me imaginé que ese hombre era mi amigo, y conseguí comportarme con absoluta naturalidad. En ningún momento le comenté que yo soy asperger, ya que creo que ese dato, no era relevante para desempeñar ese puesto. La entrevista terminó, y estrechándome la mano me dijo el típico “Ya te llamaré”. Me marché de allí sin ninguna esperanza, pero milagrosamente me llamó al cabo de unos días y me contrató. Os cuento mi experiencia, por si os sirve de ejemplo, ya que a mi crearme esa estrategia, me sirvió muchísimo para desenvolverme mejor. También por supuesto, la sinceridad es fundamental, por que como dice el refrán : “Las mentiras tienen las patas muy cortas”


Megalania

Ahora, ¿Qué hacer para conservar un trabajo? No siempre eso depende de nosotros mismos, pero si que nosotros debemos de hacer el esfuerzo de adaptarnos al entorno y a la situación lo mejor posible. En mi caso, pasaba las horas metido en una cocina, con la única compañía de la mujer que me ayudaba. No era un trabajo cara al público, por lo que me era más fácil en ese aspecto. Lo único que se me dificultaba, era la exigencia de mi jefe de ser más rápido. Al principio no podía, pero poco a poco logré desenvolverme mejor, y con muchísima paciencia y autocontrol de no responderle de malas formas. Y es que el autocontrol, y el control de la ansiedad, es importantísimo en un trabajo, ya que de tu comportamiento depende de que logres conservarlo o no. Tener empleos que requieran  estar cara al público, o lidiar con las personas, siempre será más complicado, pero como siempre digo, NO imposible. Habrá asperger más abiertos que otros, por supuesto. Pero para los más retraídos, mi consejo es, que hagan el esfuerzo de entablar conversaciones con sus compañeros de trabajo, siempre y cuando sean de trabajo por supuesto, si esa persona no quiere entablar ningún tipo de conversación personal con nadie, está en todo su derecho y nadie puede obligarle a ello, ya que vamos a TRABAJAR, no a hacer amigos, que si surgen eso ya es otra cosa. Los asperger nos tomamos muy en serio nuestro trabajo, intentamos desempeñarlo lo mejor posible, y eso es lo importante, centrarnos en nuestro trabajo e intentar llevar la situación lo mejor posible, dialogar e intentar crear buen ambiente laboral con los compañeros, sin que eso implique intimar. Y si alguien nos critica, o intenta hacer que quedemos mal, simplemente hay que ignorar. La mejor respuesta hacia ese tipo de ataques, es hacer nuestro trabajo lo mejor posible, para que sus criticas no tengan credibilidad y no se vea afectada nuestra autoestima.
Eso es todo. Muchas gracias.

Escrito por Héctor Hache.

Os invito a ver el breve vídeo de mi novia aspie en donde habla sobre el Síndrome de Asperger y el trabajo:




Este es el grupo en el que administro sobre el síndrome de Asperger: Viviendo con síndrome de Asperger

martes, 1 de mayo de 2018

Experiencia de vida de Esther, una joven con el Síndrome de Asperger








Soy Esther, una española de 26 años para cumplir 27. Mis padres me tuvieron mayores y fui la pequeña de tres hermanos. Una hermana que me saca 15 años y un hermano que me saca 11 años.
Mis primeros recuerdos comienzan a la edad de 2 años en el hospital donde me hacían pruebas por un estreñimiento psicológico, ya que físicamente estaba sana y nunca supieron los motivos por el que me ocurría, así que empecé a acudir a psicólogos desde muy pequeña.
A los 3 años empecé el colegio, al que acudía llorando por tener que separarme de mi madre. Cuando empecé primaria a la edad de 6 años, fue cuando yo misma empecé a sentirme distinta a los demás. Mi nivel académico era muy bueno, pero mis limitaciones estaban en lo social. No me relacionaba bien, mi único amigo era un niño con problemas acarreados por secuelas ante un nacimiento prematuro. No entendía cuando me hablaban de verdad o en broma, y me sentía más torpe que los demás. En Gimnasia era muy mala y eso sumado a mi sobrepeso hizo que comenzaran a hacerme bullying. Insultos, humillaciones, y hasta tirarme basura de las papeleras eran mi día a día. Para aquella época tenía dos nuevas amigas, aun así me sentía muy sola, ya que por la diferencia de edad con mi familia, mis primos eran mayores y no podía contar con ellos. Casi todos los días llegaba a casa llorando. Mis padres ambos trabajaban y mi madre hacia lo que podía yendo a mi colegio y hablando con profesores y defendiéndome de mis compañeros.

De niña no tenía ningún interés restringido, lo que más hacía era pintar y dibujar y así podía pasar horas. Sola, y considerada una niña antipática por los adultos, vino mi primera obsesión.  Comencé a obsesionarme con la muerte. Me imaginaba a mis padres y familiares más cercanos muertos, en ataúdes y velatorios. Yo dibujaba ataúdes y esos dibujos los escondía, ya que yo misma era consciente de que si me veían dibujar esas cosas me regañarían.  La primera muerte que ocurrió en mi familia fue la de mi tío cuando yo tenía 6 años y después la de mi abuelo paterno cuando yo tenía 8 años. Realmente no me afectaron demasiado por no ser tan consciente de lo que pasaba, y los escasos recuerdos que tengo de ellos.

Con dos años de edad.


Mi hermana 15 años mayor que yo me cuidaba mientras mi madre trabajaba, para mí era y es mi segunda madre y en ella siempre encontré a una confidente a la que le podía contar las cosas sin que me dijera que era una "niña loca". Por eso cuando se casó y se fue de casa, para mí fue muy doloroso ya que mi mejor amiga y compañera, aunque se fuera a tan solo 200 metros de nuestra casa, ya no estaría las 24 horas conmigo.
A la edad de 11 años fallece mi abuela materna de forma repentina. Aunque no estaba apegada a ella, sí fue muy doloroso y aumentó aún más mi obsesión por la muerte.
Tenía crisis en las noches y llantos incontrolables, y hasta me despertaba gritando en las madrugadas. Seguía yendo a psicólogos alguna vez, pero ninguno sabia ayudarme.
A los meses comencé el instituto, y el bullyng se hizo aún peor, mis problemas para socializar aumentaban, y de nuevo me quede sola porque mis dos amigas de la infancia cambiaron de intereses. Mientras ellas ya tonteaban con los chicos y el alcohol, yo aún me divertía jugando con mis muñecas. Pero al poco tiempo llegó a mi vida una chica peruana que se convirtió en mi mejor amiga y lo sigue siendo en la actualidad.

Mi primer interés restringido fue la saga de Harry Potter. Quería coleccionar todo sobre el tema, películas, libros y hasta me aprendía diálogos y hechizos. Después fue la antropología, homínidos y cómo vivían.
Repetí los cursos de 1° y 3° de secundaria. Yo era capaz, ya que se me daba bien estudiar y tenía buena memoria. Pero el bullying que recibía era cada vez peor, me afectaba psicológicamente, me sentía sola e incomprendida. Vestía de negro y mi obsesión con la muerte era tan extrema, que salía en las tardes a pasear por cementerios donde encontraba paz. Los muertos no se metían conmigo. Así a la edad de 16 años yo quería irme del instituto, mi madre no me dejaba irme pero yo no soportaba más, así que tuve que hacer lo posible para que me expulsaran y tuve que irme sin la posibilidad de terminar el secundario.


En mi época oscura.


Me llevaron a un taller de diseño y moda, donde conocí a otra chica que es otra de mis mejores amigas en la actualidad. No lograba relacionarme mucho con las demás, pero al menos ellas no me hacían bullying. En esa época empecé a tontear con chicos, y a intentar integrarme con las demás personas, tomando alcohol y llegando a casa en estado de ebriedad. Después de acabar ese taller, decidí ir a una escuela de adultos para poder sacarme el secundario, pero allí conocí a un chico que acabaría destrozándome la vida.
Empezamos una relación que parecía muy bonita, pero cuando llevábamos 3 meses, mostró su verdadera cara.
Un chico variable, que pagaba su frustración conmigo, hasta el punto de agredirnos físicamente y de tener que soportar otro tipo de cosas. Realmente acabé sintiendo odio y repulsión por él. En mi casa sospechaban y me decían que ese chico me hacía mal. Lo que no sabían era que me tenía amenazada con tirarse a las vías del tren si le dejaba. Yo una chica ingenua de 18 años le creía capaz de hacerlo. Llamaba a mi casa a las 2 de la madrugada y yo por miedo a reprimendas de mis padres, desconectaba el teléfono. Me acosaba y me molestaba a todas horas. Dos años después, y gracias a un amigo, logré dejarle. Unos meses después conseguí mi primer trabajo. Pensaba que todo estaba bien, pero mi infierno solo estaba comenzando...

Por mi falta de estudios, logré un trabajo de construcción de aceras, en un ambiente hostil y machista donde los hombres creían que no servíamos para nada. Siendo mi primer trabajo, y con mis problemas para socializar cada vez peor, acudí con mucho miedo. Los chicos de mi edad me ignoraban y solo me relacionaba con tres hombres mayores y una chica. Fui acosada sexualmente por uno de ellos que me decía cosas obscenas y me desabrochó el sujetador. Mi compañera fue testigo y me hizo denunciarlo a los superiores y acabaron echándolo del trabajo. Eso hizo que se pusieran aún más en mi contra hasta el punto de que un compañero me hizo la vida imposible, tirándome ladrillos y diciéndome textualmente que "era una gorda que no servía para nada". Eso fue demasiado para mí, y ante la presión en casa por encontrar un trabajo, no podía dejarlo sin más. Por lo que tuve que autolesionarme para que me dieran la baja médica, que afortunadamente duró hasta el fin del contrato en 2012.

En los primeros meses de mi trabajo actual.


Salí de aquello con una fuerte fobia social. Meses después fallece mi abuelo materno, fue a la primera persona que vi morir. Mi obsesión por la muerte había estado estable hasta ese momento, pero de nuevo volvió. Quedé tocada psicológicamente por aquella relación y por lo que me hicieron en ese trabajo, fobia social y comencé a comer compulsivamente por la ansiedad subiendo más de 25 kg.
En 2010 nacieron mis dos sobrinas con 9 meses de diferencia. La mayor hija de mi hermano con el que nunca tuve mucha afinidad ni relación, y la pequeña hija de mi hermana. Yo sentía que en mi casa no confiaban en mí, que me veían inmadura, y pensaba que mi hermana no me dejaría cuidar de mi sobrina. Pero mi hermana siempre confió en mí, y me sentí muy bien y realizaba cuando me dejaba cuidar de mi sobrina y sacarla sola de paseo, sin miedos ni inseguridades de que la pudiera pasar algo estando conmigo. Ella siempre me dio ese voto de confianza que nadie me daba.

Encerrada en casa con miedo a trabajar y a relacionarme, descubrí el árbol genealógico de mi familia, y que descendíamos de una comunidad de mi país que se llama Galicia. Comenzó a ser mi nuevo interés restringido y a leer sobre Galicia y a través de Galicia descubrí el camino de Santiago. Y en 2014 me embarqué en la aventura de recorrerlo con mi mejor amiga. La experiencia me pareció maravillosa y se convirtió en mi único interés. Realmente ir a Galicia me daba paz, era mi vía de escape. Había logrado hacer una dieta y bajar esos kilos de más, lo que me permitió recorrer el camino con más facilidad. Me costó mucho esfuerzo hacer la dieta, pero mereció la pena.
Seguía con ansiedad cada vez peor y tuve que acudir a psiquiatras que comenzaron a medicarme. Sentía la presión de tener que trabajar y nadie entendía que yo no era capaz. No era por ser vaga, o por no querer trabajar. Sentía miedo a pasar por lo mismo y no podía trabajar. Pensamientos suicidas eran recurrentes en mí desde adolescente, pero eran muy intensos en esa época, más intensos que nunca ya que solo pensaba en que el día comenzara pero yo amanecer muerta. Me gustaba imaginarme muerta, sentía que solo era un estorbo para todos, para mi familia, y que el mundo estaría mejor sin mí. Me reía al imaginarme muerta, me causaba placer esas imágenes en mi cabeza y asustada de mi misma tuve que recurrir a mi hermana que me ayudó para acudir a profesionales.

Mi primer Camino de Santiago finalizado.


La psiquiatra que tenía en ese momento fue la primera en mencionarme que sospechaba que yo era "síndrome de Asperger", pero no se atrevía a diagnosticarme porque no era muy conocedora del tema. Empecé a investigar sobre el Asperger, y me identifiqué totalmente. Mi torpeza motora desde pequeña, mis obsesiones, me creía las bromas, mis dificultades para relacionarme, mis comentarios inoportunos, mis balanceos... Todo comenzaba a tener sentido. Lo malo era la medicación. Me hizo subir de peso nuevamente, y eran tantas las pastillas que tomaba que me tenían adormecida y tuve que dejarlas de forma abrupta y realmente me sentí mejor. Dejé a la psiquiatra y me adjudicaron una psicóloga que me confirmó el diagnóstico pero no quería darme informe por miedo, ya que no era 100% conocedora sobre el trastorno del espectro autista, y pensaba que yo podía llegar a encasillarme en el diagnóstico. Yo necesitaba el diagnóstico oficial. Entenderme y aceptarme a mí misma, ese "trozo" de identidad propia que me había faltado siempre. Así que dejé a esa psicóloga y me derivaron a un psicólogo que sí tenía experiencia. Después de evaluarme, se dio cuenta de que si era Asperger y finalmente en Marzo de 2017, a la edad de 25 años, recibí mi diagnóstico oficial de Síndrome de Asperger.
Durante estos años, solo intenté una relación con un chico que no resultó por mi desconfianza. Yo estaba a la defensiva y atacaba. Nunca más me dejé menospreciar por nadie. Esas malas experiencias cambiaron mi carácter pasivo y ya no me callaba ante nadie ni por nada. Seguí recorriendo el camino de Santiago, que es mi pasión y devoción. En 2016 falleció la única abuela que me quedaba, (Que sospecho que fue autista) y aunque me afectó, noté que el Camino de Santiago había hecho un efecto sanador en mi mente, ya que aunque seguía obsesionándome la muerte, era en muchísima menor medida, y el fallecimiento de mi abuela no me empeoró la obsesión.

En la actualidad.


En 2017 llegó a mi vida un ángel, un chico Asperger que se convirtió en mi mejor amigo y en un hermano para mí, con sus experiencias y sabios consejos me prometió que me ayudaría a superar mi fobia social. Así en Septiembre de 2017 me llega una oferta de trabajo de jardinera y entré en pánico. Seguía recibiendo presión para que trabajara con comentarios como que "acabaría viviendo debajo de un puente", "que no iba a valer para nada", "que ya tenía 26 años y sin futuro"...etc. Me sentía muy cómoda en el mundo de los Asperger y me daba miedo volver a pasar por lo mismo. Este chico Asperger, apodado "Hache", me dijo que la única forma de combatir el miedo era enfrentándolo, así que dejándome guiar por él, acepté el trabajo y comencé en Noviembre de 2017. Muy alerta y a la defensiva, al comienzo no me relacionaba, pero poco a poco fui abriéndome, y ya son 6 meses que llevo trabajando hasta Julio que acaba mi contrato. Puedo decir finalmente que superé la fobia social y logré relacionarme fluidamente y hacer dos nuevas amigas. Con los que no me agradan, antes de tener problemas, prefiero limitarme solo a decir "Hola y adiós".
En este tiempo que llevo en el "mundo asperger", me he dado cuenta de que ser mujer Asperger no es fácil. A las mujeres Asperger se nos "nota" menos que a los chicos Asperger. Y nunca faltan los típicos comentarios de "Tú no pareces Asperger", de aquellos que tienen un concepto estereotipado y erróneo del Asperger en su mente.
Somos perfectamente funcionales, y capaces de todo. Yo simplemente tuve muy mala suerte con los profesionales, y con las experiencias que tuve que me limitaron para poder embarcarme a lograr mis deseos.
A día de hoy no estoy con profesionales ni medicación. Me siento fuerte y creo que es una de las mejores épocas de mi vida. Sigo metida en el mundo del camino de Santiago, siendo activista de él y una peregrina algo conocida en grupos y peregrinos veteranos, y preparando mi próximo peregrinaje que será en Septiembre de este mismo año. Mi deseo a largo plazo sería poder acceder a la universidad con el acceso para mayores de 25 años y estudiar criminología. También crear un albergue para peregrinos. Pero eso será cuando esté bien por completo mentalmente. Estoy mejor, pero me queda seguir construyendo la autoestima que nunca me dejaron tener. No me planteo a día de hoy tener relaciones sentimentales, aunque conozco a chicos que me interesan. Todo será poco a poco, pero he aprendido que con un poco de apoyo y comprensión de alguien cercano, sin presiones ni agobios se pueden lograr muchas cosas.

¡Muchas gracias!


Este es el enlace de mi grupo sobre el Camino de Santiago: