domingo, 1 de julio de 2018

Dicen que el Mundo es de los Valientes... (Mi Vida como Aspie)









Mi nombre es Francisco de la Llave, tengo 45 años y vivo en Plasencia, Cáceres, España. Desde siempre me recuerdo de la misma manera. Tanto en la infancia como en la adolescencia y ya en la madurez, sentía que pasaba algo en mí que era distinto. Algo que no me dejaba relacionarme con las personas de un modo natural, como yo veía que entre ellos sí se relacionaban. Evidentemente, no tenía ni idea de qué era eso, no sabía qué ocurría  y trataba de evitar de todas las maneras que aquello se manifestara públicamente y fuera obvio, haciendo un esfuerzo realmente grande, muchas veces sin saber cómo, porque tampoco sabía cuál era el problema, lo que me generaba cierta ansiedad.
Con lo cual,  no es que me haya gustado estar sólo, es que era una necesidad esencial y vital, porque en esos momentos de soledad, desaparecía por completo la presión y la fatiga mental que me producía el hecho de estar con gente y relacionarme. Todo ello para intentar pasar desapercibido en una sociedad donde lo que triunfa precisamente es la labia y lo social por encima del talento o cualquier otra cosa.

Afortunadamente, en el colegio no sufrí bullying. Siempre me recuerdo con un amigo o dos a lo sumo, en cada etapa de mi vida. En las excursiones del colegio, mientras los compañeros jugaban, yo prefería quedarme al lado de un profesor que tocaba un acordeón. La primera vez que vi ese instrumento recuerdo que me fascinaba tanto que escuchaba durante mucho tiempo las melodías sencillas que tocaba el profesor y sentía que allí había algo especial, intuía que la música abría la puerta a un sitio fascinante donde yo quería entrar y descubrirlo. Sentía que yo era capaz de tocar lo que mi profesor estaba tocando y recuerdo el día en el que me atreví a decirle si me dejaba intentarlo. Aún recuerdo su cara de asombro cuando sin haber tocado un instrumento así en mi vida, reproduje sus notas a la perfección. Para mí se abrió totalmente la puerta a otra dimensión. Una dimensión donde por fin me encontraba cómodo.



Con el esfuerzo de mis padres conseguí mi propio acordeón y sentí que mi vida se transformaba. Lo único que quería era estar horas tocando. Mis padres orgullosos, me hacían tocar delante de la gente en cumpleaños o fiestas  pero yo lo pasaba tan mal que me recuerdo tocando detrás de las cortinas para que no me vieran. Estuve muchos años sin concebir que la música para la gente era para bailar y divertirse. Para mí era otra cosa completamente distinta.
Cuando fui un poco más mayor, apareció el piano en mi vida. Mis amigos me ayudaron a traer un piano antiguo desde Madrid a mi casa. Nunca se me olvidarán aquellos momentos.

A los 24 años conocí a la única mujer de mi vida con la que me casé y tuvimos dos hijas maravillosas. Empecé a impartir clases de piano y acordeón trabajando en Escuelas de Música hasta que un buen día decidí hacer mi propia “mini escuela” en mi casa, donde yo era mi propio jefe. Según lo expuesto antes, parece que el final no podría ser mejor. Trabajando en algo que me fascina y a mi propio ritmo, en mi casa… Descubrí también las mieles de los escenarios y ahí empezó una relación de amor-odio con los mismos. Participé en diferentes proyectos musicales hasta que por fin con ayuda de dos amigos pude lograr uno propio. Tuve diferencias con ellos por mi manera de entender las cosas pero me hicieron ver que esa auto exigencia no era buena.

A día de hoy sigo con ilusión enseñando y subiendo a los escenarios. La mayoría de las veces, mi Asperger me lo pone muy difícil (si no fuera por él creo que sería un buen músico), pero intento sobreponerme todos los días, todas las veces y soy consciente de que es mi herramienta para socializar. Gracias a la música he logrado cosas totalmente impensables para mí como puede ser dar una rueda de prensa, tocar en solitario en un escenario, hablar en público, hacer entrevistas, etc… Mis compañeros y mis alumnos dicen que soy bueno en lo mío. Está feo que yo lo escriba pero es lo que me hace seguir adelante con fuerza e ilusión.



El Asperger lo descubrí hace dos años, un día viendo la televisión salió un hombre hablando de cosas que a él le pasaban, cosas que pensaba, etc…. Y me di cuenta de que estaba haciendo una copia exacta de mi persona. Mi mujer también me dijo que ella tenía la sospecha. Al cabo de unos días, después de una crisis de ansiedad, decidí buscar ese diagnóstico. Después de dos horas y media de entrevista el diagnóstico estaba claro. Me fui a casa un poco desconcertado, mis sentimientos eran confusos, pero rápidamente me entró una sensación de alivio muy grande. Es como si tardaras 43 años en encontrar una pista muy fiable para acceder al gran tesoro que no es ni más ni menos que aceptarte cómo eres (requisito imprescindible para que te acepten los demás).
Decidí contárselo a mis hermanos y a mis compañeros de grupo. A mis padres no les dije nada porque imaginé que les costaría mucho trabajo entender algo así. A su hijo le acababan de poner una etiqueta de algo que le lleva acompañando toda la vida. No quise que se sintieran mal y lo dejé así.
Después de conocer el diagnóstico empezó un trabajo psicológico donde empecé por primera vez en mi vida a plantearme quién era yo, donde empecé a conocerme, donde empecé a saber cuáles eran mis miedos y qué los provocaba, cómo mejorar sabiendo cuál es realmente el problema.

En un ejercicio donde pregunté a mi entorno más cercano que dijeran cosas positivas de mí y cosas que debería de cambiar o mejorar, aparecieron diversas cosas, pero tanto unas como otras eran características del Asperger así que tuve claro lo que tenía que hacer: la sinceridad, la honestidad, la responsabilidad, la perseverancia, la visión práctica de las cosas, la lógica, el talento, la puntualidad, etc…son las cosas que había que potenciar. Lo negativo de la condición había que tratar de minimizarlo a toda costa.





No es fácil vivir con el Síndrome de Asperger, pero lo realmente difícil es convivir con él sin saberlo. Hoy día, lo diagnostican en los colegios y les dan herramientas a los chavales para convivir con él, lo cual es muy importante.
Así de mayores tampoco se verán sometidos a escuchar cosas del tipo: “pues no se te nota nada”. Claro, llevo toda la vida tratando de que no se me note, lo que la gente no sabe es que es una tarea agotadora. “No sabía nada”. Claro, yo tampoco lo sabía. “Eso es un invento de los psicólogos para ganar dinero, tu eres tímido y punto”. Me demuestras lo que te interesa el tema o yo.

Es decir, que lo negativo de la cuestión, vuelve a ser la sociedad, que no es comprensiva con esta y otras muchas cuestiones similares. 

Yo he decidido con estas líneas, salir de mi armario, aunque sé que seguramente me pueda traer alguna consecuencia negativa ya que no todo el mundo está preparado para ciertas cosas y no me gustaría que me miraran analizándome porque ya he dicho antes que lo que más me gusta es pasar desapercibido.  Pero para los que me conozcan y me estén leyendo, sólo puedo decirles que sigo siendo el mismo. Llevo toda mi vida fijándome cómo funciona la sociedad, y aunque mi “cableado” es diferente y me cuesta trabajo, siempre he tenido la capacidad de aprender y mejorar. Lo seguiré haciendo siempre aunque a veces no sea nada fácil. 



De todas formas, si me veis que me cuesta trabajo saludar, no es por falta de interés. Si veis que en una conversación me quedo al margen, no es porque esté molesto o no me interese la misma. Si alguna vez os digo alguna cosa de manera muy directa, no es por hacer daño. Si alguna vez me tomo las cosas de manera literal no es por hacerme el gracioso. Si no miro a los ojos es para no perderme y poder enterarme de las cosas. Si no muestro interés por las cosas que para vosotros son normales no es por sentirme superior. Si estoy nervioso es porque me han sacado de mis rutinas. Si ves que estoy sólo y hago lo posible por buscarlo no es porque no quiera estar contigo sino por necesidad y para que mi cerebro descanse. Si no exteriorizo no es porque no quiera. Si no contesto rápidamente es porque necesito imaginar los posibles escenarios que habrá después de una contestación. Si me paralizo es porque tengo muy desarrollado el sentido del ridículo (propio y ajeno). Si no me explicas tus emociones es muy difícil que las interprete. Si me invitas a un acto social y no acudo, no es por falta de interés. Si parezco antipático o prepotente, nada más lejos. Y si me ves perdido, estoy tratando de encontrar la manera de entender a un mundo para el cuál no estoy diseñado.

También creo que es importante decir que pese a todo, me gusta mi vida porque he aprendido a quedarme con lo bueno, que es mucho. Disfruto muchísimo de las cosas que me gustan y aunque en lo social no triunfe, en lo demás me considero privilegiado.
Mil gracias a todos por haber tenido la paciencia de leer estas líneas que para mí han sido un ejercicio de liberación y de valentía, porque ya sabéis…. dicen que el mundo es de los valientes.


Os invito a ver un vídeo en donde interpreto en piano I Giorni de Ludovico Einaudi: