viernes, 15 de junio de 2018

El alcohol y las drogas siendo TEA





Hoy trataré este tema porque es sabido que las personas Asperger, tenemos dificultades para las habilidades sociales, nos cuesta relacionarnos, "encajar" en la sociedad y en grupos amplios de gente. Algunas personas Asperger (también neurotípicas) en eventos sociales han tenido que recurrir al alcohol u otras sustancias para poder desinhibirse, y es verdad que el alcohol logra esas cosas. Yo mismo pude comprobarlo de adolescente, sin llegar a nada extremo, pero si que consumí alcohol en bastantes cantidades, para poder relacionarme mejor, para que las palabras de los demás no me afectaran, y como se suele decir, para “ahogar las penas”. Muchas personas, tienen dificultades para relacionarse de forma espontánea o natural, así que recurren a este tipo de consumos para lograr esos objetivos. 

Alectrosaurus


Bajo los efectos del alcohol o las drogas, se llegan a hacer cosas muy raras, y se pierde todo el sentido del ridículo. Y esto creo que lo puede afirmar cualquier persona, que vas por ejemplo a un evento social, boda, cumpleaños…Y al principio es como que te da vergüenza salir a bailar, pero en cuanto te has tomado dos o tres copas, eres el rey de la pista, y no te da vergüenza bailar, saltar o hacer lo que sea. Muchas personas que consumen, dicen que el consumir, te da una sensación de poder inmensa, nada importa…Nada da vergüenza, las palabras no afectan, creen que todos los aprecian, pero en realidad luego no es así, ya que se están comportando de una manera que en realidad no son. También el alcohol y las drogas a veces, y depende de la persona, puede causar el efecto contrario y causar agresividad. Malinterpretar comentarios, enfadarse por cosas pequeñas, y perder los nervios más facilmente, por eso cuando los efectos pasan vienen los estados depresivos, sentimiento de vacio y de culpabilidad.
La adicción al alcohol o las drogas, es algo que yo creo que permanecerá por siempre. Una persona se puede desenganchar, sí. Pero siempre habrá que tener mucha fuerza de voluntad para no recaer. Podrán dejar de tomar compulsivamente, e incluso reducir el consumo por completo, pero puede haber peligro de recaer, si uno mismo no tiene esfuerzo, de no volver a probarlo.

Amargasaurus


Siempre se comienza por “probar”, y de verdad recomiendo que nunca se pruebe, es una gran tontería. Yo probé el alcohol con 14 años, y aun que no llegué a engancharme hasta el extremo, si que consumía de forma bastante asidua para poder olvidar todo lo que me ocurría. Probé el tabaco a los 14 años también, y al tabaco si me enganché, De adolescente fumaba muchísimo…Fui reduciendo el consumo, hasta que conseguí quitarme el vicio por completo, pero ante unos problemas recorde como el tabaco calmaba mi ansiedad años atrás, lo probé de nuevo y recaí. Y bueno, a la marihuana o hachís, que es la única droga que probé, no me enganché. Lo probé y me hizo sentir taaaaan mal, que no quise ni siquiera olerlo nunca más. Pero…¿Y si me hubiese sentado bien? Si me hubiese sentado bien, hubiese acabado consumiendo más y más, y probando otras cosas, porque así se empieza. Y en verdad, es una tontería engancharse a cosas que dañan tu salud, y tu vida. Animo a las personas a que si alguien les ofrece, tengan fuerza y digan siempre un “NO” por respuesta. Ya que no se sabe las consecuencias que eso puede traer después…

Styracosaurus


Y a todo aquel que ya se enganchó, le recomiendo que busque ayuda y se deje ayudar. Imagino que no es fácil, y que reconocer que se tiene un problema o una adicción. Pero hay que hacerlo, porque si no se pide ayuda, todo podrá traer horribles consecuencias y acabar muy mal. 
Y por último, y desde aquí, os digo a todas las personas con síndrome de Asperger, TEA, o cualquier persona que tenga dificultades para relacionarse sea por el motivo que sea, y a todo ser humano en general, que NUNCA recurran al alcohol, ni a las drogas, ni a otras sustancias. Y si ya lograron desengancharse, no volver a recaer por muy tentador que sea. Hay otros métodos para poder relacionarse, o al menos intentarlo, como por ejemplo ir a alguna terapia de grupo, apuntarse a algún curso de pintura, o cualquier cosa que os guste. Y si nunca conseguís relacionaros como realmente queréis, nunca tenéis que aparentar algo que no sois, y menos recurriendo a sustancias. Las personas deben de aceptarnos tal y como somos, quien se quiera quedar a nuestro lado, sabremos que merecía la pena, y si no, pues que se vayan…¿Para que queremos falsos amigos? ¿Para que queremos personas que nos aprecian por algo que no somos? ¿Para que queremos personas que no nos aceptan tal y como somos? Debemos de rodearnos con personas que nos acepten y nos ayuden cada día a ser mejores personas.
Gracias por leerme

Escrito por Héctor Hache.

Os invito a uniros a mi grupo de facebook sobre el síndrome de Asperger: Viviendo con síndrome de Asperger

viernes, 1 de junio de 2018

Experiencia de vida de Zape, un joven Asperger








Hola, soy Zape y nací hace casi 27 años en una calurosa tarde de verano...

Mis padres tuvieron 3 hijos. Yo era el mediano y desde bebé se dieron cuenta de que yo era distinto. No sonreía, no miraba a los ojos, ni tampoco hablaba. Sin embargó comencé a caminar a una edad muy temprana, a los 9 meses.
A la edad de 2 años, cuando los niños normalmente ya suelen hablar, yo no hablaba, pero si contaba pasos y hacía cálculos matemáticos de memoria y complejos para mi edad.
Empecé a ir a la escuela, y aunque no hablaba, iba más adelantado que otros niños, puesto que ya sabía leer, escribir y hacer cálculos. No hablé hasta los 6 años de edad.
Nunca me gustó que me tocaran, detestaba el contacto físico ya que era muy hipersensible. Rechazaba abrazos y muestras de cariño. En mis primeros años de vida, al no poder hablar, me expresaba de forma agresiva, rompiendo cosas y con fuertes berrinches.
A pesar de estas peculiaridades, mis padres lo pasaban por alto, y no me llevaban a ningún profesional para ver que me ocurría. Básicamente era bastante ignorado, especialmente por mi madre que era una adicta a la fiesta, al sexo y al alcohol, y decía que “yo no me hacía querer”.
Cuando yo tenía 7 años, me comunicaron sin más que mi padre se marchaba de casa y que no lo íbamos a ver. No me dieron explicaciones ni podía ver a mi padre, ya que cuando preguntaba me respondían con evasivas.
Mi madre al poco tiempo comenzó una relación con un hombre y en seguida lo metió en casa a vivir. Desde el primer momento ese hombre se hacia el padre conmigo. Me decía lo que tenía que hacer y me regañaba y golpeaba cuando hacía algo mal. Siempre a espaldas de mi madre que estaba realmente cegada con él.

Lugar donde nací y me crié.



Tenía dobles intenciones, doble cara y yo me daba cuenta de ello. Se desesperaba cuando me veía balancearme, con estereotipas, caminando para atrás o en círculos, y me pegaba por ello, pero delante de mi madre me defendía. Mi hermana 6 años mayor que yo me ignoraba, y mi hermano 2 años menor que yo se la pasaba encerrado en su cuarto.
Un día teniendo yo 8 años, mi madre salió a un evento y se llevó a mis dos hermanos dejándome a mí en casa con ese hombre, ya que yo me ponía muy mal en lugares con mucha multitud. Esa noche, mi padrastro me engañó para que me acercara él, y sin yo esperarlo me propinó un fuerte golpe que me hizo caer al suelo, me agarró del pelo y me arrastró hasta su cuarto, donde mientras me golpeaba, me iba sacando la ropa, y sin dar más detalles, finalmente ese hombre me violó. Cuarenta interminables minutos duró la tortura, hasta que me dejó tirado y malherido, y como pude logré escapar y encerrarme en mi cuarto.
Cuando mi madre regresó, yo le conté todo y tan cegada que estaba, no me creyó. Le mostré la enorme herida que tenía en la espalda, y él con una serenidad espeluznante le dijo que eso era mentira, que la herida me la había hecho golpeándome con el pico de la mesa por no parar quieto. Mi madre pensó que era un llamado de atención y no me hizo caso. Él se acercó a mi cuando nadie lo vio y me dijo que si volvía a hablar de eso, todos al día siguiente en la casa aparecerían muertos.
No hablé más de eso. Ni mi madre ni su hija mayor me creyeron, y fui reprimiéndolo hasta ir bloqueando los recuerdos en mi mente, pero de algún modo empezó el trauma a manifestarse en mi cuerpo.
Empecé con ataques epilépticos, crisis, y arranques de agresividad que hicieron que por fin me llevaran a un profesional, el cual no supo ver lo que yo escondía y solo me recetó diazepan para la epilepsia. Cada vez me encerraba más en mi mismo, no tenía a nadie. No tenía ni un solo amigo en la escuela, solo tenía a mi abuela paterna con la que si seguía en contacto, pero yo no era capaz de expresarle lo que me pasaba.

Mi dinosaurio favorito: El Spinosaurus.


Después de ese suceso traumático, nunca volvió a repetirse. Pero sí que me sacaba fotografías, y me espiaba desde las rendijas de las puertas entre abiertas.
Cuando yo tenía 9 años, ese hombre un día sin más se fue, y aunque eso me alivió muchísimo, a mí me habían quedado secuelas que aún permanecen en mi a día de hoy.
Mi padre regresó un tiempo después intentando hacer como que no había pasado nada, pero conmigo no lo logró. Me sentía abandonado y le reproché que era un mal padre por irse sin dar explicaciones. Yo no entendía nada, no comprendía como todos actuaban como locos haciendo como que nada pasaba. Le negué la palabra hasta dos años después, y él me lo respetó.
Los años pasaron y fui reprimiendo aquello, y mi abuela materna se daba cuenta de que algo me ocurría. A parte de las peculiaridades de siempre, ella notaba algo más. Era la única que lograba verlo. Que no sonreía, desconfiaba de todo y todos, tenía paranoia, me ponía histérico si me enfocaban con una cámara o me sacaban fotografías, y no me dejaba tocar por nadie y si me tocaban respondía agresivamente. Mi abuela me llevó a una terapia algo diferente y a la edad de 13 años destapé los recuerdos delante de mi abuela y de esa especialista. Yo no había sido consciente de esos recuerdos por que los había reprimido, mi abuela lloraba desconsoladamente al escuchar todo. Mi mente era un mar embravecido lleno de confusión. No recuerdo bien en que momento fue, pero fui a buscar a ese hombre, y le propiné una brutal paliza que lo dejó grave en el hospital.
Me detuvieron, testifiqué y dijeron que investigarían todo aunque ya hubieran pasado años, pero que yo debía de ser castigado por la agresión y acabé en un centro de menores durante 6 meses. Fueron a su casa y encontraron pornografía infantil y varios documentos que le delataban. Fue encarcelado, y mi madre y mi padre me pidieron perdón, pero yo se lo negué, les dije que no se lo perdonaría jamás, en especial a mi madre que nunca me creyó ni se preocupó por mí. Rechazaba sus visitas y dejaron de venir a verme al centro. Solo venia mi abuela.

Lugar donde viví en EE.UU.



Cuando salí del centro y tuve que regresar a la escuela, cada tarde era un calvario para mí tener que regresar a casa, así que comencé a salir con un grupo de gente algo más mayor que yo con los que consumía alcohol y drogas. Y así pasé mi adolescencia, tapando el dolor con excesos, con solo un amigo de verdad, el único que había tenido hasta el momento y siendo ignorado por todos los demás.
A pesar de todo, en los estudios iba bien, porque quería ir a la universidad y estudiar paleontología que había sido mi interés restringido, junto la informática y las matemáticas. Pero solo me decanté en estudiar las dos primeras.
Cuando tenía 16 años, a mi único amigo le da un coma etílico que le conduce a la muerte. Otro palo más en mi vida que me hizo encerrarme aún más. Era incapaz de llorar o de expresar lo que sentía. Solo tomaba alcohol y consumía.
A todo esto se sumó todo mi estrés ya que aparte de estudiar, trabajaba y comenzaban a hacerme bullying. Me llamaban raro, robot, y se reían de mi porque pensaban que era gay, ya que no me mostraba atraído por las chicas. Pero yo en esa época era asexual, no me atraían ni los chicos ni las chicas.
Las crisis eran continuas, los ataques epilépticos también, los que empeoraban por todos los excesos; tanto era el estrés que sufría, que a los 17 años me dio un brote psicótico y agredí a tres alumnos y una profesora. Lo siguiente que recuerdo fue despertar en el hospital en el área de psiquiatría. Un psiquiatra vino a mí y yo actué a la defensiva. Me dijo que yo tenía trastorno esquizoide. Me pusieron medicación con ansiolíticos y antipsicóticos, y durante esa semana me estuvieron observando. Vieron que era literal, que tenía estereotipas, rutinas y manías. Que tenía que usar mis propios cubiertos, que contaba pasos y caminaba para atrás y usaba antiséptico para todo, además del poco contacto visual y rechazo de contacto físico y mi hipersensibilidad táctil, visual y auditiva. Todo eso les hizo darse cuenta de que mi diagnostico real era el de Síndrome de Asperger y no trastorno esquizoide; y se alarmaron de que no me lo hubieran notado antes.
Estuve un mes ingresado y salí de allí con tratamiento psiquiátrico a base de antipsicóticos y antidepresivos. Regresé al instituto y seguía contaminando mi cuerpo y mi mente con sustancias nocivas, y fue ahí cuando decidí ponerme a trabajar, para ahorrar y poder marcharme de casa.

Lugar donde viví en Argentina.


El diagnóstico trajo alivio en mí, por fin me entendía y había explicación al por qué yo actuaba distinto a los demás, pero es algo que callé para mí, era mi secreto y no quería contarle a nadie que yo era Asperger.
Meses después al fin entré a la universidad y comencé a estudiar paleontología a los 18 años, y un día me fui de casa y me alquilé un departamento. Trabajaba en varios trabajos a la vez mientras estudiaba, y seguía con los excesos para poder tapar el dolor, lo que hizo que tuviera varios colapsos nerviosos y la epilepsia empeorara, por lo que tuve que dejar algunos de los trabajos que tenía.
Hubo una época en la que me sentía mejor. Salía con una chica a la que consideraba un poco amiga. Para mí era casi imposible considerar a alguien un amigo. Y tampoco me sentía capaz de querer y ni mucho menos amar. Tenía una coraza y a la única persona que quería era a mi abuela. El resto de familia o conocidos me eran indiferentes, pero por esta chica sentía un poco de cariño y por eso la consideraba algo así como una amiga. No era una chica que consumiera alcohol ni drogas, por eso me hacía bien salir con ella en las tardes, porque con ella yo no consumía. Un día ella me dijo que se había enamorado de mí, y me sentí muy mal. Me sentí sucio, y con sentimientos extraños que no logré identificar pero eran negativos. Tanto me afectó esa confesión, y tantos traumas tenía yo, que me alejé por completo de su vida y no quise volver a verla nunca más.
Mi familia más cercana se olvidaba de mis cumpleaños. No podía contar con ellos para nada, tampoco tenía amigos. Tanta era la soledad que sentía, que a mis 20 años, cuando falleció mi abuela, que era a la única persona que quería, intenté suicidarme tomando una grandísima cantidad de pastillas. Me ingresaron de nuevo en el área de psiquiatría, los especialistas intentaban hablar conmigo, pero yo no ponía de mi parte. No me gustaba que intentaran entrar en mi mente, me sentía vulnerable así, como atacado. No me gustaba que me leyeran el pensamiento. Tampoco podía contar mucho. En la universidad me iba muy bien, no tanto en el ámbito social donde no interactuaba con nadie, y por mis excentricidades mi apodo era "el raro". Me sentía solo, sí. Pero tampoco quería la compañía de nadie, porque nadie me aportaba nada, y nadie era capaz de despertar sentimientos o empatía en mí.

Excavación paleontológica.


Todo esto cambió en el año 2014, donde mi vida dio un giro bastante inesperado. Un profesor me presenta a otro chico con Síndrome de Asperger, que también estudiaba paleontología. Cuando le vi, me reí para mis adentros al descubrir que era el chico que me había causado verguenza ajena por llevar camisetas de dinosaurios en 3D. Comenzamos a hablar, solo de temas de paleontología y estudios, pero al menos ya le tenía a él para conversar en los descansos y en las salidas, alguien que me preguntara: "¡Ey! ¿Qué tal te ha ido la mañana?"
Tan solo unos pocos meses después, le di la oportunidad de vernos fuera de la universidad y hablar de otras cosas. Realmente me caía muy bien, me inspiraba confianza, ya que no me agobiaba con preguntas impertinentes como los demás solían hacer.
En 2015 él me dijo que tenía un viaje programado, y sin pensarlo dos veces le dije que si quería, podía acompañarlo. Un viaje al estilo mochileo donde teníamos que estar todo el día juntos. Me di cuenta de que ese chico era muy importante para mí. Yo siempre me imaginaba a las personas de mi entorno morir, y todas menos la de mi abuela, me causaban indiferencia. Pero no la de él, imaginar su muerte me causaba un tremendo malestar y me hacía nudo en la garganta, ya que yo era incapaz de llorar. Y así me di cuenta de que le quería como a un hermano, y fue a él la primera persona a la que le confesé lo que me ocurrió con 8 años, y todo mi oscuro pasado. No me juzgó, sino que me agradeció la sinceridad y se unió más a mí.
Tan bien me sentía por tener al fin a alguien, que reduje casi por completo el consumo de alcohol y drogas.
Él iba unos cursos más abajo que yo. Yo finalicé la carrera y me ofrecieron un buen puesto de trabajo en Estados Unidos, y allí me fui con todas mis expectativas en el trabajo y en mi sueño que siempre había sido ser paleontólogo. Prometimos seguir en contacto, pero la cantidad de horas de diferencia entre ambos países hizo que lamentablemente nos alejáramos y habláramos muy de vez en cuando.

Como sentía que era mi mente.


De nuevo solo, en un país que no era el mío, otro idioma, y unos compañeros que intentaban hacerme la vida imposible. Tuve que ponerme firme y sacar mi carácter para hacerme respetar. Volví a caer de nuevo en las drogas y el alcohol para tapar la pena y el dolor que sentía. Me acordaba muchísimo de mi gran amigo y me sentía fracasado, ya que el sueño que siempre había perseguido, no me hacía feliz. Me limitaba a hacer mi trabajo, a no hablar con nadie y finalmente logré tener un cargo importante, pero ni eso me motivaba para salir adelante.
Un día en el que había consumido mucho alcohol y drogas, tuve un accidente de coche que me dejó ingresado en el hospital por tres semanas, al que solo iba a verme una compañera argentina, también paleontóloga, quien era con la única que socializaba un poco más allá del trabajo.
Toda mi vida había sido asexual, pero ella fue la primera chica que me atrajo en todos los sentidos. Intentamos una relación, pero no pudo ser por mi incapacidad para amar, no lograba tener los sentimientos adecuados para que se diera una relación sana, y todo se quedó en una "amistad" con derechos.
En 2017, ante unos problemas de salud de mi gran amigo hermano, retomo el contacto asiduo con él, y viendo la posibilidad de trasladarme a trabajar a Argentina, no lo dudé y me fui con la chica, quien también había pedido traslado. Argentina era mejor opción, ya que la diferencia horaria es mucho menor con mi país, y allí me instalé el 15 de Marzo de 2017.
En Argentina conocí a más personas, entre ellas un paleontólogo al que llegué a considerar amigo, logré socializar con más personas, y aunque en menor cantidad, seguía consumiendo drogas.
El contacto con mi amigo hermano (a partir de aquí lo llamaré solamente hermano, ya que mi hermano de sangre es un desconocido para mi) era diario, y me interesé en conocer a su mejor amiga y a su novia (también me escribía con ellas). Los tres siendo Asperger, sentí que me entendían y muy de a poco fui abriéndome.

Lugar donde trabajo actualmente.


Un mes después de estar en Argentina, pasó un suceso horrible con mi hermano que me hizo viajar a mi país después de casi dos años sin pisarlo. Una semana después tuve que regresar a Argentina. Seguía sintiéndome solo allí, y el dolor me invadía por no poder estar con mi hermano en momentos tan duros, así que aunque las posibilidades de encontrar trabajo de paleontólogo en mi país eran escasas, intenté buscar trabajo, y si no me salía, trabajaría de informático, que tendría más salidas.
Esa vez la suerte me sonrió y como si fuera una lotería, logré un trabajo de jefe de excavaciones en mi país y en Julio de ese mismo año me regresé a mi país. Me llevé a mi hermano a vivir conmigo, y empecé a considerar hermana a la novia de él, y a su mejor amiga, como mi mejor amiga. Me sentía feliz al fin, tenía lo que siempre había soñado. Había logrado amar, y ante ellos me saqué mi coraza y me mostré como verdaderamente yo era. Solo sentía amor por ellos, pero comencé a sentir empatía y algo de cariño por las personas ajenas a mi pequeña familia de 3.
Durante unos meses todo fue bien, logré rehabilitarme con la ayuda de ellos, especialmente la de mi hermano que es quien puedo decir que me sacó de las drogas, y la epilepsia se redujo considerablemente.
Mi hermano me convenció para ir a hablar con una psiquiatra en modo de curiosidad, ya que mi hermano tenía unas sospechas y quería saber si esa psiquiatra que al parecer era muy buena, las confirmaba. La psiquiatra me dijo que yo no era Asperger, si no que era autista de alto funcionamiento, ya que aunque compartía muchas similitudes con el Asperger, había muchas diferencias y rasgos que apuntaban a que yo fuese autista, como el hecho de que no hablara hasta los 6 años de edad. Sinceramente la noticia me sentó fatal, no por nada en contra de las personas autistas, sino porque yo llevaba 10 años con mi diagnóstico de Asperger, me sentía Asperger y no quería aceptar el hecho de que mi diagnóstico fuera distinto a pesar de que ambos están dentro del espectro autista.

Lugar al que quiero viajar con mi hermana.


Todo marchaba bien, hasta que unos meses después recibí una llamada de la hija de mis padres (me niego a llamarla hermana, mi hermana es la que yo elegí), y me comunicó que mi padre estaba muriéndose y que quería verme. Yo en ese momento por mi padre solo sentía indiferencia, pero en mi mente pensé que no le iba a negar la última voluntad a una persona que se estaba muriendo, y acudí.
Llegué y no saludé a nadie, entré directamente a la habitación y me encerré con él. Mi padre comenzó a llorar, y no sentí nada. En ese momento entró mi madre a la habitación, también llorando, diciéndome que antes de que mi padre se fuera de este mundo, tenían que decirme algo muy importante. Y así, de la forma más abrupta me confesaron que mi padre, no era mi padre. Que si me había criado, pero no era mi padre biológico. Mi madre una mujer narcisista, adicta a la fiesta, y al sexo, le había sido infiel incontables veces a mi padre y de una de esas aventuras, vine yo al mundo. Mi madre se salió de la habitación, y al fin mi padre pudo explicarme el verdadero motivo por el que estuvo unos años sin querer saber de mí.
Me dijo que me había querido como si realmente hubiera sido suyo, que mi madre le había dejado por aquel monstruo y todos cegados lo habían ignorado. Sus dos hijos biológicos se distanciaron de él, y él simplemente se alejó al sentirse rechazado. Me recordó muchísimo a mí, ya que yo siempre me había sentido así. Me dijo que a pesar de todo siempre me había querido, y que estaba muy orgulloso de quien era y a donde había llegado. Mi padre murió 3 días después.
Fue tan shockeante la noticia, fue tan doloroso darme cuenta de que mi padre si me había querido, pero las circunstancias nos habían alejado y ya nada se podía hacer porque ya no estaba en este mundo. Los recuerdos de mi infancia se agolpaban en mi mente con los buenos momentos que había vivido con él. Y aunque mi hermano ya me había enseñado a llorar, lloré por mi padre como jamás había hecho.

Lugar donde quiero vivir con mi pequeña familia.


El dolor era tan profundo por su pérdida, por darme cuenta de que no le di la oportunidad de explicarse, de darme cuenta de que lo quería y lo había perdido para siempre, que tuve una nueva recaída y empecé a consumir. De nuevo me encerré en mí mismo y comenzaba a alejarme de mi pequeña familia de 3.
A parte de lo de mi padre, había otras cosas en mi mente, culpabilidad y tormentas mentales por otras causas, y como años atrás, ya no me abría ni expresaba lo que sentía, eso hizo que el consumo de drogas aumentara y tuviera un nuevo intento de suicidio.
Estando ya en casa, mi hermano tuvo una de sus grandes charlas filosóficas conmigo, hablamos de la muerte. Él tuvo varias pérdidas importantes de seres amados y me entendía. Logré abrirme a él y contarle todos mis sentimientos y todo lo que había en el laberinto de mi mente, y me prometió ayudarme a salir de esa situación, y lo cumplió.
Actualmente sigo viviendo con mi hermano, y feliz con mi pequeña familia de tres, de cuatro contando a nuestro perro. Sigo trabajando de paleontólogo en mi país y me va muy bien. Estoy poco a poco recuperándome de la muerte de mi padre y de los traumas del pasado, y rehabilitándome de todos los excesos que hice con mi cuerpo y mi mente. Puedo decir muy orgulloso de mi mismo que llevo tiempo sin consumir nada, y me siento muy bien. También estoy planteándome buscar un segundo diagnóstico y saber finalmente si soy Asperger o autista de alto funcionamiento, que aunque no cambiaría mi vida en nada, creo que me ayudará saberlo. Ahora estoy en muy buen momento, con mi trabajo y recibiendo el amor y el cariño que nunca tuve de mis hermanos y mi mejor amiga.

Os animo a que por muy malos momentos que vengan, nunca dejeís de luchar, porque al final las cosas buenas llegan.

Muchas gracias.