martes, 1 de mayo de 2018

Experiencia de vida de Esther, una joven con el Síndrome de Asperger








Soy Esther, una española de 26 años para cumplir 27. Mis padres me tuvieron mayores y fui la pequeña de tres hermanos. Una hermana que me saca 15 años y un hermano que me saca 11 años.
Mis primeros recuerdos comienzan a la edad de 2 años en el hospital donde me hacían pruebas por un estreñimiento psicológico, ya que físicamente estaba sana y nunca supieron los motivos por el que me ocurría, así que empecé a acudir a psicólogos desde muy pequeña.
A los 3 años empecé el colegio, al que acudía llorando por tener que separarme de mi madre. Cuando empecé primaria a la edad de 6 años, fue cuando yo misma empecé a sentirme distinta a los demás. Mi nivel académico era muy bueno, pero mis limitaciones estaban en lo social. No me relacionaba bien, mi único amigo era un niño con problemas acarreados por secuelas ante un nacimiento prematuro. No entendía cuando me hablaban de verdad o en broma, y me sentía más torpe que los demás. En Gimnasia era muy mala y eso sumado a mi sobrepeso hizo que comenzaran a hacerme bullying. Insultos, humillaciones, y hasta tirarme basura de las papeleras eran mi día a día. Para aquella época tenía dos nuevas amigas, aun así me sentía muy sola, ya que por la diferencia de edad con mi familia, mis primos eran mayores y no podía contar con ellos. Casi todos los días llegaba a casa llorando. Mis padres ambos trabajaban y mi madre hacia lo que podía yendo a mi colegio y hablando con profesores y defendiéndome de mis compañeros.

De niña no tenía ningún interés restringido, lo que más hacía era pintar y dibujar y así podía pasar horas. Sola, y considerada una niña antipática por los adultos, vino mi primera obsesión.  Comencé a obsesionarme con la muerte. Me imaginaba a mis padres y familiares más cercanos muertos, en ataúdes y velatorios. Yo dibujaba ataúdes y esos dibujos los escondía, ya que yo misma era consciente de que si me veían dibujar esas cosas me regañarían.  La primera muerte que ocurrió en mi familia fue la de mi tío cuando yo tenía 6 años y después la de mi abuelo paterno cuando yo tenía 8 años. Realmente no me afectaron demasiado por no ser tan consciente de lo que pasaba, y los escasos recuerdos que tengo de ellos.

Con dos años de edad.


Mi hermana 15 años mayor que yo me cuidaba mientras mi madre trabajaba, para mí era y es mi segunda madre y en ella siempre encontré a una confidente a la que le podía contar las cosas sin que me dijera que era una "niña loca". Por eso cuando se casó y se fue de casa, para mí fue muy doloroso ya que mi mejor amiga y compañera, aunque se fuera a tan solo 200 metros de nuestra casa, ya no estaría las 24 horas conmigo.
A la edad de 11 años fallece mi abuela materna de forma repentina. Aunque no estaba apegada a ella, sí fue muy doloroso y aumentó aún más mi obsesión por la muerte.
Tenía crisis en las noches y llantos incontrolables, y hasta me despertaba gritando en las madrugadas. Seguía yendo a psicólogos alguna vez, pero ninguno sabia ayudarme.
A los meses comencé el instituto, y el bullyng se hizo aún peor, mis problemas para socializar aumentaban, y de nuevo me quede sola porque mis dos amigas de la infancia cambiaron de intereses. Mientras ellas ya tonteaban con los chicos y el alcohol, yo aún me divertía jugando con mis muñecas. Pero al poco tiempo llegó a mi vida una chica peruana que se convirtió en mi mejor amiga y lo sigue siendo en la actualidad.

Mi primer interés restringido fue la saga de Harry Potter. Quería coleccionar todo sobre el tema, películas, libros y hasta me aprendía diálogos y hechizos. Después fue la antropología, homínidos y cómo vivían.
Repetí los cursos de 1° y 3° de secundaria. Yo era capaz, ya que se me daba bien estudiar y tenía buena memoria. Pero el bullying que recibía era cada vez peor, me afectaba psicológicamente, me sentía sola e incomprendida. Vestía de negro y mi obsesión con la muerte era tan extrema, que salía en las tardes a pasear por cementerios donde encontraba paz. Los muertos no se metían conmigo. Así a la edad de 16 años yo quería irme del instituto, mi madre no me dejaba irme pero yo no soportaba más, así que tuve que hacer lo posible para que me expulsaran y tuve que irme sin la posibilidad de terminar el secundario.


En mi época oscura.


Me llevaron a un taller de diseño y moda, donde conocí a otra chica que es otra de mis mejores amigas en la actualidad. No lograba relacionarme mucho con las demás, pero al menos ellas no me hacían bullying. En esa época empecé a tontear con chicos, y a intentar integrarme con las demás personas, tomando alcohol y llegando a casa en estado de ebriedad. Después de acabar ese taller, decidí ir a una escuela de adultos para poder sacarme el secundario, pero allí conocí a un chico que acabaría destrozándome la vida.
Empezamos una relación que parecía muy bonita, pero cuando llevábamos 3 meses, mostró su verdadera cara.
Un chico variable, que pagaba su frustración conmigo, hasta el punto de agredirnos físicamente y de tener que soportar otro tipo de cosas. Realmente acabé sintiendo odio y repulsión por él. En mi casa sospechaban y me decían que ese chico me hacía mal. Lo que no sabían era que me tenía amenazada con tirarse a las vías del tren si le dejaba. Yo una chica ingenua de 18 años le creía capaz de hacerlo. Llamaba a mi casa a las 2 de la madrugada y yo por miedo a reprimendas de mis padres, desconectaba el teléfono. Me acosaba y me molestaba a todas horas. Dos años después, y gracias a un amigo, logré dejarle. Unos meses después conseguí mi primer trabajo. Pensaba que todo estaba bien, pero mi infierno solo estaba comenzando...

Por mi falta de estudios, logré un trabajo de construcción de aceras, en un ambiente hostil y machista donde los hombres creían que no servíamos para nada. Siendo mi primer trabajo, y con mis problemas para socializar cada vez peor, acudí con mucho miedo. Los chicos de mi edad me ignoraban y solo me relacionaba con tres hombres mayores y una chica. Fui acosada sexualmente por uno de ellos que me decía cosas obscenas y me desabrochó el sujetador. Mi compañera fue testigo y me hizo denunciarlo a los superiores y acabaron echándolo del trabajo. Eso hizo que se pusieran aún más en mi contra hasta el punto de que un compañero me hizo la vida imposible, tirándome ladrillos y diciéndome textualmente que "era una gorda que no servía para nada". Eso fue demasiado para mí, y ante la presión en casa por encontrar un trabajo, no podía dejarlo sin más. Por lo que tuve que autolesionarme para que me dieran la baja médica, que afortunadamente duró hasta el fin del contrato en 2012.

En los primeros meses de mi trabajo actual.


Salí de aquello con una fuerte fobia social. Meses después fallece mi abuelo materno, fue a la primera persona que vi morir. Mi obsesión por la muerte había estado estable hasta ese momento, pero de nuevo volvió. Quedé tocada psicológicamente por aquella relación y por lo que me hicieron en ese trabajo, fobia social y comencé a comer compulsivamente por la ansiedad subiendo más de 25 kg.
En 2010 nacieron mis dos sobrinas con 9 meses de diferencia. La mayor hija de mi hermano con el que nunca tuve mucha afinidad ni relación, y la pequeña hija de mi hermana. Yo sentía que en mi casa no confiaban en mí, que me veían inmadura, y pensaba que mi hermana no me dejaría cuidar de mi sobrina. Pero mi hermana siempre confió en mí, y me sentí muy bien y realizaba cuando me dejaba cuidar de mi sobrina y sacarla sola de paseo, sin miedos ni inseguridades de que la pudiera pasar algo estando conmigo. Ella siempre me dio ese voto de confianza que nadie me daba.

Encerrada en casa con miedo a trabajar y a relacionarme, descubrí el árbol genealógico de mi familia, y que descendíamos de una comunidad de mi país que se llama Galicia. Comenzó a ser mi nuevo interés restringido y a leer sobre Galicia y a través de Galicia descubrí el camino de Santiago. Y en 2014 me embarqué en la aventura de recorrerlo con mi mejor amiga. La experiencia me pareció maravillosa y se convirtió en mi único interés. Realmente ir a Galicia me daba paz, era mi vía de escape. Había logrado hacer una dieta y bajar esos kilos de más, lo que me permitió recorrer el camino con más facilidad. Me costó mucho esfuerzo hacer la dieta, pero mereció la pena.
Seguía con ansiedad cada vez peor y tuve que acudir a psiquiatras que comenzaron a medicarme. Sentía la presión de tener que trabajar y nadie entendía que yo no era capaz. No era por ser vaga, o por no querer trabajar. Sentía miedo a pasar por lo mismo y no podía trabajar. Pensamientos suicidas eran recurrentes en mí desde adolescente, pero eran muy intensos en esa época, más intensos que nunca ya que solo pensaba en que el día comenzara pero yo amanecer muerta. Me gustaba imaginarme muerta, sentía que solo era un estorbo para todos, para mi familia, y que el mundo estaría mejor sin mí. Me reía al imaginarme muerta, me causaba placer esas imágenes en mi cabeza y asustada de mi misma tuve que recurrir a mi hermana que me ayudó para acudir a profesionales.

Mi primer Camino de Santiago finalizado.


La psiquiatra que tenía en ese momento fue la primera en mencionarme que sospechaba que yo era "síndrome de Asperger", pero no se atrevía a diagnosticarme porque no era muy conocedora del tema. Empecé a investigar sobre el Asperger, y me identifiqué totalmente. Mi torpeza motora desde pequeña, mis obsesiones, me creía las bromas, mis dificultades para relacionarme, mis comentarios inoportunos, mis balanceos... Todo comenzaba a tener sentido. Lo malo era la medicación. Me hizo subir de peso nuevamente, y eran tantas las pastillas que tomaba que me tenían adormecida y tuve que dejarlas de forma abrupta y realmente me sentí mejor. Dejé a la psiquiatra y me adjudicaron una psicóloga que me confirmó el diagnóstico pero no quería darme informe por miedo, ya que no era 100% conocedora sobre el trastorno del espectro autista, y pensaba que yo podía llegar a encasillarme en el diagnóstico. Yo necesitaba el diagnóstico oficial. Entenderme y aceptarme a mí misma, ese "trozo" de identidad propia que me había faltado siempre. Así que dejé a esa psicóloga y me derivaron a un psicólogo que sí tenía experiencia. Después de evaluarme, se dio cuenta de que si era Asperger y finalmente en Marzo de 2017, a la edad de 25 años, recibí mi diagnóstico oficial de Síndrome de Asperger.
Durante estos años, solo intenté una relación con un chico que no resultó por mi desconfianza. Yo estaba a la defensiva y atacaba. Nunca más me dejé menospreciar por nadie. Esas malas experiencias cambiaron mi carácter pasivo y ya no me callaba ante nadie ni por nada. Seguí recorriendo el camino de Santiago, que es mi pasión y devoción. En 2016 falleció la única abuela que me quedaba, (Que sospecho que fue autista) y aunque me afectó, noté que el Camino de Santiago había hecho un efecto sanador en mi mente, ya que aunque seguía obsesionándome la muerte, era en muchísima menor medida, y el fallecimiento de mi abuela no me empeoró la obsesión.

En la actualidad.


En 2017 llegó a mi vida un ángel, un chico Asperger que se convirtió en mi mejor amigo y en un hermano para mí, con sus experiencias y sabios consejos me prometió que me ayudaría a superar mi fobia social. Así en Septiembre de 2017 me llega una oferta de trabajo de jardinera y entré en pánico. Seguía recibiendo presión para que trabajara con comentarios como que "acabaría viviendo debajo de un puente", "que no iba a valer para nada", "que ya tenía 26 años y sin futuro"...etc. Me sentía muy cómoda en el mundo de los Asperger y me daba miedo volver a pasar por lo mismo. Este chico Asperger, apodado "Hache", me dijo que la única forma de combatir el miedo era enfrentándolo, así que dejándome guiar por él, acepté el trabajo y comencé en Noviembre de 2017. Muy alerta y a la defensiva, al comienzo no me relacionaba, pero poco a poco fui abriéndome, y ya son 6 meses que llevo trabajando hasta Julio que acaba mi contrato. Puedo decir finalmente que superé la fobia social y logré relacionarme fluidamente y hacer dos nuevas amigas. Con los que no me agradan, antes de tener problemas, prefiero limitarme solo a decir "Hola y adiós".
En este tiempo que llevo en el "mundo asperger", me he dado cuenta de que ser mujer Asperger no es fácil. A las mujeres Asperger se nos "nota" menos que a los chicos Asperger. Y nunca faltan los típicos comentarios de "Tú no pareces Asperger", de aquellos que tienen un concepto estereotipado y erróneo del Asperger en su mente.
Somos perfectamente funcionales, y capaces de todo. Yo simplemente tuve muy mala suerte con los profesionales, y con las experiencias que tuve que me limitaron para poder embarcarme a lograr mis deseos.
A día de hoy no estoy con profesionales ni medicación. Me siento fuerte y creo que es una de las mejores épocas de mi vida. Sigo metida en el mundo del camino de Santiago, siendo activista de él y una peregrina algo conocida en grupos y peregrinos veteranos, y preparando mi próximo peregrinaje que será en Septiembre de este mismo año. Mi deseo a largo plazo sería poder acceder a la universidad con el acceso para mayores de 25 años y estudiar criminología. También crear un albergue para peregrinos. Pero eso será cuando esté bien por completo mentalmente. Estoy mejor, pero me queda seguir construyendo la autoestima que nunca me dejaron tener. No me planteo a día de hoy tener relaciones sentimentales, aunque conozco a chicos que me interesan. Todo será poco a poco, pero he aprendido que con un poco de apoyo y comprensión de alguien cercano, sin presiones ni agobios se pueden lograr muchas cosas.

¡Muchas gracias!


Este es el enlace de mi grupo sobre el Camino de Santiago: